La danza forma parte de la historia de la humanidad desde el comienzo de los tiempos. Las pinturas rupestres encontradas en Francia y España con antigüedad de más de 10,000 años muestran dibujos y figuras danzantes asociadas con ilustraciones rituales y escenas de caza. Esto demuestra la importancia de la danza en la sociedad humana primitiva.

Como el resto de pueblos del mundo –Egipto, China, India, Grecia, Roma, Japón y el resto de América- el nuestro también ha tenido la suya. Todavía hoy en día se puede observar que muchas de estas danzas están casi puras en su original concepción; por lo demás, desde los primeros tiempos de la conquista, los españoles trajeron las suyas junto con otras europeas que conocían. El Minué, la Zarabanda, el Pasapié, la Gavota, la Contradanza, la Pavana, etc.

A medida que el tiempo corría, la sociedad se iba modificando con el número de nativos americanos nacidos de la unión de españoles con nativas: los criollos. Las danzas españolas y europeas fueron adaptándose lentamente al gusto de los criollos. En la época de la revolución e independencia, éstos crearon nuevas danzas sobre la base de las antiguas españolas, dando origen a muchas danzas folklóricas. La prueba más saltante se da con la Chunguinada.

La Chunguinada, es una de las más hermosas del centro del Perú. Representa el boato y la espectacularidad de los bailes que realizaban los nobles que usufructuaban las riquezas minerales del Cerro de Pasco, durante la colonia. Actualmente se baila desde el 3 hasta el 10 ó 15 de mayo de cada año, en homenaje a la Fiesta de las Cruces.

1.- EL ESCENARIO DONDE NACIÓ.-

El Cerro de Pasco, la ciudad más alta del mundo, encaramado a 4, 388 metros sobre el nivel del mar, está ubicado en el centro mismo de la hoya metalífera de la Meseta de Bombón. De sus fabulosas minas –una de las más completas del planeta- se ha extraído tan sólo un mínimo porcentaje de todo su admirable potencial no obstante cuatro siglos de explotación. El geólogo Nelson Rivera acaba de revelar en un Congreso Minero Nacional que produce el 50% del plomo, el 46% del zinc y el 20% de la plata de todo el Perú; es decir que se constituye en una gran potencia minera mundial. Produce oro, plata, cobre, zinc, plomo, aluminio, selenio, talio, flúor, calcio, manganeso, cromo, teluro, potasio, vanadio, antimonio, arsénico, carbón, indio, fierro, níquel, molibdeno, cadmio, bismuto, berilio, bario…Esta extraordinaria variedad mineralógica, ha llamado la atención de distinguidos sabios que en diversas épocas de su historia lo han visitado para estudiarlo: Antonio Zacarías Helms, el Barón de Northenflincht, Daniel Weber, Juan Jacobo Von Tschudi, Alejandro de Humboldt, Richard Trevithick, V.M Golovnin, Antonio Raimondi, Tadeo Haenke, Alexander Caldecleugh, Robert Proctor. William Tudor, Friedrich Gestaeker, William Bennet Stevenson, Gilbert K. Mathison, Henry Lister Maw, Maurice Du Chatenet, Johan Mac Gregor, Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz, Leonce Angrand, Hipólito Ruiz, Cosme Bueno, Archibald Smith, Leoncio Granda, Charles Wikes y muchos otros. Estos notables visitantes al efectuar una amplia difusión de su estructura, conformación geológica y abundancia de minerales de alta ley, causaron una conmoción de asombro en el mundo entero. La revelación fue de tal magnitud que hombres de todos los rincones del orbe, ávidos y osados, comenzaron a llegar a sus predios.

2.- LOS QUE LLEGARON ALLENDE LOS MARES…

Desde aquel 9 de octubre de 1567 en que nace el Cerro de Pasco, muchos fueron los aventureros españoles que recalaron en sus dominios con el fin de explotar sus riquísimas vetas minerales: más de medio millar. Ellos fueron los primeros. A los arribistas de los siglos XVI y XVII se suman los que vienen de Potosí tras el hundimiento de aquellas minas. Por ese entonces, -1626-, a nuestra tierra se le llama NUEVO POTOSÍ. Era lo justo. El Cerro de Pasco reemplazó con creces al mítico cerro potosino en la producción minera de entonces. Más tarde, cuando las vetas de mercurio de Huancavelica desaparecen y las de Almadén (España) son insuficientes para cubrir las necesidades de la minería cerreña, deciden traer este preciado azogue desde la lejana Idria en Yugoslavia. Desde allí se expande la noticia del riquísimo venero de las minas cerreñas por toda Europa. A partir de entonces, una legión cada vez más creciente de croatas, servios, eslovenos, dálmatas, macedonios, bosnios, checos, montenegrinos, búlgaros, rusos y alemanes llegan a trabajar a estas alturas. Naturalmente, el fruto de la abundancia pródiga de sus filones unida al tesonero trabajo de sus gentes, determinó que pronto se hicieran proverbialmente ricos. Primero, los españoles. La Historia lo confirma. Al llegar el siglo XVIII, los hombres más poderosos del Centro del Perú, económicamente hablando, residían en el Cerro de Pasco. Sus generosas contribuciones a las arcas reales determinaron que el mismísimo Rey de España firmara las Cédulas Reales que conferían títulos nobiliarios a los potentados mineros. Tal es el caso de don José Maíz y Arcas, Marqués de la Real Confianza, cuyo título nobiliario fue heredado por su hijo, el cerreño José Maíz y Malpartida; don José Martín de Muñoz y la Serna, Primer Marqués de Santa María de Pacoyán; la Marquesa de la Villa Rica de Salcedo, y los hermanos Pedro y Pablo Vásquez de Velasco y Quirós, Condes de las Lagunas. Al lado de los mencionados nobles, hay que referirse también a otros notables mineros de entonces; a Manuel Fuentes Ijurra, de quien don Ricardo Palma pondera su fortuna; Matías Uriza, el español que más minas tenía en el Cerro de Pasco; José Fuster, amo de los más notables ingenios; Juan José de Avellafuertes, dueño de Yanacancha y Pucayacu; los notables comerciantes Bernardino Gil de la Torre, Bernardo Valdizán, Marcelo Garrido, Juan Bezares, Domingo Millán de Acha, Juan del Risco y Juan Puyol; junto a los nombrados, una notable serie de funcionarios administrativos, todos ellos españoles. Estas personas mantenían relaciones socioeconómicas con la aristocracia más linajuda y límpida, española y criolla del Perú de entonces, como los Núñez de Sanabria, Santiago Concha, Brazo de Rivera y Zavala, Manuel Pardo y Rivadeneyra, Lorenzo Antonio de la Puente y Larrea, los Querejazu y Molinero Bravo de Lagunas y Castilla, los Ortiz de Foronda, Salazar y Cevallos y otros.

A medida que la minería iba progresando, fueron arribando también, ingleses, franceses, austriacos, húngaros, italianos, jamaiquinos, polacos, chinos, japoneses. Esta variopinta variedad de inmigrantes le hizo afirmar a Juan Jacobo Von Tschudi: “Los habitantes del Cerro de Pasco son una mezcla tan variada como no se esperaría en una ciudad que está a 14,000 pies sobre el nivel del mar, en medio de la cordillera. Los pueblos de todos los continentes están representados allí, porque creo que ningún país de Europa o de América podrá dejar de tener en la ciudad, a uno de sus connacionales” (1).

