
La Santísima Virgen del Carmen (Matrona de España) (16 de julio)
Desde finales del siglo XVI, el 16 de julio era un día muy especial para el Cerro de Pasco. Una semana antes, el ajetreo de los preparativos había puesto en inusitada movimiento a las gentes, fueran chapetonas o no. Se celebraba a la matrona de los ibéricos, la Santísima Virgen del Carmen. La noche de la víspera, a la puerta de la Beneficencia Española se aglutinaba un pueblo creyente y alegre; las autoridades a la cabeza. El local del consulado estaba iluminado en toda su extensión. Por ventanas altas y bajas el brillante resplandor de los salones interiores, pasadizos y patios, iluminaban los alrededores.
La Banda española de músicos con uniforme de gala ocupaba el principal emplazamiento; las de la Slava, Cosmopolita y Policía, la escoltaban. En hermosa competencia interpretaban aires de fanfarrias, marchas, pasodobles, zarabandas, jotas aragonesas y pasacalles, toda la noche. Mientras tanto la intermitencia sonora de triquitraques, de buscapiques y estruendo de cohetes de tres tiempos iluminaban de vivos colores la noche azul. Era la parte más sonora y popular de la serenata a la Virgen del Monte Carmelo.
Damas y caballeros emperifollados con abrigadoras prendas de lana, chalinas, y bufandas y sombreros y guantes y manguitos. Las bebidas calientes circulaban pródigas a cargo de solícitos mozos. Ponches de coco, mixtelas y suave jerez, para ellas; mistral, manzanilla, ajenjo, y pisco, para ellos. Todo bajo control. Tenían que estar sobrios para el día siguiente.
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