LA NEGRA RITA

Recuerdo claramente la tarde que llegó al barrio. Cuando cruzó el puente con paso menudo y cimbreante, rostros curiosos asomaron a las puertas siguiéndola con comentarios mal intencionados y picantes. Sólo los perros guardaron extraño silencio. El sol en lo alto iluminaba su fino rostro moreno de cabellos negros, ensortijados y cortos -a lo “garzón”–; enormes ojos de carbón, espectaculares labios carnosos y, naricita fina. Caminaba con pasos largos y acompasados según la longitud de sus piernas bien conformadas y su grupa altanera y provocativa. Llevaba dos maletas y una bolsa enorme entre las manos que no obstante su peso no le hacía perder la elegancia de su desplazamiento. Entró en la sala de la Casagrande y luego salió llevando una llave en la mano. Si dirigió a su “cuarto” y entró en él.

Las chismosas aseguraban que se llamaba Rita, que en la población la llamaban: “La negra Rita” y que en su lugar de “trabajo”: “La chalaca”. Que era, como los expertos lo aseguraban con voz en sordina, una experta en las artes del placer. Que a invitación de don Humberto Galantini, también chalaco, había ido a vivir al barrio -no obstante sus pecaminosos antecedentes- donde residían otros chalacos, arequipeños e italianos. Don Guillermo Arauco –dueño de todas las casas- aceptó con la condición de que en el barrio no ejerciera el meretricio y observara la más absoluta decencia y el pudor necesarios en consideración a las matronas. El trato fue terminante. Por eso vestía discretamente para no incomodar a las otras mujeres. Iba a las tiendas de los extranjeros donde adquiría artículos refinados para lucirlos en sus reuniones con sus clientes especiales. Periódicamente visitaba a los peluqueros franceses que la ponían radiante y hermosa. Eso sí, las visitas las realizaba cuando las damas de la sociedad no estuvieran. Era muy cuidadosa en ese detalle aunque muchas de esas señoras sabían de los devaneos de sus maridos con la negra linda.
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LOS ALEMANES EN EL CERRO DE PASCO

En 1845 el empresario de Breslau (actual República Checa) Carlos Pflucker, trajo el primer contingente de diecisiete operarios alemanes procedentes del Hartz (región metalúrgica de Alemania central) para trabajar en el Cerro de Pasco. Sin embargo, desavenencias con las autoridades locales y el sistema de trabajo hicieron fracasar el asentamiento de estos mineros extranjeros, con juicio de por medio, puesto que la idea era traerlos a manera de prueba para luego traer más inmigrantes alemanes. Tiempo más tarde, otro grupo de alemanes se asentó en nuestra ciudad. Fue una cantidad muy importante que, según el censo de 1876, es de 22 personas: 12 hombres y 10 mujeres. A este número hay que añadir a los que, en 1857, pasando rumbo a la colonización del Pozuzo quedaron en número de cincuenta entre los que estaban el cura Uberlinger, un médico, un relojero, un maestro de escuela y algunos braceros. De todos ellos, se habló mucho de los alemanes Herold que, aprovechando las excelencias de las aguas de Piedras Gordas, instalaron una cervecería utilizando la notable cebada del valle del Mantaro, levadura y lúpulo traídos directamente de Bavie¬ra (Alemania); Racquebrandt que heredó la cervecería; Nicolás Poehllmann fabricante de embutidos; Rubén Bauer, panadero, llegado con los “alemanes de Rodulfo”; Félix Lewandovsky, notable mecánico que tuvo brillante actuación en el Concejo Municipal y como Comandante de la Compañia de Bomberos.
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EL ATLÉTICO BANFIELD CLUB

