DOS MOMENTOS ESPECIALES EN LA EDUCACIÓN DE PASCO A PROPÓSITO DEL 66º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL COLEGIO NACIONAL DANIEL ALCIDES CARRIÓN

Al conmemorarse un aniversario más de nuestro Colegio, hemos querido recordar dos momentos importantes que se han dado en la historia de la educación secundaria en nuestra tierra. El primero, una experiencia dolorosamente frustrante; y el segundo, la triunfal culminación de una esperanza.

Habiéndose establecido la instauración de Colegios Secundarios en las capitales de Departamento y principales ciudades del país, por ley promulgada a poco de jurarse la independencia patria, la disposición se cumplió estrictamente en casi todos los pueblos importantes del Perú. En todos, menos en el Cerro de Pasco. Así se establecieron los colegios siguientes:

1ro.- 1828 el Colegio Nacional Leoncio Prado (Huánuco).
2do.-1831 el Colegio La Victoria de Ayacucho. (Huancavelica).
3ro.- 1848 el Colegio Mariscal Cáceres de Ayacucho.
4to.- 1858 el Colegio Ramón Castilla de Tarma.
5to.- 1851 el Colegio Santa Isabel de Huancayo.
6to.- 1861 el Colegio San José de Jauja

Ahora bien, el Cerro de Pasco, en aquellos momentos, era capital del Departamento de Junín y, claro, la ciudad más importante del mismo. La ciudad más densamente poblada con un exitoso comercio activo como que es la mata de los tesoros del Perú. Nos asistía, entonces, todo el derecho para exigir el cumplimiento de esa disposición legal, pero bastardos intereses capitalistas unidos a una complicidad de un silencio cómplice de nuestro pueblo, se opusieron. Si bien es claro que a los explotadores no les convenía la apertura de centros educativos porque allí se perdería la “mano de obra barata”. ¡¿Qué pasó con nuestro pueblo, con nuestros gobernantes, con nuestra juventud?!. La postergación era manifiesta, dolorosamente clara y sin embargo, nadie lo advertía. La respuesta se dio no sólo en nuestra indolencia, sino fundamentalmente en un acontecimiento que frustró por muchos años la esperanza de nuestro pueblo. Evoquemos aquel hecho.

Corría el aciago año de 1879 en los confines de la patria. En ese momento, se establece la creación un Colegio de nivel secundario en nuestra tierra. Las gestiones se realizan a alto nivel y se programa el inicio de su funcionamiento para los primeros días de abril de 1879. Se le asigna la Partida correspondiente de ocho mil soles mensuales, se nombra al Profesorado, se abre las inscripciones que registran numerosos alumnos, se adquiere el mobiliario, se adecúan las aulas y todo lo concerniente a su funcionamiento. Todo queda listo para el lunes 7 de abril, pero…

El 5 de abril, Chile nos declara la guerra. La noticia estremece al pueblo y exacerba el espíritu bélico. La juventud cerreña. ¡Cuándo no!, la que estaba inscrita para ocupar las aulas, prefiere partir a las fronteras. ¡Lo exige el honor nacional!. ¡El enemigo no pasará!. Como es fácil deducir, la instrucción pasa a un segundo plano. Los alumnos que se habían inscrito vestían ahora el uniforme de la patria y, claro, no podían asistir a clases que llegaron a iniciarse si hacer caso de la dramática situación bélica que se estaba produciendo. ¡Pensar que en ese momento se tenía la oportunidad de emprender el difícil pero hermoso camino de la superación!.

