EL MAGISTRAL TELMO CARBAJO

Había llegado a la cumbre de la gloria en el Perú. No sólo como el más grande futbolista de nuestra historia, sino el más completo deportista de todos los tiempos. Dominaba todos los deportes: Fútbol, Básquetbol, Atletismo, Tiro, Béisbol, Remo, Billar, Equitación, Natación… En todos estos deportes fue el más grande.

En la práctica de su deporte favorito, llegó a ser proclamado en 1912, Campeón Nacional de Fútbol. Era lo justo. ¿Saben por qué?. Podía jugar en cualquiera de los once puestos del equipo; desde arquero hasta puntero izquierdo. Lo admirable es que en cada plaza era brillante, único. Es más, al cumplir sus Bodas de Plata como deportista ejemplar en el Perú, el Presidente de la República de entonces, don Augusto Bernardino Leguía, le otorgó un hermoso trofeo de plata en reconocimiento a su ejemplar desenvolvimiento. Era el 27 de julio de 1926.

Era todavía un niño cuando comenzó a alinear en el “Lima Cricket” en los momentos aurorales de nuestro fútbol nacional. Un poco más tarde, pasó a conformar el once del “Jorge Chávez” y luego el “Atlético Chalaco”, equipos pioneros y gloriosos de su tierra natal: el Callao.

Por aquellos años, ya conformando la Selección Nacional de Fútbol del Perú, tiene que enfrentar a los notables representativos del Cerro de Pasco –la primera provincia que practicó el fútbol en el país- en memorables encuentros anuales que arrancan en 1909 hasta 1914 en que, en su condición de Capitán de nuestro representativo, tiene que reconocer la superioridad del fútbol cerreño. Es por eso que cuando el Presidente del “Club Social y Deportivo Unión Railway”, don Guillermo Arauco Bermúdez, lo invita a conformar el elenco ferroviario, acepta gustoso y viaja para enrolarse al cuadro cerreño que por once años consecutivos había sido imbatible campeón de nuestro fútbol

A su llegada al Cerro de Pasco, los primeros meses de 1920 –Telmo contaba entonces treinta años- se va alojar en una casa que don Guillermo le ofrece en el legendario barrio Misti, lugar en el que no sólo arequipeños e italianos habitaban, sino también notables chalacos que con él compartieran aventuras deportivas y habían sido intermediarios para su venida al Cerro: Alvaro Linderman, Humberto Galantini, Carlos Pedreschi, Alberto Brindani y otros con quienes había defendido al “Atlético Chalaco”.

Desde su arribo fue aclamado. Ya no sólo sería el Capitán General Vitalicio y Honorario como lo habían proclamado desde la fundación del Club, sino que llegó a capitanear el más brillante equipo que tuviera el Railway en toda su existencia. Allí estaba Humberto Galantini propiciador de la fundación oficial de la Liga de Fútbol de nuestra ciudad, y tras ser el obligado capitán de nuestro combinado, pasa a segundo lugar. El legendario Santiago Barzola, “back” inolvidable y acróbata brequero que sobre el tren en marcha, corría veloz por sobre los coches como si estuviera en una pista atlética; paradigma del fútbol aguerrido. Carlos Pedreschi, otro chalaco quimboso, respetado y querido en el rectángulo de juego y fuera de él. Alvaro Linderman, también chalaco, veloz y resistente como el que más; su velocidad proverbial y sus mortíferos remates al arco fueron inolvidables. El “Negro” Remigio Sánchez, traído de Goyllar por don Guillermo Arauco; un soberbio volante que mandaba en la media apoyando a los defensores y respaldando en el ataque. Félix “Chato” Villarán, pequeño pero aguerrido como el que más. Con ellos, siempre como capitán y guía, Telmo Carbajo. Estaban también, Augusto Cuenca, Esteban Pecho, Evaristo Huamán, Jacinto Espinoza, Alberto Salvador y el “Sereno” Olaya. Nada más ni nada menos.

Estuvo dos años entre nosotros. En ese lapso no sólo nos regaló con la magnificencia de su fútbol atildado y efectivo, vistiendo las sedas del Railway, sino que alternó con las novenas de béisbol del Cerro, Goyllarisquizga y Smelter, en memorables encuentros. Más de una vez se vistió de corto para alternar con los mejores atletas cerreños. Los domingos hacía demostraciones de boga imbatible en las regatas que se efectuaban en la represa de Smelter. Hizo tiro, box, billar etc. Era un hombre admirable. Inagotable y constante, disciplinado y recto en sus actividades.

De talla baja, elegantemente vestido y un caballero a carta cabal, siempre que se prestara la oportunidad, hacía demostraciones de su innata habilidad coreográfica en los bailes sociales a los que se le invitaba como miembro honorario. Presidiendo la sala de sesiones del Railway hay una fotografía de cuerpo entero del chalaco que se hizo cerreño, Telmo Carbajo.

Su partida constituyó un gran pesar para la afición cerreña en donde dejó grandes recuerdos. A partir de entonces sólo por los periódicos limeños se enteraban de sus actividades. Así, hubo una gran alegría cuando al estadio Modelo de Bellavista le pusieron su nombre y se desgarró de dolor la mañana del 18 de julio de 1948, cuando murió a la edad de 79 años. No hubo ninguna manifestación de dolor público en el pueblo porque todo estaba prohibido. Se tambaleaba un gobierno débil y la mayoría de cerreños estaba perseguido por el tirano que en ese momento se desempeñaba de Ministro de Gobierno y Policía: Odría.

Cómo lo manifiesta todavía algún viejo deportista, es necesario que la juventud tome conciencia de su presencia en el Cerro de Pasco que se honró con su habilidad y bonhomía. Hasta hace algún tiempo, cuando aparecía un futbolista fuera de serie se le llamaba “Carbajo”. El más grande de sus sucesores, pequeño como él, brillante como él, quedó dando lustre a la denominación que la admiración le tributara, don Adrián Languasco, el inolvidable “Carbajito”.

EL GRAN CHICHÍ

Nadie supo nunca su nombre ni apellidos, ni se preocupó en averiguarlo, sólo lo nombraban el Gran Chichí. No obstante su apariencia atrabiliaria y descuidada resultaba simpático porque lo adornaba una cualidad extraordinaria que todos -grandes y chicos- aplaudían: su voz.

Cuando apareció el tango con todo su sensiblero mensaje traído por la voz del “Zorzal Criollo” a través del cinematógrafo y del disco, en el Cerro de Pasco encontró su caldo de cultivo y en todos los rincones del pueblo halló el calor de la emoción ciudadana. Se escuchaba con deleite a Pancho Canaro, D’Arienzo, Marianito Mores, Pichuco Troilo, Héctor Varela, Alfredo D’Angelis, con cantantes como Hugo del Carril, Alberto Castillo, Mercedes Simone, Tita Merello, Amanda Ledesma, Libertad Lamarque. etc., etc. En el Cerro de Pasco también hubo una gran cantidad de cantantes de tango; el más grande fue: el “Gran Chichí”. Quizá por el marcado sentimiento que ponía en cada tango que interpretaba con voz quejumbrosa, quebrada y doliente, era el artista obligado de nuestra minera ciudad.

Todos olvidaban sus trazas al momento de aplaudirle. A primera vista, nadie habría dado un real por él. Por atuendo tenía una chompa de color indefinido con el cuello alto y muy grueso, con los codos brillantes de grasa; unos pantalones de igual textura y colorido; los zapatos igualmente, grandes y mellados. A esto habría que agregar que era enemigo declarado del agua y jabón; pero era un artista.

“Las Hijas de María” que en nuestra tierra han tenido, en una época, destacada labor en favor de los desvalidos, preparaban con fines benéficos, una “varietee” en el cine principal para la que habían invitado a connotados artistas aficionados del medio. Como queriendo hacerse eco de la voz unánime del pueblo que se calculaba abarrotaría las instalaciones del teatro decidieron contar con la colaboración del Gran Chichí. El tango no podía estar ausente.

Así las cosas, con toda la amabilidad que el caso requería, invitaron a Chichí para que participara en el acto, no olvidándose de recomendarle con mucho tacto que como se trataba de una función de gala en la que estaría lo mejor del Cerro de Pasco, insinuaban la más atinada presentación de los artistas y que no dudaban que él haría lo propio. Sorprendido de que tan distinguidas damas se lo pidieran, Chichí aceptó sin ninguna condición y aseguró que estaría presente.

La noticia recorrió toda la ciudad minera. ¡¡El Gran Chichí, el cantor del pueblo, cantaría en el Teatro!!.

Llegado el día, como se esperaba, el local se abarrotó de gente. No cabía ni un alma más en sus instalaciones. En el marco de aprobación del numeroso público, los artistas fueron desfilando uno a uno por el escenario. El programa llegaba a su fin pero Chichí no aparecía por ninguna parte. Al enterarse, el público comenzó a abuchear, a silbar, a pedir a voz en cuello la presencia del artista del pueblo. Para evitar cualquier contingencia desagradable y dolorosa, destacaron a numerosos delegados con el fin de ubicarlo. Entretanto, algunos artistas trataban de calmar al público ejecutando números improvisados.

