Etiquetas

, , , , , ,

Grupo de ciudadanos del Imperio Austro – húngaros establecidos en nuestra ciudad, a las puertas del negocio de “LAS CULEBRAS” A FINES DEL SIGLO XIX. Fueron alrededor de 400 familias que se afincaron en nuestra tierra.


El Imperio Austrohúngaro (Österreichisch-Ungarische Monarchie en alemán, Osztrák–Magyar Monarchia en húngaro), fue un estado europeo nacido en 1867, tras el compromiso austro húngaro que reconocía al Reino de Hungría como una entidad autónoma dentro del Imperio Austriaco; a partir de ese momento, Austrohúngaro. Actualmente lo que fue el Imperio Austrohúngaro se divide en trece estados europeos: las naciones de Austria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina y las regiones de Voivodina en Serbia, Bocas de Kotor en Montenegro, Trentino – Alto y Trieste en Italia, Transilvania y parte del Bánato en Rumanía, Galicia en Polonia y Rutenia (región Subcarpática en Ucrania).
El 16 de Octubre de 1,88l, un numeroso grupo hombres y mujeres venidos de los estados mencionados, reunidos en el Imperio Austro – Húngaro radicados desde mediados del Siglo XIX (1867) en el Cerro de Pasco, fundaron la primera SOCIEDAD AUSTRO-HÚNGARA DE BENEFICENCIA. Posteriormente SOCIEDAD SLAVA DE BENEFICENCIA y, en 1,919, SOCIEDAD YUGOSLAVA DE BENEFICENCIA, hasta 1,954 en que fue liquidada por falta de socios. La totalidad se había marchado, sólo quedaban algunos descendientes.

La razón que los llevó a formar su Beneficencia fue la de mantener vivos usos y costumbres de su tierra natal, socorrerse mutuamente ante cualquier eventualidad desgraciada que pudiera presentarse, falta de empleo, accidentes de trabajo, fallecimiento, etc. Para ello contarían con una sede social para reunirse. Entre los que establecieron la sociedad estuvieron:
FUNDADORES.- Lucas Pehovaz, Marcos Moretti, Lucas Moretti, Pedro Pauletich, Tomás Pehovaz, Jorge Kisich, Juan Ciurlizza, Nicolás Lale, Juan Azalia, Marcos Azalia, Antonio Lucich, Antonio Plejo.
SOCIOS ACTIVOS.- Nicolás Azalia, Marcos Azalia, Antonio y Mateo Biasevic, Gregorio Bacie, Juan Boyancovich, Juan Ciurlizza, Santiago Colich, Antonio Coyacovich, Tomás Ciurlizza, Grimaldo Gargurevich, Antonio Guerovich, Juan Garbin, Lucas y Nicolás Gravarovich, Flor Gagluiffi, Blas Guerovich, José Gajluf, Mateo y Luca Ivancovich, Nikolás y Antonio Kisic, Mateo Kesovia, Antonio Kisich, Marcos y Miguel Kunicic, Lucas y Mateo Kesovia, Frano Kurtela, los tres hermanos Kojakovic, Marko Lekaric, Nicolás Lucic, Nicolás, Antonio, Francisco y Esteban Marinovich, Marcos Marangunic, Bartolomé y Juan Marincovic, Manuel Marinovich Antonio Plejo, Juan Plejo, Juan Pavletic, Frano y Baltazar Pisculich, Juan Rebaza, Esteban Skobely, Juan Trojanovic, Marko Vlasica, Frano Vekaric, Cosme Viscovich, Lorenzo Zec. A Juan Azalia, próspero comerciante y dinámico minero se le eligió como Presidente de la primera directiva de la Sociedad, además fue Cónsul del Imperio Austro-Húngaro en Cerro de Pasco, hasta 1910, que falleció. Para ser asociado era necesario que el postulante fuera slavo, pero por razones especiales se aceptaron a algunos peruanos y el Estatuto consideraba: Socios Vitalicios, Honorarios, Beneméritos, Socios Activos, Socios Pasivos cotizantes (Teodoro Lizárraga, Mariano Malpartida y Pedro Tursinovic), Socio Pasivo no cotizante (Francisco Castillo). A Nikolas Lale, en 1,923, se le nombró: Presidente Honorario Vitalicio de la Sociedad. Un hombre extraordinario muy ligado a las grandes consecuciones el pueblo.

