YARUSHYACAN

El 16 de setiembre de 1961 se registra la creación política del Distrito San Francisco de Asís de Yarushacán, correspondiente a la provincia de Pasco, departamento de Pasco
El progresista pueblo de San Francisco de Asís de Yarushyacán, ubicado al noroeste del Cerro de Pasco y enmarcado por Huariaca, Ticlacayán, Sunec, Yanacachi, Huamanmarca, Cajamarquilla y Chinchán, tiene una antiquísima leyenda que nos habla de su origen.

Cuentan que en tiempos pasados, los pastores de la tribu de los yarush que habitaban esta zona, solían llevar a su rebaño a GANTO GANTO DE YACÁN donde abundaba el pasto y crecía un frondoso follaje. En este pintoresco lugar, una pastorcilla de tierna edad, sin perder de vista a su ganado, gustaba de ponerse a jugar.

Un día que llevaba su manada a este paraje sintió que, a cada paso que daba, le arrojaban unas piedrecillas de un sitio que no podía precisar y menos aún quién hacía la travesura. Un tanto alarmada comenzó a otear en derredor pero sin resultado alguno. Intrigada quiso seguir caminando cuando un silbido que venía del follaje avivó su curiosidad. La niña penetró por entre la hojarasca en donde crecían hermosas flores blancas y rosadas encontrándose de repente con un primoroso niño de su misma edad, vestido de un modo muy raro, con un sayal marrón ajustado a su cuerpo por un largo cordón blanco.
– ¿Usted tiraba piedrecitas?.
– ¡Sí, yo!.
– ¿Por qué?.
– Por jugar.
– ¿Cómo se llama usted?.
– Francisco.
– Yo soy Margarita. ¿Dónde están sus padres?.
– No los tengo. Cuido estos campos y estas flores. No quiero que nadie me vea. Sólo tú.
Continue reading “YARUSHYACAN”

EL CONSULADO AUSTRO HÚNGARO


Viejo local del que fuera Consulado del Imperio Austro – Húngaro en el Cerro de Pasco que, en su época de apogeo conoció el lujo y la admiración. Como puede advertirse en la fotografía, ya las puertas han sido clausuradas en la otrora Plaza Centenario. Pocos días después entraron las máquinas y echaron las paredes al suelo.
Continue reading “EL CONSULADO AUSTRO HÚNGARO”

EL SECRETO

Esta era una hermosa muchacha que vivía en las alturas de Putaca (Pasco). Huérfana de madre, ayudaba a su padre en el pastoreo de su ganado. Dócil y trabajadora desde su infancia, al llegar el apogeo de su juventud descubrió que era bella, muy bella; entonces fue presa de un fuerte sentimiento de soberbia que no conocía límites. No obstante que su padre vestía unas ropas viejas y raídas, ella pugnaba por vestirse elegantemente, como las señoritas de la ciudad. El padre amoroso se desvivía para que luciera siempre hermosa con galas cada vez más caras en las ferias pueblerinas de los alrededores. Como es fácil suponer, este tren de vida, era superior a las fuerzas del pastor. Para contrarrestar estas emergencias solía salir de noche a hurtadillas de su choza y, luego de una horas de ausencia, retornaba trayendo unas bolas parecidas al queso fresco que, al día siguiente, las trocaba por monedas brillantes en las Cajas Reales de Pasco.

La purísima calidad de la plata que el pastor cambiaba, despertó la codicia de los empleados españoles de la Institución Real. Éstos, llenos de ambición, decidieron obtener los datos referentes al yacimiento de donde el pastor sacaba aquella riqueza. Hablaron con él reiteradamente; pero ni los tragos ni las amenazas fueron suficientes para convencerlo. El pastor no soltó prenda. Entonces el más audaz y fachoso reparó que la muchacha, hermosa como pocas, no apartaba los ojos de él. En ese instante se dio cuenta que le sería fácil conquistarla y, por intermedio de ella, descubrir el yacimiento.
Continue reading “EL SECRETO”