De izquierda a derecha. De pie: Humberto Guzmán Gilián (Hincha); Miguel “Pecas” Dávila Ramos; Gaudencio “Gaucho” Martel; Máximo “Dume” Castillo; Eusebio “Loco” Pajuelo; Fortunato “Ropero” Melgarejo; Jesús “Jisho” Azcurra; Roque “Gacho” Pagán; Fermín “Flaco” Martel; Juan “Charol” Gamonal. En cuclillas: Rubén “Rube” Sedano; Jorge “Coco” Soria Méndez; César “Shisha” Pérez Arauco; Roberto “Bío” Soto y, Pablo “Trapo” Mendoza.
Alborotando los corros juveniles de los setenta se anunciaba la realización del “Campeonato Interbarrios de Fútbol” organizado por el diario “La Prensa”. Con el fin de participar en él, un grupo de jóvenes deciden fundar un club que representara al barrio de Ayapoto, populoso barrio minero de la Esperanza. Le pondrían un nombre impactante, moderno, llamativo, preferentemente argentino. Su prestigio determinó que fuera el “Atlético Banfield Club” que había sido fundado en Buenos Aires, el 21 de enero de 1896, cuando en el Cerro de Pasco se fundaban varios clubes del deporte traído por los ingleses al instalar el primer ferrocarril de la sierra en 1850.
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Los “Chancadores” de Metal

“Chancadores de metal”. A las puertas de las minas, estos hombres con combas de acero, trituraban el metal en sus correspondientes “batanes” para ser transportado a los ingenios en donde, en combinación con el mercurio (Azogue) se depuraba la plata. En algunas minas, estas tareas las efectuaban los mujeres. Con la llegada de los norteamericanos se modernizaron los trabajos correspondientes a la metalurgia.

Los ingleses en la “Capital minera del Perú”

Grupo de damas y caballeros ingleses en el patio de su consulado ubicado en el barrio de “Cayac” donde realizaban sus actividades. Establecieron estrechos lazos de amistad con nuestro pueblo que les tuvo enorme cariño.
Los primeros que avizoraron enormes posibilidades para nuestro pueblo, fueron los ingleses. El Imperio Británico había apoyado económicamente la causa de la independencia de América Española en venganza por el apoyo que España brindara a la independencia de las colonias de los Estados Unidos, pero también, por los intereses económicos que en ese momento estaban en juego. Vinieron unos tres mil voluntarios ingleses completamente armados a servir a la lucha por nuestra libertad. Esta ayuda les permitió cosechar préstamos y otras gollorías. Una de ellas fue la explotación minera de nuestra tierra. El Decreto correspondiente, decía: “DECRETO. Noviembre 25 de 1825: “Reconócese a los que escriben como directores y agentes de la Compañía Pasco Peruana establecida desde Londres para la explotación de las minas del Cerro de Pasco. En consecuencia préstese a la expresada sociedad por todas las autoridades de la República la protección que merece tan importante establecimiento en virtud de este decreto, que se insertará en la Gaceta del Gobierno, y expídase las órdenes oportunas al Administrador principal de Aduana para que permita la libre introducción tanto de las herramientas y máquinas que ahora se conducen en la fragata “Escorpión” de cuenta de la compañía para el laboreo de minas, como las que en adelante se introdujese conforme al artículo II del Reglamento de Comercio de 23 de setiembre de 1825.- Dos rúbricas, por orden de S. E. Firmado Larrea. Este mandato se cumplió a cabalidad y, apoyados por su gobierno, llegan a nuestra ciudad. Carlos Contreras dice de éstos: “Los operarios ingleses llegaron con salarios muy altos, pero pronto derivaron en alcohólicos e inútiles para el trabajo. Ver a blancos ocupándose de labores que tradicionalmente se consideraban trabajos de indios fue, además, una figura bastante incongruente para la población. Varios de los operarios ingleses se casaron con hijos de la aristocracia local y desertaron del trabajo minero empleándose en oficios más acorde con su condición racial”. Desde entonces pasaron muchos años. Después de instaurarse el Consulado de Su Majestad Británica en el Cerro de Pasco, fundaron el Banco del Perú y Londres el 2 de abril de 1872, en la desaparecida Calle Parra. Este Banco tuvo destacadísima actuación en nuestra economía. Por otra parte, dejaron establecida la costumbre de la puntualidad en los compromisos y establecieron la costumbre de los clubes, organismos que nucleaban a hombres de pareceres afines en lo social, costumbrista, religioso o deportivo. A partir de entonces en el Cerro de Pasco quedaron establecidos: El Club de la Unión, EL COPPER, EL TEAM CERRO, EL C . J .C. EL RAILWAY, ETC.