Referente a este tema dice con mucha autoridad don Alejandro Gomucio: “En los salones de las nacientes ciudades coloniales se bailaban danzas sociales europeas. Lima fue durante mucho tiempo el centro espiritual de la América Latina. Le seguía México, Río de Janeiro, Bogotá, Caracas, Santiago y Buenos Aires. De esos centros se irradia la música a las ciudades importantes del interior y a los campos y así se va produciendo lentamente la absorción de la música nativa indígena por estas danzas europeas. Ahora bien, la fusión de esta música importada del Viejo Continente con los débiles restos de la música indígena, fue lo que dio origen a lo que nosotros damos en llamar el folclore americano. (REVISTA- Universidad Nacional de San Agustín-Nº 35 1952:41)

3.- LOS DE AQUENDE LOS ANDES.

No solamente los europeos llegaron a estos lares. Lo hemos dicho. Expandida la noticia por todos los ámbitos del mundo, arribaron también gran cantidad de braceros de todos los pueblos de América; de los más recónditos rincones del Perú también: huancaínos y jaujinos, los más numerosos; huancavelicanos, puneños, ayacuchanos, tarmeños, limeños, cajamarquinos, arequipeños, chalacos…, es decir, hombres de costa, selva y alturas, se establecieron dentro de sus límites. Aquí el trabajo bien remunerado era pródigo. “El Cerro de Pasco era en el siglo pasado, una de las principales ciudades de la sierra peruana. No se trata sólo de una importancia económica, basada en este caso en ser el principal productor de plata y, por tanto, uno de los lugares claves para la evolución de las exportaciones. Su importancia era también demográfica. Únicamente las ciudades de Arequipa y Cusco mantuvieron en el siglo XIX un promedio de población superior al de Cerro de Pasco en el conjunto de la sierra peruana. (2)

Ya desde el siglo XVIII, la población cerreña era notable en cantidad. De acuerdo a los datos extraídos de las estadísticas parroquiales de 10 de diciembre de 1777, había 5,419 habitantes, integrados así: 459 españoles; 1,366 mestizos; 3,551 indios y 43 negros. Aquí no se menciona a los habitantes de otras nacionalidades ya que, ni sus nacimientos ni sus defunciones se inscriben en el Registro Parroquial. Lo hacían en su correspondiente consulado.

Teniendo como eje de desarrollo al Cerro de Pasco, la zona de su entorno tuvo notable vitalidad. Su influencia económica y social fue extraordinaria: “Un espacio de setenta mil kilómetros cuadrados giraba en torno a su producción minera. Teniendo a Huánuco como límite norte, se extendía hasta Izcuchaca en Huancavelica, por el sur; sus límites por el oeste eran las Cordillera Blanca y la Viuda; hacia el este, Tarma que controlaba el acceso a la selva central. Como es de suponerse, aquella boyante época de apogeo del siglo XVIII, su población tuvo que ser numerosa ya que en siglo siguiente, esta zona contaba con “medio millón de habitantes”. En apenas cuatro décadas se había llegado a duplicar el número de pobladores. (3)

4.- LA PODEROSA INFLUENCIA EUROPEA EN LA MÚSICA.

La llegada de los austriacos, especialmente vieneses, fue muy bien recibida en la ciudad minera. Aglutinados en el consulado austro húngaro, nos obsequiaron desde su llegada, con su exquisita sensibilidad que pusieron de manifiesto regalándonos a raudales con una extraordinaria música clásica mediante coros, solistas, orquestas y Banda de Música. Fue inolvidable la actuación de Marcos Bache como Director de la Orquesta y Banda de Música. Todos y cada uno de los vésperos sabatinos, un pueblo cada vez más entusiasmado, escuchaba arrobado las muestras magistrales de esta música inolvidable en memorables retretas. Juntos, en fraternal competencia, los músicos europeos y peruanos se disputaban la preferencia de un pueblo acogedor y sensible. Los vieneses de la orquesta austro húngara, bajo la batuta de Marcos Bache, con operetas, valses, polkas, masurkas y cuadrillas; los españoles de la Beneficencia ibérica, con la arrobante y siempre vigente música de pasodobles, seguirías, jotas aragonesas, y selectos trozos de Zarzuela que chapetones emocionados cantaban a voz en cuello; los maestros de la Cosmopolita, cerreños y querendones, con sentidas mulizas, huaynos picarescos, cachuas expresivas, chimaychas juguetonas. Siempre sacando la cara por el pueblo anfitrión. Todo ante el contento de un pueblo que, desde siempre, es amante de la belleza.

5.- EN LO QUE A LA DANZA RESPECTA.

Referente a la danza; es necesario efectuar algunas puntuales referencias:

“La danza como arte rítmica y al mismo tiempo plástica, arte en el espacio y en el tiempo, arte gimnástico y social, anímico, ceremonioso y hasta mágico, aparece ya evidenciado en las figuras rupestres del N.R de España pertenecientes a los primeros tiempos de la edad neolítica”(4)

“Se pude afirmar que la acción de bailar es tan antigua como el hombre. En todos tiempos ha señalado los grados de refinamiento social de un pueblo y ha sido una expresión externa de la cultura y tendencias éticas de toda raza. El baile es una de las pocas manifestaciones de la vida humana que mejor ha reflejado a la vez sentimental religiosa, las más serias manifestaciones de la vida social, las expansiones más tranquilas e inocentes y el desenfreno o relajación de costumbres públicas y privadas. Desde las danzas sagradas de los egipcios, hebreos, indios primitivos y celtas, hasta los bailes de etiqueta regia, reglamentados por la severidad cancilleresca, la gama del sentimiento humano exteriorizado por el número, el ritmo y la cadencia de movimientos es tan variada como interesante”(5)

En lo que a nuestra patria se refiere, la danza es tan antigua como los primeros hombres que poblaron nuestro territorio. César Bolaños refiriéndose a aquella época, nos dice: “La música y la danza en el área andina no nacen con los españoles ni con los incas, por el contrario tienen antecedentes milenarios (…) Precisamente en esta época, los metales preciosos como el oro y la plata se utilizan para recubrir o construir instrumentos musicales, que se habían de emplear en ocasiones importantes y especiales, los cuales reemplazan a los de cerámica, probablemente por su laboriosa técnica de construcción.(…) Al ser la música y la danza artes imprescindibles de toda ceremonia, rito o fiesta andina, algunas culturas dejaron abundantes rastros de su existencia”(6)

Ya en el tiempo de los incas, al rendir homenaje a alguien:

“No hubo homenaje sin danza y bebida en el que no se cantara al homenajeado. Es posible suponer que existieron, para estas ocasiones, coreografías establecidas con textos dedicados a las personas que los motivaban; aunque se daban casos en que todo se inventaba, especialmente cuando era el Inca a quien se le rendía los honores. Para él no sólo le brindaban música, cantares y danzas sino también adornaban la ciudad con arcos de plumas y cubrían de flores su camino. (7)

La danza, arte que nació con el hombre y se practica en todos los confines de la tierra, también fue traída por los europeos en su más exquisita variedad. En especiales acontecimientos recordatorios como aniversarios nacionales, saraos, convites y fiestas de beneficencia, ellos danzaban conjuntamente con los miembros de nuestra sociedad, poniendo de manifiesto sus habilidades coreográficas. Nuestro pueblo, observador admirado y atento, imitaba en su medio, de acuerdo a sus posibilidades, el ejercicio de las vistosas manifestaciones del arte de la danza.

