La inmigración alemana en el Perú AUTOR: Eduardo Salazar (Domingo, 14 de diciembre de 2008)

inmigrantes en el perúEl proyecto de inmigración europea masiva por parte del Estado peruano desde inicios de la República fue concebido y alentado, no solo por mentes idealistas y románticas, sino también por medios legales como la Ley de Inmigración dada por Castilla en 1849. Sin embargo, los inmigrantes que llegaron a nuestras costas en el Siglo XIX en forma masiva con contratos de trabajo por parte del Estado, fueron los asiáticos, cerca de 100 000 chinos y 50 000 japoneses.

Esto explica el pragmatismo de la clase política dominante (y terrateniente) que prefería “contratar” mano de obra asiática que por un salario ínfimo trabajaban de manera inhumana en muchos casos, más que los europeos, quienes además tenían Consulados y representaciones diplomáticas establecidas en el país que les brindaban protección ante casos de abuso laboral.

En Chile durante el siglo XIX llegaron cerca de 6000 familias alemanas (aprox. 24 000 inmigrantes) y en Argentina entre 1850-1940 llegaron alrededor de 152 000 alemanes (en su mayor parte alemanes del Volga quienes estrictamente serían rusos por nacimiento pero alemanes étnicos por modo de vida e idioma) y 111 000 súbditos del imperio austro-húngaro (conformado por Austria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y otras regiones) y cerca de 78 000 alemanes en Brasil entre 1824 y 1899. Sobre la inmigración alemana en el Perú, desde el primer momento republicano (la independencia) llegaron algunos alemanes como Clemente Althaus, militar de la expedición libertadora de San Martín, así como comerciantes de casas trasatlánticas como los Pflucker y los Gildemeister. Dentro del colectivo limeño de entonces, los alemanes eran bien considerados como trabajadores e intelectuales por sobre los otros europeos. Los intentos organizados de inmigración alemana al Perú tuvieron un triste y desastroso inicio por parte de la inmigración a cargo de José Antolín Rodulfo quien entre 1851 y 1852 trajo cerca de 1100 alemanes procedentes de Wurtemberg, quienes sufrieron maltratos y abusos por parte de sus contratantes, amén de emprender dos expediciones fatales a las selvas de Moyobamba. El resultado catastrófico de este primer intento de inmigración alemana fue conocido en Europa y causa de la negativa de los estados alemanes de alentar la inmigración hacia el Perú.

Colonos en Oxapampa

El segundo intento de inmigración alemana al Perú estuvo a cargo de Kuno Damian Schutz, noble de Camberg, quien buscaba un lugar donde los emigrantes alemanes pudieran desarrollarse tranquilamente y no perder sus costumbres, luego de un contrato frustro por una revuelta local, trajo en 1857 alrededor de 300 tiroleses y prusianos, quienes luego de dos años de penurias a duras penas alcanzaron la localidad destinada para ellos, Pozuzo. Allí, sufrieron privaciones y de la incomunicación con el resto del país, si bien las cosechas que tuvieron fueron magníficas y la ganadería se impulsó gracias a la ayuda espontánea del hamburgués Johann Renner. También en esta empresa, Schutz gastó la mayor parte de su fortuna en la manutención de los colonos durante el viaje hacia Pozuzo, así como se ganó la enemistad de la clase política dominante de entonces, rescindiéndole el contrato el cual era originalmente para traer 10 000 colonos (se dice que específicamente tuvo rencillas con Juan Manuel del Mar, a quien acusaba de ser masón y estar en contra de los católicos como Schutz). A iniciativa de los colonos pozucinos, llega al Perú en 1868 una tercera ola de 300 inmigrantes alemanes procedentes también del Tirol y del sur de Alemania, organizados por J. Martin y Santiago Scotland, quienes se establecieron en el Mayro en los alrededores de Pozuzo y por lo inhóspito de la zona regresaron a la colonia y posteriormente en 1891, un grupo de ellos junto con otros europeos residentes en la zona fundaron Oxapampa.

Estos tres intentos de inmigración (aprox. 2000 personas) resumen la inmigración alemana al Perú organizada por el estado, los tres fallidos puesto que no se llegó a concretar los tratados originales principalmente por la desorganización y la falta de cumplimiento de las promesas hechas por el Gobierno.

Sin embargo, un papel importante en el tema de la inmigración alemana, al igual que en el caso italiano, fue el de la inmigración ESPONTANEA de ciudadanos de los países alemanes de entonces, quienes de dedicaron a labores comerciales y artesanales en su mayoría; así como los relatos difundidos en Europa del Perú, hechos por Ernesto Middendorf, Heinrich Brünning, Johann Tschudi, Karl Scherzer, Friedrich Gerstaecker, E. Poepigg entre otros. La inmigración espontánea fue la que trajo a personajes como Enrique Berckemeyer, Juan Luis Dammert, Julio Ludowieg Schmidt, Clemens Althaus, Carlos y Julio Pflucker, Johann Gildemeister, Luis Albrecht, entre otros. Específicamente la historia de Luis Albrecht y de Johann Gildemeister es digna de mención puesto que edificaron lo que con el tiempo vendría a ser uno de los mayores emporios azucareros a nivel mundial, atrayendo también técnicos alemanes a trabajar con ellos. En términos estadísticos, en el Censo de 1876 se cuenta a 1672 alemanes, 6990 italianos, 3379 ingleses, 2647 franceses, 1699 españoles y otros países europeos 1691, sumando un total de 18 078 europeos. Con estas cifras se demuestra que la inmigración europea en el Perú no fue masiva ni mucho menos, en el caso de la inmigración alemana los intentos organizados de la misma fracasaron y el número de colonos alemanes se vio reforzado por inmigrantes espontáneos, a este número del censo habría que añadirle en todo caso los nacionales del imperio austro-húngaro pertenecientes a la esfera de habla alemana.

