EL UNION MINAS DE COLQUIJIRCA.

En el amplio tinglado deportivo del centro del Perú, fue el más destacado desde su fundación: 28 de febrero de 1939. Su preponderancia continuó hasta febrero de 1948 en que ¬muere su presidente, don Ricardo Navarro Lara, dirigente que le había dotado de un dinamismo y personalidad inolvidables. Nueve años cargados de triunfos extraordinarios. Nueve años en los que estableció que el juego en conjunto podía conseguirse con disciplina y mucho entrenamiento.

Los que tuvimos la suerte de verlo jugar, no podremos olvidarlo jamás. Tenía un juego atildado que daba la impresión de hacerse de memoria porque los hombres sabían a dónde se encontraban cada uno de sus compañeros en el desplazamiento vistoso que realizaban. Sus camisas verdes de cuello blanco y pantalonetas blancas, llegaron a ser admirados en todo el centro del Perú.

El entrenador que le había dotado de un juego habilidoso, alegre y muy movido fue Atilio Scaramutti, viejo jugador del Universitario de Deportes de Lima que se quedó en nuestra ciudad cuando aquel cuadro viniera a visitarnos; lo malo de este entrenador -amigo muy cercano a los jugadores- no sólo era que compartía con ellos sus triunfos sino también sus celebraciones que eran muy regadas y el cigarrillo que no dejaba a sol ni a sombra. A él no podían exigirle más porque los resultados eran visibles y llenaban de orgullo a la hinchada minera; pero he aquí que acontece un hecho que cambió todo lo logrado hasta ese momento.

El 30 de agosto de 1940, el Unión Minas es invitado a jugar en Carhuamayo, pueblo vecino que celebraba su fiesta en honor a Santa Rosa, matrona del pueblo. Los mineros asisten muy confiados. No era para menos. Hasta ese momento ningún equipo había logrado doblegar al elenco minero. Ningún cuadro entonces vigente en el Cerro de Pasco –liga en la que estaba inscrito- había podido doblegarlo, ni siquiera empatarle. Todo había ido del color de rosa. Triunfos y nada más que triunfos.

Llegados al repleto escenario del encuentro, don Ricardo Navarro, confiado en la calidad de sus “muchachos” apuesta públicamente a los aficionados del lugar. Su vozarrón de minero enérgico hace escuchar su propuesta en todo el ámbito fiestero y, como era de esperarse, el pueblo acota una cantidad similar a la bolsa reunida por los ingenieros de Colquijirca y se pacta una jugosa apuesta. El rival del equipo minero en ese momento fue el glorioso CHACARITA de Carhuamayo que en sus filas registraba a aguerridos mozos del lugar, que no estaban dispuestos de libar el acíbar de la derrota.

Iniciado el partido en medio del fervor popular se nota a las claras el inicial dominio del equipo visitante de juego pulcro y académico que a todos hacía presagiar que obtendría un fácil triunfo. Los minutos transcurrían implacablemente animados por las alegres notas de la banda de músicos y las barras sonoras e incansables, pero el marcador no se abría no obstante el virtuosismo en exhibición. Hasta que finalizó el primer tiempo.

En el camerino no encontraban la razón a su bajo redimiento. A poco de iniciado el segundo tiempo, el Minas comenzó a dar muestras de visible cansancio. Ya sus jugadas no tenían ni la fluidez ni la vistosidad del comienzo. Daba la impresión de que en cualquier momento cederían a la impetuosidad carhuamayina. El Chacarita, por su parte, tenía un caudillo de elevada estatura: trotón, incansable, preciso que, ora en la defensa, ora en el ataque, comandaba a sus huestes con una sapiencia asombrosa. Era el inolvidable “coloso carhuamayino” José Vara.

Ya sin las fuerzas del comienzo, los mineros tuvieron que dar paso a la impetuosidad arremetedora de los locales traducido en tres espectaculares goles celebrados ruidosamente por el pueblo fiestero. El revés repercutió en el alma a don Ricardo Navarro, pero también sirvió para que conociera la realidad. Esa misma tarde –enterado de la historieta de tragos y cigarro- le extendió su cheque de cancelación a Scaramutti y a tres de los engreídos del entrenador, entre ellos a un extraordinario puntero derecho, bullidor e inteligente, apodado por su vivacidad “El trucha”. Inmediatamente contrató para trabajar en la lumbrera de Colquijirca, al legendario José Vara que como única condición pidió que ningún dirigente interviniera en la conformación ni preparación del equipo; además, llevaría consigo a dos refuerzos que fueron aceptados por la dirigencia minera: Ciro Vara y Claudio Cajahuanca. Por lo demás, buscaría a los reemplazantes de los cesados.