Otra notable cantidad de ingleses arribó para trabajar en la construcción del primer ferrocarril de la sierra que unía al Cerro de Pasco con los ingenios de Quiulacocha y Ocoroyoc (1885 – 1891). Muchos de estos rubios visitantes dejaron descendencia en la ciudad cuyos apellidos nos es grato recordar: Brown, Woolcott, Miller, Steel, Ferguson, Stone, Taylor, Wilson, Mac Donald, Myers, Slee, Thompson, Mac Evoy, Coleridge, Mac Lennan, Mac Intosh, Slee, O´Hara, Rowe, Brown, Cronswell, Stone, Campbell, Blair, Trocedie, Lees, Borondige, Mac Leod, Mac Carthy, Mac Kensie, Foster, Cronswell, Royton, Sutton, Flemming, Duffy, Winder, Yantscha, O´Connor…

La casi totalidad de jóvenes trajeron consigo la práctica del fútbol, un deporte naciente que en 1863 adquirió carta de ciudadanía en Inglaterra para irradiarse al mundo entero. En 1885 ya se practicaba con gran entusiasmo en la ciudad minera; los periódicos de la época, lo dicen. En 1909, es el primer conjunto provinciano que debuta en Lima venciendo al seleccionado nacional. A partir de entonces, dos o tres veces por año, los equipos cerreños visitaban triunfantes a la selección peruana hasta 1914 en que debido a la Primera Guerra Mundial, los ingleses abandonan el Cerro de Pasco para servir a su patria. Hasta ese momento, ningún equipo provinciano había jugado en Lima, sólo el Cerro de Pasco. (REFERENCIA: En oportunidad anterior hicimos conocer el episodio del fútbol)

Ramiro Ráez Cisneros


El año de 1919, llegaba un artista cuyo nombre engalana el añoso cancionero de nuestra tierra minera. Contaba entonces con dieciocho años; floridos y pujantes dieciocho años. Había concluido satisfactoriamente sus estudios secundarios en el Colegio Particular Santo Tomás de Aquino, había obtenido su profesión de Contador Mercantil, en las Escuelas Americanas de la ciudad de Lima. Ramiro Ráez Cisneros, llegaba pletórico de juventud y entusiasmo a nuestra tierra. No en busca de aventuras extrañas ni el logro de fáciles fortunas. Llegaba de Lima, a ocupar su cargo de Cajero de la Compañía Recaudadora de Impuestos, del Cerro de Pasco. Había nacido el 18 de abril de 1901, en la hermana ciudad de Huancayo; hijo del ilustre sabio huancaíno don Nemesio Ráez Gómez, prolífico escritor, notable maestro y autor de “La Historia de Huancayo”, y de la respetable dama, doña Guadalupe Cisneros Morón.

Su arribo a nuestra ciudad constituyó todo un acontecimiento. Como pocos, pronto se ganó el aprecio y el respeto de las personas más connotadas del pueblo; su simpatía, sus notabilísimas dotes intelectuales y su bonhomía, contribuyeron a ello. En muy poco tiempo se convirtió en el obligado contertulio de los más exigentes grupos cerreños; su talento comenzó a hacerse conocido a través de sus artículos periodísticos publicados en los más importantes diarios de la ciudad, de los que más tarde va a llegar a ser Director. VOZ DEL CERRO DE PASCO, EL PUEBLO, EL ESFUERZO, y el inolvidable HIPO.