BIBLIOGRAFÍA

(1) Diana Millies. Echando Raíces: 180 años de presencia alemana en el Perú (catálogo), Colegio Humboldt, 2007 (las últimas doso fotografías tomadas de esta referencia)

(2) Elisabeth Habicher-Schwartz. Pozuzo: tiroleses, renanos y bávaros en la selva del Perú. 2008

(3) HERBERT FREY MUÑOZ – SARA SALAZAR RODAS. COLONOS ALEMANES FUNDADORES DE OXAPAMPA. INDUSTRIA GRAFICA CIMAGRAF 2007

(4) Natalia Sobrevilla Perea. La colonia de Pozuzo. En: Giovanni Bonfiglio. La Presencia Europea en el Perú. Fondo Editorial del Congreso del Perú. 2001

(5) Jorge Basadre Grohmann. Historia de la República del Perú. Editorial El Comercio 2001.

(6) Ingrid Schulze Schenider. Alemania y América. Ediciones MAPFRE 1995.

(7) Fabián Novak. Las relaciones entre el Perú y Alemania (1828-2003). Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú 2004.

Publicado por Eduardo Salazar

Las corridas de toros, antaño

toreros
Toreros a la entrada de la plaza, listos para el “paseillo”, rodeados de aficionados a mediados del siglo pasado.

Desde su llegada, los españoles instituyeron como parte principal y más celebrada de toda conmemoración, la Corrida de Toros. Las primeras que se efectuaron –lo señalan añejas crónicas- tuvieron por escenario la legendaria Plaza Chaupimarca. A usanza de las capeas pueblerinas de España, se cerraban calles y callejones arteriales con grandes carretones de transporte y se construían tablados, graderías y palcos; los balcones constituían compartimientos privilegiados. Colindante con la Iglesia de San Miguel y adornado con todo el boato establecido en la Madre Patria, se establecía el Palco Preferencial que era ocupado por el Alcalde Mayor y Juez de la Patria, con sus  regidores, los funcionarios locales, los cónsules extranjeros, el cura párroco, el Gobernador, los Alguaciles y demás connotados personajes. El grueso de aficionados se apiñaba en las improvisadas galerías que circundaban el coso. El juez de la plaza, por mandato de la ley, debía ser el regidor de espectáculos. Se ubicaba flanqueado por una primera trompeta y un timbalero en un estrado especialmente construido sobre los toriles.

A las tres de la tarde -con toda puntualidad- el redoble de los timbales y la aguda nota del clarín ordenaban el inicio del «Paseíllo». Era entonces que la alegre Banda de Músicos de la Beneficencia Española atacaba un postinero pasodoble con el que los diestros, seguidos de sus banderilleros, auxiliares y de sus jinetes en sus jacas enjaezadas, con llamativos trajes de luces  iban a saludar a las autoridades pidiendo su venía para iniciar la corrida. Este era, como siempre lo ha sido, el momento más hermoso de la fiesta brava.

En tanto el clarín ordenara la apertura de los toriles y la salida del primer burel, los diestros arrojaban sus hermosísimos capotes de paseo para ser lucidos en los elegantes palcos durante la corrida. Había que ver los tendidos especiales en donde se encontraban las lindas manolas cerreñas. Lucían recamadas peinetas, brillantes arracadas y aretes de oro, colorinescos mantones de Manila de luengos flecos, pañoletas de ensueño y coquetos e insinuantes abanicos, -caprichoso aditamento en un clima más que frío- vivas estampas de Zurbarán y Julio Romero de Torres, transportadas a la heroica ciudad de la plata.

El Cabildo había destinado cuatro días al año para estas fiestas. El primero, el de más garbo y postín: el 16 de julio, festividad de la gitana Virgen del Carmen y el Santo Escapulario, matrona de España. Después, la del 28 de julio, Fiesta Nacional del Perú. También se autorizaba para Pascua de Reyes, pero como para esa época la nieve invadía todo el paisaje, era imposible realizarla. Finalmente había una corrida especial en honor de la Santísima Virgen de las Nieves de Pasco, el 5 de agosto de cada año.

El número de fiestas taurinas fue en aumento a medida que mejoraban la calidad de los toros de lidia, en trapío, poder, estampa y resistencia. Varios hacendados españoles trajeron hermosos sementales para sus campos. Las más celebradas fueron los de “Allcas”, “Pomayarus” y “Chinche”.

A poco que Costillares inventara la suerte de matar los toros al volapié, en el Cerro de Pasco comienza a realizarse espectaculares corridas. Por referencias expresas de aquel extraordinario aficionado, don Enrique Rivera Woolcott, conocedor documentado de la suerte de los toros en el Perú, sabemos que a fines del siglo XIX y comienzos del siguiente aumenta el número de corridas. Por aquellos años -al decir de nuestro informante- se realizaban la LANZADA, EL TOREO A CABALLO y la SUERTE CERREÑA.

LA LANZADA, consistía en esperar al toro a corta distancia del toril con una enorme lanza fijada en un madero clavado a la tierra. El toro que salía violentamente del toril oscuro, atacaba furioso al primer objeto que veía y se atravesaba de parte a parte en esta enorme lanza. Cuando no moría de inmediato, el corro de auxiliares lo remataba con aguzadas puntillas. EL TOREO A CABALLO, permitía el lucimiento de los jinetes que mostraban al público su valentía y pericia. Gobernados solamente por la presión de las rodillas y el balanceo del cuerpo del jinete, los caballos hacían cabriolas delante del toro al que luego de colocarle vistosas banderillas, ultimaban de un certero rejonazo. No está demás acotar que en nuestra ciudad minera había extraordinarios criadores de caballos finos y por lo tanto, expertos jinetes. LA CERREÑA, una suerte por demás cruel e inhumana, consistía en atar fuertemente un paquete de pólvora en la frente del toro al que envolvían con un mandil, cuya parte correspondiente al morrillo, estaba empapada en un líquido inflamable como bencina, menos la pólvora, claro. Después de unos lances de capa a caballo, el jinete citaba al toro con banderillas de fuego y al prendérsela al animal, el mandil se inflamaba haciendo explotar la pólvora. El toro caía fulminado para ser presa de los puntilleros cuyo servicio era casi inútil; la cabeza del toro estaba destrozada. Como era de esperarse, LA LANZADA Y LA CERREÑA, fueron definitivamente proscritos por crueles y repugnantes.

