LA LEYENDA DE RALLY MACHAY

Establecida la compañía norteamericana Cerro de Pasco Mining Company en nuestro territorio, inició la acometedora explotación de sus ricos yacimientos, estableció modernas usinas, talleres, oficinas, bodegas y una moderna red ferrocarrilera con el nombre de Railway Company. Acuciados por la necesidad de contar con abundante combustible para el funcionamiento de sus maquinarias modernas, se pusieron a buscar yacimientos de carbón y demás combustibles que colmaran sus expectativas.

Tuvieron conocimiento que en la jurisdicción del distrito de Goyllarisquizga, la Negociación Esperanza de los socios ingleses Conroy y Naylor, venían explotando, desde 1859, un extraordinario carbón. Decididos de adquirir aquellas minas, decidieron evaluarla debidamente efectuando un análisis técnico de su calidad y posibilidades futuras. Con este motivo nombraron un equipo de tres geólogos presididos por el inglés Frank Rally.
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JESÚS ENCISO (Músico extraordinario)

Este magistral músico cerreño surge a la palestra en condición de triunfador cuando el enorme talento de Graciano Ricci no admitía rivales. Su más notable alumno y heredero de su talento musical, Jesús Enciso le sigue en importancia. Ambos son notabilísimos ejecutantes del clarinete. Aquella época de los treinta, cuando el esplendor de los clubes carnavalescos buscaban la hegemonía absoluta de calidad, competían en un grande marco amical: Vulcano, Apolo, Lira Cerreña, Filarmónico Andino, Tahuantinsuyo, Lira Andina, Mefistófeles, Cayena… Cada uno de ellos atraía a su institución, a los más notables músicos y más connotados poetas de entonces. En 1934, luego de haber sido postergado y hasta segundón intérprete, don Alfonso Quesada lo en calidad de subdirector a los registros del Club Filarmónico Andino, detrás de don Armando Paredes Ugarte. En 1931, lo encontramos conformando el grupo “Entre Nous” con notables músicos de entonces.
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BANCO DEL PERÚ Y LONDRES


Hoja publicitaria del BANCO DEL PERÚ Y LONDRES que funcionó por muchos años en el Cerro de Pasco. Fundado el 1º de junio de 1897 debido a la fusión de los antiguos Bancos de Londres, México y Perú, su más alto representante y, en ese momento, destacado banquero peruano, señor José Payán, dueño de varias minas cerreñas, dispuso su funcionamiento en nuestra ciudad como su principal sucursal. A partir de entonces, su desenvolvimiento tuvo un éxito cada vez más creciente. Fue un auspiciador brillante de las actividades mineras en nuestra ciudad. Su liquidación se debió a un impacto político determinado por la caída de Augusto B. Leguía por el golpe de estado de Luis Miguel Sánchez Cerro. En nuestra ciudad funcionó en la desaparecida calle Parra, local que finalmente ocuparía El Club “Unión Copper” antes que fuera derruido por la compañía norteamericana.
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PABLO CURO


Se llamaba Pablo. A la muerte de su padre había recibido los sacrificados cuidados de su madre, para quien se constituyó en el único amor de su vida a partir de entonces. Bajo sus atenciones solícitas y abnegadas fue creciendo y ganando valiosas experiencias en el campo. Pudo descubrir muy pronto los secretos de la siembra y la cosecha. Sus músculos fueron desarrollándose y adquiriendo dureza en las diarias y difíciles tareas de la chacra. Su madre, amorosa y solícita, abrigaba las más grandes expectativas para el futuro. Soñaba que en su vejez, contaría con un sólido báculo que velaría por ella. Por eso, todas sus privaciones y sus desvelos, estaban destinados a su único hijo.
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EL LEÓN DE LA SIERRA


Uno de los valientes que pasearon su bravura por nuestras calles mineras fue don Gilberto Salas, popularísimo chalaco que en el puerto había sido macizo estibador y notable “faite” de comienzos de siglo. Hombre de armas tomar al que –cosa curiosa- solamente su esposa, doña María Machado, ejemplar y brillante maestra de escuela, atenuaba su virulenta beligerancia y lo tenía “pisado”. Había dado fácil cuenta de muchos rivales en cuadriláteros de Lima y Callao. Se hacía llamar “El león de la sierra” y, ¡Vaya si lo era!. Para conservar su prestigio al tope se mantenía en forma mediante una serie de ejercicios con sogas, pesas, “punchig balls” y otros aparatos.
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LA CASA GALLO HERMANOS

La “Casa Gallo Hermanos” de don Paco Gallo y hermanos, santanderinos notables que hicieron prosperar su comercio y sus minas. Aquí se vendían los más modernos carros de las marcas “Ford”, “Chevrolet”, “National Harvester”, “Mac”, “Plymount”, Buick, etc. Más allá, con reja oscura, la Casa Priano que más tarde fue la librería “El Faro Encendido”, proveedor de libros y revistas a los lectores cerreños. Un poco más allá, como un viejo náufrago, la Panadería “La Perlita” de don Rubén Bauer. Viejo generoso que recibía a sus contertulios en su trastienda.