El año de 1922 es invitado por don Herminio Cisneros Z -otro extraordinario intelectual de la época- que a la sazón se desempeñaba como Secretario General de la Municipalidad cerreña, para que sea su auxiliar. Su actuación en el cargo de Apoyo de Secretaría es tan brillante, que le gana el aprecio del Alcalde y de los concejales de entonces. Es tan valiosa la experiencia que alcanza que, ante el retiro a la ciudad de Ambo, de don Herminio, por su salud amenazada por la altura, es nombrado Secretario General titular.

Es precisamente en el año de 1922, cuando comienza a ser conocido por todo el pueblo cerreño. Su vena literaria, reforzada por un talento especial, alcanzó logros sin precedentes y sin continuadores notables en el campo humorístico. Se inició redactando los famosos “Bandos carnavalescos” que, cargados de humor y sátira, enfocaba los principales problemas de la vida ciudadana y las facetas humorísticas de los personajes más notables de la historia cotidiana y risueña de la ciudad; la gente fiestera reía a más no poder, y aplaudía las genialidades de don Ramiro, un humorista punzante y acertado, que había ganado ya el corazón del pueblo. Esta faceta interesantísima y saturada de verdadera genialidad, la redondeó con creces al publicar, “El Hipo”, periódico que se publicaba “cuando a su editor le venga en gana”, como decía en su presentación.

Si como humorista fue único, como escritor serio fue extraordinario. Estos rasgos serán tema de futuras semblanzas. Es a su estro poético popular al que queremos referirnos en esta nota. Queremos referirnos a su brillante faceta de compositor popular.

Sus creaciones populares como mulizas, huaynos, cachuas y chimaychas, que ha cantado y sigue cantando el pueblo, con especial delectación y regocijo, estaban cargados de sentimientos delicados y aliñados, acertadamente versificados, que preferentemente estaban destinados a celebrar la belleza de la mujer cerreña, de la que indudablemente fue su más alto y notable cantor. Tal es el caso de la inolvidable muliza “Calla Corazón” que en 1924 la dedicara a la más hermosa de las reinas que haya tenido el carnaval cerreño, señorita Isabel Ravelli Malpartida.

C A L L A C O R A Z O N
(Muliza)

Calla corazón, no llores, De la parca marcha en pos
mitiga tu sufrimiento, para dejar de sufrir
¿No ves que todo es tormento que no es posible vivir
y abrojos en vez de flores…? con el alma rota en dos.

Calla pobre corazón Calla corazón, no llores,
deja al tiempo que lave ni te quejes de tu suerte.
tus amarguras y acabe ¿No sabes que con la muerte
con tu ardorosa pasión. terminarán tus dolores…?

ESTRIBILLO

No te empeñes en llorar,
que el llanto no da consuelo;
¡Posible es que hasta en el cielo
padezca quien supo amar…!

Música de Luis Vivas y Vivas. Carnaval de 1924.

Como todos saben, el Cerro de Pasco fue uno de los pueblos que con más entusiasmo acogió el sugerente ejemplo del Presidente de la República de entonces, don Augusto Bernardino Leguía, que entre serpentinas, máscaras, chisguetes, confetti y alegría, celebraba con gran algarabía la fiesta de Momo. En el carnaval de 1925, don Ramiro Ráez dedica a la soberana de entonces, señorita Lucila Arias S.M. Lucila I, su hermosa muliza “Flor en capullo”. Desde entonces, el pueblo minero comenzó a llamarle cariñosamente: “El Pescador de Perlas”.

F L O R E N C A P U L L O
(Muliza en homenaje del Club Cayena a S.M. Lucila I)

Flor en capullo, te adoro Eres bella como el día
y te quiero con locura, que al tenerme en su regazo
te adoro porque eres pura, me diera amante un abrazo,
te quiero porque eres bella. su nombre al balbucear.