Al comenzar el siglo XIX, el escenario es cambiado a la “Plaza de Aragón”, a la que, por ese motivo se la denominó: Plaza de Acho. Es la plaza que actualmente luce el monumento de nuestro mártir tutelar Daniel Alcides Carrión. Más tarde, cuando se inaugura el local de la Beneficencia Española –actualmente, Instituto Industrial No 3- se bendice también un hermoso redondel para cuya inauguración se trae -como lo magnífica una crónica de entonces- a tres extraordinarias toreras mejicanas: «La Mejicanita» que se presenta ataviada de verde manzana y oro; «La Charrita», de grana y oro y, «La Chiquita» de perla y plata. Después de memorables faenas, dan muerte a cuatro toros españoles: «Pilluelo», «El Cangrejito», «Carpintero» y «Alacrán».

Los escenarios cerreños recibieron a legendarios toreros de postín, españoles, mejicanos y peruanos; entre éstos, muchísimos cerreños. De los carteles de ayer, publicados en sendos programas de lujo de fina seda, podemos citar a algunos. Esteban Arredondo, Casimiro Cajapaico, Juan Francisco Céspedes, los Asín, dueños de los toros de la Rinconada de Mala; Mariano Soria «El Chancayano», Ángel Valdez «El Maestro»; Genovevo Montelirio, Emilio Galloso, Diego Prieto, «Cuatro Dedos»; y Esteban Cornejo. A comienzos del siglo siguiente llegan muchos toreros españoles como Francisco Bonal «Bonarillo»; Antonio Olmedo, «Valentín»; Juan Sal, «Saleri»; Ángel García Padilla, Francisco González «Faico»; Eduardo Leal «Llaverito; «Cocherito» de Bilbao; «Lagartijillo»; Joaquín Capa, «Capita»; Agustín García, «Malla». Se intentó traer a aquellos tres monstruos que fueron «Joselito», Belmonte y Gaona, pero nuestra altitud como “sus condiciones de exigir una plaza con todas las de la ley”, impidió su presentación. De los más grandes nacionales, citaremos a Atilio Cerrutti, Luis Canessa, Elias Chávez, «El Arequipeño»; Alberto Fernández, «Cachucha»; Pedro Castro, «Facultades; Carlos Sussoni; Alejandro Montani, «El Sol del Perú»; Adolfo Rojas «El Nene»; Miguel López, «Trujillanito» y muchos más. De los toreros cerreños citaremos a Alberto y Enrique Malpartida Cortelezzi, Héctor Arauco, Marín Castellanos, Alberto Ramírez, los hermanos Languasco, Los hermanos Malpartida, «Huatrila” y muchos aficionados más, como Seferino Dávila, “Mister Babas”; Ricardo Acquaronne Bazán, “Cua – Cua”; Gustavo Malpartida, Lucho Ráez, “Mocosillo”; Fernando Barrón, “Cantinflas” etc.

Es necesario señalar que los toreros venían a nuestra ciudad, no solo por los honorarios que le pagaban como en Lima sino por los «vivas» (regalos) que les entregaban los ricos mineros a los que brindaban un toro. Ellos devolvían las monteras que los oferentes habían lanzado al palco con monedas de oro y plata. Como si fuera poco, después de cada extraordinaria faena, los auxiliares recogían en sus capas las monedas de plata de nueve décimos que el público arrojaba al ruedo.

Como la afición taurina se había hecho tan numerosa, un grupo de ciudadanos españoles decide nuclearla en un Centro Taurino. Aprovechando la construcción del local de la Beneficencia Española, en el que brillaba como una estrella un coso acogedor y funcional, deciden hacer realidad sus aspiraciones y el 20 de abril de 1903, inauguran el «Centro Taurino», que tuvo que ver con todas las corridas que se efectuaron. Todavía bien entrado el siglo pasado teníamos un escenario taurino construido por el Club “Team Cerro”, mismo que desapareció conjuntamente con el avance del “Tajo Abierto” que está engullendo todo lo histórico de nuestro pueblo.

LA HACIENDA PARIA (Leyenda)

la leyenda de la hacienda PariaLa hacienda Paria con una extensión de 35,030 hectáreas, comprada por la compañía minera Cerro de Pasco Mining Company a las Hermanas Nazarenas de Lima, tiene esta vieja historia. Se había constituido en 1591 por la unión de las  estancias “Carcas”, de propiedad de Juan de Ureta y, “Paria”, de doña Ana de Pajuelo. Ochenta y siete años después -1675- pasó a ser propiedad de doña María Luisa Herrera con el definitivo nombre de “San Juan de Paria”.

Por aquellos años, su hija mayor, doña Eleodora Ruiz Herrera, ingresa en el beaterio de las Nazarenas de Lima fundado por la madre Antonia Lucía del Espíritu Santo. Este lugar nacido para servir a la devoción del Señor de los Milagros -pintado por un negro esclavo de Angola en 1651- era el lugar donde se alojaban las beatas. El muro en el que estaba pintada la imagen del Salvador, soportó sucesivos terremotos que devastaron a Lima. Desde entonces fue en aumento su culto. En este lugar se producían milagrosas curaciones a favor de los devotos que rezaban ante la imagen. Más tarde, cuando las autoridades decidieron borrar la imagen milagrosa, ocurrió una serie de maravillosos prodigios que impidieron su borrado.

Después del terremoto del 20 de octubre de 1687, don Sebastián de Antuñano y Rivas, vizcaíno residente en Lima, inició las procesiones al sacar una réplica del mural.  Empleó toda su fortuna en adquirir el terreno donde se encontraba la Capilla del Santo Cristo de los Milagros y terrenos colindantes para edificar una iglesia totalmente consagrada  al servicio del Señor de los Milagros. Como su fortuna personal no era suficiente, tuvo que buscar ayuda. Algunas personas  notables hicieron generosos donativos.