Por fin lo encontraron en una cantina de Tambo Colorado, libando muy campante con sus amigotes. Al ser recriminado por su inasistencia al compromiso, arguyó que se había olvidado de tal invitación y, cuando quiso seguir hablando, se lo llevaron en vilo al Teatro. Llegaron cuando estaban a punto de incendiar el local. Apremiados como estaban por la ocasión, lo largaron al escenario tal como se encontraba, después que el anunciador presentara
—-!Señores y señoras, nuestra espera ha tenido su premio. Aquí, para el aplauso de ustedes, el cantor del pueblo, el astro del tango: !!! El Gran Chichí. !!!!.

Una atronadora salva de aplausos recibió al artista que, cohibido, avanzó hasta el borde del escenario. Cuando los aplausos callaron para dar paso a la canción, la voz de un zafio, de esos que nunca falta en las cazuelas de los teatros del mundo, gritó estentóreamente:
— !!! Qué bonito estás, Chichí!!!.. Pero. ¿Por qué no te has cambiado, Chichí?!!!

Una risotada unánime inundó la sala al comprobarse la triste facha del artista del pueblo. Éste, humillado, avanzando al centro de esa vorágine de risas, pidió que tocaran a los guitarristas que lo acompañaban. Al iniciarse el tango las voces enmudecieron y, aquella noche, en medio de un silencio sepulcral, Chichí cantó con una clase y un sentimiento nunca más igualados, “Sus ojos se cerraron” un conmovedor tango. Las lágrimas asomaron a los asombrados ojos de los espectadores. El calor humano puesto en cada frase, en cada nota, tuvo el sortilegio de estremecer al público que emocionado hasta las lágrimas aplaudió frenética, emotiva y estentóreamente al Gran Chichí que, trataba de silenciar las aclamaciones, los palmoteos y los gritos de: !!Otro!!…. !!!Otro!!!… !!!Otro!!!, que eran unánimemente atronadores. Con los brazos en alto y los ojos húmedos, el artista consiguió que se callaran. Cuando el silencio se produjo, con voz entrecortada por la emoción, alcanzó a decir claramente:
—- Y ahora, señoras y señores, … !Voy a cambiarme! – y diciendo esto, en medio de un silencio culpable y chocarrero, abandonó la sala.

Chichí limpió los gruesos goterones que invadían sus ojos y tras un portazo se alejó de aquella gente.

Los Vascos en el Cerro de Pasco

El Tesorero de las Cajas Reales –mediados del siglo XVII- conocedor de la eficiencia de los vascos en los campos de la administración financiera y fundición, los convoca para que vengan a trabajar con él. Decenas de recios montañeses del norte de España -zona ubicada entre el Ebro y los Pirineos- llegan a aposentarse en el Cerro de Pasco. Unos de Vizcaya con su capital, Bilbao; otros de Guipúzcoa, con San Sebastián y, algunos de Álava con Victoria; también muchos navarros. Todos ellos formaron un núcleo sólido unido por sus ancestrales costumbres como la afición a los espectaculares guisos de bacalao, la infaltable boina y alpargatas, que sólo en épocas de sol las usaban en sus festejos, al compás de txistus y tambores, recordando fandangos y zortzikos; el resto del tiempo tuvieron que cambiarlos por sombreros de paño y resistentes zapatones de cuero; su afición por el juego de pelota vasca –Jai – Alai- que devino más tarde en “pelotaris”, deporte que se popularizó tanto que no había barrio donde no se golpeara la pelota contra frontones de sólidas paredes y, “el euskera”, su enrevesado idioma. Todos ellos fueron funcionarios de las Cajas Reales, especialmente los bilbaínos que tenían un gran talento financiero o, maestros fundidores y artesanos, primordialmente los de Vizcaya y Guipúzcoa que venían de tierras pródigas en minas y florecientes fundiciones siderúrgicas. En España no había trabajadores como ellos. Su extremado orgullo y su proverbial tozudez, se llegó a conocer en todo el ámbito minero. Hicieron florecer la Fundición de Barras de Plata como maestros fundidores. Los Oyarzábal, de Azpeitia; los Arauco, de Vizcaya; los Goñi, de Navarra; los Otaegui, de Guipúzcoa; los Aguirre de Oyarzún; Lizárraga, Baldoceda, Jáuregui, Ampuero, Bermúdez, Aza, Azcurra, Zumalcarregui, Echevarría, Aranda, Gorriti, Amézaga, Anaya, Apéstegui, Aspiazu, Carranza, Chacón, Elguera, Valdivia, Veramendi, Iparraguirre, Iturralde, Egaña, Jáuregui, Mendívil, Iturriaga, Ormachea, Mendizábal, Olazo, Zamudio, Arellano, Lezama, Lezcano, de Navarra. Un profundo conocedor de la idiosincrasia de los vascos, dijo de ellos: “El hecho de que los vascos se hubieran convertido desde temprano, en dueños de la gran cantidad de ingenios y minas, y en consecuencia, en empresarios de la flamante ciudad y, al propio tiempo, como corolario lógico monopolizadores del gobierno comunal, de los títulos y empleos, es porque estaban poseídos de un sentido utilitario de conquista, en más alto grado que los castellanos, extremeños, y andaluces que abundaban y, si caben las generalizaciones, un tanto despojados de su actitud heroica, porque se dedicaron presurosos a explotar el Cerro con orden y sistema. A la atractiva y utópica entrada a tierras inexploradas, prefirieron arraigarse en el Cerro de Pasco, donde la plata, además de abundante, estaba segura. Los vascos eran tozudos, laboriosos y prácticos. En aquellos primeros tiempos, a los castellanos y andaluces se les unieron los manchegos, extremeños y portugueses; mientras que los cautelosos vascos, formalizaban un sólido núcleo impenetrable, dentro del que se repartían los cargos de la administración colonial, muchos de ellos comprados a la corona de España, como se estilaban entonces. Dinero y decisión no les faltaba”. La mayoría traía consigo pequeños capitales, formación cultural adecuada y enorme deseo de prosperar mediante el trabajo. Huían del régimen carlista y, ante el agresivo proceso de industrialización, se resistieron a ser tomados como mano de obra en las industrias y el ferrocarril naciente, de poca paga. Demasiado jóvenes, llegaron para enrolarse en la industria minera, trabajando como operarios calificados en las fundiciones y casa de moneda; los otros, como administrativos contables y, los que no, como tamberos y ganaderos. Robustos, ágiles, vigorosos y, de musculatura capaz de ablandar el coraje más probado, trabajaban de sol a sol, con el empeño puesto en ganar lo que más pudieran. Todos triunfaron. Andando los años, uno de ellos, Francisco Goñi, minero, amasó tal fortuna, que fue la envidia de sus coterráneos; Iturre Baldoceda, triunfó como tambero; resultó siendo dueño de casi todos los alojamientos que recibían a los viajeros que llegaban al Cerro de Pasco. Sebastián Arauco, consiguió lo propio; fue ejemplar fundidor primero y más tarde propietario de varias fundiciones, entre ellas, “El Misti”. Iñure Otaegui, llegó a ser prominente contable de las Cajas Reales y Fundiciones de Barras de Plata, los Oyarzábal, identificados con los problemas sociales de nuestra tierra, fueron luchadores por la independencia y, logrado ésta, notables funcionarios de las primeras épocas de la república. Hubo, ¡cómo no!, comerciantes y vendedores de vino y aguardientes; uno, diligente lechero que comenzó vendiendo su mercancía de casa en casa. Su popularidad llegó a ser tal, que un poeta local, le dedicó estos versos:

Oh, alegre vasco matinal, que hacía
con su jamelgo hirsuto y con su boina,
la entrada del suburbio adormecido,
bajo la aguda escarcha de la aurora.

Repicaba en los tarros abollados,
su ecológico pregón de leche gorda,
y con su rizo de humo iba la pipa,
temprana, bailándole en la boca.

Mezclada a la quejumbre del zortzico
que gemía una ausencia de zampoñas,
haciendo entrega de la leche,
su cuarta liberal tenía yapa.

Su mano muy leal y generosa
prorroga la cuenta de los pobres,
marcando tarjas en sus puertas toscas.
para cobrarlas todas, en el pago.