Como puede verse, la poderosa influencia tanto europea como nativa, fue notable en el pueblo minero del Cerro de Pasco desde el siglo XVIII. Las crónicas y las noticias periodísticas son expresivas al respecto. Por ejemplo, una clara muestra de la vigencia de nuestra danza durante el siglo pasado, la recogemos del ilustre viajero francés A. De Botmilieau – Cónsul de Francia en el Perú- cuando a fines del siglo XIX, visita nuestra ciudad a comienzos de mayo, coincidente con la Fiesta de las Cruces de entonces y dice pintándonos el ambiente de fiesta pueblerino “la iglesia se adorna con sus más ricos ornamentos y las campanas anuncian con gran estrépito, según la costumbre, la fiesta patronal (De las Cruces de Mayo) …Pronto la multitud es más numerosa y compacta. En todas partes se instalan toscas mesas; se vende chupe, carne tostada, pan, chicha y sobre todo, aguardiente.(…) De repente, una música discordante da la señal del inicio de la fiesta. Bandas de hombre enmascarados de largas pelucas postizas atraviesan las calles (…) están ataviados con grandes sombreros de plumas (…) monedas cosidas en los vestidos bordados que resuenan con un ruido argentino en cada uno de sus movimientos… (las monedas) cosidas fuertemente al faldón de un magnífico vestido rojo cargados con dos enormes charreteras (champis). La procesión sale por fin. Algunos cirios aparecen en la puerta de la iglesia; pero la multitud está aglomerada en tal forma que es imposible incorporarse a ella…”.

Mis entrañables y viejos amigos, don José Blanco y don Eustaquio Mayhua, notables guiadores de chunguinada de mis días de niño, en inacabables y pintorescas conversaciones, me aseguraban que ellos, a su vez, habían visto bailar a sus mayores que respetuosamente arrastraban la tradición de sus ancestros. Mucho más tarde, el gran bailarín y mejor amigo, Berilo Ventocilla Olazo, afirmaba: “La chunguinada no es sólo una tradición colectiva popular. Es una tradición familiar; por ello es más valiosa. Mi padre, Bernardo Ventocilla Osorio, la practicó. Nuestra memoria familiar tiene presente que a fines de los años veinte, él bailaba la chunguinada. Posteriormente en 1930, bautizó a su cuadro de bailantes con el nombre de Juventud Huaricapcha. En los años 40, conjuntamente con otros cerreños, llevó a la muestra nacional de bailes en el Campo de Marte de Lima, el baile de la chunguinada. Actualmente con mi hermano Cirilo mantenemos la tradición familiar. He recorrido, desde que me inicié en la chunguinada, todas las escalas de ascenso: Raso; Tras-guiador de orquesta; Guiador de orquesta; Tras guiador de punta; Guiador de punta… Por la fe que le guardo, en el año de 1985, participé en la festividad de la Virgen del Rosario y conjuntamente con mi esposa Marcelina, hicimos la fiesta. Fui a la vez mayordomo y bailante. ¡Siempre con la chunguinada!”.

Carlos Contreras, el más notable estudioso de la vida del Cerro de Pasco nos dice comentando una publicación del periódico cerreño EL PORVENIR DE JUNÍN, de 16 de abril de 1881. “La elite (cerreña) organizó una cultura de un cariz bastante europeo en la ciudad. La indumentaria, las maneras, la música, las comidas y bebidas que frecuentaban, expresaban este hecho”…”En el pueblo –se decía- los extranjeros dan la norma de todas las virtudes sociales. El vals vienés, las polkas y bailes españoles marcaban el ritmo en las elegantes fiestas de la elite. Las cuadrillas francesas y de lanceros fueron bailados con irreprochable corrección; así como los valses y polkas, sobresaliendo la hermosa y delicada señorita Amelia Dianderas, hija de la dueña de casa y la bella como espiritual señorita Amelia Ordóñez”.(8)

Estos hermosos bailes de vistosa coreografía tenían muchas facetas del minué, la chacona, la pavana, la sardana y las diversas cuadrillas: española, inglesa, francesa e imperial; todas éstas se complementaban con el tejido de lustrosos mástiles con delicadas cintas de colores que, más tarde, sensibles artistas de nuestro pueblo, la asimilaron para remedarlo en la “Chunguinada”.

6.- NACE LA DANZA MÁS HERMOSA DEL CENTRO DEL PERÚ.

No es difícil colegir que nuestro pueblo, observador y admirado, pudiera sopesar todo lo que acontecía en su entorno. Sufrido y expoliado advirtió claramente la abismal diferencia existente entre la opulencia de los amos y la inopia en la que vivían ellos, los servidores y, ¡claro!, supuso bien que el Dios que predicaban los españoles era pródigo con ellos y mezquino con los nativos… ¿A qué se debía…?. Era ostensible cómo, durante el siglo XVIII, los poderosos alcanzaban las prolíficas bienaventuranzas del Supremo. Allí estaba, a la vista de propios y extraños, la generosa producción de sus yacimientos. Enormes cajones de mineral de alta ley argentífera: alcamor, plata nativa, pavonadas, quijos, plata pella, plata piña. Todo por nada- gratuito- pagado con la sangre y el sudor de los diligentes “indios cerreños” que, con toda su familia labraba esas riquezas.

Algo debían tener los “Weragochas” para que el Supremo los mire con tanto mimo y les alcance con prodigalidad aquellos tesoros. Algo. ¡Ah! pero es que ellos – los “Weragochas”- no ponían límite a sus festejos.

Días enteros de danzas cortesanas, galantes, remilgadas, alternándose con pantagruélicas comilonas de faisanes, venados, perdices, vizcachas…regados con vinos ultramarinos: franceses, españoles, italianos…plus café de moka, caracolillo, abisinio; exóticos cognacs franceses, jeréz español, champagne y espirituosos vinos franceses, todo, todo en abundancia, servidos por diligentes mozos de librea y uniforme que, sin perder detalle, retrataban la ostentación mundana de los festejos. No se les escapaba detalle de sus vistosos desplazamientos en las danzas europeas. Balances y saludos, retiradas y cruzadas; desplantes, reverencias y gambetas; besamanos de elegante minué; ágiles giros de cuadrillas; prolíficas y cuidados entrecruzamientos en el tejido de cintas; todo, todo retratado en la admirada pupila del pueblo cerreño.

Esta experiencia parió una ley: Si se esperaba recibir buena recompensa de Dios, primero había que ser generosos en la pleitesía y en el homenaje. A la prodigalidad de la celebración, correspondía igual o mayor retribución. Así las cosas, con la asesoría de los hombres que habían presenciado estos bailes cortesanos, se decidió imitarlos para rendir homenaje a las cruces. El pueblo laborero del Cerro de Pasco, imitando a los chapetones y demás europeos, creó la Chunguinada.

Su nombre verdadero es CHUNGUINADA y no Chonguinada como equivocados intereses localistas excluyentes tratan de imponer haciéndola originaria de un pueblo que nada tiene que ver con su nacimiento. En su Diccionario Enciclopédico del Perú, el doctor Alberto Tauro del Pino, con mucha razón nos dice: ”CHUNGUINADA” (Derivado de chunga) Es una danza popular que se ejecuta en los departamentos de Pasco, Junín y Huánuco. Hace burla de los españoles de la época colonial y, coherentemente, los bailarines tienen pelucas con largos crespos y vestidos con vistosos bordados”(10)