El nuevo cuadro estaba integrado por Modesto “Chupón” Cárdenas, gran centro forward que tenía un virtuosismo extraordinario: disparo violento y certero con ambos pies, cabeza privilegiada, visión de juego, cambios de ritmo y capacidad para rotar los frentes de batalla con pases largos y precisos a las puntas; valentía para entrar en el área, dureza para recibir golpes; fútbol sin complicaciones, funcional y hermoso. Contaba con la escolta de insignes compañeros suyos. Todos habilísimos. Hipólito “Pollo” Sánchez, insider izquierdo, ágil, valiente y habilidoso, haciendo pareja con Víctor “Capón” Ramos, efectivo alero. En el lado derecho, Jesús Sánchez, tan hábil como los anteriores y, como puntero derecho, el diminuto “Chamaco” Alania, habilidoso y luchador que en poco tiempo hizo olvidar al “Trucha”. En la línea media, tres baluartes invencibles, Isaac Landavere, el “maestro” José Vara y, Baldomero “Chalhua” Meza. Tres medios magistrales y oportunos. Cuidando el área, Pedro Bernal un habilidoso y estratégico back conjuntamente con Claudio Cajahuanca con el que se comprendían a las mil maravillas. Guardando el arco, un huachano excepcional, “Tarzán” Pérez un arquero oportuno y brillante que en su calidad de policía se había afincado en Colquijirca. En el banco de suplentes: Marcelo Torres, Ciro Vara, “Perico” González…

Así se conformó el nuevo Unión Minas. Sus hombres cumplían sus labores mineras hasta las dos de la tarde en que salían al campo deportivo donde los esperaba José Vara. El entrenamiento comenzaba con intensivos ejercicios físicos que los dejaba exhaustos. Ya cerrada la noche y luego del aseo correspondiente, se congregaban en el comedor de empleados donde recibían una excelente alimentación reparadora y fortificante luego de la cual, se realizaba una charla de carácter técnico táctico para el entrenamiento del día siguiente. El resultado no se hizo esperar. Ningún cuadro se podía parangonar con el Minas. Demás está decir que en sus filas ya no tuvieron más cabida los amigos del trago y se eliminaron las francachelas y el tabaco. Muchos buenos jugadores tuvieron que dejar las filas mineras al no poder rendir físicamente. Hubo renovación de gente. Los que se quedaron ubicaron al equipo en la cima de la popularidad. Tanta era ésta que en el centro del Perú por muchos años fue el equipo líder hasta su sorpresiva extinción..

Por aquellos años, cuando se encontraba en la cima de la popularidad, se anuncia la realización del Campeonato Nacional de Fútbol en el que el Cerro de Pasco debía intervenir. Para entonces no había otra opción. El Unión Minas de Colquiirca sería la base de la selección con el añadido de algunos jugadores de la liga cerreña: Cirilo Palacios, Jorge Moya, Máximo Lazo, Enrique Wilson,

Así siempre bajo la responsabilidad de José Vara se prepara el equipo. El tiempo vencía y, con la premura del caso, programan para enfrentarnos a la selección de Lima. Nada menos. Aquel entonces, todos los equipos limeños –todavía no había fútbol profesional- prestaron a sus mejores jugadores. Alianza Lima, Universitario de Deportes, Deportivo Municipal, Sporting Tabaco, Centro Iqueño, Sport Boys, Mariscal Sucre, Atlético Chalaco. En el telegrama que recibe la Liga se señala “Domingo 22 enero presentar selección Pasco para enfrentar selección Lima”. Nada más. El telegrama era muy escueto. Así las cosas, por la premura del tiempo tuvieron que contratar un carro mixto, es decir con una mitad con techo y otra al aire libre para que viajara el equipo. Partieron con dirección a Lima a las cinco de la tarde después de la salida del trabajo, en un viaje nocturno sin las comodidades del caso. No se podía hacer más. El traslado fue agotador y muy riesgoso por el frío implacable que tuvieron que soportar toda la noche. El agravante del caso es que, llegados a Lima, se dirigieron al Estadio Nacional a reconocer la cancha antes de tomar sus alimentos. Se llevaron mayúscula sorpresa. El estadio y alrededores estaban desiertos. Se alarmaron. El portero les informó que el partido se efectuaría a las tres de la tarde en San Vicente de Cañete. Que tenían que viajar allá. Lo hicieron. Llegaron a las dos y media de la tarde, completamente rendidos por las privaciones y la incomodidad.