EL TEATRO EN LA CIUDAD MINERA

El teatro ha tenido perenne vigencia en nuestro medio. En cada efemérides se hacía conocer las últimas creaciones españolas o nacionales. Unas veces actores profesionales y las más, aficionados, hicieron del teatro una actividad continua y hermosa que alimentaba la cultura de nuestro pueblo. A continuación reseñamos una presentación teatral de la colonia española con motivo día de España. «El grito del Pueblo» decía:

“Raras veces hemos visto estrecharse en vínculos de unión tan cariñosa a todos nuestros círculos sociales como en la noche del 16. Causaba en efecto, grata complacencia ante el ánimo del espectador el cuadro atrayente y de bastante muestra de cultura que presentaba el proscenio, albergando en su seno hermoso ramilletes de flores cerreñas confundido con simpático grupo de los hijos del Cid, quienes con su arranque de sinceridad, de afecto y respeto a este suelo supieron conquistarse el aplauso y la ovación del público.

A las 8 y 30 p.m. el amplio salón alto de la Beneficencia, iluminado por multitud de focos eléctricos y ostentando los pabellones de las naciones amigas, hallábase totalmente ocupado por una numerosa concurrencia compuesta de casi la totalidad de familias y caballeros que forman esta sociedad, contándose entre estos últimos todas las autoridades y miembros del cuerpo Consular.

Las obras escogidas para esta velada fueron el interesante drama en verso titulado «Flor de un día» y el juguete cómico «Las codornices», cuya interpretación fue todo un éxito que revela posesión y gusto por el teatro, por los caballeros y señoritas que tomaron parte.

Al levantarse la cortina, aparecieron en escena el Barón Espinazo, desempeñado por el señor Tomás Güemes y Lola su hija, por la hermosa y espiritual señorita Inés Gallo, siendo saludados con una salva de aplausos. Vino después Juana, por la señorita Lola Gallo, que tuvo una actuación tan interesante y de arranques tan oportunos, que se hizo dueña del público que supo aplaudirla.

El Marques de Montero, por Manuel Rodríguez, Diego su rival por Antonio de Quesada; Juan, criado de éste por Emilio López y el Capitán por Antonio Gutiérrez, estuvieron perfectamente caracterizados, siendo interrumpidos en la escena por los nutridos aplausos que se les prodigaba. Ninguno, en una palabra, quiso quedarse sin hacerse digno de su afición al arte en que debutaban y sin atraer sobre sí el aplauso justiciero del público al que unimos sinceramente el nuestro, sintiendo que la falta de espacio no nos permita extendernos más.

Un intervalo de intensa alegría fue la representación del chispeante juguete cómico «Las Codornices» en que tomaron parte las señoritas Gallo y los señores Barreda, Quezada, Julián Ruiz y Perfecto Ruiz, quienes con el derroche de buen humor que gastaron produjeron en sus espectadores tan grato entusiasmo que apenas caída la cortina improvisaron un animado baile, en que hizo los honores de la casa la interesante señora María Rosa de Vallejo Gallo. La fiesta se prolongó hasta las primeras horas del día siguiente, en que los invitados se retiraron llevando las más gratas impresiones, que se tradujeron después en sueños de hadas.

UNA OBRA INMORTAL EN BENEFICIO DE LA MARINA PERUANA

Uno de los pueblos que más ha aportado pecuniariamente para sufragar los gastos de adquisición de nuestra Marina de Guerra, ha sido el Cerro de Pasco.

En 1913, el presidente del Comité Pro-Marina, doctor Gerardo Lugo, comprometió al ciudadano español, señor Juan Masferrer para que dirigiera la puesta en escena de la inmortal obra de Joaquín Dicenta JUAN JOSÉ, un verdadero himno a la lucha social obrera. No obstante estar delicado de salud y tener muchas ocupaciones, el Director aceptó porque se trataba de colaborar con nuestra Marina. Para ello reunió a lo más selecto de los aficionados cerreños y se puso a ensayar frenéticamente. El papel protagónico que demandaba facultades especiales, fue encargado a otro español, Andrés Saíz que, en más de una oportunidad había demostrado sus especialísimas condiciones histriónicas. Completaban el reparto de esta inmortal obra, las señoritas Teresa Stromayer, Emilia Sánchez Burgos, Ernestina Bueno, Elida González y los señores Antonio Malpartida, Víctor B. Zúñiga, Juan Gutiérrez, Enrique Ravelli y Víctor Herrera.

El día del estreno, 31 de diciembre de 1913, en el Teatro VARIEDADES, el espectáculo fue ofrecido por el señor Marco Antonio Woolcott. El éxito artístico fue clamoroso y, el económico, espléndido. Después del exitoso estreno que tuviera lugar los comentarios fueron de tal magnitud que, los asientos mineros y pueblos vecinos, llegaron a pedir que la obra fuera difundida en sus improvisados escenarios. Como era lógico esperar, el Comité Patriótico Pro-Marina, no se hizo esperar. En Smelter, Goyllarisquizga, Pasco, Vinchuscancha y otros distritos aplaudieron la subida a escena de la inmortal obra de Joaquín Dicenta. Por otro lado, comentando el desempeño del reparto, EL GRITO DEL PUEBLO decía:

«En su ejecución se distinguieron es especial tres personajes: el señor Julián Sainz, que desempeñó el rol protagónico de «Juan José» que estuvo inimitable para su calidad de aprendiz y se expidió correctamente; el señor Víctor Zúñiga, en su papel de Andrés, como hecho de molde, trabaja con una soltura y con un gusto de «hombre de tablas». Estuvo feliz y bastante salado haciendo reír por su natural chiste apropiado para «tenor cómico»; la señorita Teresa Stromayer, con su papel de «Rosa» pudo estar mejor si se desprende de su candorosidad en tablas, sin dejar su afición al desempeño en papeles fuertes como le ha correspondido esta vez; pero que, con un estudio más frecuente, juzgamos con sinceridad, alcanzará buena escuela y hará la delicia del público, tanto por su deseo de poseer un don artístico, cuanto por su natural belleza».

«La señora Aurelia de Sánchez, en el papel de Isidora hizo también una correcta «Celestina» interpretando su papel admirablemente, cosechando aplausos muy merecidos. Los demás papeles secundarios se desempeñaron con regular estímulo, distinguiéndose la señorita Carmen R. González en el papel de «Toñuela», muy agradable y llena de gracia. Resultó una función satisfactoria para el público concurrente que se llevó la impresión no esperada por las muchas dificultades que hay que vencer para poder alcanzar el éxito aquella noche».

OTRA VELADA CON UN FIN ALTRUISTA

Cada vez que había necesidad de recolectar fondos pecuniarios para emprender alguna acción benéfica en el pueblo, eran las Instituciones culturales las que organizaban las llamadas Veladas en las que ponían en escena diversas obras teatrales que, siempre, tuvieron generosa y masiva acogida del público.

El primero de marzo de 1915, los integrantes del Club Daniel A. Camón ofrecieron una velada con el fin de recaudar fondos para erigir un monumento a la memoria de su mártir epónimo. A estar por el cronista teatral de LOS ANDES, aquella noche… «El teatro estaba totalmente ocupado, los palcos por lo mejor de nuestra sociedad, y los asientos de preferencia totalmente llenos». Luego del ofrecimiento. «Terminado el discurso de presentación se escenificó el drama en cuatro actos: LEONCIO PRADO de la pluma del escritor cerreño Martín Caballero. En el destacaron nítidamente Enrique Arana en el papel de Leoncio Prado; Luis Segundo Malpartida, en el de Cabo Torres y don Glicerio Mendoza en el de un indio. Luego se presentó: AZHARES ROJOS, de Alberto B. Nario. En él destacaron Enriqueta y Juanita Malpartida y los señores Ángulo, Nario y Arana”.

El éxito fue enorme tanto en lo artístico como en lo económico.

EL TEATRO SIGUIÓ SU INICIAL RUTA DE ÉXITO

El espectáculo teatral siguió su derrotero exitoso en nuestros escenarios. La visita de notables actores mantuvo en vilo a la afición. La lista es inacabable: Luis Canessa Mendieta, galán de moda y notable torero a comienzos de siglo; Carlos Rodrigo, polifacético actor de las mil voces; Rogel Retes, de impecable desempeño en papeles de comedia ligera; Paco Andreu, el «colorao» que llegó a triunfar en Buenos Aires; Pedro Ureta, patriarca de toda una generación de actores nacionales; Carlos Revolledo, el genial «cachaco» de aquellos años. Nadie ha representado con tanto acierto a los pintorescos «huairuros» de comienzos de siglo; Edmundo Moreu, otro cómico de gran trayectoria; Teresita Arce, una «chola» muy especial que llenó toda una época en el teatro nacional; Antonia Puro; genial actriz que triunfo en escenarios de América; conjuntamente con ella. Ángela Járques, Piedad Gutiérrez, María Miller y Caridad Davis. Por actuar en escenario también mencionaremos a «El Gran Dillmer» extraordinario mago que hizo nevar dentro de la sala del teatro y retrasó los relojes del público; así como él también hubo transformistas. Finalmente los circos también fueron muy aplaudidos. Muchos de ellos llegaban al Cerro de Pasco venciendo al clima aunque, hay que decirlo, la osadía a muchos les costó caro como aquel circo que llegó para navidad de 1908 con tan mala suerte que una nieve de tres días trajo la carpa por los suelos y como producto de una helada inoportuna y fuera de tiempo dejó a las fieras, monos, perros amaestrados, loros y demás fauna, convertidos en carámbanos helados y muertos. Fue una tragedia. Sólo los osos se salvaron.