Fueron más de 400 –especialmente croatas- los que trabajaron como empresarios en la floreciente industria minera del Perú, ubicándose la casi totalidad en el Cerro de Pasco: Azalia, Balarin, Ban, Biasevic, Birimisa, Bojanovic, Borcic, Braniza, Buscovic, Bútrica, Ciurlizza, Cuculiza, Dekovic, Doric, Dupuic, Felicic, Franciskovic, Galjuf, Galjuffi, Garvin, Grbic, Guerovic, Handabaka, Hanza, Ilic, Ivankovic, Jelicic, Kalafatovic, Kisic, Klokoc, Kojakovic, Kunicic, Lale, Lesevic, Lucic, Miculicic, Miloslavic, Nesanovic, Obradovic, Ostoja, Pavletic, Pavilic, Pehovaz, Plejo, Piskulic, Radulovic, Rajkovic, Rokovic, Savinovic, Serkovic, Skaperlenda, Soko, Sokolic, Seput, Stambuk, Ucovic, Vlasica, Zimic, Zlatar y muchos más.

Otro tanto hicieron los comerciantes que debido a su laboriosidad lograron acumular apreciables capitales que les sirvió para abrirse exitoso campo en otras zonas del país: Kuljevan, Soko, Burin, Skaperlenda, Russo, Pehovaz, Azalia, Lale, Kunicic, Beusan, Guerovic, Ivankovic, Kisic, Lesevic, Miloslavic, Kukurelo, Vlasica, Puh, Franciskovic, Carcovic, Nadramia, Bielic, Lucic, Sersen, Handabaka, Serkovic, Bar, Slokovic, Kusianovic, Margaretic, Kelez, Pletikosic, Stiglic, Grgurevic, Braniza, Bakula, Klokoc, Saric, Marojica y muchos más. En el ramo hotelero, estuvieron Frkovic, Zlatar, Azalia, Braniza, Loncaric, Piskulic, Vucetic y otros.