Aquel día se celebraba en grande la fiesta patronal de San Vicente de Cañete por lo que todo estaba alborotado con la gente fiestera, la procesión y una gran algarabía del pueblo. Eso sí, el plato fuerte de la celebración lo constituía el partido entre las selecciones de Lima y el flamante departamento de Pasco. La expectativo era tremenda. Nuestros jugadores sin tiempo para descansar después de largo viaje y con tan solo un frugal refrigerio se aprestaron para el encuentro.

El estadio estaba completamente lleno. El atractivo, naturalmente, era la presentación de la selección de Lima donde se habían reunidos a los mejores jugadores de entonces. Pasco era un enigma. Nadie sabía de su trayectoria. A la hora exacta entraron en el campo ambos contendientes. La selección de Lima que en homenaje al Atlético Independiente de San Vicente vestía la camiseta roja del club, fue recibido apoteósicamente. Carlos Ganoza, “El pez volador” arquero titular de Universitario de Deportes, abría la columna, detrás venía el capitán Rafael Goyeneche, alto valor del Sporting Tabaco, le seguían Andrés Da Silva, Enrique Perales, el “Patrullero” González, Edgardo Mabama, Andrés “El cronómetro” Bedoya. Cuando hizo su ingreso la selección de Pasco con camisas verdes y pantalones blancos, la gente lo recibió con algo de frialdad. Aquella tarde, no sabemos con qué intención, don José Vara hizo que “Chamaco” Alania, el puntero derecho, saliera delante. El caso es que al verlo tan diminuto y enjuto, la afición le tomó simpatía y aplaudió con cierta conmiseración. Todos estaban visiblemente a favor de los limeños donde figuraban valores internacionales del Perú; en Pasco todos eran totalmente desconocidos. El caso es que, iniciado el partido, el púbico se llevó la gran sorpresa. Los pasqueños hacían un juego moderno y tan bien hilvanado que poco a poco le fue ganando el favor de los aficionados. Era un juego de extraordinaria calidad que en repetidas oportunidades hizo peligrar el arco limeño. Ya con el público completamente a su favor, expresado en sus aplausos y gritos de aliento, terminó el primer tiempo. Los pasqueños se retiraron colmados de plausos; especialmente el inquieto “Chamaco”.

El segundo tiempo tuvo parecido trámite. Dominio absoluto de Pasco con algunas escapadas sin peligro de los limeños. Aquella tarde se lució como nunca el habilidoso “Chamaco” en medio del rendido aplauso de la afición cañetana. Ya se vencía el tiempo en medio de los plácemes del público y en un avance milagroso Goyoneche le da a Gilberto Torres, puntero del Universitario que saca un potente remate al arco. Por esos avatares del fútbol, “Pollo” Sánchez al tratar de despegar lo introduce en el arco pasqueño. El gol que debió ser sonoramente festejado por Cañete, fue recibido con disgusto por la afición. Cuando terminó el partido, los aplausos unánimes fue para Pasco que en ningún momento bajo la guardia. Es más, unos hinchas entusiasmados, pasearon en hombros por todo el campo al espectacular “Chamaco” que no cabía en sí de contento.

Me contaba Baldomero Meza, héroe también de aquella hazaña que terminado el partido, fueron a tomar sus alimentos en un restaurant céntrico que en poco tiempo se atiborró de aficionados que mostraban su admiración y su cariño a los pasqueños. Después del almuerzo comenzaron los tragos que generosamente eran invitados por los cañetanos. Risas, vivas y canciones alegraban los reiterados brindis hasta que a “Chamaco” le correspondió ir al baño. Cuenta Baldomero que se encontraba en plena micción el “Chamaco” cuando sin quererlo le aplica un empujón un negro alto. Todo fue que lo sintió para encenderse como un fósforo y comenzó a insultar al negro. Éste trataba de explicarse pero, marcadamente tartamudo, no lo conseguía. Al ver esto, “Chamaco” comenzó a burlarse insultándolo a pesar de que le doblaba en tamaño. Felizmente, en ese momento un policía que había entrado al baño, se dirigió muy comedidamente al negro y con palabras cariosas le invitó a que saliera. Cuando el negro salió, dirigiéndose al “Chamaco” le dijo. ¿Qué le pasó amigo para buscar lio a semejante rival?. Cuando el diminuto jugador trató de contar los pormenores del lio, el policía terminó diciéndole. ¿Sabe quién ese negro al que usted quería faltar?- No – ¡Es “Bom Bom Coronado!, campeón sudamericano de boxeo que ha venido a ver el partido!. “Chamaco se quedó de una pieza.