Toda la juventud –la Historia lo dice- conforma, con la ayuda del pueblo, la heroica Columna Pasco, honra y prez de gallardía y coraje cerreños. El resto, ya lo sabemos: ninguno retornó de las fronteras. Sus cuerpos quedaron en los campos de San Francisco, Tarapacá y Arica. Los pocos jóvenes que quedaban en nuestra tierra parten a defender San Juan y Miraflores conformando una segunda Columna Pasco, cuando se hacía inminente la ocupación chilena. Fuimos derrotados. En abril de 1881, la triunfante soldadesca chilena ocupa el territorio cerreño sembrando una ola de exacción, depredación, destrucción y muerte. En nuestra tierra ya no quedaba ni un solo joven. Los que no habían marchado al frente de guerra, estaban escoltando al “Brujo de los Andes” por los breñales serranos. Aunque parezca mentira, en todo ese lapso el Colegio siguió funcionando con un solo alumno –un cojito voluntarioso- que, claro, no pudo ir a la guerra. Al finalizar el año lectivo se emite un informe tendencioso. No se menciona para nada el gesto patriótico de los alumnos que debiendo ocupar las aulas, marcharon al frente de guerra. Este vergonzoso informe decía: “Cuando el Colegio funcionó en el Cerro de Pasco, la indolente juventud cerreña no acudió a clases en todo el año de 1879. Sólo terminó un alumno. El alumno más caro de la historia, pues en su preparación se hubo gastado S/. 35,000.oo, para él solo”. Pero lo más increíble fue la aberrante e insidiosa conclusión de este infamante informe:”Nos permitimos sugerir que no se programe la creación de otro Colegio en el Cerro de Pasco, por la indolencia y ausentismo de su gente”. Este fue el aberrante estigma que tuvimos que arrastrar por años como una infame condena, del que se aprovecharon los gobiernos y los explotadores en complicidad con los indolentes para tenernos sumidos en la ignorancia.

A partir de entonces, muchas fueron las infructuosas intentonas que cayeron en saco roto. Por ejemplo las gestiones del Diputado Por Pasco, Augusto Durand y el apoyo de Juan José Calle, Federico Díaz y Baldomero Maldonado en 1895. Las del insigne y hoy injustamente olvidado Dr. Fabio Mier y Proaño en 1913. Las que se hacen en 1929 en concordancia con la creación de otros Colegios en la República. La de 1933 cuando del Sindicato Juvenil Cerreño logra la creación del Colegio ISIDORO SUAREZ, que fatalmente nació muerto. Otros fueron los intentos de 1936 y 1938 aunque, en 1941, gracias a las gestiones del ingeniero Luis Pfluker se funda el Colegio de Minería, hoy Colegio Industrial Antenor Rizo Patrón Lequerica, con el fin de formar técnicos de mando medio, intermediarios entre el ingeniero y los obreros.

Así las cosas, un grupo de hombres e instituciones que desde la década anterior venía trabajando para la consecución de un Colegio Secundario, arreciaron sus actividades con don Gerardo Patiño López a la cabeza. Su batallador periódico EL MINERO sembró inquietudes y aglutinó voluntades. Por fin el 20 de junio de 1942, el Presidente del Senado de la República, ingeniero Ernesto Diez Canseco Masías, luego de “bajar al llano” y sustentar valederos argumentos técnicos y poderosas razones históricas, concluyó su intervención en un debate de su Cámara, diciendo: “Cuánto Carrión ignorado habrá perdido el país y cuántos más seguirán perdiendo si no se remedia esta desgraciada situación. Reparemos esta omisión, démosle un Colegio al Cerro de Pasco”. Fue suficiente. En consideración a la Ley del Presupuesto Nacional de 1943, se crea el Colegio Nacional Daniel Alcides Carrión en homenaje a nuestro mártir epónimo, y en su sesión del 11 de mayo de 1943, el Consejo Nacional de Educación autoriza su funcionamiento y nombra a su primer Director, el pedagogo Eliseo Sanabria Santiváñez.

El 31 de mayo de 1943, teniendo como escenario el Teatro Principal del Cerro de Pasco, ante una expectativa conmovedora, se inauguraba el flamante Colegio. El acta de aquel histórico acontecimiento, dice: “En la ciudad del Cerro de Pasco, a 31 días del mes de mayo de 1943, en el Cinema Teatro, presentes el Director del Colegio Nacional Daniel Alcides Carrión, el doctor Eliseo Sanabria Santiváñez; el Cuerpo Docente conformado por los profesores: Augusto Mateu Cueva, Mario Revoredo Reyna Farje y Hernando Sánchez Aranda; el Cuerpo Administrativo, integrado por el señor Ginés Pomalaza Cosme y la señorita Florisa Altamirano Cárdenas; el Subprefecto de la Provincia, señor Antonio Alba Bardales; el Juez de Primera Instancia, doctor Francisco Carranza; las autoridades locales, vecinos notables, padres de familia y alumnos fundadores; se abrió la sesión de inauguración del plantel.

