La Virgen del Rosario de Yanacancha
(7 de octubre)
En su primera aparición, la Madre Virgen con su Niño, entrega y enseña la devoción del Santísimo Rosario en Fangeaux (Francia) a Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores Dominicos. A partir de esta aparición es nombrada como Virgen del Rosario. Fueron diez y ocho apariciones posteriores efectuadas hasta el año 1558 en dos lugares de Francia: la ciudad de Lourdes y el pueblo de Fátima.
La Virgen del Rosario tiene su fiesta fijada en 7 de octubre por disposición del Calendario de la Iglesia Universal. Su devoción fue instaurada en Yanacancha en donde, don José Malpartida le erige su iglesia conocida como la del Rosario.
El Santo Niño Jesús de Praga
(Primer domingo de junio)
El primer domingo de junio de cada año, con masiva concurrencia de niños de las escuelas locales, se efectuaba el homenaje al Santo Niño Jesús de Praga, traído por los checos. La tierna efigie de dulce rostro chaposo y pelos rubios, está ataviada con alba túnica de adornos dorados, cubierto con hermosa capa pluvial; lleva corona de oro sobre su cabecita de cabellos rubios; su manita derecha está en acto de bendición y, la izquierda, sosteniendo un globo terráqueo, símbolo de su omnipotencia. Fue patrono de los niños cerreños, venerado por las madres que “entregaban” a sus hijos para su santa protección. Cuando morían, eran enterrados con su hábito. El acontecimiento era festejado porque se afirmaba que el niño había subido al cielo a integrar las huestes angelicales de Dios.
La Fiesta de Cuasimodo
(Domingo siguiente a la Pascua de Resurrección)
Desde mediados del siglo XIX, la iglesia, en cooperación con la Beneficencia Pública celebraba con gran pompa la “Octava de Resurrección” –domingo siguiente a la Pascua de Resurrección- que se conocía como la Fiesta de Cuasimodo. Cuasimodo es una expresión de religiosidad popular definida por el Papa Juan Pablo II como: “Verdadero tesoro del pueblo de Dios”.
Procede del latín Quasi modo que significa “al modo de” y corresponde a las primeras palabras de la antífona: “Quasi modo géniti infantes”. Es decir: “Como niños recién nacidos que buscan la leche pura del espíritu, para que crezcan y tengan salvación ya que han gustado la bondad del Señor”. Una fiesta extraordinaria. Ese día se celebraba misa solemne en Chaupimarca con panegírico y todo; después se sacaba en procesión al Cristo Resucitado en la Santa Eucaristía. A ella asistía todo el mundo.
El celebrante llevaba, al Santísimo con las hostias consagradas; lo acompañan los fieles en reverente procesión; los miembros de la cofradía, con pañuelo a la cabeza en reemplazo de los sombreros, en señal de respeto y, esclavina tomada de la vestimenta sacerdotal. Ambos elementos, de color blanco con ribetes amarillos (colores papales). Durante el recorrido, la cruz preside la procesión llevando bajo palio al sacerdote. Escoltan los estandartes de las hermandades religiosas. La campana anunciará la llegada de la procesión a los Hospitales.
Las cofradías religiosas de la ciudad elegantemente vestidas, misales, velos y lábaros bordados en oro en los que señalaban el nombre de la congregación y su fecha de fundación. “Las Hijas de María”, el “Sagrado Corazón de Jesús”, la de la “Virgen del Carmen”; la “Hermandad del Niño Jesús de Praga”, de la “Virgen del Perpetuo Socorro”, de la “Virgen de Fátima” de la “Virgen del Tránsito”. Las bandas de músicos se turnaban para tocar y una atronadora algarabía de cohetes estremecía el Cerro.
Era para ver. La procesión se dirigía a La Esperanza donde se atienden a los obreros accidentados en las minas; se les hacía besar el sagrado cuerpo de Nuestro Señor y se les administraba la comunión. Era un momento de gran emoción porque todos sabemos que esos hombres jamás reciben el auxilio de Dios como aquel día se lo ofrecía el cura. Después la procesión llegaba al Hospital Carrión. Aquí la ceremonia era especial.
A la puerta, adornada de flores, cadenetas y banderas se ubicaban el Presidente y los directivos de la Beneficencia, acompañados de distinguidas damas y guapas señoritas de nuestra sociedad que además de portar ramos de flores tenían sendas bandejas sobre la mesa con bocaditos de todos los sabores. En un determinado momento, todos en fila, comenzando por el Prefecto y las autoridades con sus correspondientes esposas, dejaban sobre un plato, sus óbolos en dinero contante y sonante. ¡Había que ver aquello!.
Cada uno de los invitados no quería quedar mal en la contienda por lo que aportaba lo mejor que podía. Allí estaban los dueños de las minas más ricas de Pasco, que es como decir los más ricos del Perú; hacendados y comerciantes nacionales y extranjeros que para que no se hable mal de ellos, dejaban sus buenos aportes. Generalmente el que más aportaba era Fernandini, el más rico. ¡No hay nada que hacer, era el minero más generoso!. También estaban Escardó, Mujica Carassa, Proaño, los hermanos Gallo Díez, Bertl, Nicander, los Rizo Patrón, Aspíllaga, Arias Carracedo, los Gallo, Arias Franco, los Pflucker… todos con sus señoras.
Había que ver lo generosos que se ponían. Cada uno de los oferentes tras cumplir con depositar su óbolo, recibía de manos de las señoritas un clavel que colocaban en la solapa. Eso no era todo. Cada familia que se respetara, enviaba al Hospital, sábanas, frazadas, ropa interior, toallas, pañales, camisas, pañuelos, ropones, vajilla, utensilios de cocina, de aseo y, mucha comida. Enormes cantidades de frutas, papas, verduras, conservas… todo lo que el Hospital necesitara. El monto de las donaciones familiares y demás regalos era publicado al detalle por los cinco periódicos de la ciudad, por eso que para no “quedar mal”, aportaban con gran generosidad.
Aunque parecido, otro es el tema referido a los santos barriales de la ciudad minera que se veneran en sus correspondientes capillas: Huancapucro, San Atanasio, San Cristóbal, Curopuquio, Uliachín, Santa Rosa, “Paragsha”,…