DON LEONARDO ARRIETA, MAESTRO Y ACTOR INOLVIDABLE

Actores y actrices cerreños habían alcanzado notable plenitud en el cumplimiento de sus roles. Al finalizar la década del treinta, nos visita el mejor actor peruano de entonces y de siempre, don Leonardo Arrieta. Al evaluar la calidad de nuestros artistas, decide efectuar notables presentaciones a lo largo del año; para esto, inteligente como era, instaura un sistema que nunca le falló. El venía de Lima portando los correspondientes libretos de notables obras teatrales, reunía al elenco y luego de asignar y «marcar» los correspondientes papeles a cada uno, retomaba a Lima a cumplir sus compromisos. Pasado un tiempo establecido retornaba al Cerro y, con gran entusiasmo ensayaba con nuestro elenco que ya se sabía sus parlamentos. Madura la obra se subía a escena bajo su dirección. Los éxitos alcanzados entonces todavía se recuerdan. ¡Cómo poder olvidarlos! Nuestro público quedaba entusiasmado al ver en escena magistrales obras representadas por nuestros actores secundando al maestro ejemplar. JUAN JOSÉ, de Dicenta; EL MÍSTICO, que había encumbrado a Enrique Borrás; MI HIJO EL DOCTOR, LA DAMA DE LAS CAMELIAS, de Dumas etc. elenco extraordinario secundó al maestro: Carmen de los Ríos, los hermanos Ordóñez, Francisco Irato y la magistral dama de escena, doña Isabel Vásquez Alarcón de irreprochable desempeño en las tablas.

Finalmente, los que continuaron la vieja tradición teatral cerreña fueron los maestros y alumnos del Colegio Carrión. Cada año, para el 5 de octubre presentaban una buena obra teatral como parte de los festejos jubilares. El elenco teatral de la Universidad hizo lo propio. Presentó con gran beneplácito de su público. COLLACOCHA, LA DAMA DEL ALBA, LA BARCA SIN PESCADOR, y otras. La tradición teatral debe seguir su trayectoria de triunfos.

Españoles en la Ciudad Real de Minas

Estos hombres que, según Ruggiero Romano, habían despreciado los duros oficios para destinarlos a moros y judíos, al invadir nuestras tierras, protagonizaron uno de los períodos más dolorosos de nuestra historia. A la inicial ola de 607, siguieron otros 534 que en España eran unos pobres diablos y no habían llegado a ofrecer sus servicios en “Iglesia, Casa o Mar”. Ortega y Gasset sostuvo que “el conquistador español se convirtió en un hombre nuevo ni bien llegó a América”. Gonzalo Reparaz, que “los españoles se instalaron en Indias, no como clase directora, sino como casta dominante”. Los sanguinarios procedimientos que utilizaron contra los nativos -preferentemente la tortura- dieron sangrientos resultados. En 1540, “descubrían” las minas de Porco; en 1545, las de Potosí; en 1555, las de Castrovirreina; en 1566, las de Huantajaya y Huancavelica y, en 1567, las de San Esteban de Yauricocha que así se llamó inicialmente al Cerro de Pasco.

Filtrada la noticia de que al septentrión del lago Chinchaycocha se hallaba el más grande depósito de oro y plata que jamás se soñara, encaminaron sus pasos hacia este lugar. Hecho el primer denuncio de minas en 1567, mucha gente de lugares aledaños primero, y de los más apartados después, invadió el territorio donde la plata se encontraba a flor de tierra en abundancia nunca antes vista. Andando los años erigieron aquí la ciudad más alta del mundo. En más de un siglo, el Cerro de Pasco y la cercana Villa de Pasco, se convirtieron en núcleos de una activísima laboriosidad minera. El primero como productor de inimaginables riquezas y, la segunda, como centro administrativo de tan desproporcionada grandeza. Los españoles eran dueños de todo. Sostenían que estaban autorizados por derecho divino a usufructuar las riquezas de las colonias. “España tiene título sobre las Indias porque Jesucristo, jefe de la gente humana, luego San Pedro y finalmente el Papa, dieron las tierras nuevas a los Reyes..”. En las leyes de la Indias, firmadas por los Reyes de España proclamaban que las tierras de América eran patrimonio exclusivo de la Corona Española. “Todos los minerales son propiedad de Su Majestad y derechos realengos por leyes y costumbres, y así lo da y concede a sus vasallos y súbditos donde quiera que lo descubrieran”. A poco de nacer la ciudad se registra la presencia de 1,156 españoles, cantidad que el siglo siguiente aumenta notablemente. “Esta región, a mediados del siglo XIX, contuvo un promedio de medio millón de habitantes (280 mil en 1833, 413 mil en 1850, 540 mil en 1862 y 581 mil en 1876). Comprendía pues de una cuarta a quinta parte de la población total del país, en un territorio apenas superior al cinco por ciento de su extensión”. En la Villa de Pasco comenzaron a funcionar las Cajas Reales, encargadas de controlar los ingresos fiscales emanados de nuestra cuantiosa producción para enviarlos a Madrid. ¡Claro!. A ¿Dónde más?.

Triunfante la lucha independentista en el Cerro de Pasco, se produjo la expulsión de algunos de los grandes mineros españoles, fieles al rey. Entre ellos, Juan Vives, que en 1823 huyó dejando incontables propiedades (Casas, minas, comercios, ingenios) que incluía sesenta mil cabezas de ganado por un valor estimado en 300 a 400 mil pesos. (Rematadas estas propiedades, fueron adquiridas por tres ingleses: William Cohcran, Robert Naylors y Archibald Guindal). Francisco Leaño, con bienes valuados en 100 y 500 mil pesos; Francisco Avellafuertes y Francisco Goñi, ambos refugiados en el fuerte del Real Felipe. Los mineros que no se opusieron a la libertad del Perú, no fueron afectados.
Desde finales del siglo XVI, el 16 de julio era un día muy especial para el Cerro de Pasco. Una semana antes, el ajetreo de los preparativos había puesto en inusitada movimiento a las gentes, fueran chapetonas o no. Se celebraba a la matrona de los ibéricos, la Santísima Virgen del Carmen. La noche anterior -víspera- a la puerta de la Beneficencia Española se aglutinaba un pueblo creyente y alegre; las autoridades a la cabeza. El local estaba iluminado en toda su extensión. Por ventanas altas y bajas, el brillante resplandor de los salones interiores, pasadizos y patios, iluminaban los alrededores. La Banda española de músicos, con uniforme de gala, ocupaba el principal emplazamiento; las de la Slava, Cosmopolita y Policía, la escoltaban. En hermosa competencia interpretaban toda la noche aires de fanfarrias, marchas, pasodobles, zarabandas, jotas aragonesas y pasacalles. Mientras tanto la intermitencia sonora de triquitraques, la saltarina explosión de buscapiques y el estruendo de cohetes de tres tiempos, iluminaban de vivos colores la noche azul. Era la parte más sonora y popular de la serenata a la Virgen del Monte Carmelo. Damas y caballeros, emperifollados con abrigadoras prendas de lana, chalinas, y bufandas y sombreros y guantes y manguitos. Las bebidas calientes circulaban pródigas a cargo de solícitos mozos. Ponches de coco, mixtelas y suave jerez, para ellas; mistral, manzanilla, ajenjo, y pisco, para ellos.
Emocionados se abrazaban cuando a las doce de la noche un clarín seguido de ensordecedores cohetes, anunciaba la llegada del día central. Las bandas en contrapunto –una detrás de otra- hacían escuchar alegres composiciones populares. Los españoles entonaban su canción nacional, después, emotivos discursos con abundantes remembranzas. Un momento más tarde, los principales y sus mujeres se retiraban a descansar mientras el pueblo se alegraba como nunca.

Ven Señora a quien adora
el indio y el español
que se halla sin vida el sol
mientras no llega la aurora.

Con tu venida mejora,
las luces que al mundo envía;
que mucho que con dos soles,
nos parezca grande el día.

Ven Señora Amada,
reina de nuestras vidas,
luz de nuestra existencia,
Salvadora Omnipotente.

En este tu día amado,
derrama tu excelsitud,
a raudales hacia tus hijos
que te adoran sin medida.

Virgen del Carmen, bendita,
Reina de nuestra ciudad,
coronada con su nieve,
adornada con su plata.