Es necesario añadir, como dato fundamental, que aquellos años los monasterios  recibían dotes, herencias y diversos tipos de ayuda, tanto en dinero como en otro tipo de bienes. Casi todas las familias importantes de la ciudad tenían a uno de sus miembros allí. Un monasterio no solo tenía su local sino podía ser propietario de más inmuebles o, incluso, huertos, chacras o haciendas. Debido a que las monjas se consagraban a Dios y, por lo tanto eludían los rigores del matrimonio, la maternidad, la lactancia o cualquier labor doméstica o manual tenían una  expectativa de vida mayor a la de las demás mujeres. Algunas llegaban a vivir más de 80 o 90 años, edad impensable para alguna mujer que hubiera parido media docena de hijos, lactarlos y criarlos.

Con estas consideraciones, Sor Benedicta de la Concepción, nombre religioso que se le había ungido a doña Eleodora Ruiz Herrera (Ya monja de Claustro), en pago de su dote matrimonial (Ella –se entiende- se había casado con Cristo) dona la hacienda Paria que había heredado de su madre, doña María Luisa Herrera. La escritura pública de esta donación al Convento de las Nazarenas Carmelitas del Santuario del Santo Cristo de los Milagros, se extiende en la Notaría de Don Francisco Montiel Dávalos.

Como vemos, fue un valioso donativo de una mujer pasqueña al nacimiento a una respetable institución religiosa. Muchos ignoran este acontecimiento importante. Así se estableció el Santuario del Señor de los Milagros con el fin de propagar su ideal y llevar a cabo los deseos de la Madre Antonia Lucía del Espíritu Santo. El 12 de Octubre de 1700, según las Constituciones de Santa Teresa de Jesús, quedó establecido definitivamente en  Monasterio de Carmelitas.

Esto  determinó que pasando por alto más de tres siglos de vida del Cerro de Pasco, los capitalistas norteamericanos que compraron la hacienda Paria, aseguraban ser dueños absolutos de sus tierras, a­guas, caminos y pastizales, impidiendo cualquier transformación que tratara de efectuar la Municipalidad. Aseguraban -colmo de cinismo- que los mismos cerreños contaban la historia del indio Huaricapcha, “Pastor de la Hacienda Paria” que, como sabemos, es  una leyenda y no un hecho histórico.

En resumen, la Hacienda Paria había sido comprada por la “Cerro de Pasco Mining Company”, su propietario, a comienzos del siglo XIX. Finalmente por Ley de Reforma Agraria (Ley Nro. 17716), promulgada el 24 de junio de 1969, pasó a ser propiedad de los campesinos de Pasco. Un poeta popular que se había ganado las simpatías del pueblo, escribió por aquellos días, lo siguiente:

LOS  PASTOS  DE  PARIA

 

Voy a entonar un aria                  Pero muy serio y muy formal

llena de melancolía                      me previene un escribano

sobre los pastos de Paria,          que mi área superficial

que es el asunto del día.             la pague el americano.

 

Yo poseía una chocita                              Y las minas que explotan

que heredé de mis abuelos                      desde el tiempo colonial

en donde hace tiempo que habita          mis padres y me legaron

mi mujer y mis polluelos.                        como herencia natural.

 

Hoy con singular porfía               Y aunque es cosa muy precaria

me lo quiere disputar                   no es raro intenten probar

la colosal Compañía                     que están en pastos de Paria.

con argucia singular.                    desde la Quinua hasta el mar.

 

                                                          BOHEMIO.

 

 

HUANCABAMBA (Tercera parte)

Puente Huancabamba
Histórico puente sobre el caudaloso Pozuzo

Y bien se expresa Raimondi: “Los trabajosos viajes efectuados por el Padre Calvo con el objeto de abrir nuevamente la comunicación de Huánuco al Ucayali, por la vía del Mayro y Pachitea, y su salida en 1859 por esta misma ruta a Huánuco y a CERRO DE PASCO, habían entusiasmado a los habitantes y autoridades de estas dos ciudades, de modo que todos tomaron el más vivo interés para abrir estas puertas a la hoya bañada por el majestuoso Amazonas, que la celosa naturaleza tenía cerradas como si quisiera interceptarnos el paso, hacia aquella virgen región a donde ella todavía domina como reina absoluta”.

“Tanto en el Cerro de Pasco como en Huánuco, se organizaban expediciones formadas de jóvenes entusiastas y patriotas, que gustosos dejaban las comodidades de su casa y los placeres que proporciona la sociedad, para ir a pasar los mayores trabajos y toda clase de privaciones; con el objeto de explorar el despoblado territorio de la montaña y abrir una fácil comunicación desde dichas ciudades hasta un punto navegable de algún tributario del río Pachitea, el que lleva sus tranquilas aguas al caudaloso Ucayali.

El ilustrado Prefecto de Junín D. Bernardo Bermúdez, fue quien fomentó la primera expedición que salió del Cerro de Pasco para la montaña. Fue encomendada esta expedición a D. Esteban Bravo, hombre activo y emprendedor, muy aparente para esta clase de trabajos.

El 9 de Octubre del año 1859, salió D. Esteban Bravo de la ciudad del Cerro de Pasco para su viaje de exploración, llegando el 14 a la hacienda Naranjal, donde mediante los esfuerzos del gobernador D. Manuel Llanos pudo reunir los hombres que debían acompañarlo. Habiendo alistado el 15 los víveres, herramientas y todo lo necesario, emprendieron la marcha, subiendo el 16 el elevado Yanachaga, cerro majestuoso que se levanta hacia el Este de la ciudad de Pasco.

El 19, después de haber sufrido en el paso de esta ramificación de la cordillera, las molestias que causan las frecuentes tempestades de esta inhospitalaria región, y haber andado solamente unas pocas leguas, llegaron a la orilla de un río que toma su origen en el encumbrado Yanachaga, y descansaron al pié de una cascada, formada por las aguas de este río, y a la cual llamaron de Chonta.

Desde este punto el valiente jefe de la expedición resolvió seguir la dirección hacia el N.E., para lo cual mandó abrir una senda; pero después de haber andado una legua con mucho trabajo, tuvieron la felicidad de encontrar un camino trillado, el que siguieron hasta un lugar llamado Tingo-Ventura y que está situado en la confluencia de dos ríos, uno de los cuales baja de S. á. N. y el otro de S.E. á N.O.