De acuerdo al informe emitido por la Cámara de Comercio del Cerro de Pasco, sus negocios en la ciudad estaban distribuidos así:
En la Calle Grau: 11.- Bazar de Nicolás Grbich; 13.- Testamentería de Lorenzo Zec; 14.- Licorería de productos importados de Nicolás Kravarovich; 15.- Bodega de Mateo Franciscovich; 38.- Bodega de Simón Zec; 40.- Casa de Préstamo de Lorenzo Zec; 42.- Bodega de Nicolás Zurcí; 43.-Bodega de Lorenzo Zec; 44.- Bodega de Antonio Saltarich; 51.- Bodega de Zlósilo Hermanos; 55.- Depósito múltiple de Nicolás Vlásica. Plaza Chaupimarca: 63.- Comercio de Biasevich Hermanos; 65.- Bodega de Pablo Ivancovich; 67.- Bodega de Kísich Hermanos; 70.- Casa Comercial de Nicolás Vlásica, 71.- Bodega de Nicolás Lale; 76.- Comercio de lana de Kisich Hermanos; 77.- Bodega de ultramarinos de Juan Pavletich. Plaza del Comercio: 83.- Comercio de Azalia, Nation y Cía, 84.- Bodega de Pedro Marinovich, 90.- Depósito de Azalia, Nation y Cía; 106.- Bodega de Pedro Soletich; 110.- Comercio de Pehovaz Hermanos; 118.- Bodega de Juan Kurtela. Calle San Cristóbal: 755.- Escritorio de Antonio Biasevich. Calle de Cusco: 773.- Bodega de Antonio Russo. Calle Ayacucho: 634.- Bodega de Julia de Coyacovich; Calle Huancabamba: 136.- Depósito de Nicolás Vlásica; Chingana de Julia de Coyacovich; Calle Dos de Mayo: 170.- Zapatería de Antonio Russo; 181.- Comercio de Marco Kunicich, 185.- Hotel de Francisco Pisculich, 190.- Café confitería de Antonio Russo, 199.- Hotel de José Martinenche; 211.- Bodega de Nicolás Vlásica; 212.- Bodega de Pablo Ivancovich; Bodega de Mariano Lucich; Calle de Parra. 251.- Bodega Restaurante de Pedro Balarín, Calle de Huánuco. 253.- Bodega de Antonio Kisich, 286.- Bodega de Lucas Grbich; 296.- Bodega de Antonio Kisich, Calle Gaiteras: 308.- Bodega de Azalia, Nation y Cía; Calle de Arequipa. 323.- Chingana de Simón Zec; Calle de Junín: 369.- Comercio de Marcos Bache; Calle Bolgnesi. 428.- Bodega de Esteban Pericevich. Calle de Lima. 449.- Bodega de Nicolás Vlásica; 450.- Bodega de Juan Rockovich; 451.- Bodega de Zlósilo Hermanos, 453.- Comercio de Miguel Stankovich; 458.- Depósito de Juan Juan Pavletich, 483:- Testamentería de Juan Soko; 458.- Hotel de Juan Pawletich; Calle Apurimac: 647.- Comercio de Lorenzo Zec, 648.- Bodega de Simón Kunicich,

Este grupo de ciudadanos, tuvo una brillante actuación en la vida de nuestro pueblo. Muchos de ellos fueron destacados miembros del Municipio y otras organizaciones comunales. Desde su instauración como sociedad, hasta el momento de su partida por la venta de sus minas a los norteamericanos, actuaron muy estrechamente con el pueblo cerreño. Uno de sus más acertados aportes a nuestra comunidad fue la exquisita sensibilidad que trajeron consigo regalándonos a raudales con una extraordinaria música clásica mediante coros, orquestas y Banda de Música. Fue inolvidable la actuación de Marcos Bacie como Director de Orquesta y Banda Slavas. Al lado de estas magníficas representaciones también nos trajeron sus danzas de rondallas y cuadrillas que en su variada gama de presentaciones hicieron participar a los miembros de la sociedad cerreña. Cuando en 1918, se constituye definitivamente la nación yugoeslava, la sociedad cambia de denominación como Sociedad de Beneficencia Yugoeslava pero, antiguos vínculos familiares y amicales, siguió vertebrando a estos ciudadanos extranjeros en un mismo organismo.

Estos bailes de hermosas figuras entre la que destacaba las cuadrillas española, francesa, inglesa y vienesa, se complementan con el tejido de lustrosos mástiles con cintas de colores que, más tarde, sensibles artistas populares la asimilaron para crear la “Chunguinada”, que no es sino una imitación burlesca pero atrayente de lo que vieron en nuestros salones. “No hay duda que su origen obedece a la festiva imitación que los nativos quisieron hacer de las danzas europeas que los españoles, vieneses, austriacos, ingleses y franceses bailaban en sus exclusivos saraos de leyenda. Los hombres de nuestra tierra, admirados de esta novedad coreográfica se aprestaron a imitarla con sátira, con zumba, naciendo entonces la CHUNGUINADA (Chunga= gracia, zumba, broma festiva)(…) No otra cosa simbolizan los disfraces que tienen como símbolo más notable sus máscaras, caretas metálicas, casi sin peso, de fina urdiembre de malla sobre el cual se pinta el sonrosado y muchas veces lunarejo rostro del europeo de mostachos rubios, cejas espesas y clarísimos ojos celestes o azules o verdes que dicen a las claras la estirpe que representan. Igualmente, las máscaras de las mujeres de finísimos rostros aterciopelados, acicalados con afeites sonrosados, labios rojos, pestañas arqueadas y ojos igualmente claros”. Los braceros que habían llegado a trabajar a las minas, especialmente los del valle del Mantaro, transportaron a su tierra esta danza singularmente hermosa nacida en el Cerro de Pasco.