Desde las primeras horas del Día Central, anunciado por resonantes bombardas desde las alturas del Uliachín –cerro tutelar de la ciudad- los invitados llegaban al oratorio de la Virgen ubicado al costado izquierdo del edificio español. Allí estaba Ella, resplandeciente en su hermosura divina. Traída de España a fines del siglo XVI presidía la fe de los españoles. La colocaban sobre un anda con peana de plata y pana marrón para transportarla hasta la iglesia matriz de Chaupimarca. Ubicada muy cerca al Altar Mayor, presidía la ceremonia. La misa solemne era cantada por tres sacerdotes venidos de Lima. Estaban presentes todas las autoridades, las hermandades religiosas, el pueblo católico y, ocupando el coro, la gran orquesta austro húngara dirigida por Markos Bacie, extraordinario músico vienés, la soprano Sofía Amich, la contralto Emilia Kamerer y el barítono Abel Drouillón, de la misma nacionalidad, que interpretarían piezas selectas de música religiosa.

Llegado el momento de la Homilía, el sacerdote decía que se estaba cumpliendo con un deber cristiano de rendir homenaje a la “Stella Maris”, la Virgen del Monte Carmelo que, el 16 de julio de 1251, en Cambridge (Inglaterra), entregara su escapulario al general de la orden, Simón Stock, con las palabras siguientes: “Toma, amado hijo este escapulario como símbolo de mi confraternidad y especial signo de gracia para vos y todos los carmelitas; quienquiera que muera con esta prenda, no sufrirá el fuego eterno. Es el signo de la salvación, defensor de los peligros, prenda de la paz y de esta alianza”. El sacerdote puntualizaba que todo aquel que lleve el escapulario, tendrá una protección especial en el momento de su muerte. Caló tanto en el ánimo de la ciudadanía esta afirmación que una gran cantidad de mujeres llevaban el hábito bendito; las que morían, eran amortajadas con el hábito de la Virgen el Carmen.

Finalizada la misa solemne, ya de vuelta a su oratorio, era sacada en procesión por las calles céntricas. En su recorrido recibía múltiples manifestaciones de acatamiento y veneración. Cohetes y banda de músicos animaban al acto religioso y daban alegría al pueblo. En la tarde, auspiciado por el “Círculo Taurino”, en la plaza de toros se han presentado los más notables diestros españoles, mejicanos y peruanos de la época, en un lleno impresionante. Las señoritas de la sociedad han participado en el desfile con carros alegóricos, ataviadas de manolas con elegantes vestidos, peinetas, mantones, sombreros cordobeses. En los balaustres de las carretas se lucen las banderillas y enjalmes que han confeccionado para la corrida. Durante todo un mes se realizarán corridas debidamente programadas. En otros escenarios especiales se han efectuado peleas de gallos con grandes apuestas; en la noche, a teatro lleno, en los amplios salones de la beneficencia, se presentaron los más prestigiosos conjuntos españoles de zarzuela. La fiesta recién culminaba al cumplirse el mes.

La Virgen del Carmen sigue teniendo –como antaño- una respetable cantidad de fieles que magnifican su festividad. Su vigencia es tanta que, el Colegio Industrial Femenino Nº 31, por consenso de profesores, alumnos y padres de familia, ha sido denominado con su santo nombre, a iniciativa de su directora, la profesora Victoria Vizurraga Cuenca. Desde entonces, con mucho honor y prestancia, la comunidad carmelina, honra a su matrona.

LA RADIOTELEFONÍA CERREÑA

01.- Los inicios de la radiotelefonía en el mundo.

El histórico itinerario de la Radiotelefonía comienza en 1887, cuando el científico alemán Enrique Hertz, descubre que en el espacio existen ondas electromagnéticas que sirven para la transmisión de sonidos. Esto dio origen a la radio. El siguiente paso se da en Pitsburg, Estados Unidos de Norteamérica, cuando la compañía Westinghouse decide poner la radiodifusión a nivel de consumo popular. Aprovechando las elecciones presidenciales en noviembre de 1920, se usa por primera vez el invento que Marconi había hecho conocer en 1896. Aquel acontecimiento puso de vuelta y media a la poderosa nación. A partir de entonces, con una competitiva alternancia, los otros estados comenzaron a poner en funcionamiento bien montadas estaciones radiodifusoras. Simultáneamente, las casas fabricantes de aparatos radiorreceptores lanzan al mercado una serie de modelos desde los más sofisticados hasta los más populares y económicos. Aquellos aparatos generalmente enormes de finos muebles de madera con un laberinto de circuitos, alambres, interruptores, condensadores y tubos servían para recibir las ondas de las estaciones transmisoras.

Este acontecimiento atrajo la atención de todos los países del orbe que con ímpetu entusiasta deciden entrar en este mundo que abría insospechadas perspectivas futuras. El Perú, lógicamente, no podía ser la excepción.

02.- La radiotelefonía en el Perú.

Fue el ingeniero Alfonso Pereira, hombre talentoso y emprendedor, que realiza sus primeros experimentos en aquella Lima todavía conservadora de los veintes. Comienzan en 1922 y llegan a 1924. Inicialmente, con un equipo de escasísima potencia, construido por él mismo, transmitiendo sesiones musicales utilizando el piano de la casa y el teléfono familiar. Era indescriptible su emoción cuando personas que vivían a diez cuadras de distancia le informaban que habían recibido la señal. Estos reportes le acicateaban para seguir la tarea con especial denuedo hasta que, a comienzos de 1925, recibe alborozado cartas de Trujillo, Cusco, Chiclayo, Arequipa… en las que le informaban que habían escuchado las audiciones con mucha claridad. Fue suficiente. A partir de entonces, un grupo de hombres convencidos de las grandes posibilidades de la radiotelefonía en nuestra patria, decide conformar una compañía que trabaje adecuadamente esta novísima maravilla. Para mayo de 1925, César Coloma, Santiago Acuña, Fernando Carbajal, Luis Tirado, Pablo Widmer y H. Ford, conforman la PERUVIAN BROADCASTING AND Co. Su misión, trabajar comercialmente la radiodifusión. A partir de entonces arrecian los experimentos y la organización. EL COMERCIO en su edición del 30 de mayo de 1925, decía: “El público se interesa cada vez más por estas audiciones. El recitado de anoche y la corta alocución que los aficionados oyeron a las diez, fueron emitidos por el señor Antonio Garland, cuya voz pasa bien por el micrófono. El “speaker”, claro como una campana, con vago acento que delata su larga permanencia en Nueva York y Pitsburg, sede de las grandes transmisiones”.

Por su parte, la revista MUNDIAL, refiriéndose a la naciente industria nacional, dice: “Poseer hoy un aparato de radiotelefonía es colocarse en condición de hacer la vida más llevadera, menos ingrata y disponerse, además, a situarse en un plano superior que sería difícil determinar hasta qué extremos fantásticos puede llegar”.

Por fin después de muchos preparativos a imagen y semejanza de una radiodifusora londinense inauguran solemnemente la primera radioemisora del país, O A X el sábado 20 de junio de 1925. A las 11.30 de la mañana, en medio de la expectativa general, contando con la presencia del Presidente de la República se da inicio a la ceremonia de inauguración. El Maestro de ceremonias es el estudiante universitario Juan Fernández Stoll, primer locutor oficial del Perú. Tras las brillantes intervenciones del poeta José Gálvez Barrenechea y música de la Academia Nacional de Música “Alzedo”, hace uso de la palabra el Presidente don Augusto Bernardino Leguía. La expectación es tremenda. La gente limeña que se ha arremolinado en torno a los gigantescos parlantes instalados en la Plaza de Armas y en la Plaza San Martín, observan incrédulos aquel acontecimiento. Parecía increíble que un hombre que estaba hablando en la Plaza Mayor pudiera ser escuchado, sin ningún esfuerzo, en la Plaza San Martín. Al respecto, EL COMERCIO de aquel día dijo: “La nitidez” absoluta de la transmisión, reflejada especialmente cuando habló el Presidente Leguía, tanto en la Plaza Mayor cuanto en la Plaza San Martín, donde fueron instalados receptores especiales fue de enorme calidad. Los comentarios del numeroso público que se congregaba fue de perplejidad”.

Esta emisora que en cuatro metros cuadrados del jirón Washington realizaba sus transmisiones, tenía como Director Artístico a don Antonio Garland y locutores oficiales a Juan Fernández Stoll y a Rosita Hernando. Su potencia alcanzaba a un watio y medio solamente.

La exitosa excursión de OAX en el novísimo dial de la radiotelefonía fue extraordinaria. Ello determinó que no sólo comenzara a venderse numerosísimos aparatos receptores, sino que incitó al espíritu empresarial de algunos limeños. Uno de ellos fue el ingeniero Roberto Grellaud, propulsor de un taller de reparaciones de automóviles en la Avenida Abancay. Contando con la colaboración de Alfonso Pereyra, inaugura la radio que lleva su nombre: GRELLEAUD, con 25 wats de potencia y en 1,200 kilociclos de frecuencia. La radiotelefonía avanzaba notablemente.

Imbuidos del más vivo entusiasmo, los hombres de radio deciden realizar una proeza que hasta entonces no se había intentado: Transmitir un partido de fútbol.

03.- Se inician las transmisiones deportivas en el Perú.