CENTENARIO DEL CLUB DE LA UNIÓN

Hablar del decano Club de la Unión del Cerro de Pasco, implica referirse necesariamente a su fundador, don José Maximiliano Parra del Riego; el hombre que no sólo lo fundó sino que le imprimió una vida activa pletórica de funcionalidad que a través de los años se ha mantenido incólume. Este dignísimo limeño, nombrado Prefecto del Departamento de Junín el 19 de abril de 1910 en reemplazo de Manuel E. Maúrtua, formó su equipo de trabajo con las siguientes autoridades.
Subprefecto de la Provincia……………….Agustín de la Puente Olavegoya
Alcalde de la Ciudad…………………………….Ricardo Alania.
Presidente de la Junta Departamental……Juan de Dios Blondet.
Director de la Beneficencia……………………Juan Vial y Cisneros.
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LA VENGANZA DEL MUERTO

Entre los aventureros que arribaron a la tierra minera al finalizar el siglo XVIII, había uno de lúgubre aspecto que fue a afincarse en una casucha ubicada en uno de esos laberintos formado por las calles Huancapucro y Matadería. Solitario, hermético y sin amigos, nadie llegó a saber jamás de dónde había venido. Alto y desgarbado, de piernas como zancos, bamboleándose ostensiblemente al caminar con el arrastre de sus enormes zapatos. Sus brazos descomunalmente largos, colgándole a los costados, terminaban en manazas cruzadas de azulencas venas que remataban en sarmentosos dedos. Trajeado de negro -de la cabeza a los pies- su vestimenta hacía resaltar su extremada palidez de muerte. En su rostro huesudo, afilado y lívido, dominaba la lobreguez de sus ojos profundamente oscuros, tenebrosos e inquisidores; sus luengos cabellos entrecanos le llegaban al hombro en ondulante caída. Sobre el chaleco una leontina de plata brillante en cuyo extremo lucía un Longines “Tres Estrellas”.
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MARIANO EDUARDO DE RIVERO Y USTÁRIZ

Científico mineralogista, viajero e historiador. Hijo de Antonio de Rivero y Aranibar y Brígida Ustáriz y Zúñiga. Nació en Arequipa el 12-10-1798. Inició estudios en el seminario de San Jerónimo de la Ciudad Blanca, y los doce años fue enviado por su familia a Europa para completar su instrucción. Ingresó a la escuela católica de Dowling, en Highgate, Londres, donde se despertó su curiosidad por las ciencias y aprendió diversas lenguas europeas. Su interés por el pensamiento científico de su época lo llevó a seguir cursos de matemáticas, física, química, electrónica, química agrícola, electricidad, etc., y a conocer a algunos grandes sabios como H. Davy, Faraday, Andrés Bello, Fausto de Elhuyar y Louis Proust. Después de haber estudiado en los principales centros de Inglaterra viajó a París para estudiar mineralogía con Hauy y Borgniart, química con Gay Lussac y Thenard y matemáticas y ciencias físicas con Arago, Biot y Dulong.

En París trabó una gran amistad con Humboldt, quien los instó al estudio de la mineralogía. Entre 1818 y 1820 estudió en la escuela Real de Minas de Francia y en su primer trabajo científico expuso el descubrimiento de una nueva especie mineralógica que bautizó con el nombre de Humboltina. Sus investigaciones despertaron pronto un interés en el mundo científico, especialmente tras su descripción de un oxalato de hierro que cuestionó la concepción clásica de la existencia de una diferencia irreducible entre el mundo orgánico y el inorgánico.
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NUESTRO CEMENTERIO GENERAL


En mayo de 1879, a iniciativa del Primer Conciliario de la Beneficencia Pública, Miguel Aparicio López, en un terreno de Pariajirca Alta donado por el minero español José Gallo Díez. (Hermano mayor de don Paco Gallo Díez), se fija para aposentar el cementerio del Cerro de Pasco. Realizadas las demarcaciones correspondientes, la Beneficencia firma un contrato con el gremio de Picapedreros comandados por el catalán, Pedro Yontonel, bajo las siguientes pautas. El cementerio tendrá 180 varas de largo por 14 de ancho, demarcado por una pared de tapial de tres cuartas de ancho y tres varas de alto con un respaldo de dieciocho columnas de piedra labrada de una vara de espesor y cuatro de alto, colocadas a veinticinco varas de distancia, unas de otras. La portada se construirá en arco de piedra labrada y argamasada de un metro y medio de ancho a cada costado, tres ochenta de alto y uno de espesor en donde deberá colocarse la puerta de hierro de dos metros cincuenta. El importe total de la obra será de: TRES CIENTOS CUARENTA SOLES DE ORO.
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