Las anécdotas que ha dejado el Minas son muchas y posiblemente algún día tendremos tiempo de contarlas. Pero sigamos con la historia del Minas.

Cuando se encontraba en lo más alto de su pedestal deportivo, los directivos cometen un error garrafal. Confiados en que su prestigio bien ganado le permitiría pasar por sobre los reglamentos, hacen jugar un domingo en partido contra el Brigada Boys Scouts a un joven que los había impresionado en Goyllarisquizaga, Juan de la Cruz Benito, al que por sus soberbio juego por alto e imparables cabezazos, apodaban “Cabecita de Oro”. En la sesión siguiente –aprobación de partidos- el delegado del Brigada, con mucha razón alega que el parido que había ganado el Minas no era legal por hacer jugar a un hombre que no estaba regularmente inscrito. Don Pedro Ferrer, delegado del Minas, puso el grito en el cielo y argumentó que, “Aquí como en cualquier lugar del planeta, cinco a cero es una goleada y que por lo tanto debía dársele el triunfo al Minas”. Don Pedro Santiváñez –a la sazón su compadre- Presidente de la Liga, trató de hacer respetar las bases del campeonato otorgando los tres puntos al Brigada. Lo que aconteció después fue algo que por muchos años se comentó. Don Pedro Ferrer, en un gesto increíble, alzando la voz dijo claramente: “Esta es una liga de traidores porque, lejos de darle un apoyo al equipo que en muchas oportunidades ha representado a Pasco con calidad admirable, ahora le da las espaldas, cobardemente, comenzando con su presidente. Que él estaría viajando a Lima al día siguiente para presentar su queja ante el ente superior de la Federación Peruana de Fútbol”. Ante esta situación don Pedro Santiváñez redactó el informe de juego con las planillas correspondientes, a fin de que el reclamo se hiciera oficial. Hechas las gestiones, don José Salom, presidente de la Federación le entregó un sobre cerrado diciéndole que el contenido del oficio debía leerse en plena asamblea de delgados. Así se hizo. Los miembros del Minas pensaban que, en vista de los alegatos presentados, la resolución estaría a su favor. No fue así. Cuando se leyó el contenido, muy claramente don José Salom le decía al presidente de la liga: “Lo felicitamos por llevar el campeonato por los causes legales y, por tanto, el triunfo corresponde al “Brigada de Boys Scouts”. Fue suficiente. El Minas hizo un escándalo mayúsculo y, como si fuera poco, el viernes de aquella misma semana, ocurre un gravísimo accidente. El 24 de febrero de 1948, el Presidente y hombre clave, don Ricardo Navarro Lara, el capitán de Minas cae accidentalmente desde una altura de 300 metros dentro de la mina, falleciendo al instante. Ese día murió el Minas. Muchos de sus jugadores se fueron a alinear al Alianza Huarón y los que quedaron, ya no pudieron reverdecer los viejos laureles que había tenido.

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4 respuestas a “EL UNION MINAS DE COLQUIJIRCA.

    1. Mas que nada agradecer a Cesar Perez Arauco,notable y capacitado proseor universitario.literato y deportista a carta cabal….los centros mineros como en algun acròstico lo describo son lugares de todas las sangres como dirìa Arguedas..convergemos de todos los rincones de nuestro rico PERU..Colquijirca..siguiendo el ejemplo de su equipo campeòn Uniòn Minas..retuvo a otros nuevos jugadores del Club Sport Fernandini,, Universitario Deportes de La Pampa,Club de Tiro Smelter,,y otros mas…que reforzaron con 6 de sus mejores jugadores..(“Magua Matìas”,”chapi Flores”,Flaco Otrera”, Hnos. Aguirre-Henry yBecquerd”.) al “Uniòn Esperanza”de la liga cerreña que logrò el campeonato por los años 50,contando tambien con el concurso de los “viejos” Chalhua Meza y el Gordo Marcelo Torres ex integrantes del glorioso UNION MINAS COLQUIJIRCA..

  1. Al leer estas lineas del deporte del union minas de colquijirca, es para recordar las viejas glorias que aun todavia se encuentran en vida,gracias por difundir por el deporte ejemplo para los nuevos deportistas
    tu amigo antenor Matias rodriguez

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