Eres pura como el beso Flor en capullo, los ayes
que cariñosa y ardiente, de mi canción que sentidos,
depositara en mi frente al llegar a ti son gemidos,
mi buena madre al morir. que brotan del pecho mío.

ESTRIBILLO
No te muestres a mi amor
esquiva, por compasión;
no disipes la ilusión,
primera de un trovador.

Música de J. A. F. Carnaval de 1925.

Cuando el año de 1926 el Colegio Americano implanta la sección secundaria en sus aulas, don Ramiro es ventajosamente contratado para desempeñar el cargo de Profesor de los cursos de Redacción Comercial, Matemática y Preceptiva Literaria; simultáneamente ejercería la enseñanza de esgrima en sus modalidades de sable, espada y florete.

Cada año, los clubes carnavalescos se disputaban las creaciones de este admirable poeta del pueblo que, desde 1922 hasta 1948 estuvo regalando las primicias de su talento creador a la llegada de las fiestas mencionadas. Remarcamos que muchas de sus canciones se forjaron al calor de la cotidiana tarea o de la reunión bohemia, como esta graciosa canción que hasta ahora se interpreta en las calles cerreñas: “El Aceitunal”.

EL ACEITUNAL
( Huayno)

Borrachito, a dónde vas, ¿Qué le darás si no tienes,
si no te puedes parar…? en el bolsillo ni un real…?
-Voy a casa de mi chola, ¡Deja, deja, le daré:
que me ha mandado llamar. Una de mi aceitunal….!

ESPUELA.
Ella dice que me quiere, ¿Dónde estará, ese licor,
aunque borrachito soy, cholita para olvidarte
porque todo lo que pide, falta valor,
con cariño se lo doy. Para olvidarte.
…… Falta valor.

Letra y música de don Ramiro Ráez (1937)

Por fin, después de tantos romances y tantas endechas, su corazón huancaíno reforzó las raíces telúricas que su canto había hecho nacer; contrajo matrimonio con la dama cerreña, doña Rebeca Malpartida Durán, con la que formó un hermoso, ejemplar y amoroso hogar que se alegró con la llegada de sus vástagos: Olga, Ramiro, Ernesto, César, Haydeé, Luis, Gustavo y Sidy.

Su creación poética fue el oasis de las diarias labores que como Secretario General de la Municipalidad Provincial de Pasco, como diligente Juez de Paz, como brillante periodista, como miembro de la Compañía de Bomberos y como bohemio, tenía que afrontar.

Su maestría de ameno conversador y bromista fino, es cortado inesperadamente por el aciago destino. Ante el estupor y congoja del pueblo cerreño, fallece en la sala de operaciones del Hospital Carrión a donde había sido llevado tardíamente. Era el 29 de febrero de 1948.

El dos de marzo a las cuatro de la tarde, todos los cerreños, unidos como un solo hombre sin hacer caso de la vigilancia policial de la tiranía de entonces, acuden a poner sus hombros para conducirlo a su última morada. Los guardianes de la dictadura de turno, desde lejos, con los ceños fruncidos, torvos, fusil en ristre “vigilaban” el sepelio. Los soplones miraban boquieabiertos la impresionante manifestación de dolor del pueblo minero. Veían cómo, en respetuoso silencio, llevaban a su tumba a un hombre bueno; a un periodista extraordinario, a un poeta popular, dulce y galano, a un hombre ejemplar, a un bohemio risueño y jovial que tanto había alegrado a nuestra tierra…¡Qué recogimiento de la gente cerreña!….¡Qué veneración de un pueblo para un hombre admirable!…. Aquella tarde, acongojada y fría, la tierra minera que tanto había amado le abrió sus amorosos brazos y lo cobijó entre sus entrañas de plata, como a su veta más preciada.
(NOTA.- Quienes quisieran conocer el total de las creaciones de este inolvidable compositor, lo encontrarán en el tomo IV de la HISTORIA DEL PUEBLO MARTIR DEL PERÚ)