LA CALLE HUÁNUCO

En esta fotografía se ve a un hombre apresurado alejándose de las ruinas fantasmagóricas que quedan a sus espaldas. En ella se puede ver claramente los últimos estertores de muerte de nuestra ciudad. La compañía norteamericana ha comprado algunas casas y de inmediato ha procedido a destecharlas y quitarles puertas, balcones, escaleras, ventanas etc. dejándolas así, convertidas en sólo vestigios. Apolonio Choquehuayta con su caterva de destructores era el encargado de realizar la depredación en pocos minutos. Los que aferrados a su tierra se negaban a vender, tenían que avenirse a vivir entre escombros que en poco tiempo se convertían en inmundas letrinas. Recién entonces se veían obligados a ceder su propiedad. En esta imagen se ve el último tramo de la Calle Huánuco, prolongación de la Plaza Centenario que venía a desembocar en Yanacancha. Se llamaba así por que, en tiempos pasados, por ahí pasaban los que iban y venían de la ciudad huanuqueña. A lo largo de esta calle funcionaban muchos “Tambos”, establecimientos que hoy reciben el nombre de hostales, donde se alojaban los visitantes de la ciudad huanuqueña y aledaños que venían a mercar en nuestra ciudad. Esta es una calle cargada de mil y una tradiciones. De ella sólo queda un enorme agujero donde están sepultando a nuestra historia.

EL NACIMIENTO DE UN NIÑO


Este era todo un acontecimiento, no sólo familiar, sino también barrial; porque quiérase o no, todas las personas que viven en un barrio se hacen solidarias del acontecimiento. Recuerdo claramente cómo -en mi niñez- cada vez que una señora iba a alumbrar, se nos obligaba estar silenciosamente quietos en observancia de una costumbre añeja y tradicional. Entretanto, ayudando a la comadrona o “curiosa” las señoras preparaban sábanas, palanganas frazadas y pellejos además de abundante agua que se hallaba hirviendo en los fogones.

En cuanto a la comadrona, conocí a una viejecita simpática y voluntariosa llamada “Mama Victoria”, que con la sonrisa en el rostro atendía solícitamente a las parturientas. Su pujanza era tal que no hubo, por largo tiempo, otra mujer más esencial en esta noble tarea. Casi todos los niños venidos al mundo en mi tiempo y un lapso antes, fuimos “recibidos” por ella. La exigencia de una limpieza absoluta era su primera disposición. Ella misma premunida de un mandil blanco y las manos completamente aseadas, disponía que dentro de la habitación de trabajo, sólo cupiera lo indispensable, expulsando todo lo inútil. Estoy seguro que jamás habría leído ningún tratado de sicología pero, intuitiva y cariñosa, suplía la sapiencia doctoral con un cariño sin límites. Su trato a la parturienta era, no sólo jovial, sino también cariñosamente maternal, especialmente si era “primeriza”. Desde su llegada con amplia sonrisa en los labios, daba confianza a su paciente. La tomaba de las manos y acariciándola suavemente le decía que se veía muy bonita y que como era fuerte y saludable, todo saldría muy bien; que lo tomara con calma; que todas las mujeres del mundo alumbraban y pasaban por el mismo trance; que era la consumación de la misión más hermosa que la mujer tenía que cumplir; que llegado el momento, todo saldría bien. Acto seguido, disponía la limpieza del estómago con una ligera lavativa así como la ablución con agua tibia de la zona genital de la paciente. Después de establecer el grado de dilatación por las pulsaciones, acomodaba el vientre y frotaba a la parturienta. Rota la fuente, ante la inminencia del parto, alentaba a la paciente con todo su cariño hasta que todo terminara con éxito.
Continue reading “EL NACIMIENTO DE UN NIÑO”

CHICRÍN


Cuando la vehemente etnia de los yauricochas se extendió en nuestro inmenso territorio pasqueño, una gran parte de la tribu de hombres muy trabajadores e intensamente religiosos fue aposentarse en el paraje denominado Charao, al este del actual asiento minero de Chicrín. En habitaciones circulares de piedras pircadas y agudos techos de paja vivían alternando la incipiente agricultura con la ganadería.

Profundamente religiosos, adoraban a Libiac Cancharco, deidad que se manifestaba a través del rayo y el trueno y a Yanamarán, la portentosa lluvia que regaba sus campos dotándoles de especial prodigalidad. En homenaje a estos dioses principales, los hombres se dejaban crecer las orejas hasta alcanzar dimensiones fantásticas, debido a los pesos de plata que, a manera de prolongadas arracadas, se colgaban de los pabellones correspondientes. Llegados a la mayoría de edad, en una ceremonia especial, en que la chicha corría a raudales remojando opíparas comilonas, los más ancianos, con afilados puñales de obsidiana, cercenaban las orejas descomunales de los mozos. A esta tribu la denominaron los CHINQUIRRINRIS, palabra quechua que en castellano quiere decir: OREJAS CORTADAS. Es decir, la tribu de las orejas cortadas.

Cuando los españoles llegaron por estos pagos, establecieron una hacienda donde actualmente está el asiento minero. En las crónicas de aquellos tiempos se le denomina CHIQUIRÍN. Andando el tiempo, por la ley del menor esfuerzo, quedó convertido en CHICRÍN, que es el nombre que ostenta actualmente.