Los expedicionarios se ocuparon en la mañana del 20 en la construcción de un puente para pasar el río, siguiendo después por una senda con dirección al N.E., hasta un lugar peñascoso que llamaron Despeñadero.

Desde este último punto siguió la expedición el día 21, la margen izquierda del río, con la misma dirección al N.E. por unas cuatro leguas, legaron a un punto donde la corriente del río choca contra una peña situada en la banda derecha, formando un remolino, y dieron ese nombre al tambo que construyeron allí, llamándolo Tambo del Remolino.

Al día siguiente continuaron su marcha siguiendo el curso del mismo río, con dirección N., llegando después de pocas horas a una playa, en cuyo punto el río tiene abundantes peces, y entre ellos, algunos de más de 20 libras de peso. El río en este paraje tiene bastante agua; pues recibe un considerable afluente que viene del S.O. y en adelante el terreno es mucho más llano, lo que facilitaba la marcha a los expedicionarios.

Como a las cuatro leguas del tambo del Remolino, construyeron otro, al que dieron el nombre de tambo de los Cedros.

El 23 emprendieron la marcha, siguiendo siempre la orilla del río con la misma dirección del día anterior, y después de unas cuatro leguas llegaron a unas hermosas playas a las que dieron el nombre del jefe de la expedición denominándolas Playas de Bravo.

En este punto, el río, según la relación de Bravo, tiene una cuadra de ancho y es navegable; pues además de tener muy poca corriente ofrece una profundidad de cuatro a seis varas. “Desde este lugar, dice Bravo, se distingue a larga distancia el curso del río sin interrupción, en medio de una vasta llanura, cuya extensión no puedo determinar; y en las mencionadas playas mandé hacer un roce de unas ochenta varas de circunferencia, y coloqué en el centro una cruz de nueve varas de altura”.

Habiendo descubierto un río navegable, que Bravo creyó ser el Palcazu, que como veremos más tarde, no era más que un afluente de éste, el río Chuchurras, el jefe de la expedición, dio por terminada su tarea y se decidió regresar a la hacienda del Naranjal, en el valle de Huancabamba, viendo el modo de acortar el camino, lo que consiguió, pues llegó a esta hacienda en 6 días, recorriendo menos distancia que la ida.

Curas y aborígenes

FIN.

HUANCABAMBA (Segunda parte)

primera iglesia de Pozuzo
La primera iglesia del Pozuzo

“En la provincia de Pasco se ha hecho ensayos de todo género para colonizar sus pampas selváticas; lentamente pero a pasos seguros nos encaminábamos en ese sentido a un buen resultado, debiéndose la conquista de la montaña, poblada de infieles, a la abnegada labor evangélica y civilizadora de los Padres Franciscanos, quienes desde siglos atrás, con su sangre y constancia, la han preparado para que hoy el comercio y las industrias s impongan con relativa facilidad”.

El año 1864 don Mariano Delgado de la Flor, comandante del fuerte de San Ramón, en convenio con las autoridades de Cerro de Pasco, se propuso abrir un camino de Chanchamayo al Cerro de Pasco por la quebrada de Oxapampa y Ulcumayo, construyendo un puente para esto sobre el río Oxapampa.

En un capítulo de esta obra insertamos algunos datos del valle de Huancabamba, después de la insurrección de Santos Atahualpa, quién con su levantamiento arruinó la prosperidad de la zona e infundió terror cerval a sus habitantes.

Dijimos también cómo en las pampas de Junín estaba resurgiendo una gran ciudad: Cerro de Pasco, que con los tesoros de sus minas iba adquiriendo cada vez más importancia. Es cuando se despertó en los pueblos de Junín y en la misma capital deseos de conquistar las privilegiadas tierras de la selva de Huancabamba que las consideraban como suyas, al igual que otras regiones de la sierra poseen su propia montaña por exigencias geográficas y comerciales.

Las tierras vírgenes de Huancabamba eran la codicia y el suelo de promisión para los habitantes de la pampa de Junín, que con sus productos y riquezas podrían, en alguna forma, aliviar las múltiples necesidades de los pueblos de la sierra y dar vida comercial a toda la región. La ciudad del Cerro de Pasco y sus contornos eran zonas mineras, escasos de agricultura, mientras la montaña de Huancabamba podía surtir de abundantes frutos alimenticios en fruta, maíz, café, ganadería y madera de diversas clases.

Casi desaparecido el miedo al salvaje, D. Juan Durand –notable minero cerreño- el año 1776, se lanza a la conquista del valle de Huancabamba y, después de trámites legales de ese tiempo, se adueña y se establece en Chilache, dando principio a la explotación de su fértil suelo.

También los misioneros franciscanos de fines del siglo XVIII y principios del XIX habían visto la necesidad de abrir un camino del Mayro y Pozuzo a los cocales del Sr. Sandobal, en la zona de Huancabamba y a Cerro de Pasco. Las conversiones del Pozuzo se iban extinguiendo y diéronse cuenta los misioneros que el valle de Huancabamba ya estaba en poder de los civilizados, reuniendo grandes ventajas una senda del Mayro a Huancabamba y a las pampas de Junín.

Y ¿cómo se desarrolló la vida civilizada en el valle de Huancabamba desde que se estableció el minero D. Juan Durand en 1776? Escasos datos poseo de esta fecha y los que conservo en mi poder los debo en gran parte a la gentileza de la familia Cárdenas, Maúrtua, que a mi pedido me suministraron informes muy interesantes, basados en los títulos de propiedad de algunas haciendas del valle y en el conocimiento que poseen del lugar donde nacieron. Quizá, por cierta delicadeza y por falta de tiempo, no me he dirigido a otros a otros dueños de haciendas, pues la única finalidad que he tenido en ello es hacerme de todos los datos históricos posibles de la región.