El Director del flamante Colegio hizo uso de la palabra y en memorable discurso -cuya copia quedó archivada- relievó la trascendencia y las finalidades de la Educación Secundaria; exaltó la política educacional del gobierno e hizo un llamado a los padres de familia para que colaboraran con el plantel. También hicieron uso de la palabra, el señor Martín D. Mendoza Tarazona a nombre de la Asociación de Maestros Primarios; Armando Casquero a nombre de los padres de familia y, la señorita Hilda Rojas Lucich, a nombre de los alumnos fundadores. Finalmente, el Subprefecto de la Provincia, señor Antonio Alba Bardales, en elocuente y patriótica oración, a nombre suyo y del Presidente Manuel Prado, declaró inaugurado el Colegio Nacional Daniel Alcides Carrión. Después de acordarse la inscripción de los alumnos fundadores en el Libro de Actas, se levantó la sesión.”

Los profesores fundadores fueron, además del Director don Eliseo Sanabria Santiváñez, los señores, Mario Revoredo Reyna Farje, en Ciencias; Augusto Mateu Cueva, en Letras; Hernando Sánchez Aranda en el área técnica. Más tarde se sumaron los profesores, Florentino Solís Isidro, para Educación Física; fue sucedido por el basketbolista cerreño, Félix Baldoceda Yanútulo. Para Castellano y Literatura llegó don Julio Mendoza Bravo. En reemplazo de Hernando Sánchez Aranda que por motivos de salud tuvo que alejarse, ingresó Pascual Sanabria Verástegui que fundó la Orquesta del Colegio, de excelente actuación en nuestro medio; Augusto Lizárraga, en inglés que por Resolución Suprema se había declarado “Curso Mayor Básico”; Ginés Pomalaza Cosme pasó a dictar Matemáticas dejando el cargo de Secretario –Tesorero- Bobliotecario a doña Priscila Z. de González, primero y a Abraham Tupac Yupanqui Turín, después, siendo todos ellos auxiliados por doña Florisa Altamirano Cárdenas. El curso de I.P.M estuvo a cargo del suboficial Avelino Choque Palomino. Naturalmente, con los años esta lista fue acrecentándose con Rolando Camarena, Moisés Rosas Benavides, Teodorico Ampudia Zarzoza, César García Cabrera, Teodoro Mellado Salazar, Antonio Soto González, Daniel Florencio Casquero, Andrés Fuentes Dávila, Jesús Santiváñez Santiváñez, César Pineda del Castillo, Eugenio Pastrana Chamorro, Fortunato Arzapalo Callupe, Toribio Quijano Tamayo, José Vásquez Huerta, David Torres Rocha, Pablo Montalvo Lavado, Mario Galarza Mayor, Francisca Montero de Parra, Luis Alberto González y González, Eliseo Acosta Ricse, Severiano Rojas Lazo, Ascanio Santiváñez, Gamaniel Giraldo Castillo, Abad Ricaldi Huacachín, Víctor Campos Martínez, Luis Aguilar Cajahuamán, Raúl Colca Malpartida, Efraín Herrera León, y muchos maestros más.

Los hombres que tuvieron a su cargo la Dirección de nuestro Colegio en sus cincuenta años de vida, son los siguientes:
01.- Eliseo Sanabria Santiváñez. (1943 – 1948), Manuel Valenzuela Valdez. (1949). Carlos Vilchez Murga. (1950 – 1957); Arnulfo Becerra Alfaro. (1958); Basilio Orihuela Melo. (1959 – 1960); Elías Ortega Pérez. (1961 – 1962), Juan Salguero Pizarro. (1963); Justo Fernández Cuenca. (1963), Martín Nilo Manyari De la Cruz. (1964 – 1969); Samuel Bruno Arroyo Pecho. (1969 – 1972), Raúl Leoncio Colca Malpartida. (1972 – 1976), Celso Ascanoa Colqui. (1976 – 1978), Andrés Rosas Clemente. (1978 – 1980); Fulgencio López Castillo.(1981); Justo Pastor Lopez Patiño. (1981);Celso Ascanoa Colqui. (1982), Ricardo Leonidas Vigo Araujo.(1983); Andrés Rosas Clemente. (1984 – 1986); Fausto Huaynate Cóndor. (1986 – 1988); César Zózimo Boza Simón. (1988 – 1994).