Efectivamente, en todo el centro del Perú no hay danza más llena de donaire y gracia que la Chunguinada; en ella se puede admirar una selecta variedad de desplazamientos y acompasados movimientos de las parejas. Es todo un espectáculo coreográfico de variados y vistosos matices para contemplar con admiración y deleite. Así como los “Negritos” es la danza nacida en Huánuco durante la Colonia, la “Chunguinada” es nacida en el Cerro de Pasco durante la misma época. Ambas no son sino vivas expresiones de lo que el pueblo sentía hacia los extranjeros.
“Es costumbre del pueblo indígena el relatar, a través de sus danzas, todo acontecimiento histórico o de importancia que le llame la atención, para recuerdo de su descendencia, llevando una especie de crónica viviente y directa”(11)
En el caso huanuqueño, exclusivamente referido a los españoles; en el de los cerreños, a los españoles y demás europeos que vivieron en nuestros predios. En lo que respecta al primer caso, no hay que olvidar lo que nos dice don José Varallanos amparado en sus estudios referidos a los foráneos de aquella época: “En el centro del Perú, sólo Huánuco podía competir con el Cerro de Pasco en el número de españoles que avecindaba. Eran éstas las dos ciudades donde más españoles había”. (..) “Con la llegada de los españoles al Perú y la implantación del sistema colonial tomaron asiento en Lima los Virreyes y con ellos todo el aparato palaciego: Lujosos vestidos y costumbres resplandecieron en los salones limeños junto con la música y danzas de la Europa cortesana que iban cambiando conforme a la moda y sucediéndose: la Gallarda, la Contradanza, el Pasacalle, el Minué, la Cuadrilla.(12)

A estar por lo que hemos presenciado de niños en las calles de nuestro pueblo minero, la cuidadosa reunión de documentación de estudio y, sobre todo, la conversación con mayordomos, guiadores, músicos, funcionarios y danzantes de chunguinada, la influencia extranjera, especialmente del siglo XVIII, se nota en las siguientes manifestaciones de la danza.

El primer paso o primera mudanza del baile consiste en el saludo mediante el cual, el varón, con una elegancia y galantería muy delicadas, invita a danzar a su correspondiente pareja. Este gesto de comedimiento y delicadeza hace evocar al minué. El MINUÉ fue una danza elegante de origen francés que tuvo fuerte influencia en toda Europa durante el siglo XVIII. Su característica principal es la sencillez noble y elegante que tenía por objeto desplegar todas las gracias y actitudes del cuerpo para expresar uno o varios saludos como prescribían los códigos de galantería en aquel siglo. Hoy en día, los chunguinos conservan esta elegancia cuando bailan “La Francesa” que sólo se puede comparar con la majestuosa danza Imperial, denominada así en homenaje al Imperio Austro-Húngaro del cual los vieneses, residentes en nuestra ciudad, fueron sus más grandes mentores.

No hay duda que el cuerpo fundamental de la danza está fuertemente influido por la CHACONA, un baile de movimientos lentos pero muy acompasados en el que se efectuaban giros, alejamientos y acercamientos de las parejas. Originaria de Italia, la Chacona pasó a España, Francia, Inglaterra y demás países de Europa. Los españoles la trajeron consigo.

Otra danza influenció poderosamente en la chunguinada, fue la PAVANA. Bailada en toda Europa durante el siglo XVIII hacia adelante, se caracteriza por su ritmo lento y elegante, parecida a la chacona pero que se diferencia de aquélla a causa del ropaje amplio y ostentoso que lucían las parejas en su escandaloso “pavoneo” (De allí su nombre), que era muy vistoso; y qué decir de su influencia que se nota a la legua.

Cuando las parejas se toman de las manos con delicadeza y aliño, para ejecutar pasos en conjunto, están imitando también un baile español nacido en la región de Cataluña que tiene por nombre, SARDANA, que fue muy acogido en Europa en los salones de baile.

Los chunguinos- lo hemos visto- siempre se desplazan y bailan en cuadrilla. La CUADRILLA era la manera cómo, un grupo de personas se desplazaba en un baile de salón formando una sola comparsa, en una especie de contradanza. Por el origen y particularidad de cada cual, recibía el nombre de Cuadrilla Española, Cuadrilla Francesa, Cuadrilla italiana, Cuadrilla Vienesa etc.. El nombre con el que más se le conocía en España era con el de RIGODÓN.

7.- COMIENZA SU VIAJE POR EL CENTRO DEL PERÚ.

El origen de la “Chunguinada” obedece a la festiva imitación que los nativos hacían de las danzas europeas, españolas, francesas, inglesas, vienesas, que los potentados realizaban en sus saraos de leyenda y que los hombres de nuestra tierra al servicio de aquellos, admirados de la vistosidad coreográfica tan llena de matices, se echaron a emularla con zumba y gracia; así nació la Chunguinada en el Cerro de Pasco. Ya lo hemos visto. Al hacerse conocida en todo el Perú, algunos de los que se ocuparon de su origen afirmaron que había nacido en Junín, (Arguedas, Vivanco, Boudouin, Contreras Sosa, Meza Ordoñez y, últimamente, Mildred Merino de Zela, (Munilibros 1986:73), y no les falta algo de razón. Cuando nace la chunguinada, el Cerro de Pasco era la capital de Junín hasta 1930 en que el tirano Sánchez Cerro, lo cambia por la ciudad de Huancayo. En todo caso, admirados por su belleza, los braceros llegados del Valle del Mantaro, la llevaron entre su bagaje y, pueblo agrario y alegre por naturaleza, la cultivó con esa gracia y donaire tan notables que todavía conserva. Huancayo la prohijó tal cual con sutiles diferencias coreográficas; eso sí, recamada de hermosos bordados que los artesanos del lugar resaltaron para compensar su parca parafernalia plateresca que es muy notable en los cerreños.(15).

Algunas personas, basadas en una simple similitud del nombre que además está mal pronunciado, se han atrevido a insinuar que la danza mencionada nació en Chongos Bajo (Pueblo de indios, según reza en la denominación que se hace de él), correspondiente a la circunscripción de Huancayo. No es así. Desde siempre sabemos que su nombre es Chunguinada. Lo que pasa es que, muchos de los laboreros venidos a trabajar en las minas, mal pronunciantes del castellano a los que llamamos “motosos”, en lugar de Chunguinada pronunciaron chonguinada, como dicen Chorín en lugar de Churín; Chocuito por Chucuito; chomacera por chumacera, etc. Es necesario que este error se enmiende. Es como si la audacia nos hiciera decir que el Huaylas –pujante danza campesina de Huancayo- es de origen pasqueño porque ha nacido en Huaylasjirca, pueblo que pertenece a la provincia de Daniel Carrión del Departamento de Pasco, sólo por la similitud de nombre.

8.- EL VESTUARIO.

La imitación de la “Chunguinada” pretendió ser desde un comienzo intachable; pero como no todo podía parodiarse a la perfección, la apariencia de los danzarines se remedió mediante el uso de la máscara (13), ésta es casi sin peso, de fina urdiembre de malla sobre la cual se pinta el sonrosado y muchas veces lunarejo rostro del extranjero de mostachos rubios, cejas espesas y clarísimos ojos celestes o azules o verdes que revelaban a las claras la estirpe que representan.(14) Igualmente, las máscaras femeninas aparentan finísimos rostros aterciopelados, acicalados con afeites sonrosados, labios rojos, pestañas arqueadas y ojos igualmente claros. Para completar la apariencia europea que se trata de imitar, blondas y encrespadas pelucas enmarcan el rostro de los danzantes; sobre las pelucas, las mujeres llevan ahormados sombreros de paja blanca cubierto con finísimo tul de caprichosos bordados; los hombres se cubren con amplios sombreros de fieltro semejantes a los Chambergos usados en Europa durante el siglo XVIII, en cuya ala izquierda, sujeto con prendedor de plata y piedras llamado TRANCELIN, se luce un penacho de plumas de avestruz teñido de varios vivísimos colores.

Lope de Vega decía refiriéndose a este sombrero; “Este chambergo, la gente envalentonada lo lleva doblado hacia arriba lateralmente y los mancebos que para echarla de guapeza querían presumir asimismo de adinerados, prendían el ala en la copa con joyas de oro y pedrería, sujetando a la vez airosos plumajes con los trancelines que daban mayor garbo al sombrero y a quien lo llevaba”

Por su parte, Quevedo dice en verso:
Doblada falda airosamente prende
al sombrero con rosa de diamantes
por cuyas plumas ser celada emprende
al timbre de las ramas semejantes.