Los vieneses también nos trajeron el amor por los cafés con lo que rivalizaban con los españoles. Se saboreaba además del riquísimo Moka (Café árabe), el deleitoso vino blanco de Viena. Y lo que han dejado como un imperecedero recuerdo fue el oratorio adyacente al consulado en la Plazuela Ijurra, donde se veneraba a la hermosísima virgen que trajeron: La Virgen del Tránsito. Es muy significativo que uno de los descendientes, Lorenzo Rockovich Minaya, se constituyera en héroe de nuestro Ejército en el conflicto con el Ecuador de 1941.

Como cada grupo había traído al santo de su devoción, ellos nos trajeron a la Virgen del Tránsito. Erigieron un oratorio en la plazuela Ijurra. Era sobrio y acogedor a manera de una ermita austriaca; techo a dos aguas con un campanario central en cuyo borde interior había una marquesina donde se leía: “Beneficencia Slava”. Frontispicio con entrepaños, jambas, dinteles y umbral de madera sobre piedras talladas: sólida puerta de caoba con interior de ponderada elegancia; altar mayor, cubierto con fina lencería blanca y una serie de candelabros y palmatorias de plata resguardados por ángeles a la santa imagen de la Virgen. Era una tabla que registraba una copia perfecta del cuadro “El tránsito de la Virgen”, pintado por Andrea Montegna que se exhibe en una de las salas del Museo del Prado. En ella se ve a la Virgen María ascendiendo al cielo en el momento de su muerte, con una escolta de arcángeles, ángeles, delfines y querubines, en instante en que Cristo -rodeado por once de los apóstoles (Santo Tomás, estaba evangelizando en tierras lejanas)- la recibe. Los apóstoles portan en sus manos: la palma, el libro de difuntos, el incensario y los cirios, rindiendo así el último homenaje a la Virgen María.

La santa misa con que se recordaba este pasaje glorioso, era celebrada con una unción extraordinaria, magnificada por la extraordinaria orquesta sinfónica slava, coros y cantantes notables. En la homilía correspondiente, el celebrante recordaba la descripción de la muerte de la Virgen, realizada por San Juan Damasceno -uno de los escritores más famosos de la iglesia católica- cuando dice: “La Madre de Dios no murió de enfermedad, porque ella, por no tener pecado original (Fue concebida inmaculada: o sea sin mancha de pecado original) no tenía que recibir el castigo de la enfermedad. Ella no murió de ancianidad, porque no tenía por qué envejecer, ya que no le llegaba el castigo del pecado de los primeros padres: envejecer y acabar por debilidad. Ella murió de amor. Era tanto el deseo de irse al cielo donde estaba su Hijo, que este amor le hizo morir”.

Como el recinto del oratorio era pequeño, los fieles se aglutinaban en el ámbito de la plazuela adornada previamente con guirnaldas y flores alusivas. También estaban las bandas de música invitadas, alegrando los festejos donde los austro-húngaros “botaban las casa por la ventana”. Durante toda una semana, a partir del día central, 15 de agosto, se realizaban conciertos y recitales además de conferencias y novenas religiosas. Hasta ahora, con gran recogimiento y devoción, se sigue celebrando en su iglesia de San Juan, erigida por la Compañía Cerro de Pasco Corporation, en reemplazo del oratorio de la Plazuela Ijurra que ellos habían echado por los suelos para continuar con los trabajos del “Tajo Abierto”. Era una de las fiestas más sonadas de la ciudad. La iglesia recuerda esta fecha con el nombre de Asunción de la Virgen.

About these ads