Cuando se inauguró el Colegio, nos se encontraba un local libre para alquilar, después de mucho buscar se alquiló el del Jirón Puno No 146 en donde, previas las reparaciones, se iniciaron las clases. En el mes de agosto se mudó a la Plazuela Ijurra el que tenía una merced conductiva muy elevada. Se buscó otro local y se trató de alquilar el que fuera el Colegio Americano, pero resultó muy oneroso. Se tuvo que volver a la Calle Puno, esta vez al número 161, cuyo alquiler era de doscientos soles mensuales. En 1956 se trasladó a la Plaza Centenario hasta el 5 de octubre de 1959 en que se inaugura el local que actualmente ocupa el terreno de Patarcocha donado por el Concejo Provincial de Paso.

Además de las actuaciones culturales sabatinas recordando las fechas históricas más importantes, el colegio instauró la celebración del Día del Colegio, el 5 de octubre de cada año. El plato fuerte de esta celebración era la presentación anual del teatro Carrionino en la que se hacía gala de versatilidad y un arte que todos aplaudían. Recordamos «Juan José», «Papá Lebonard» y cuyas presentaciones alcanzaron cimas de éxito Ginés Pomalaza, Eliseo Acosta, Bertha Lavado, Marciana Avangelista…Además de este número, se coronaba a la reina del Colegio. A lo largo de 50 años, las soberanas carrioninas, fueron: Lucrecia Paiva Dalguerre (1943), Cora Orna (1947), Maura Icochea (1948), Bertha Lavado (1949), Amanda Solís (1952), Mérida Días Meza (1953), Olga Vásquez (1954), Maruja Solís (1955), Clara Rodríguez (1956), Elvira Doig H. (1957), Gladys Matos (1959), Clorinda Ramos (1961), Lucía Alvarez Luchini (1963-1964) Isabel Camón (1965), Betzabé Luna (1966), Elvira Centeno (1968), Elvira Sinche (1977), Edith Pasquel (1979).

En el plano del deporte, la aurinegra divisa carrionina está jalonada de triunfos resonantes. Evocarlos, significa traer a la memoria nombres tan queridos como la del maestro Eugenio Pastrana Chamorro que, como alumno primero y profesor después, nos regaló con lo mejor de su generosa capacidad. Con él, Loli, Acurio, Osorio, Chinchan, Ulloa, Parra, Santiváñez…Donde estén, nuestro homenaje de gratitud a todos ellos. Luego vinieron, el «Zurdo» Acosta, Documet, Abel Arauco, «Pecas» Dávila, Job Arzapalo, Agustín Bustamante, «Flaco» Córdova. En el Voleibol auroral destaca nítidamente la figura de Raquel Ordoñez Vadillo, extraordinaria capitana de nuestro representativo. Con ella, Bertha Lavado, Nila Meléndez, Nona Laderas, Nelly Ponce, Leonor Alocilla, Betty Parra, Clelia Átala, Dionne Camón, Aidita Santiváñez, Mirtha Aguirre, Yupropia Zeladita, Ketty Ponce…Todas extraordinarias todas inolvidables. En el fútbol la lista es mucho más dilatada: Jesús Azcurra, «Cholo» Alania, «Negro» Luquillas, «Pecas» Dávila, Probo Camayo, «Flaco» Córdova, «Fena» Livia, «Trapo» Mendoza, Jorge Soria, «Bío» Soto, «Trueno» Rivera, «Chino Callupe…«El Mufle», …la lista es interminable

ESTUDIALTIL CARRIÓN – CAMPEÓN 1958 Jesús Azcurra (Arquero), Nectalio Acosta Ricse (Delegado), Nicolás Alania, Félis Luquillas, Renzo Luchini, Julio Córdova, Jesús Zolórzano. En cuclillas: José Velasco (utilero), Adrián León, Roberto Soto, César Pérez Arauco, Miguel Dávila Ramos y Jorge Soria Méndez. Rodean al equipo sus numerosos “hinchas”.
ESTUDIALTIL CARRIÓN – CAMPEÓN 1958 Jesús Azcurra (Arquero), Nectalio Acosta Ricse (Delegado), Nicolás Alania, Félis Luquillas, Renzo Luchini, Julio Córdova, Jesús Zolórzano. En cuclillas: José Velasco (utilero), Adrián León, Roberto Soto, César Pérez Arauco, Miguel Dávila Ramos y Jorge Soria Méndez. Rodean al equipo sus numerosos “hinchas”.