En otra parte añade;

Los sombreros de faldas arrogantes
entre diversas plumas de colores
adornan trancelines de diamantes.

A propósito, es menester manifestar que las bailarinas actuales están soslayando el uso de las máscaras, parte fundamental del disfraz, mostrando en cambio el rostro nativo que, por más hermoso que fuere, no cumple con el fin perseguido por la danza de representar a una europea. Esto lo hizo notar con mucho acierto, en su oportunidad, Sergio Quijada Jara.

Volviendo a la indumentaria masculina diremos que, sobre la fina camisa de cuello y corbata (esto a la usanza moderna, que no a la dieciochesca) va el saco con sendas hombreras trabajadas en plata maciza llamadas “champis” -No olvidar la excelente calidad de plateros que laboraban en nuestra tierra, especialmente quiteños-. Generalmente son pavos reales de desplegado plumaje que lucen incrustaciones de gemas o, palomas de replegadas alas que están acunando los hombros masculinos. A veces, muy raras, cabezas de fieros tigres de Bengala o rugientes leones de fauces abiertas y amenazantes. Cruzando el pecho, dos sólidos correajes metálicos cuyos eslabones están unidos por sutiles bisagras; uno va de derecha a izquierda en cuyo extremo han fijado un brillante cuerno de toro, pulimentado y laqueado, protegido con guarniciones de plata en el que el danzante lleva un fino licor que invitará, cuando la ocasión lo amerite, a los notables del pueblo y amigos personales; para ello, cubriendo el pico del cuerno se halla entornillada una tapa, artísticamente labrada, que sirve de copa; el otro va de izquierda a derecha en cuyo extremo, como contrapeso del cuerno va una media luna de plata.

Adornando los flancos de los brazos, incrustaciones de leves placas argentíferas. (Esta es una de las más destacadas diferencias con los danzantes de Jauja, Huancayo o Tarma, quienes llevan, en lugar de adornos de plata, pañuelos de colores artísticamente cocidos a hombros y mangas). Los pantalones ceñidos, semejantes a los calzones españoles del siglo dieciocho, de lustroso y grueso terciopelo aderezado de joyeles, artísticos bordados y pedrería a cuyos bordes, a la altura de las rodillas, lleva cintas que sujetan las piernas cubiertas de gruesas medias que en un comienzo fueron de seda y actualmente son de lana de color chispeante; finalmente un medio calzado de resplandecientes hebillas de plata, imitando en todo a los caballeros del siglo XVIII, época de bonanza en nuestra tierra.

Los chunguinos deben llevar además del de su uso personal, un pañuelo y cintas de variados colores con los que trazará alegóricos dibujos en el ejercicio de la danza; conjuntamente con todo, un paraguas que no sólo servirá como elemento coreográfico sino también, llegado el caso, como protección contra la lluvia.

Las mujeres, además del sombrero blanco de paja toquilla con cinta de seda negra, la peluca y máscara, llevan una cushma llamada HUALGA colocada sobre la fina piel de un animalito serrano llamado “huayhuash”, adornada con relucientes monedas de plata de nueve décimos que a manera de peto le cubre el pecho. Desde las axilas, cubriendo un solo lado del cuerpo, el ANACO, manta rectangular sujeta a los hombros mediante el HUATRUCO, fileteada con cintas y hermosas flores, mariposas, aves, ángeles, corazones –bordados con hilos de oro y plata- e incrustaciones de vistosa pedrería. Luego vienen las polleras de castilla, cada uno de diverso color y con filetes de seda y finalmente, escondiendo las polleras, las blancos y almidonados fustanes orladas de encajes. Envolviendo todo, tan sólo debajo del anaco, la falda de finísima tela. Los brazos cubiertos con manguillas de seda bordada y, encima de todo, la LLICLLA de astracán, terciopelo o pana recamada de expresivas figuras amorosas, patrióticas o religiosas. Finalmente, las piernas revestidas de finas medias de seda o nylon y zapatos lujosos de cuero de becerro.

Los bordados de los trajes son notables con una gama tan resplandeciente y variada de hilos de oro y plata que, el solo hecho de contemplarlos constituyen un goce espiritual incomparable. Cotones, catas, faldellines, enaguas, cushmas y calzones son prodigiosos trabajos de orfebrería que representan escenas de amor mediante dormilonas y tiernas palomas, mariposas exóticas y relumbronas; encendidos corazones sangrantes; flores de la más variada gama; paisajes pueblerinos de enternecedores acabados. La orfebrería de plata engarzada con pedrería de colores variados que simulan aguamarinas, jaspes, topacios, rubíes, turquesas, ágatas, zafiros, amatistas… Naturalmente son esquirlas de vidrio tan bien engarzadas que representan mirasoles robustos, pensamientos de pétalos finos, mariposas de caprichosas y colorinescas alas; aves de vivísimos ojos y alas desplegadas.

Teniendo en cuenta que las joyas que portan son muy valiosas, requieren de la compañía de sus esposas o familiares más cercanos a fin de que éstos, observándolas durante la danza y el peregrinaje diario, cuiden de ellas. Esta es la razón por la que la comitiva de los danzantes siempre es numerosa

Esta alegre cuadrilla danzante la conforman ocho, diez o doce parejas con una encantadora disciplina que les permite presentar un espectáculo extraordinario; tanto hombres como mujeres están comandados por sus líderes que en orden ascendente, por estricto cuadro de méritos lo inician los “Rasos’, luego viene el “Tras guiador de orquesta”; éste asciende a “Tras guiador de punta” para finalizar en el cargo máximo que es el de “Guiador de Punta”, máxima expresión de liderazgo, tanto en hombre como en mujeres. Es decir estos cargos lo cumplen tanto los hombres como las mujeres.

Estirados y solemnes, engreídos y majestuosos, estos integrantes de chunguinada que danzan al compás de orquestas típicas conformadas por arpa, violines, clarinetes y saxofones son, el resto del año: mineros, perforistas, enmaderadores, wincheros, tareadores, troleros, bodegueros, timbreros, comerciantes… En sus inicios, cuando la libertad de las mujeres estaba restringida, la danza la practicaban exclusivamente los hombres. Jamás se vio a las mujeres formando parte de corros danzantes o integrando mojigangas. Por otro lado consideremos que la fiesta que se prolongaba por más de una semana, requería de un físico extraordinario teniendo en cuenta el peso del vestuario. Actualmente, superado el veto machista y el aligerado del vestuario correspondiente, las cuadrillas son mixtas; esto es, de hombres y mujeres. “El carácter social de la danza no está en las relaciones de un sexo al otro, puesto que de ordinario es aquélla de uno de los sexos, bailando los varones mientras las mujeres acompañan con instrumentos o son meras espectadoras, y hasta pueden, en ciertos casos, quedar completamente excluidas del espectáculo” (14) ( ESPASA, IBID)

Garcilaso, afirma en su obra: “los incas tenían un baile grave y honesto, sin brincos, ni saltos, ni mudanzas (…) Sólo bailaban los varones. . No consentían que bailaran mujeres”(15)

Además de los chunguinos hay un personaje pintoresco e infaltable en esta abigarrada comparsa que es, el CHUTO. Representa al indio sirviente pero ladino que está premunido de máscara de cuero de ojos saltones, cejas pobladas, jeta prominente y orejitas pequeñas; cubriéndolo todo un chullo colorinesco. El torso arropado con chaleco y rústica camisa a rayas y la infaltable “huaraca”; el calzón de lana negra sujeta a la cintura por fajas multicolores, conocido con el nombre de “Watrila”, de enormes faltriqueras que llegan hasta las rodillas en donde guarda todo lo que roba; medias de lana de color escandaloso y protegido por el SHUCUY, – aditamento calzador auténticamente cerreño- que es un mocasín de cuero crudo de carnero, adecuado a los pies mediante tiras del mismo material.