LOS MUCHACHOS DE ANTES

Fotografía de una reunión de amigos cerreños de la “Promoción del treinta” en el patio de una casa familiar entre los que se encuentran: Concordio Suárez, Andrés Fuentes Dávila, Sixto “Huevo” Lavado, Ramiro Ráez Cisneros (Terno plomo, corbata oscura, con bigotes, séptimo de los sentados), Eliseo “Ñahuirón” Malpartida, Fructuoso Quiroga, Ambrosio y Adolfo Casquero, Julián “Chino” Campoa, hermanos Otaegui, Leoncio Morales, Hermanos Borcich, Eloy Malpartida, Domingo Robles…...entre otros. Todos de grata recordación en nuestro pueblo.

Marín Castellanos, el torero señorito


Yo era muy niño cuando lo conocí. Era el paladín de una pléyade de jóvenes torerillos que andaban afiebrados por cuanto ruedo hubiere en nuestra zona geográfica. Jorge Malpartida “El Niño de la Arena” que llegó a torear novilladas en Acho, Lucho Ramírez “El Gallito”, Antonio Arauco, Ricardo Acquarone, “Cabezón” Malpartida, Ceferino Dávila “Mister Babas”, Arturo Barrón y muchos otros. La fiebre del toreo era muy marcada en aquellos tiempos. Era lo que ahora es el fútbol. Todos esperaban triunfar en los ruedos del mundo. En mi barrio, don Enrique Rivera Wollcott –gran aficionado- nos tenía al día con las últimas noticias de ruedos españoles, mejicanos y limeños. Para él que tenía una buena colección de revistas españolas y un amplio álbum con los recortes de El Comercio, como sus joyas más queridas, decía que si le daban oportunidad, sería el más grande torero del Perú.
Marín era el fachoso torerillo cerreño, pianista extraordinario, guitarrista único que tenía encandiladas en sus cuerdas a muchas chiquillas cerreñas. Los sábados por la noche, se pegaba un salto al Moka –“huarique” de hablantines españoles donde se bebía del delicioso café árabe traído por el consulado español- y tomando una guitarra entonaba alegres creaciones del “Cante Jondo” con tanto acierto y calor que los chapetones gritaban emocionados “!Mismo Niño de Utrera!” y, cuando ya están briagos, destilando saudades por los ojos, Marín se pulía más…

Ná te debo, ná te pío.
me voy de tu vera, olvídame ya;
que he pagao con oro tus carnes morenas.
no maldigas, paya, que estamos en paz.

No te quiero, no me quieras,
si tó me lo diste, yo ná te pedí.
no me eches en cara que tó lo perdiste.
también a tu vera, yo tó lo perdí.

Su padre, enamorado chapetón, había conquistado el amor de la Jefa de Teléfonos que le amó como nunca había amado a nadie y, cuando quedó embarazada, todos sus desvelos los volcó en aquel fruto de su apasionado amor otoñal. Muy pequeño, sin que nadie le enseñara, Marín comenzó a dominar el piano de la familia y la guitarra española, única heredad de su padre.
Bien pagá, si tu eres la bien pagá,
porque tus besos compré.
y a mí te supiste dar
por un puñao de parné.
Bien pagá, bien pagá,
bien pagá, fuiste mujé

En las misas dominicales, su voz blanca e intensa, era la primera en la iglesia; voz que más tarde, cuajada y madura, se escuchaba en el MOKA, donde los amigos de su padre lo aplaudían con mucha emoción.

No te engaño, quiero a otra,
no creas por eso que te traicioné.
No cayó en mis brazos, me dió sólo un beso,
el único beso que yo no pagué.
Ná te pío, ná me llevo.
entre esas paredes dejo sepultá,
penas y alegrías que te he dao y me diste
y esas joyas que ahora pá otro lucirás.