BODAS DE ORO DEL COLEGIO NACIONAL MARÍA PARADO DE BELLIDO

Local de la Beneficencia Pública donde funcionó el histórico plantel
Local de la Beneficencia Pública donde funcionó el histórico plantel

Conscientes de que ya era necesario la implantación de un Colegio femenino de secundaria, el martes 7 de enero de 1947, EL MINERO hace escuchar su voz cuando dice: La necesidad de un Colegio Nacional de Mujeres para el Cerro de Pasco.

«…Ponemos sobre el tapete y la consideración del pueblo del Cerro de Pasco, apoyando el pedido formulado en el Cabildo Abierto último, y sin que nuestros conceptos impliquen, una impugnación retardataria hacia los principios pedagógicos que forman la coeducación, ni menos una crítica a la gestión de la Dirección y docencia en el Colegio Nacional Daniel Alcides Carrión, cuyo esfuerzo y labor conocemos, queremos abordar decididamente por el desdoblamiento, si se nos permite el término, de este Instituto de Educación Secundaria para mujeres en esta ciudad».

«Por estos conceptos muy bien fundados, nosotros opinamos y pedimos que los Poderes Públicos provean la creación de un Colegio para mujeres, atendiendo así a una necesidad evidentemente sentida en estos momentos; porque nuestro departamento espera que se escuche el clamor público y se consiga que el presente año ya pueda funcionar el mencionado centro.»

«Aprovechamos de esta coyuntura para recordar que al aprobarse el proyecto de la construcción en el mismo local de apartamentos destinados a la escuela taller de las mujeres. Ojalá esto sea escuchado porque anhelamos que nuestro pueblo adelante y progrese». (EL MINERO, martes 7 de enero de 1947).

En consideración a esta necesidad que era Vox Populi, el Gobierno emite la ley 13235, creando al Colegio Nacional María Parado de Bellido. El texto de la ley es el siguiente:

LEY No 13235

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

POR CUANTO:

El Congreso ha dado la Ley siguiente:
EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA PERUANA.

Ha dado la ley siguiente:

Artículo 1º.- Créase en la ciudad de Cerro de Pasco un Colegio Nacional de Educación Secundaria que se denominará: «Colegio Nacional María Parado de Bellido».

Artículo 2º.- Consígnese en el Presupuesto General de la República la partida necesaria para su funcionamiento.

Artículo 3º.- El Ministerio de Educación Pública queda encargado del cumplimiento de la presente ley.

Comuniqúese al Poder Ejecutivo para su promulgación.

Casa del Congreso de Lima, a los cuatro días del mes de marzo de mil novecientos cincuenta y nueve.

RODRIGO FRANCO GUERRA, Presidente del Senado. JAVIER ORTIZDE ZEVALLOS, Presidente de la Cámara de Diputados. CESÁREO V1DALON, Senador Secretario, JORGE R. AREVALO, Diputado Secretario.

Al Señor Presidente Constitucional de la república.

POR TANTO:

Mando se publique y cumpla.

Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a los veintinueve días del mes de mayo de mil novecientos cincuenta y nueve.

MANUEL PRADO EMILIO ROMERO

Así que, en un local de la Beneficencia Pública de la desaparecida Plaza Centenario, comienza a funcionar con 144 alumnas y 9 profesoras. Tuvo que pasar un buen tiempo en el que, profesores, padres de familia y alumnos, lograran que la compañía minera edificara un nuevo plantel en San Juan, el mismo que está vigente en reemplazo del que demolieron en la Plaza Centenario. La construcción del local corrió a cargo de la constructora «Samuel Suárez S.A» « a un costo de cuatro millones de soles» y como dijera la revista, de la compañía: «Ha sido diseñado siguiendo las técnicas pedagógicas modernas. Puede albergar cómodamente a mil alumnas». Desde entonces han egresado miles de alumnas de este notable centro educativo. Por este motivo hacemos llegar nuestro homenaje al Colegio en su glorioso cincuentenario.(referencia: Tomo III Pueblo Mártir)