Aún existen en el cerro llamado Mesa-Pata ruinas de la antigua población de la primera época del coloniaje, llamado Misquiragra, donde se instaló un ingenio para beneficio de minerales auríferos, que perduró hasta el levantamiento de Atahualpa que desalojó del valle a los civilizados, destruyendo con los suyos todo lo que encontró a su paso. A raíz de este incidente, el gobierno colonial instaló un fuerte en Quiparacra, con un buen destacamento de hombres de tropa, a las órdenes de D. Francisco Javier Ascanoa.

Los linderos del fundo denominado Chilache, cuando se adueñó D. Juan Durand, eran: El citado ingenio de Misquiragra por un lado y por otro como límite el río denominado Anana donde existe una cascada, desde su confluencia con el río Huancabamba hasta las alturas y pajonales denominados Culebramarca, en una extensión aproximada de 25 kilómetros que separan las tierras que hoy se denominan Mallampampa – Huachón.

A la muerte de D. Juan Durand, deja éste como a su único heredero del fundo Chilache a su hijo de D. Jorge Durand, quien continuó sus trabajos con sembríos de maíz, yuca y otros tubérculos y así llegamos a la época de la emancipación del Perú.

Los pobladores del valle de Huancabamba eran ya dueños de esa porción de la selva, conquistada a costa de enormes sacrificios, en contra de los indígenas que se oponían al ingreso del civilizado.

Existía ya bastante comercio con los pueblos de la sierra, consistente en frutas, café, madera y otros productos de la selva. Cada vez iban mejorando los caminos, como consecuencia del intercambio de productos.

Existían florecientes haciendas que se dedicaban a diversos negocios, y algunas traían origen de la época del coloniaje. Por otro lado las autoridades de Junín estaban interesadas en fomentar la vida comercial en esa porción de la selva, y a la vez manifestaban vehementes deseos de extender la civilización a regiones más remotas y, a poder ser, llegar a un punto navegable de los caudalosos ríos de la selva. La ciudad de Cerro de Pasco y los pueblos asentados en las pampas de Junín deseaban tener su puerto fluvial para comunicarse con la Amazonía, y éste era uno de los ideales que todos perseguían.

Continúa….

 

HUANCABAMBA Y LOS PIONEROS CERREÑOS Por Fray P. Dionisio Ortiz O.F.M

Una de las mentalidades más brillantes que ha tenido Pasco es, sin duda la de fray  franciscano Dionisio Ortiz, del cual nos honramos en reproducir el hermoso trabajo que, estamos seguros, servirá como especial referencia para que nuestros menores sabrán aprovechar.

Huancabamba
SUMARIO.- Cerro de Pasco.- Algo de historia.- El valle de Huancabamba.- Expedición de D. Esteban Bravo al Chuchurras.- Expedición del Padre Calvo de Huancabamba al Palcazu por el Yanachaga.- D. Rufino Cárdenas abre una trocha.- Expedición de San Miguel.- Demarcación política.- Datos históricas de Huancabamba.

“Aquel día Huaricapcha, -escribe don Benjamín Romero-, humilde pastor de ovejas de la hacienda Paria, al declinar el sol vióse sorprendido con una fuerte tempestad de nieve que bien pronto cubrió el solitario y yermo paraje. El indígena naturalmente atemorizado buscó pronto abrigado refugio en una cueva para defenderse de la acción del frío de la puna, del viento y de la lluvia. Y para calentar sus ateridos miembros, reuniendo una gran porción de paja que estaba a su alcance, encendió fuego. La fogata iluminó el ambiente y dio calor al cuerpo del indio que así se quedó dormido; pero al despertar al día siguiente vio que de las brasas y cenizas de la hoguera todavía humeante, corrían hilos de plata fundida… Como un relámpago promisor llegó la noticia a los hombres acostumbrados a las aventuras de buscar fortunas, nació la codicia y con ella acudieron a la región descubierta esforzados brazos que arrancaron de las entrañas de la tierra el precioso mineral de plata. Bien pronto comenzó a poblarse el lugar. Sobre la pendiente suave del cerro surgió un conglomerado de apretadas casas rústicas con sus techos de paja, distribuidas sin orden ni pauta alguna, constituyendo la primitiva población”.

“Y desde entonces se inicia la leyenda y la historia de las proverbiales y fabulosas riquezas del Cerro de Pasco, que compitieron dignamente con las de Potosí. No es del caso seguir en esta crónica de viaje, el proceso evolutivo de la explotación de las minas de aquella población que en la actualidad continúan en su apogeo, la convierten en una verdadera colmena de trabajo en la que no se descansa durante las veinticuatro horas del día”.

En el diario “La Crónica salió publicada una breve monografía del departamento de Pasco, escrita por el historiador huanuqueño don José Varallanos. Ahí aparecen los hechos más saltantes de esa ciudad en las épocas colonial y republicana:

“D. Pedro de la Gasca adjudicó al Capitán D. Juan Tello Sotomayor el Repartimiento de Tarama y Chinchaycocha por haber ayudado a pacificar el Perú en 1548”.

“Y desde que se descubrió el asiento mineral de Yauricocha, se dio comienzo a la explotación de sus ricas minas en forma intensiva. En las memorias de los Virreyes aparece con frecuencia el asiento mineral de Yauricocha que el Virrey D. Luis Jerónimo Hernández de Cabrera denominó “Ciudad Real de Minas” (1639).

“En 1758 el Coronel Español don José Maiz empezó los trabajos mineros para continuar el socavón de Yanacancha que concluyó en 1780. Y se asegura que el virrey Amat en 1771 fundó la ciudad de Cerro y que desde esa fecha ostenta el título de ciudad del Cerro de Pasco. En 1792 decía Tadeo Haenke: “Este cerro mineral se compone de los tajos de Santa Rosa y Lauricocha, del de Yanacancha, Cayac, Chaupimarca y Pariajirca”.

“Ya en la época republicana el Libertador D. José de San Martín persuadido de la importancia del mineral de Yauricocha envía para que realice estudios y propulse su progreso, a un ingeniero inglés técnico don Ricardo Trevithick quien publicó un estudio en que afirma: “el interés con que de muchos años a esta parte se ha mirado ha Pasco, está justamente fundado en la naturaleza y abundancia de sus metales y en su localidad con respecto a esta Corte”.