En las temporadas taurinas, -pantalón entallado, chaquetilla y gorra torera-, auxiliaba a los espadas y, con permiso de éstos, se lucía con soberbias verónicas mandonas, chicuelinas de luz, gaoneras ajustadas y faroles espectaculares; más de una vez, con sobresalientes banderillas, clavadas en todo lo alto. Decía que sería tan grande como Procuna, Lorenzo Garza, Dominguín y Manolete. Soñaba.
Bien pagá, si tu eres la bien pagá,
porque tus besos compré,
y a mí te supiste dar,
con un puñao de parné.
Bien pagá, bien pagá.
Bien pagá fuiste mujé.

Qué cosas no hizo su madre para que fuera a estudiar al Seminario. “Tienes que ser sacerdote” le decía. “Dios te está llamando” le decía, pero él no escuchaba ésas ni otras voces. Su madre se valió de mil argucias para sofrenar aquella avasallantes inquietud que lo dominaba, pero nunca logró nada. “Mamá…” le respondía y la volvía a besar, pero nunca dijo nada más. La madre tuvo que rendirse. El norte de su vida pujante y juvenil la constituían los toros, la guitarra y el piano. Finalmente la madre se dio cuenta que nunca convencería a su hijo cuya brújula apuntaba en otra dirección.

Un día que llegó cansado y lleno de rasguños a su casa, la encontró lleno de gente cariacontecida que en cuanto lo vieron lo miraron con lastimosa piedad. Había un silencio cargado de pesar que él no pudo comprender. Fue el doctor Fabio Mier y Proaño que muy apesadumbrado sólo alcanzó a decir. “Lo siento, Marín, tu madre ha muerto. Ha sido una embolia cerebral”. No dijo más. Él se quedó clavado en el piso. Jamás pensó q ue algo así le ocurriría. Los abrazos de los vecinos y el pésame de los amigos, lo volvió a la realidad. La miró por última vez en su sueño apacible, como si estuviera durmiendo. Recién en ese momento soltó todo el torrente de llanto incontenible.

A partir de ese momento, todo cambió para él. Las amigas de su madre hicieron todas las gestiones para el sepelio y él decidió ir a Lima, a triunfar como torero. Nada consiguió. Cuánta falta le hacían las palabras de su madre. En ese momento se dio cuenta que nada sabía hacer para afrontar la vida. Dicen que con su guitarra deambulaba por las cantinas, sin amor, sin comprensión ni apoyo alguno. Un día lo encontraron muerto en uno de esos dantescos rincones de la Lima de entonces. Lo recogieron y lo echaron a la fosa común. Así terminó la azarosa vida del que pudo haber sido el mejor torero cerreño.

El símbolo de la compañía norteamericana

El águila norteamericana con las garras sobre nuestro territorio simbolizando que las minas eran de su propiedad. Fue el emblema inicial de la compañía norteamericana a partir de 1901. Posteriormente, la fundieron en metal para convertirla en solaperas –bronce, plata y oro- que eran entregadas a los servidores que cumplían una determinada cantidad de años al servicio de la compañía. Muchos servidores la guardan como preciada reliquia y recuerdo de su paso por sus galerías, talleres, oficinas, o servicios generales. Más tarde, otro “general victorioso”, cambió el nombre de Cerro de Pasco –conocido en el mundo entero- por Centromín Perú. Ya eran otros tiempos. Lo que queda de recuerdo es que en ese largo lapso, la ciudad comenzó a convertirse en una gigantesca tumba donde han ido sepultando nuestra historia, nuestras tradiciones y todo aquel venero de grandeza que pervive –felizmente- en el corazón de alguno de sus hijos.