Con enorme aparato transmisor, laberínticas antenas y alambres desde el viejo estadio de madera de la calle José Díaz, se transmitió el match de fondo. Los héroes de aquella hazaña fueron: Germán Gallo Porras y Jorge Vargas Escalante. Primeros locutores deportivos del Perú. Fecha: 28 de julio de 1927.

Hay otros hitos igualmente importantes en la historia de la radiotelefonía deportiva del Perú. “Juan Sedó fue el primero que con una visión futurista se percató de la importancia que debía tener la radio en el área del Deporte(…) Sus primeros intentos se remontan al año 30 cuando desde Montevideo envió los primeros informes radiales de los resultados del Campeonato Mundial de Fútbol.(…) En 1936 marchó a Berlín y desde allí transmitió el partido Perú-Austria. Tan grande fue el interés que este partido había despertado en Lima que EL COMERCIO colocó parlantes en la calle y la multitud allí congregada escuchó emocionada el relato de Sedó. A partir de entonces, la historia es casi conocida.

Por lo demás, la transmisión de música grabada se torna espectacular. Bastaba con acercar el micrófono a la victrola y, listo. Asimismo se realizaban las transmisiones radiales desde el Parlamento y, en Semana Santa, el conmovedor Sermón de las Tres Horas.

Como el mantenimiento de la radio era muy oneroso, los “broadscasters” deciden cobrar un cupo anual de 20 soles a los usuarios que tenían sus receptores, pero como estos aportes no eran suficientes, deciden ingresar en la publicidad comercial. El éxito inicial se debe a Joaquín Azambuja que inicialmente, con mucho tino, pone un tope de 24 palabras en cada mensaje.

El lapso entre 1925 y 1935, fueron de pleno éxito artístico de la primera emisora peruana OAX. En esta década es presentada Columba Quintana, notable actriz mejicana que había consolidado una extraordinaria estructura de radioteatro. Es entonces que surgen: Pepe Ureta, Carlos Revolledo, Antonia Puro, Ernestina Zamorano, Teresita Arce y muchos artistas más. El año siguiente, OAX se transforma en Radio Nacional del Perú.

04.- La primera radioemisora oficial del Perú.

La etapa de transición de nuestra radiotelefonía culmina cuando el Estado, con el fin de irradiar la voz del Perú a todo el mundo, decide instalar una emisora oficial. Al costo de un millón de soles, instalan RADIO NACIONAL DEL PERU con una planta transmisora ubicada en San Miguel y los estudios en una casona de la Avenida Petit Thouars. Corría el año de 1936.

Para 1944, el Perú contaba con 500 mil receptores. La preferencia del público se lo disputaban: Radio Nacional, Radio Lima, Radio Callao, Radio Central, Radio Mundial, Radio Miraflores, Radio Internacional y Radio América, en la capital. Aquí consideramos necesario indicar que fue Arequipa la primera provincia que realiza actividad radiofónica debido al entusiasmo del pionero Luis Anciaux, en 1926. Después vendrían Cusco, Ica, Huancayo, Trujillo, Chiclayo.

05.- Se inicia la radiotelefonía en el Cerro de Pasco.

El 9 de noviembre de 1937, fue significativamente histórico para nuestra ciudad. Con la masiva asistencia de las autoridades locales y un enfervorizado público colmando todo el ámbito del Kiosko Escardó, se iniciaba solemnemente la radiotelefonía en el Cerro de Pasco.

Un juego de potentes altoparlantes colocados en la parte alta de la glorieta citadina, se difundía programas de radio transmitidos desde Lima con admirable claridad. En medio de expectante atención se escuchaba la cálida voz de delicados matices de la primera locutora del país, Rosita Hernando. Verdaderamente embelesados seguían las palabras de Juan Fernández Stoll, pionero de la radiotelefonía peruana a través de la poderosa OAX.

Este simple pero significativo aparato inicial de nuestra radiotelefonía había sido instalado por el Cuerpo de Seguridad del Cerro de Pasco en su sede institucional de la calle Parra desde donde irradiaba las ondas que recibía el radiorreceptor. Dos turnos de transmisión se instauraron. El primero que comenzaba a las doce del día hasta las dos de la tarde; el segundo de siete a doce y media de la noche. En ambos turnos los cerreños se arremolinaban en torno de la pérgola radial y entre animados comentarios escuchaban novedades musicales y algunas noticias de la primera emisora nacional.

La consecución de este logro cultural y técnico para nuestra tierra se debe a la iniciativa y tesonero trabajo del Teniente Comisario de la Guardia Civil, señor Medardo Castillo López, quien obtuvo del Alcalde Accidental, don Isidoro Borcic, su más amplio apoyo ya que los aditamentos para la instalación se adquirieron a costas de la Municipalidad Provincial de Pasco. El constructor de estos modernos y casi desconocidos aparatos, fue el técnico, señor Eduardo O’Connor.

06.- RADIO RANCAS, la pionera,

La inquietud sembrada por O.A.X en el Perú encontró eco en el Cerro de Pasco. Un grupo de emprendedores socios del “Centro Cultural Deportivo Rancas”, encabezados por don Rodolfo Maldonado Madrid, decide transmitir sus propios programas de radio. Para ello piden a dos técnicos brasileños residentes en nuestra ciudad, los hermanos Dos Santos Couto, para que instalen un transmisor local. Había que efectuar un fortísimo desembolso económico. El 11 de enero de 1945 se apersonaron ante los funcionarios del Banco Popular del Perú los siguientes personeros de Radio Rancas: Antonio Dianderas, Presidente; Augusto Mateu Cueva, Director de Cultura y Radio y Rodolfo Maldonado Madrid, Secretario General de la Dirección de Cultura. Los funcionarios del Banco Eduardo García Calderón y Enrique Mancilla, acceden a efectuar un préstamo de S/. 2,000.oo (Dos mil soles de oro) con el aval del comerciante Leonidas Gamarra. El delegado en Lima, Justo Armando Cabello Cuadrado, realizaba las gestiones ante la Dirección de Radiocomunicación del Ministerio de Gobierno y Policía. Así comenzó a funcionar esta emisora. En aquel entonces vivíamos los momentos más dramáticos de nuestra vida política. El doctor José Luis Bustamante y Rivero era el Presidente de la República; el Ministro de Gobierno y Policía, Manuel Apolinario Odría Amoretti, hijo de una dama cerreña. Este tirano cancela la licencia de Radio Rancas mediante Resolución de 23 de setiembre de 1947 por haber “difundido conferencias de carácter político” cuando en realidad eran conferencias culturales. No olvidemos que este mismo sujeto –Odría- cerró definitivamente el diario decano del Centro del Perú: EL MINERO.

07.- RADIO AZUL, la primera emisora comercial.

Era el sábado 13 de octubre de 1945, cuando comienza a funcionar la primera emisora comercial cerreña: RADIO AZUL. Se inaugura sus estudios en la calle Grau, altos del cine Grau, apadrinado por el señor James Stewart, alto representante de la Compañía norteamericana y la señora Juana M. De Peña.

En el “Boletín Oficial” de la Asociación Internacional de Radiodifusión, se publica el siguiente: “UNA HERMOSA PAGINA PARA LA HISTORIA DE LA RADIO AMERICANA”..- En julio de 1945, Félix Martinench Ruiz y Rodolfo Maldonado Madrid, se reúnen con el fin de implantar una radioemisora comercial, también estaban presentes, Félix Luis Llanos, Marcial Llanos, José Ridia L, y Teodomiro Huayanay, fundadores de OBX-4B RADIO AZUL. En seguida se conntrató los serviciosde dos técinos para la construcción de un equipo de 100 watts. El resultado del equipo construido es nulo… Su alcance no excede el perímetro de la ciudad y a los pocos días de inaugurada de malogra definitivamente. Se sufre el primer fracaso. Los gastos han sido muy fuertes. La planta transmisora se coloca a 100 metros fuera de la ciudad. Es la primera emisora de provincia que cumple con el Reglamento. Aún cuando la suerte nos ha sido adversa, no se desalientan los muchachos de Radio Azul. Se llega a un acuerdo: traer otro equipo que llene las finalidades que se desea cumplir, y es así que por intermedio del ingeniero Alfonso Pereyra se adquiere uno nuevo de la famosa marca HALLICRAFTERS con una potencia en antena de 325 watios, llevándose a efecto una nueva inauguración el 17 de mayo de 1946, con un programa extraordinario. Su primera directiva: Presidente del Directorio, Félix Martinench Ruiz; Vicepresidente, Teodomiro Huayanay; Radiotécnico, Rodolfo Maldonado Madrid; e integrando la sociedad, los señores: Marcial Llanos, Félix Luis Llanos Alvarado, y José Ridia Lima. Después de algunos meses, se lleva al seno de la empresa a otros elementos progresistas y éstos son los señores: Gerardo Patiño López, Flaviano Llanos M y Diógenes Llanos J. Radio Azul, no obstante el corto tiempo ocupa uno de los lugres. Innumerables reportes llegan procedentes de lugares apartados de la República y del extranjero con frases de elogio y estímulo para los diferentes programas que se irradian.