La misión de los chutos –cuatro o cinco por comparsa- es la de cuidar al grupo danzarín, abrir el camino para los desplazamientos de éstos, transportar y sostener el madero en el que se tejen las cintas, ser en todo caso, hombres de servicio. Los chutos son los más avispados, zahoríes y cundas personajes del pueblo. Están en todas. Al desplazarse por las calles, “visitan” en tropel a las chinganas en donde los dueños deben regalarles con tragos, bizcochos, galletas, caramelos o frutas, caso contrario, es decir si el tendero es tacaño, llegan a robarle lo que encuentren ante el festejo abierto del pueblo. A veces, amparados en el anonimato que les otorga las máscaras, se permiten “manosear” a las mujeres guapas llevándose coscorrones y golpes en respuesta. En otros casos- ya felizmente superados- hacen sicalípticos movimientos de claras alusiones sexuales. Como es natural, no se despojarán de las máscaras por no ser reconocidos y, en las calles, son perseguidos por los vocingleros chiquillos que los apedrean y los insultan. Es necesario tener presente que, mientras el chunguino es un caballero, comedido, elegante y garboso: el amo; el chuto es, desaliñado, rústico, atrevido y mala traza: el sirviente. En resumen, los chutos son los bufones de los chunguinos.

09.- LA FIESTA DE LAS CRUCES.

Una festividad religiosa que desde tiempos de la colonia ha concitado gran recogimiento en el Cerro de Pasco y está estrechamente ligada a la chunguinada, es la Fiesta de las Cruces. Como en toda España se realiza este festejo desde tiempos inmemoriales, llegó a nuestra patria en el bagaje de los conquistadores alcanzando gran difusión en los pueblos del interior del país y casi todos los que rodean la capital peruana. El maestro pintor José Sabogal dice en su libro EL DESVÁN DE LA IMAGINERÍA PERUANA: 31, lo siguiente:
“El santo signo de la Cruz cristiana es venerado en todo el territorio y con fervor intenso por el pueblo indígena. Es muy raro encontrar en algún rancho o choza imágenes en bulto, pintadas o en estampa; pero jamás falta una Cruz. Las tienen como protectoras del hogar, en la cumbrera de la casa, generalmente de fierro forjado o adosadas a los muros en hoja de lata pintada o de madera en hornacina o sobre altar dentro de la casa. No se ven en ellas la imagen de Jesús. La Cruz parece ser signo esotérico para el hombre nativo”.

Es fácil darse cuenta de la gran manifestación de fe a lo largo y ancho de nuestro territorio en cuyos caminos, en las partes más elevadas o en las más visibles, hay una capilla o una Cruz de la Pasión con todos sus símbolos, donde los creyentes se santiguan con fe. La Cruz de la Pasión ha reemplazado a las incaicas “Apachetas”, que ubicadas en las partes más altas de los cerros servían para pedir a los dioses, el ejercicio de sus benefactoras acciones; los españoles trajeron la Cruz que ha quedado en su lugar. “A raíz de la Conquista, los nuevos amos impusieron su cultura occidental católica romana a los antiguos pueblos aborígenes.(…) Los doctrineros y extirpadores de idolatrías hasta cierto punto lograron adueñarse de los lugares en que para los indios estaba localizado lo sagrado o destruir los objetos que lo materializaban, sustituyendo sus lugares sagrados, sus huacas, sus ídolos y hasta sus sacerdotes por la cruz, la iglesia, los santos y los curas católicos. (…) Bajo el símbolo de la Cruz y bajo el amparo de la iglesia, el indio continuó creyendo en su realidad religiosa y venerando las fuerzas que él consideraba determinantes y poderosas en su mundo.(16) (SCHWAB, Federico,”Teoría e investigación del Folklore”-UNMSM,1993).

Para el médico e historiador Fernando Cabieses, “En América del Sur nació un nuevo símbolo cristiano: La cruz y el cerro. El Apu Inca y la Cruz española se fusionaron y crearon un símbolo que se multiplica en todos los pueblos, sobre todo andinos, donde las cruces aparecen en los cerros sobre tres peldaños que en tiempos incas eran el símbolo sagrado” (EL DOMINICAL, 19 dic de 1999:4)

En el Cerro de Pasco, hasta muy entrado el presente siglo, podía verse el signo sacro a la puerta de las Iglesias de Chaupimarca y Yanacancha; las fotografías existentes, así lo confirman. En un determinado momento, los “decentes” juzgando que la presencia de la cruz era antiestética y de gusto folklórico, decidieron quitarla; es decir había que parecerse a Lima, en ninguna de cuyas iglesias se podía ver la Cruz. Sólo lo “cholos” tienen esa costumbre, dijeron. “Luego de la conquista española del siglo XVI, el proceso de “cristianización” de los andinos dio nacimiento a una religión andina muy particular. Esta religión sólo puede ser descrita como un “sincretismo” de la cosmología precolombina y del catolicismo romano. Tan profunda es la mezcla y la influencia mutua, que no podemos hablar de una de ellas como el núcleo y de la otra como un adorno superficial. Ambas se complementan”(17 ).

“Decentes” y todo, la fe se iba acrecentando en forma incontenible. En cada barrio cerreño importante se erigió una capilla para venerar a la Cruz y, desde aquellos tiempos también, la fiesta ha seguido adelante. Por esta razón, durante todo un año, -de mayo a mayo- el prioste o mayordomo, funcionarios y fieles en general, se preparan adecuadamente para celebrarla con gran pompa y recogimiento. Como bien merece la Santa Cruz, tenía que contarse con un acto digno de su importancia y, con ese fin, consideraron a la Chunguinada como la justa pleitesía de un pueblo agradecido por los milagros que ella depara. Así la chunguinada es el espectáculo central de la fiesta. Por eso desde la víspera del primero de mayo, todo se deja listo para el día central que es el tres de mayo, instituido por la Iglesia Católica para esta celebración. Con ello se quiere honrar a la Cruz del Salvador, porque en tal fecha fue hallada después de permanecer largo tiempo extraviada. La apretada historia de este hecho es la siguiente.

10.- POR QUÉ SE CELEBRA LA FIESTA DE LAS CRUCES.

Se cuenta que el Emperador Romano, Constantino había tenido una revelación al ver una enorme cruz que brillaba en el cielo, circundado de las palabras: “In hoc signo vinces”. Desde aquel momento, ya convertido al cristianismo, reemplazó las águilas de los estandartes romanos y acuñó las nuevas monedas con el símbolo sacro. No sólo él, sino también su madre, la piadosa Elena que no descansó hasta dar con la cruz en la que había muerto nuestro Salvador y perdida después de que el cuerpo fuera retirado. Tuvo muchísimas dificultades para cumplir su aspiración, pero movida por su fe, y guiada por los consejos de sabios ancianos, llegó al mismo lugar del suplicio donde descubrió enterradas las tres cruces: una de Jesucristo y las dos restantes de los ladrones crucificados con él. Como no se podía saber a ciencia cierta cuál correspondía al Salvador y cuáles a los ladrones, intervino San Macario, a la sazón patriarca de Jerusalén que, inspirado por Dios, aplicó las tres cruces a una mujer que agonizaba y mientras que dos no tuvieron efecto alguno, al tocar la tercera, la mujer sanó milagrosamente. Como se notaba que en el ambiente había duda de la gente, hizo traer a un hombre que acababa de morir y aquí también, fue la cruz signada por el milagro el que lo hizo resucitar mientras que las otras no habían tenido efecto alguno. Prosternados los fieles presentes, aclamaron que aquélla era la cruz en la que el Salvador había muerto. Desde esa fecha quedó instituido el Día de la Santa Cruz. Era el tres de mayo del 328. Es más, Constantino conmovido por el descubrimiento de su madre, hizo edificar una Basílica sobre el Gólgota con el nombre de ANASTASIA.