“El congreso Constituyente de Huancayo el año 1839 le otorga el título de “Opulenta Ciudad”. Cuando el sabio D. Mariano Eduardo de Rivero Ustariz desempeñó la prefectura de esta región, elaboró un valioso informe y levantó un mapa geológico de Pasco, y cuya previsión y sabiduría le hacían decir: “Entre los grandes recursos con que cuenta la república debe ponerse en primer lugar el cerro de Yauricocha o de Pasco, célebre en la historia de la minería”.

“El Congreso de 1851 dicta la ley mediante la cual Cerro de Pasco asume oficialmente la categoría del departamento de Junín”.

“En 1901 D. James B. Haggin compró el  86 por ciento de las acciones de los mineros europeos y peruanos de Pasco y aledaños; con ellas se constituyó la Cerro de Pasco Mining Co.; más tarde se transformó en Cerro de Pasco Cooper Corporation la que inauguró sus trabajos mineros con el dominio de la técnica y del capital yanqui transformando completamente la faz de la economía de la región. En 1905 visitó Cerro de Pasco el Presidente de la República Sr. Doctor D. José Pardo en compañía de varios ilustres personajes. En 1931 se trasladó, por Decreto, la capital del departamento de Junín a la ciudad de Huancayo. El año 1943 visita Cerro de Pasco el presidente Dr. Manuel Prado. El 22 de setiembre de 1943 el diputado de Pasco Ingeniero Manuel D. Llosa presenta a la Cámara un proyecto de Ley creando el departamento de Pasco, que fue aprobado en su primera Legislatura”.

Huancabamba 2Resaltemos también algunos otros hechos de esta importante ciudad de Cerro de Pasco: “Una ley expedida en 1832 mandó erigir “La Casa de Moneda en el Cerro de Pasco, y la cerró por Resolución Suprema del 2 de Noviembre de 1846”.

“La provincia de Cerro de Pasco fue creada el 12 de Noviembre de 1857 con siete distritos; entre otros HUANCABAMBA, Ninacaca, Huariaca, etc.”

En 1876 Cerro de Pasco atraviesa un periodo de decadencia, debido a la falta de espíritu de empresa y a las continuas rencillas entre mineros.

En el número extraordinario del diario “La Crónica” el año 1953 se publicó esta  reseña interesante de Pasco. “En el centro del laberinto de cordilleras, nevadas unas, cubiertas de vegetación baja las otras y ostentando bosques seculares las más, se encuentra la rica provincia de Pasco, dueña a la vez del nudo que lleva su mismo nombre y que es origen del enmarañado sistema orográfico que la caracteriza. Rica en minerales explotables como ninguna otra del Perú. La provincia de Pasco tiene al frente un duradero porvenir, pues se le abre a la vez un nuevo sistema de explotación del suelo y de sus industrias con la prolongación del ferrocarril al Ucayali y a la siguiente construcción de caminos viables de herradura a sus diversas hoyas de la montaña, como son las llamadas de Huancabamba, Paucartambo, Oxapampa, Chorobamba, Pozuzo, Chuchurras, Chontabamba, Palcazu y Pichis, para mentar sólo las más cercanas a los actuales centros de civilización, como son las ciudades de Cerro de Pasco y Tarma. Tiene carbón propio excelente en sus distritos cercanos a Cerro de Pasco, de manera que es suyo el porvenir. Las minas de Goyllarisquizga están a 43 kilómetros por ferrocarril”.

“En la provincia de Pasco, tiene origen no sólo el Huallaga, al norte de la ciudad de Cerro de Pasco, y trasmontando la cordillera de Pasco, sino también el Mantaro, que sale de la laguna Chinchaicocha; el Perené, cuyo origen más remoto está en la cordillera de Ninacaca, y el Pachitea, que trae sus aguas desde las cordilleras de Huachón. Corren por consiguiente en la provincia infinidad de cadenas de cerros. Hay también al pié de ellas muchas lagunas, aprovechables unas, hermosas tan sólo por ahora, otras continuamente; pero todas en muy buena situación. La mayor de todas es la de Chinchaicocha o de Junín, que señala la situación de las extensas pampas de Bombón, en plena puna y donde sólo pastos naturales son los que mantienen a miles de cabezas de ganado que la pueblan”.

Continúa….

Aquel lejano primer mundial Del diario EL COMERCIO (5 – 07 – 2010)

Selección peruana de fútbolEl próximo mundial nos pisa los talones, y amenaza capturar la atención de los habitantes del planeta, quienes, esta vez, enlazados por los medios y las redes sociales, vivirán cada partido “pegados” a sus televisores, computadoras o celulares. Pero no siempre fue así. Por unos instantes viajemos a 1930, hace ochenta años, hasta la primera copa mundial en Uruguay, y descubramos cómo informó El Comercio sobre la participación de la selección peruana en esa cita internacional.

El Perú formó el Grupo C con Rumania y Uruguay, la selección anfitriona. Los primeros once históricos que pisaron la cancha en un mundial fueron: Valdivieso (El Mago), De las Casas, Soria, Denegri, Galindo, García, Lavalle, Neira, Villanueva, Lores y Souza.

Para el debut contra los rumanos, el 14 de julio, miles de aficionados se congregaron frente al balcón en las puertas del diario El Comercio, donde se colocó un altoparlante a través del cual un locutor leería los cables que las agencias harían llegar a nuestro diario.

El primer gol en un mundial

A las 2:45 de la tarde (hora uruguaya), el árbitro chileno Alberto Warnken pitó el inicio del encuentro en el Estadio Pocitos, ante dos mil espectadores.

Los hinchas peruanos no habían terminado de ubicarse cuando se escuchó por el altavoz un tempranero y mal presagio: “Los rumanos marcan el primer goal”, decía el escueto cable. El subsiguiente despacho complementaba la información: “El primer goal de los rumanos se produjo a raíz de un entrevero en la valla peruana”.

Los informes de las agencias -cortos y concretos- no dejaban de contar el minuto a minuto. Pronto la brusquedad dominó las acciones. Se produjo un fuerte encontronazo entre Galindo y el delantero rumano Steiner, quien salió de la cancha con la pierna fracturada.