LA ROCKOLA

Rockola 2Por aquellos días, la exitosa aparición de la rockola, originó un enorme revuelo en la muchachada del Colegio. Con hiperbólica exageración, “Pepe Botellas” no dejaba de magnificar su sonido, su nitidez, y su modernismo. ¡Es cojonudo!, repetía una y otra vez, con ojos que querían saltársele de las órbitas. Su rostro rubicundo, prematuramente mofletudo, contribuía a remarcar su asombro extraordinario. Rodeado de la totalidad de alumnos, casi gritaba enajenado de admiración: “¡Es como si tuvieras a la orquesta a tu lado!. Su sonido se puede aumentar o disminuir a voluntad; es incomparable. Armar un “tono” con ese aparato debe ser algo “bestial”. Uno, después de poner en la ranura una moneda de cinco reales, al simple manipuleo de unos botones, escoge lo que desea escuchar y, ¡listo!. ¡Qué bacán!. ¡Qué bestial!. ¡Mundial! ¡A bailar!”. Las preguntas lo acribillaron de uno y otro lado. Él respondía con el mismo entusiasmo. Todos le creyeron porque “Pepe Botellas” raramente asistía a las clases de la tarde. Sólo la importancia de la noticia lo había impelido a romper sus perennes vacaciones. (Después supimos que el dueño del aparato le había enviado al Colegio para concitar nuestra atención a cambio de unos tragos).

Cuando “Panza de Agua” Ayzanoa –nuestro Regente- hizo sonar la campana de salida, en un santiamén los del Quinto Año estábamos disciplinadamente formados, como nunca, listos para salir sin importarnos para nada la salida de las chicas del patio femenino. Estando fuera en ansioso tropel, como los huelguistas mineros de la “compañía”, íbamos pletóricos de entusiasmo a conocer la novedad. Al plantarnos a la puerta del “Bar Café, Carrión” de Mario Robles, en la Plaza Dos de Mayo, no sólo estábamos los de la promoción; nos rodeaba un nutrido grupo de alumnos de otras secciones que expectantes de asombro se aprestaban a admirar aquel portento de modernidad. Entramos, y allí estaba la enorme caja metálica de líneas modernas y audaces, iluminada por brillantes y siempre cambiantes colores de mágicos contrastes. Nadie pronunciaba palabra. Nuestros ojos escrutadores hablaban por nosotros. En la parte superior, sobre un fondo diamantino de negrura magistral, resaltaban nítidamente las letras doradas de la marca: WURLITZER, nombre que más abajo y en caracteres mucho más grandes, ocupaba toda la dimensión de los parlantes. Los discos que ordenadamente se mostraban en un panel especial eran de 78 revoluciones por minuto, de frágil carbón, con las melodías que en esos momentos deslumbraba a todos. (Mucho tiempo después serían de 45 revoluciones). “Pepe Botellas” precoz ebrieta de cuarto año, nos miraba con cara de satisfacción al comprobar nuestra incredulidad. Inmediatamente, alineados en orden correlativo, dos líneas de teclas luminosas. En la primera, figuraban todas las letras del abecedario y, en la segunda, los números correspondientes: del cero al nueve. Sus combinaciones permitían la selección de la pieza a escucharse. Más abajo, un iluminado panel en el que figuraban con amplitud, el nombre del disco, su género e intérpretes. No había sino que presionar estos botones tras depositar una moneda para que se efectuara el milagro. Nuestro guía, “Pepe Botellas”, sacó del bolsillo una moneda de cincuenta centavos y como un mago que va a realizar un prodigio, la dejó caer en la ranura; al momento se realizó el portento. Un aditamento central, parecido a una paleta, giró parsimoniosamente para ubicar el disco seleccionado; hallado éste, lo recogió y luego de ponerlo en la parte central para su ejecución, volvió al costado donde había estado en el comienzo. La guja reproductora bajó parsimoniosamente sobre el disco y de inmediato surgió la magia de un alegre chorro de sonidos que a todos encandiló. La alegrona voz del “Muñecón de Colombia” con: “Bésame Morenita” se irradió por todo el salón:

Mírame, mírame, quiéreme, bésame morenita
que me estoy muriendo por esa boquita
tan jugosa y fresca, tan coloradita.
como una manzana, dulce y madurita,
que me está diciendo
no muerdas tan duro, no seas goloso
y besa que besa que es más sabroso
y dale un abrazo a tu morenita.
Y me está pidiendo que bese que bese la condenada
y que abrazo sin beso no sabe a nada
así me lo dice mi morenita.
Mírame, bésame, quiéreme morenita.