Los franceses en el Cerro de Pasco

Según el censo de 1876 en la ciudad, hay un total de 27 franceses; de ellos 19 son varones y 8 mujeres. Su ocupación preferente es el comercio en joyas, artículos femeninos y perfumería; otros son sastres y peluqueros. Formaron familias notables en nuestra ciudad: Armand, Boudrí, Chavaneix, Bignon, Boríes, Lafosé, Angee, Poncignon, Sansarricq, Latour, Costa, Laurie, Durand, Laurent, Martel. “Los habitantes del Cerro de Pasco pueden ser divididos en dos grupos: los comerciantes y los mineros, ambos en el más amplio sentido de la palabra. Los comerciantes son en su mayor parte europeos o criollos blancos, propietarios de las tiendas más grandes. La mayoría de los dueños de las tiendas, cafés y cantinas, son aquí, como en Lima, italianos; principalmente genoveses. El pequeño comercio lo realizan los mestizos mientras los indios se ocupan de la venta de víveres que traen de regiones lejanas” – como afirmara Frederich Gestaeker.

Cuando arribaron los franceses trajeron consigo la devoción por la Madre de Dios que se la había presentado a la niña Bernardette Soubirus en la localidad francesa de Lourdes. Los diarios locales magnificando el prodigio de las apariciones entre 1884 y 1852, reforzaron su vocación en nuestra tierra. De inmediato, las damas de sociedad conformaron una congregación que tuvo notables logros en beneficio de la clase necesitada. El que aumentó su popularidad fue la construcción de un altar muy especial en la iglesia Chaupimarca. Los artistas locales forraron interiormente la hornacina de su altar con abundantes piritas de plata refulgente, cuyas facetas emitían resplandores llamativos al reflejo de la luz. Era el más preciado altar de nuestro templo. Allí la pusieron a Ella. Alta y hermosa con su límpida mirada, las manitas empalmadas, cubierta con una alba túnica que la cubre desde la cabeza y una cinta celeste aprisionándole la cintura; desde el brazo izquierdo un enorme rosario con cuentas de plata. Debajo, en actitud de reverente oración, la niña campesina santa Bernardita Soubirus. Para darnos una idea de la manera cómo se celebraba aquel acontecimiento, citamos textualmente la crónica del 12 de febrero de 1905, aparecida en “El Minero Iustrado”, que dice lo siguiente: “Con verdadera pompa se celebró la misa en honor de “Nuestra Señora de Lourdes” en la iglesia de San Miguel de Chaupimarca, a devoción de la señora Julia Pastor de Peña. La hermosa gruta que forma el altar dedicado a la Virgen estaba adornada con profusión de flores artificiales y multitud de luces, coronando su parte alta un hermoso monograma formado con focos de luz eléctrica. Lucía un hermoso bendón de raso celeste pintado al óleo por la señora Herminia P. de Yantscha. La misa fue celebrada por el R.P. Pacomio de la orden de los SS.CC, asistido por los presbíteros Arrieta y Delgado. La parte musical compuesta de canto, piano, violín y flauta corrió a cargo de la señora Julia Pastor de Peña, señoritas Mercedes Wilson, Antonieta, Manuela y Josefina Peña y de los señores José L. Coloma; J. Hartmann y T. Balarín, quienes ejecutaron con gran maestría la magistral y clásica misa de Luiggi Bordese, hermosa composición digna de la majestad del culto divino. El panegírico pronunciado por el Vicario y Párroco doctor Merggeliza, estuvo a la altura de su sagrado ministerio, alabando la historia de Francia, estableciendo el sentido contraste que ofrece la nación de Carlo Magno, Clodoveo, Juana de Arco y las Cruzadas con la República de hoy, hostil al sentimiento religioso”. Con el mismo entusiasmo con que los españoles festejaban a su matrona, los franceses hacían lo propio con fiestas especiales a partir del 11 de febrero de cada año. Enterados que la Virgen había aparecido en los cerros de Lourdes, los mineros la nombraron su matrona y le construyeron un altar a la entrada de la mina que, precisamente, se denomina Lourdes; la más grande e importante de la compañía norteamericana “Mining Company”. Ella sigue siendo la amorosa y milagrosa matrona de los mineros. Por lo que sabemos, el nuestro es el único lugar donde se reverencia el recuerdo de la Virgen de Lourdes. Así lo hace notar la iglesia católica en sus publicaciones.