Los aficionados de la época, ataviados con corbatas, sombreros, borsalinos y bastón, permanecían “enchufados” a las puertas del diario: “Después de quince minutos de juego, los rumanos continúan dominando y llevando la mayor parte de sus ataques contra la valla peruana”, perifoneaba el relator.

“A la media hora de juego los europeos siguen atacando, pero el entusiasmo de los peruanos logra equilibrar las acciones”, describe un despacho recién llegado. Las cosas no cambiarían hasta el final de la primera etapa. El sistema de información organizado por Decano había mantenido en vilo a los hinchas durante 45 minutos.

Se reanuda el segundo tiempo y un cable de United Press (UPI) alerta sobre el juego fuerte: “El half peruano Galindo tiene una incidencia con un jugador rumano, cambiándose entre ambos serios golpes”.

El subsiguiente cable cuenta el desenlace de la situación: “…Galindo es expulsado del campo. Se reanuda el juego”. Según la FIFA fue Mario De las Casas.

Minutos después se escucha: “Los peruanos marcan el primer goal”. La salva de aplausos rompe el silencio en las puertas de El Comercio. Era el minuto 75. El wing izquierdo Luis de Souza Ferreyra se convirtió en el primer jugador peruano en anotar en un mundial: “Agarré el balón casi de volea con la pierna derecha y la mandé al otro palo”, refirió en una entrevista a Deporte Total en el 2007, un año antes de fallecer. Desde el arco, el peruano Juan Valdivieso observó toda la jugada, que luego describiría en detalle: “Galindo había desbordado, se fue por el lado derecho, se convirtió en un puntero mentiroso y centró para la pierna derecha de Luis de Souza Ferreyra”. Efectivamente, Galindo no había sido el expulsado.

El partido se reanuda. “Los peruanos actúan ahora con enorme entusiasmo. El juego adquiere una gran movilidad”, señala el siguiente despacho de Associated Press (AP).

Empero, no mucho después, a los 85 minutos de juego, los europeos ponen el 2 a 1. Inmediatamente otro lacónico cable sepulta las esperanzas peruanas: “Se ha producido el tercer goal rumano”. La derrota quedaba consumada.

Ante el local charrúa

Sin embargo, tres días después Perú jugaba su última chance ante Uruguay. El choque sería el corolario de la ceremonia oficial de apertura, que coincidía con la inauguración del histórico Estadio Centenario.

Cuando más de 70 mil uruguayos se acomodaban en las flamantes graderías del novísimo recinto, muy lejos de allí, miles de aficionados peruanos rodeaban nuevamente la entrada principal de El Comercio. El árbitro belga Jan Langenus ordenó el inicio del juego pocos después de las dos de la tarde, hora peruana.

Los primeros cables fueron poco alentadores. “Empezado el encuentro Urdinarán remata y la pelota pega en el travesaño del arco nacional. Luego, una serie de córneres llevan peligro sobre la valla peruana; el embate de los campeones olímpicos es constante”, se escucha por el altavoz.

“De las Casas, peruano, se luce oponiendo tenaz resistencia a los ataques constantes de los uruguayos”, agrega un cable de AP. Los hinchas de la época siguen con atención el perifoneo de las acciones. “Un córner contra los peruanos lo ejecuta Urdinarán, pero la pelota la rechaza Pardón con un golpe de puño”.

“El forward peruano Lores shotea, y Ballesteros detiene la primera pelota de la tarde”. Los peruanos salían tímidamente del fondo. “Un peligroso ataque peruano lo detiene bien Nazzasi.”, dice otro cable.

Luego se escucha que un avance peruano es detenido por el half izquierdo uruguayo Gestido. En esa jornada, el consagrado defensa charrúa soportó el vaivén del endiablado puntero derecho José María Lavalle. Este duelo es una de las leyendas que sobrevivió con mayores luces del partido con los celestes.

Al día siguiente, el periódico El País publicó una nota titulada “La Sombra negra de Gestido”, en donde se destacaba la habilidad de Lavalle. Al referirse al delantero el texto era contundente: “Había sido el mejor jugador de la cancha, sometiendo a Alvaro Gestido, una gloria del fútbol nacional, a una verdadera tortura, porque no había tenido forma de controlarlo”.

A pesar de ello, el dominio fue de los locales. “Pocos instantes antes de terminar el primer tiempo, Pardón, arquero peruano, salta rechazando la bola, cuando se creía que era un goal inminente”.

En el cierre de la primera etapa, el cable indicaba que la muchedumbre ovacionaba estruendosamente a los peruanos “por su magnífica defensa al mantener a raya a los campeones olímpicos y al conseguir que estos no abran la cuenta en el primer tiempo, el cual terminó cero a cero.”

“El segundo tiempo entre Perú y Uruguay comenzó a las 4:17 p.m., hora de Montevideo”, se anuncia por el alta voz. Los cables son perifoneados uno tras otro hasta que se anuncia la apertura del marcador. “El ´Manco´ Castro marcó el primer goal uruguayo, a los 17 minutos de juego”. El artillero celeste, quien había perdido parte del brazo derecho tras un accidente a los 13 años, define y estalla el Centenario.

A pesar del esfuerzo de los nacionales, los campeones olímpicos mantuvieron la diferencia hasta el final del encuentro, sellándose así la primera participación mundialista del combinado peruano.

Al referirse al público convocado, El Comercio dijo: “El gentío palpitó de entusiasmo cuando nuestros compatriotas, en magnífica lucha, supieron defender con todo brillo los colores peruanos, rivalizando con los campeones olímpicos”.

Ante 90 mil espectadores, la final se jugó en el Centenario entre uruguayos y argentinos el 30 de julio, venciendo los locales por 4 a 2, y coronándose así como los primeros campeones del mundo.

Los nuestros regresaron y continuaron jugando en sus equipos. Luego de 60 años, en 1990, El Comercio y una empresa cervecera lograron reunir a seis sobrevivientes de aquel equipo. Unidos por el balón apreciamos a Luis de Souza Ferreyra, Lizandro Nué y Mario de las Casas.