Nuestro mudo asombro se encendió cuando “Pepe Botellas” largó a bailar con su estilo “chonguero” y contagiante. Todos llevábamos el ritmo sobre libros y cuadernos. Hasta el “Opalong”, Pablo Pucuhuanca Maquera, -tozudo cholo puneño- estaba emocionado. Corsino Santiago Valle comenzó a bailar con su archirival y declarado enemigo, el “Espinita” Rafael Torres Peña –Ese día estaban juntos pero no para trompearse sino para bailar- también estaban Chop – Chop Martínez, Juanito Rodríguez Munguía, “Chino” Campoa, Cipriano Colqui Robles, Ángel Madrid Marrull. Sentíamos que la orquesta estaba allí, con nosotros, en la intimidad de aquel cerreño café.

¡Qué emoción!.

Por aquellos días, la Sonora Matancera campeaba triunfal en la preferencia estudiantil. Cómo olvidar, por ejemplo, a Bienvenido Granda cantando, “Angustia”, o al “inquieto anacobero” Daniel Santos en, “Virgen de Medianoche” o a Carlos Argentino con “Apambichao”, o a aquella voz inquieta de la novísima Celia Cruz, o la melosa de Olga Chorens; es decir todas las estrellas de la Sonora: Nelson Pinedo, Vicentico Valdez, Bobby Capó, Alberto Beltrán….. Los “templados” también tenían lo suyo. Los Panchos a la cabeza, Los Tres Diamantes, Nicolás Urcelay, Gregorio Barrios, Leo Marini, Genaro Salinas, Fernando Albuerne, Luis Alberto del Paraná. Reforzados por las películas que proyectaba el “Grau”, Pedro Infante encandilándonos con “Flor sin retoño” o “Cien años”; Miguel Aceves Mejía y sus extraordinarios falsetes; la magistral Lola Beltrán que encumbró a José Alfredo Jiménez, especialmente con “Cucurrucucú paloma” y “Corazón, corazón”. Es decir, canciones para todas las preferencias. No está demás decir que, deslumbrados por la calidad del sonido, pasamos un buen rato de escuchas en aquel magistral desfile de estrellas. Todos nos convertimos en admiradores de este milagroso aparato al que llamaban Rockola. Creo que Mario Robles se llenó de plata en muy corto tiempo porque, desde las primeras horas de la mañana hasta muy pasada la medianoche, el aparato no dejaba de sonar. En poco tiempo otros establecimientos trajeron sus armatostes sonoros con gran espectacularidad: “Las Camelias”, “La Cabaña”, el “Bolívar”, “El Farolito”, “Tres Estrellas”.

Alentados por las ventas obtenidas, los agentes de la Wurlitzer, visitaron el burdel llevando consigo otro enorme aparato de colores chuchumecones y formas más atrevidas y escandalosas. Estaban convencidos que ése era el aparato apropiado para el lupanar. Frente a la Mami que tenía una actitud de “No quiero nada”, el más vejancón y apuesto de los vendedores soltó un “floro” convincente, detallando las inmejorables ventajas del aparato; para hacer más contundente la exhibición, la instalaron en el entarimado donde hasta la noche anterior el “Conjunto Estable” del burdel animaba los amartelamientos chongueros. El aparato se iluminó con extrañas y cambiantes luces esplendentes, semejante a marquesinas espectaculares de cines norteamericanos. El impacto fue instantáneo. La Mami y sus pupilas miraban asombradas el espectáculo. Cuando el aparato comenzó a sonar, los ojos de las curiosas parecían que irían a salírsele de sus órbitas. De inmediato, como prodigio de “La mil y una noches”, la orquesta “Billo´s Caracas Boys” inundó la estancia prestando marco a la voz incomparable del tenor venezolano Alfredo Sadel. Los ojos de la Mami se encharcaron de nostalgia cuando escuchó los primeros compases de “Damisela Encantadora”. ¡Qué viejas saudades no se agolparían en la mente de la vieja mujer que tuvo que regarlas con lágrimas vivas y abundantes!. Cuando terminó la canción, unánimes aplausos mostraron la total aprobación de las pelanduscas que, emocionadas consolaban a la Mami. Ya no hubo nada qué hacer. El armatoste quedaría allí “per sécula seculorum” y ya nadie habría de moverlo.