El pueblo cerreño –volviendo a lo nuestro- religioso como pocos, reverente ante la Cruz, símbolo supremo de dolor y de amor, celebra con gran recogimiento la fecha. Es tanta su devoción que le ha dedicado toda una semana y, a veces muchos días más, para recordarlo. Por eso es que, cada barrio importante de la ciudad minera, ha erigido un Capilla para honrar a su Cruz. Huancapucro que desde su elevación se ha convertido en bello mirador de la ciudad, cuenta en la actualidad con gran cantidad de fieles. Uliachín, antiquísimo barrio, límite sur de la ciudad minera, tiene el suyo con una envidiable tradición guardada por numerosos fieles. San Cristóbal, en el corazón de la ciudad, actualmente reúne a varios grupos que fraternalmente conllevan las celebraciones. Curupuquio, en el barrio obrero de Ayapoto tiene también una sólida organización y numerosos seguidores. San Atanasio, en la parte céntrica del Cerro, naturalmente cuenta con sus cofrades y amigos. La fe inquebrantable del pueblo minero sigue edificando capillas en sus barrios respectivos en donde se están formando también nuevos danzantes de chunguinada.

Como las que se veneran desde el tres de mayo son las cruces; éstas se presentan como tales, sólo cruces; eso sí, llevan una serie de representaciones que la adornan. Los símbolos que acompañan al madero tienen, cada uno, su significado. En primer lugar, en la parte alta, coincidiendo con el cruce del soporte y los brazos, se ve el paño de la Verónica, donde se distingue nítidamente el divino rostro sufriente de Nuestro Señor. Encima del lienzo va la corona de espinas que se le colocara a Jesús, como burla y tormento en el momento de la flagelación. Inmediatamente arriba, el cartelito con las palabras INRI, que como burla sangrienta al Hijo de Dios, llamaron Rey de los Judíos. En la cúspide hay un gallo, elemento indispensable en las representaciones de la Pascua de Cristo, que simboliza la reiterada negación y felonía de su apóstol Pedro. Otro símbolo que muy pocas cruces tienen, es el cartelito en el que se notan una letras negras S. P. Q. R, que en latín quiere decir SENATUR POPULOS QUORUM ROMANUS y en castellano se traduce como “El Senado y el Pueblo de Roma”. Estas palabras se colocaban en todos los Decretos romanos acompañando a los documentos oficiales de la época. Un redondo disco amarillo sobre el que se pinta una sonriente cara regordeta, representando al sol está colocado sobre el brazo derecho del madero; en cambio al extremo izquierdo va una luna en cuarto menguante tallada en madera. Del brazo izquierdo hasta el medio del soporte central, está la lanza con la que Longinos atravesó el costado derecho del Salvador del Mundo; simétricamente, del brazo derecho pende una larga varilla circular en cuyo extremo superior se halla la esponja que, mojada en hiel y vinagre, se le acercara al Crucificado cuando éste manifestó tener sed. Oblicuamente, pendiente de los brazos derecho e izquierdo hasta el centro del soporte central, hay dos escaleras que sirvieron para hacer descender el bendito cuerpo de Cristo después de su muerte; también pende una larga sábana de tela blanca usado por José de Arimatea, Nicodemo y sus ayudantes para hacer descender el cuerpo bendito. Más abajo, en el cuerpo central hay tres sólidos clavos de acero con los que se fijó el cuerpo santo; el martillo con el que se clavó manos y pies; dos tenazas con las que se extrajeron los clavos; los cinco dados que emplearon los soldados romanos para jugarse las vestiduras del Salvador; la balanza en la que se pesarán las almas en el Juicio Final; el cáliz del rito de la última cena y la bolsa conteniendo las treinta monedas con que fue vendido el Señor por Judas, el traidor.

Cada año, precisamente el Sábado de Gloria, -culminación de Semana Santa- todas las capillas sin excepción han sido adornadas interior y exteriormente con cintas de papeles, cadenetas, quitasueños y artísticos faroles luminosos enmarcando el nombre de los mayordomos que mandarán celebrar la fiesta anual, visiblemente resaltados. Fuera de la capilla, a la puerta, los servicios correspondientes invitarán a los fieles el “Café Macho” consistente en un café “garpo” (rústico) avivado con un buen copón de aguardiente. Por su parte la chiquillería celebra alborozada el retumbar de los triquitraques y los cohetes de varios tiempos que anuncian la alegría que se está viviendo. La felicidad general es el común denominador de esta celebración.

Cercana la medianoche del Sábado de Gloria, víspera del Domingo de Pascua de Resurrección, en un marco de recogimiento y plácemes, se efectúa el “Cruz Jorgoy”, o sea la sacada de la cruz. Parejas de esposos, novios y amigos del barrio, acompañados de una competente orquesta sacan reverentes al Santo Madero y lo llevan por las calles céntricas, en procesión, hasta la casa del artista popular que se encargará de adecuarlo debidamente para la fiesta central; retocará, pintará, pulirá y hará todo lo necesario con ese fin. En pago recibirá el presente de significativos tragos de parte del prioste. Finalizado este acto protocolar, la rondalla de fieles se retira cuadrillando por la calle, luciendo su complacencia por haber cumplido con el primer paso de esta gran fiesta. Todo culmina ruidosamente con una jarana en casa del Mayordomo. Las parejas chispeadas se retiran a sus casas en tanto, las comisionadas correspondientes, irán a un lugar donde abunde el agua a lavar el mote, las tripas del carnero, la cabeza y toda la carne que se empleará en la preparación del rico Mondongo cerreño y otros potajes que se servirá en la fiesta. Otros fieles que no han participado de esta fiesta, a esa hora, están yendo a la misa de Pascua de Resurrección.

Ahora hay que esperar sólo la llegada de mayo.

Es necesario mencionar aquí que hay un barrio cerreño muy tradicional que, con igual entusiasmo y fe realiza la Fiesta de la Cruz; es el Barrio de Paragsha, donde se conmemora el 14 de setiembre de cada año, en una capilla muy bien acicalada y hermosa. No les falta razón a los paragshinos. Esta fecha está signada por la Iglesia como el Día de la Exaltación de la Cruz. El origen de tal día y tal celebración, es el siguiente:

Edificada la Basílica Anastasia por Constantino para celebrar el descubrimiento de la cruz después de estar extraviada –como lo vimos anteriormente- lleno de fe por los milagros recibidos, hizo construir otra iglesia sobre el Gólgota con el nombre de Martyrium, en donde se realizó por primera vez, el 14 de setiembre del 335, la Fiesta de la Exaltación de la Cruz.

En las constituciones que dejó en los pueblos para su debido cumplimiento el padre Pablo Joseph de Arriaga, sostiene: “Item cada año para siempre jamás se hará la fiesta a la Santa Cruz el día de su Exaltación que es en catorce de setiembre, en memoria del triunfo que mediante ella se ha tenido de la idolatría; en la cual fiesta habrá procesión con la Santa Cruz y Misa cantada; y el cura de esta doctrina predicará a los indios la causa porque esta fiesta se hace, exhortándolo a que den gracias a nuestro Señor por haberlos sacado de sus errores; y al dicho Cura le darán los indios de esta doctrina, y pueblo, tres pesos por la limosna de la Misa y Sermón para lo cual los mayordomos de la iglesia pedirán limosna de casa en casa con una Cruz; dando a entender a los dichos indios cómo la limosna es voluntaria; y de lo que así se juntare se pondrá razón en el libro de la iglesia para comprar cera para la dicha fiesta” (17).