Con las siglas OAX – 4B “La Voz Andina del Perú”, tuvo como locutores a José Ridia Lima, Félix Llanos Alvarado, Manuel Llanos Alvarado, Elías Trinidad González y los noveles Humberto Maldonado Balvín y Alfonso Boudrí Tello. Controladores: Diógenes Llanos y Manuel Llanos; Operador: Julio Cajahuamán. También tuvieron descollante actuación los intelectuales Daniel Florencio Casquero, Juvenal Augusto Rojas, Carlos Rodrigo Minaya; cantantes como Ernesto Castillo, Nila Meléndez, Julia Tello, “La Mariscala”, las hermanas Solís y otros. Los más espectacular eran las transmisiones bailables de todos los sábados de diez de la noche a las dos de la mañana con la animación de las orquestas lugareñas: “Paredes”, “Yacolca”, ”Los Chavelanos’, “Andamayo”. Aquí actuaron los miembros del trío criollo más famoso del Perú: “Los Trovadores del Perú” integrado por Oswaldo Campos Javier González y Miguel Paz.

Esta emisora cumplió notable actuación con motivo del terremoto del 1º de noviembre de 1947 que arrasó con grandes extensiones de nuestro territorio. “En los altos del cine Grau, convocados por su Presidente de Directorio, don Félix Martinench Ruiz, se reunieron Teodomiro Huayanay, Flaviano Llanos y Gerardo Patiño Lúpez y dispusieron la inmediata apertura de la radio. Desde aquel mediodía del primero hasta las doce de la noche del tres de noviembre estuvieron en el aire ininterrumpidamente. En la banda de los 49 metros en onda corta y cubriendo todo el territorio nacional, la voces de Rodolfo Maldonado Madrid, José Ridia, Félix Llanos, Elías Trinidad González, Humberto Maldonado Balvín, se escucharon por las emisoras que entraron en cadena con radio Azul: Radio Nacional de Lima, Radio Huancayo, Delcar de Chiclayo, y Radio Continental de Arequipa. El puente radial que se estableció con los pueblos del Perú, sirvió para informar los pormenores del sismo y realizar un intercambio de notas entre los damnificados y sus familiares residentes en otros lugares de la República”

Durante tres días y tres noches sirvió de puente de comunicación con el resto de las ciudades del Perú y del mundo. La prensa peruana halagó esta medida.

Como si todo lo expresado fuera poco, Radio Azul era el nexo mágico entre nuestra tierra siempre vigente y hermosa y los hombres y mujeres que habían dejado el terruño. Escuchar sus ondas con una claridad extraordinaria y enterarse de la vida de nuestro pueblo era tan emocionante que -lo hemos comprobado personalmente- arrancó más de una lágrima de los que, no obstante la distancia siguen amando a ese pedazo de tierra que los viera nacer.

Cuando las dificultades económicas comenzaron a atentar contra la estabilidad de RADIO AZUL, surge una nueva y pujante emisora en el dial cerreño: Radio Minería.

08.- Radio Minería, una emisora cultural. El Instituto de Minería (Hoy Colegio Industrial), gracias a la iniciativa de su profesor de electricidad, don Eduardo O’Connor, instala un transmisor acondicionado totalmente en sus talleres. El alcance de la emisora era muy precario puesto que abarcaba solamente el territorio cerreño, pero mediante sus ondas cumplía una labor verdaderamente edificante.

Con una emisión que comenzaba diariamente a las cinco de la tarde y se prolongaba hasta las diez de la noche, RADIO MINERIA irradiaba interesantes programas de difusión cultural con la participación de los más connotados intelectuales de aquellas horas. Difundía las inquietudes artísticas de todos los conjuntos musicales y solistas de renombre. Muchísimas figuras desfilaron por sus micrófonos. Se descubrieron innumerables artistas y como no se difundía ni una sola publicidad comercial, se irradiaba sólo música que causó sensación en aquellos momentos. Los oyentes estructuraban la programación de Radio Minería teniendo en cuenta la amplia discoteca de música popular con que contaba. De sus registros de personal que laboraba ad-honorem se registra a Jesús Ramos, Alfredo O’Connor, Julio Arias y César Pérez Arauco.

09.- Radio Corporación, la triunfadora.

Gracias a la iniciativa de Humberto Maldonado Balvín, Félix Martinench Ruiz, y Flaviano Llanos, esta novísima emisora se inauguró el 17 de setiembre de 1945. El aparato transmisor de 300 watts que lo sustentaba fue construido por Jesús Pomalaza Baldeón a un costo de cien mil soles oro; la torre irradiante de 50 metros de altura fue construida e instalada por la Cerro de Pasco Copper Corporation. Más tarde llegaron otros socios a engrosar la lista de propietarios de Radio Corporación. Entre ellos Rafael Herrera Astete, Alejandro Núñez y Alfonso Boudrí Tello.

La labor de Radio Corporación fue altamente constructiva. En primer lugar, afloró un periodismo lúcido y brillante, liderado por Daniel Florencio Casquero, Director del radioperiódico ALTURA que se llegó a constituir en el “palpitar del pueblo” no sólo por lo acertado y frescura de sus noticias sino también por sus campañas de bien común que concluyó en una apoteósica celebración del centenario del nacimiento de nuestro mártir Daniel Alcides Carrión, en mayo de 1957. Una extraordinaria delegación de científicos, periodistas y hombres de diversas ramas de nuestra cultura llegan a nuestra tierra para rendir su más ferviente homenaje al más brillante cerreño de todos los tiempos.

En el plano periodístico, además de Casquero, descolló también Humberto Maldonado con su programa “Ventanazos’, Juvenal Augusto Rojas, con “Pluma Arterial”, Carlos Rodrigo Minaya con sus comentarios de actualidad, Máximo Huamán Olivas en su programa de música vernacular “Copitos de Nieve”; Carlos Reyes Ramos con comentarios culturales; de igual manera Guzmán Varillas Basurto, y muchos otros. En el plano del arte teatral, César Pérez Arauco fundó el Teatro de Corporación en el que presentó numerosísimas obras de calidad con un elenco extraordinario.

En el plano deportivo no sólo instituyó las transmisiones semanales de los deportes como Fútbol, Voley y Básketball mediante el programa CORPORACION Y EL DEPORTE, sino que se hizo una escuela de locutores deportivos de donde salieron los más brillantes narradores que tuvo nuestra ciudad, entre los que podemos citar a Jorge Soria Méndez que fue el primero en transmitir un campeonato mundial desde Alemania; Enrique Rodulfo Valenzuela, Pepe Illanes, Rodolfo Valenzuela y otros más. Lo más saltante de su periplo deportivo fue la transmisión de un partido interprovincial que se jugó en Tarma entre las selecciones de Pasco y Huánuco por el Campeonato Nacional. Hasta ese momento jamás se había efectuado una transmisión de esa magnitud. El elenco de aquella transmisión estuvo integrado así: Humberto Maldonado Balvín, César Pérez Arauco, Alfonso Boudrí Tello, Luis Félix Llanos Alvarado, Nicanor Goyena Robles, Esteban Santiago Rodríguez y Jesús Pomalaza Baldeón. Por aquellos años se propició El Campeonato Mundial de Permanencia en Bicicleta que lo batió Raúl Salvatierra, un cerreño extraordinario. Igualmente se batió el record mundial de permanencia en automóvil que lo batió Joaquín Suárez Esbiza. Esto, además de muchos campeonatos que organizó para las divisiones infantiles y juveniles con el consiguiente descubrimiento de nuevos valores para nuestro deporte.

“Los Mensajes Musicales” constituyeron todo un éxito así como su programa “La Hora Infantil”. Cada día, de lunes a sábado, a partir de la cinco de la tarde, desfilaban por su escenario los mejores conjuntos y solistas de la música vernacular, criolla e internacional auspiciados por las casas comerciales. Se recuerda todavía la actuación, de Raúl Show Moreno y los Peregrinos, Angel Infante y sus mariachis, Washington y Rolando Gómez junto a Oscar Bromley, “Los Chamas”; Rómulo Varillas, Carlos Correa y el chino Rodríguez, “Los Embajadores Criollos”; El Cholo Berrocal, Los Morochucos, Jesús Vásquez, Los Dávalos, Los Aguarunas, Irma y Oswaldo, Luis Abanto Morales con Rafael Amaranto y Modesto Pastor y la temporada extraordinaria que efectuaron Lucas Borja, Guillermo Chipana y Julio Alvarez , “Los Romanceros Criollos”.