Aquel fue el día más triste para “Trapito” Rodríguez y compañía. Cuando llegaron con el entusiasmo de siempre, se toparon con la más grande sorpresa de su vida. En el lugar donde hasta el día anterior estaba el piano, -negro y lustroso-ahora lo ocupaba un extraño y mayúsculo aparato de colores escandalosos. Por largo rato estuvieron mudos de dolorosa premonición. La “Mami” –haciendo de tripas corazón- cumplió con informarles muy compungida que, en la necesidad de adecuarse a la modernidad, se veían obligadas a instalar la rockola y que, a partir de esa noche, ya no requerirían sus servicios. No dijo más. Un apretón de manos cerró el trato. Los músicos fueron al bar acompañados de las niñas que solidarias, sentían el cambio que entonces comenzaba en sus vidas. Omara, poniéndole el brazo sobre los hombros le dijo a “Trapito”: “Hay que tener coraje para afrontar todo lo que se presenta. No olvides lo que Leonidas Yerovi decía al respecto: “Cuando ames a una mujer// ámala de tal manera// que la dejes de querer// cuando ella ya no te quiera”. Lo propio hizo Malena, Simona, la Limeña, la “negra” María, Norma y Vilma. En silencio apuraron sendas copas de cognac y se retiraron. Los ojos del “Trapito” brillaban, húmedos. Con las manos temblorosas y las lágrimas pugnando brotar de sus ojos, pensó muy apesadumbrado. Habían dejado gran parte de su juventud dando vida a las noches burdeleras; ahora que no los necesitaban, lo echaban como trastos inservibles. A partir de entonces, el pianista “Trapito” Rodríguez, tuvo que convertirse en florista encargado de confeccionar las coronas mortuorias de los obituarios citadinos. Diariamente, desde las primeras horas se le veía a las puertas del Hospital Carrión, esperando los decesos para atenderlos. Se hizo íntimo del “Cura Bolo”. Los dos participaban de parecida inquietud. “Cara de Mango”, -la primera voz- descubrió tardíamente que no tenía ninguna otra habilidad para sobrevivir; al final, terminó de ayudante de mecánico en el taller de Lasteros; el “Tuerto” Rojas, tras guardar el piano en un rincón del patio donde acabó de arruinarse, se dedicó a reparar los somieres y camas de las chicas. No quiso abandonar el burdel. Alternaba esta ocupación con la de ayudante en una empresa de Transportes. Ya eran otros tiempos. En ese momento comenzaba otra etapa en el lupanar y en la ciudad.

Estampas Cerreñas

la calle del marqués
La bajada de Santa Rosa.- Tramo de la ciudad que superando el campamento de la Esperanza lo unía a la legendaria calle del marqués. En primer plano –a la derecha- se ve el Hotel Venecia, el más próximo a la estación que recibía gran cantidad de huéspedes. Más arriba, otro hotel, FORT, de doña Carmen Fort. Enfrente (no aparece en la foto), la Lumbrera Central, que después fue trasladada al Castillo de Lourdes.

En el promontorio de la izquierda, se levantaba la Iglesia de Santa Rosa con su correspondiente plazuela. Cuando colapsó esta iglesia se erigió la de Chaupimarca. Más arriba del Venecia se ve el predio de don Encarnación González, juez y gobernador vitalicio de Chaupimarca; la casona de la familia Secombe; la panadería Venegas; el bar de Leoncio Villar; el restaurante del chino Chale Lam, comienzo de una serie de negocios de chinos afincados en nuestro predio. Todos estos edificios –como cuenta don Gerardo Patiño López- cayeron en el terremoto del 1º de noviembre de 1947. Los trabajos mineros terminaron por hacer desaparecer este tramo tan recordado por los viejos cerreños.