En su razón los paragshinos, celebran con gran boato, no sólo a la Cruz, sino a nuestro mismo Señor, al que la fe de ese barrio le denomina, el Señor de la Exaltación; “Taita Icsha” como cariñosa pero respetuosamente se le llama. Aseguran que es muy milagroso y su celebración, ruidosa y alegre, con participación de chunguinada, negritos de Huánuco y Auquish Danza, es muy sonada en nuestra vieja ciudad minera.

Durante los primeros días de mayo de cada año en los que se celebra la “Fiesta de las Cruces”, muchas son las comparsas representativas de cada capilla: Uliachín, Huancapucro, San Atanacio, San Cristóbal, Curupuquio, Santa Rosa, etc. Programada con mucha anterioridad el itinerario que habrán de cumplir, tienen anotados los nombres de capillas, personas y autoridades que habrán de visitar durante los días de fiesta. Son muy meticulosos en cumplir esta agenda. Así, diariamente están de pie con las primeras luces del día. Generalmente a las siete de la mañana ya están presentes en la misa del día y luego en la explanada de la capilla danzan lo mejor de su repertorio en homenaje a la capilla visitada. Rosita Alarco afirma que: “…en Europa, la danza formó parte del ritual católico” y Guamán Poma de Ayala, refiriéndose a nuestra patria, añade: “Los caciques principales, los indios comunes y los pastores, se reúnen en los pueblos generalmente los días de fiestas grandes como son: Corpus Christi, Jueves Santo, Pascua de Resurrección, Pascua de Navidad y el día de San Juan (…) Los caciques principales, indios, indias y sus hijos legítimos, tienen derecho a danzar, bailar y cantar sus taquis, cantos, además de los bailes españoles de negros y otras danzas más de indios, estando obligados a ejecutarlas bailando durante las fiestas de guardar, las Pascuas y en todas las fiestas del año señaladas por la Santa Madre Iglesia, siendo merecedores de castigo los que no lo hagan. Debe tenerse en cuenta que para las huacas, ídolos, dioses falsos y demonios los hicieron en la época de los incas, por mandato de los de los pontífices layconas y hechiceros; por consiguiente ahora están obligados a hacerlo para servir al Creador, Dios verdadero por mandato de la Santa Madre Iglesia Romana; lo mismo deben hacer los cristianos procurando no volver a sus idolatrías; por cuyo motivo no serán estorbados por los padres y los jueces de este Reino”.(18)

Después de la ceremoniosa danza en honor de la Santa Cruz de la capilla, los chunguinos rompen el protocolo y en gratitud y homenaje al mayordomo anfitrión, la guiadora invita a bailar al mayordomo mientras que el guiador lo hace con la esposa de éste. Los demás, hombres y mujeres, hacen lo propio con los familiares y amigos allí presentes. Finalizada la danza, continúan en el cumplimiento del itinerario.

En cuanto a la danza formal que ejecutan los chunguinos, es menester decir que: Con elegancia y parsimonia, colocadas las parejas frente a frente, la inician efectuando una serie de saludos como lo prescribían los códigos de galantería del siglo XVIII; luego con ritmo elegante y acompasado lucen su belleza corporal en giros y movimientos estudiados, reminiscencia de las antiguas danzas y contradanzas dieciochescas; finalmente, tomados de la mano, recorren el salón de un confín a otro ejecutando vistosas figuras de cambios y vueltas en un desplazamiento que, de acuerdo a su origen, reciben las denominaciones de: “Cuadrilla francesa”, “Cuadrilla Inglesa”, “Cuadrilla española” etc. Todas hermosas, todas vistosas, todas inolvidables.

En el transcurso de la danza, los bailarines realizan alegóricas figuras llamadas “Mudanzas” valiéndose de pañuelos, cintas y paraguas; la más notable es el “Trenzado de las Cintas”, remedo de las danzas españolas, vienesas, francesas e inglesas del XVIII, que consiste en lo siguiente. Sobre un pulido madero circular fijado en el suelo mediante púa de acero, en el extremo superior, una cumbrera de adornos metálicos contiene engarzadas hermosas cintas de colores en un número igual al de los bailantes que en armónica y vistosa danza, tejen las cintas cruzando y alternándose en estudiada y disciplinada armonía, de tal manera que al final, el mástil quede cubierto con un armónico y vistoso tejido geométrico. El cuidado que ponen es muy especial porque, fácil es deducir, que si se llegaran a equivocar, arruinarían el tejido. El origen de esta figura puede rastrearse en Aragón (España), en donde: “…el conjunto de bailadores que en cierta festividad bailan EL TRENZADO, llamado así por exhibir varias cintas de color que los danzantes tejen y destejen con gallardos movimientos”. (19) (IBID: 223)

Como toda entidad viva y vigente, la chunguinada ha sufrido la división ineludible de “Antigua” y “Moderna”. La primera conserva los rasgos iniciales de la danza en la que utilizan el madero para el tejido y las mujeres, además de la clásica vestimenta cerreña, como los sombreros de paja blanca con caída delantera cubiertos de finísimo tul, los distingue también el hecho de que, a sus espaldas, llevan – como si fueran sus hijos- una muñecas que representan a sus críos. “La Moderna” más atrevida y renovadora, se ha despojado abiertamente de las caretas y las mujeres no sólo no llevan a sus espaldas a sus niños; más liberadas, bailan libremente y hasta su vestimenta la han cambiado utilizando por ejemplo, unos sombreros de lana huancaína que nunca antes se usó. Ojalá que esta libertad no llegue a extramuros de libertinaje. Por otro lado, más dinámica, utilizan preferentemente varios juegos de cintas de colores con los que ejecutan vistosas alegorías. Alegóricas figuras modernas como la “Paloma”en la que, prisionera de cintas de colores, la guiadora funge de paloma con cola y alas vistosas; otra figura la constituye el tejido de botella mediante la cual, cada pareja de bailarines por riguroso turno se apersona al Mayordomo que tiene una botella de cerveza sobre la cabeza y por orden van engarzando sus cintas después de lo cual danzan en rededor de la botella tejiéndola y cubriéndola de cintas mediante un hermoso tejido. Cumplido este paso, sosteniéndolo desde los extremos, comenzando por el mayordomo y su esposa, todo los funcionarios reciben el servido de la bebida sin que nadie ponga la mano, sólo las cintas, y en medio de los aplausos del público, todos beben alegremente. Otra de las figuras de las muchas que efectúan y hablan de su dinamismo, es la que se denomina el OVNI, cuando los danzarines en ordenada rondalla tejen dos redes superpuestas en medio de las cuales colocan al Mayordomo que elevando las manos, aparece al centro de la malla como si se tratara de estar dentro de una nave intergaláctica. Todo esto lo hacen en un espacio de tiempo de media hora más o menos contando con el aplauso abierto y admirado de los circunstantes. Previa a estas figuras, los danzantes tejen con cintas la Cruz de la Pasión y poniendo al centro el rostro lacerado de Cristo, rinden su homenaje de reverencia al Divino Nazareno. Este es un momento de especial unción que el pueblo responde persignándose y aplaudiendo el gesto. Creemos que es el homenaje más hermoso que los bailarines cerreños puedan hacer al Nazareno.

Por lo demás, en sus desplazamientos o en sus danzas fijas, los chunguinos, hombres y mujeres, bailando garbosamente, emiten sonoros guapidos de alegría al compás de la música.

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