El personal que laboró en ese entonces: Humberto Maldonado Balvín, Alfonso Boudrí Tello, César Pérez Arauco, Gustavo Malpartida Muguruza, Enrique Rodulfo Valenzuela, Jesús Ramos, Alfredo O’Connor, Eduardo Mayuntupa, Carlos Montero Navarro, Elías Trinidad González, Félix Luis Llanos Alvarado.

10.- Radio Pasco.

Se inauguró el 18 de octubre de 1958. Retirados de Radio Corporación por insuperables divergencias, Humberto Maldonado, Alfonso Boudrí Tello, Luis Rosazza Atencia y Jesús Pomalaza Baldeón, deciden fundar esta nueva emisora que, en su momento, cumplió un papel de amplia difusión de nuestra capacidad artística. Trabajaron en sus filas: César Pérez Arauco, Augusto Melvin Pérez, Enrique Rodulfo, Julio Baldeón y Jorge Soria en los primeros tramos de su historia.

Se recuerda que, a poco de fundada la Radio, se recibió una delegación de artistas de radio América que venía buscando locutores y artistas para la Televisora que proyectaban abrir en Lima. El programa dirigido por Humberto Vilchez Vera se llamaba “Filmando Esperanzas”. Al final fueron contratados tres artistas y dos locutores pero, por razones de orden contractual todo quedó en nada.

11.- Radio Altura.

1985, marca el hito de una nueva época de nuestra radiotelefonía. Después de varios meses de prueba, sale al aire la emisora que, en la actualidad, ostenta el cetro de la calidad a través de todos sus programas. RADIO ALTURA. Inaugurado el 8 de diciembre de 1985, su propietario y propulsor, Oswaldo De la Cruz Vásquez reúne en su entorno a Eduardo Mayuntupa, Roberto Casquero, Jorge Meza Andamayo y Anderson González Ureta (Periodistas). Su locutores iniciales fueron Julio Palomino Chacón, Luis Barba y Lucho Povis Portal; actualmente una brillante promoción de locutores siguen en la misma ruta de triunfo. Esta emisora, fatalmente fue atacada por los terroristas que la volaron, logrando acallarla por doce meses; sin embargo, sin bajar la guardia, los directivos se rehicieron teniendo que comenzar de nuevo y, al año, en 1990, 17 de diciembre, nuevamente sale al aire. El siguiente año, utilizando la vía satélite, abarca todo el territorio nacional con una gran calidad.

Con posterioridad se fundaron varias emisoras radiales de las que nos ocuparemos próximamente.

“Tico” Del Valle Fernández

“La noticia escueta y dolorosa se difundió rápidamente. Una emisora local convocaba con urgencia a los familiares a hacerse presentes en Huancayo. Allá, en forma súbita, acababa de fallecer don Teodoro Del Valle Fernández. El pueblo cerreño se estremeció de dolor. Pero… ¿Era posible?. Y siguiendo la inveterada y ancestral costumbre nos preguntamos; pero…¿Cómo? si hace unos días nomás hemos estado hablando con él?. Era cierto. La semana anterior lo habíamos encontrado recorriendo las amadas calles de su Cerro con su tristeza a cuestas y su infaltable boina negra. Con su sonrisa paternal y sus palabras cariñosas cargadas de recuerdos. ¿Quién podía imaginarse que unos días más nos dejaría…?!…¡¿Quién…?!.

Ahora que sus despojos yacen arrullados por el suave rumor del Mantaro, entre molles, retamas y jilgueros, allá en la Incontrastable; con el dolor que su partida nos ha suscitado, anegados de dolor, musitamos nuestro emocionado recuerdo.

Primeramente nos remontamos a la cercana tierra de su cuna, inacabable emporio de leyendas y antracita, de combates y tragedia: Goyllarisquizga, “Donde cayó una estrella”. Allá donde su niñez transcurriera guiada por paternales cuidados; donde sus primeras inquietudes nacían a la par que su adolescencia y su vida descubría nuevas perspectivas y nuevos horizontes. Allá donde preparaba su inteligencia y sus músculos en las aulas y en los campos de fútbol, alternando los éxitos y los reveses en el SPORT GOYLLAR, CLUB DE TIRO, o con el A.D.A, emporios millonarios de históricas jornadas. Allá donde comenzó a descubrir el maravilloso significado de las notas musicales, de aquellos mágicos símbolos que encierran un inacabable margen de posibilidades. Desde entonces confió a ellas sus más recónditos secretos, arrancándoles sus más intrincadas dulzuras. Así, en su juventud, etapa en la que el hombre es más puro, más heroico, determinó abrazar la carrera que más que ninguna otra requiere de entrega, de amor, de grandeza. Decidió ser MAESTRO. Lió sus bártulos y –quijote de una quimérica empresa- salió a recorrer el mundo llevando el bagaje de sus conocimientos, de su cariño, de su simpatía. ¿Qué parajes no lo han visto pasar en ese inacabable peregrinaje?. Estuvo en aquellas aldehuelas que se pierden entre las nubes, blanqueadas de nieve y ateridas de frío; en las abrigadas quebradas de eucaliptos, molles y retamas; en la selva calurosa y olvidada; en los villorrios mineros donde los niños aprenden a convivir con la tragedia. En todas partes. En cada uno de estos lugares, dejó un recuerdo, dejó sus enseñanzas, en tanto las promociones educativas iban sucediéndose año tras año. En su vida jamás tuvo una palabra de desaliento o cansancio, de hastío o de queja. No. Desde el primer instante supo que el maestro es el único que coge su cruz y sigue al Nazareno. Así, sin un reproche, sin una imprecación, sin una queja, cargó con su cruz durante cuarenta años. Ocho lustros y un puñado de canciones –flor de su alma- ; un cúmulo de alegrías y penas, decenas de escuelas, docenas de amigos, centenares de alumnos y una vida dedicada al servicio, a la enseñanza, al sacrificio. Un apostolado que constituye una heredad que pocos, poquísimos hombres, pueden dejar.

Un día, cuando el cansancio domeñaba su cuerpo, decidió retirarse. Sus ojos habían perdido el brillo y el acierto de los primeros años y ya le costaba trabajo descifrar el secreto del pentagrama; sus músculos lasos y cansados, no daban para más; el corazón se le anudaba cada vez que el dolor le acicateaba. No, ya no era el de antes. Tuvo que retirarse y, es en ese momento que a costa de su dolor, recibió su última lección. Le revelaron claramente que vivimos en un mundo de egoísmo y maldad; un mundo sitiado por bandoleros, saturado de inconscientes y de egoístas; un mundo intoxicado de injusticias y maldad; de ingratitudes y soberbia.

Cuando se retiró de su escuela, nadie le dijo nada. Ni un hasta luego, ni un gracias, ni un adiós; como si la vida fuera eterna, como si los mezquinos jamás habrán de llegar a viejos. El se fue en silencio, adolorido, pesaroso. ¡¿Había hecho mal en entregar su juventud a la formación de tantos hombres..?!. No. Fue muy grande para creer tal cosa y tal vez, escondiendo una lágrima entre sus ojos cansados, se retiró. En aquel momento tuvo la esperanza que sus documentos serían tramitados rápidamente. Se equivocó. No fue así. Diariamente estuvo esperando que la superioridad le hiciera justicia. “Vuélvase mañana” era el estribillo que lo atormentaba. ¡¿Hasta cuándo?!. Durante días, semanas, meses, y años estuvo mendigando que le reconocieran su esfuerzo. Nada. Entonces, para sobrevivir, tuvo que desempeñar otros oficios, otros menesteres; entretanto los poderosos, los que juegan con la vida y el destino de los demás, no le hacían caso, hasta que hace pocos días, su corazón resentido se quebró en mil pedazos. Posiblemente en esos momentos los egoístas se apresuraron a archivar su caso. Seguramente. Total, para estos sátrapas, Teodoro del Valle Fernández era tan solo una ficha, un número, un nombre sin importancia; total, era tan sólo un maestro, un don nadie en el diccionario de los ingratos, de los egoístas, de los imbéciles; pero para nosotros fue un MAESTRO; un hombre que en tanto vivió nos alentó con su ejemplo, nos vivificó con sus palabras, nos deslumbró con su arte y nos encandiló con su sencillez y su grandeza.

Cuando pasen los años y la nostalgia nos haga evocar su presencia; cuando el ejército de ingratos no sea más que polvo ignaro sobre la tierra; polvo sin recuerdos ni huellas, polvos desconocidos y pútridos, él estará con nosotros a través del disco, de sus canciones, de su música. Y un día, sus nietos, sin haberlo conocido, se estremecerán con un huayno que desde el disco nos estará regalando, porque es bueno que los egoístas sepan que los hombres no mueren. Por eso, desde aquí, desde la distancia, no nos queda sino musitar nuestra plegaria para que el Todopoderoso le dé el descanso y la paz a que tiene derecho.

Gracias Tico, gracias, hermano, por todo lo que nos diste y, permítenos, que con el mismo calor con que lo compusimos, como una humilde siempre vida, entone como un respetuoso epitafio la muliza que ambos compusimos.”