LA CRUZ MINERA DEL CERRO DE PASCO


El 6 de mayo de 1962, en emotiva ceremonia fue inaugurada y bendecida la “Cruz Minera” en las alturas de “Algohuanusha” (“Perro Muerto”), cercana al cementerio general del Cerro de Pasco. A las 10.30 de la mañana se inició la misa de campaña a cargo del Vicario Provincial con asistencia de distinguidas personalidades de los círculos sociales, políticos, laborales y un buen número de fieles de la ciudad.
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LA IGLESIA DE LA VIRGEN DEL TRÁNSITO

Esta moderna iglesia que se yergue enmarcada por bellas flores en el distrito de Yanacancha, fue erigida por la compañía norteamericana Cerro de Pasco Corporation, en reemplazo de la que derruyeron en la plazuela Ijurra como parte del traslado de la ciudad.

Fue bendecida solemnemente el domingo 26 de febrero de 1967 después de que fuera entregada a la Prelatura Nullius de Tarma y Pasco. La había recibido su eminencia, monseñor Antonio Küner que en la misma ocasión puso en manos del padre Francisco Weegger que quedaba como Párroco Interino de la circunscripción. Bendijo el templo, el Vicario, Reverendo Padre Lorenzo Unfried y, acto seguido, celebró la primera misa el padre Weegger.
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LA NAVIDAD CERREÑA

La histórica ciudad minera, toda de blanco, acurrucada de frío, recibe la Navidad de 1945. Entera. Todavía no habían abierto la monstruosa tumba del “Tajo Abierto”. Pasados los años, la recordamos así, íntegra y hermosa, evocando nuestros años infantiles. Rememorando aquellos tiempos saludamos a todos nuestros amigos deseándoles mucha felicidad en Navidad y amplia y feliz prosperidad en el futuro.

Ha llegado la Noche Buena a la ciudad minera. Desde las primeras horas de la mañana un surtidor de nieve ha cubierto de albura a la ciudad, como si el tiempo no quisiera excluirse del festejo. Con el transcurso de las horas, techos, antepechos de ventanas, alféizares, dinteles y montantes de puertas y balaustres de balcones, han ido blanqueándose. Los bordes de las ventanas cubiertos de nieve dejan tan sólo una abertura para tamizar la luz. Ante estas nieves copiosas, los viejos mineros estaban de plácemes. Derretidos los copos, bajarían en arrebatadas riadas convergiendo en los Ingenios –molienda de metales- dejando la amalgama de plata y mercurio en el fondo de los pozos después de haber arrastrado todo el barro que los cubrían.
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LA MARCHA DE SACRIFICIO (5)

Alumnos de la especialidad de Literatura con el renombrado profesor Jorge Puccinelli en nuestra estadía en la Universidad Nacional de San Marcos. Fue una experiencia gratificante que nos valió mucho en nuestra vida profesional. A los dos alumnos de la promoción de la Facultad de Ingeniería de Minas, Adrián Picón y Víctor Guerrero, les conseguimos una estadía de tres meses en la Universidad de Colorado y en la de Guanajuato en México. Visitaron también Real del Monte, Sombrerete, Querétaro, Pachuca. (1965).

SÉPTIMO DÍA
(29 DE DICIEMBRE DE 1963)

Partimos exactamente a la medianoche. La frescura del ambiente nos permitió avanzar a buen paso por el borde de la carretera. Nuestros cantos eran optimistas y llenos de vida. Teníamos que darnos aliento uno a otro. Las chicas habían decidido caminar con nosotros y las autorizamos a que lo hicieran. Ellas iban conjuntamente conmigo, portando la bandera nacional.

Habíamos avanzado un trecho considerable. Ya se comenzaba a sentir el calor de verano. Hicimos el alto de descanso junto a una ranchería de gente morena que al vernos tirados a orillas de la carretera, se acercaron y una robusta matrona nos preguntó que a dónde íbamos. Les conté nuestra odisea. De inmediato llamó a su gente diciéndonos que nos esperáramos un rato. Como por encanto trajeron hornillas y peroles y al rato tenían hirviendo un perol de avena en tanto freían unos camotes que después lo convirtieron en apetitosos sandwiches. Cuando hubieron terminado, tocaron un fierro a manera de campana y saliendo de las barracas, nos rodearon los morenos y todos, como hermanos, saboreamos aquel desayuno milagroso de amor y fraternidad que recibimos de esa gente maravillosa y sencilla.
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LA MARCHA DE SACRIFICIO (4)

Alumnos de la primera promoción en la especialidad de Literatura con el distinguido profesor y escritor Alberto Escobar. Rodeándolo están los alumnos Victoria Santos, Betty Núñez, Darío Alegre. Juan Rucabado, el doctor Escobar, Jacinto Córdova, César Pérez Arauco, Hipólito Cabello y Magno Salazar Pilco. Por tres meses recibimos clases de distinguidas personalidades como Luis Alberto Sánchez, Estuardo Núñez, Jorge Puccinelli, Dora Bazán y Washington Delgado.

EL TERCER DÍA
(25 de diciembre de 1963)

A poco de salir de la Oroya, una lluvia pertinaz nos acompañó por un largo trecho. La caminata la realizábamos por la pista asfaltada y entramos en calor con la caminata. Después, la lluvia la recibimos como una bendición refrescante.

Como en la mayor parte había que trepar por fragosidades pronunciadas, la hinchazón de mis rodillas me impedía trepar con comodidad y destreza. El dolor era realmente insoportable. Pascual Córdova tuvo que inyectarme cada determinado trecho, inyecciones de calmantes. Por otro lado, con un marcado sentimiento de solidaridad, alguien me consiguió una pértiga de madera de dos metros y medio con el que pude valerme para avanzar. Me sirvió de bastón y soporte, pero también para que me chantaran mi chapa de “Matusalén”. Entre risas, para sobreponernos del dolor que nos causaban las ampollas y las hinchazones avanzamos un buen trecho.
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LA MARCHA DE SACRIFICIO (3)

La última milagrosa pascana ya muy cerca de la meta, entre estudiantes y autoridades del pueblo que habían llegado para acompañarlos en su entrada en Lima. La dama de la derecha, es la inolvidable enfermera brasileña Gabriela Dos Santos que se sumó de motu proprio a la marcha. Con ella, el enfermero cerreño, Pascual Córdova. Ala izquierda, el delegado de los empleados y el de los obreros de la compañía minera conjuntamente con el Alcalde de la ciudad, don Carlos Rodrigo Minaya cuyo apoyo fue invalorable.

EL SEGUNDO DÍA
(24 de diciembre de 1963)

Muy temprano, las chicas habían preparado avena con leche y emparedados con queso que los juninos nos habían regalado. Para reforzar nos dieron dos huevos duros a cada uno para el camino, una tableta grande de chocolate “Sublime” y nuestras cantimploras personales repletas de agua fresca. Tras agradecer la hospitalidad de las personas que nos habían ayudado, partimos con nuevos bríos. Era las ocho de la mañana de la víspera de navidad de 1963.
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LA MARCHA DE SACRIFICIO (2)


El Primer Día (23 De Diciembre De 1963)

La madrugada del 23 nos reunimos los alumnos expedicionarios en el local de la calle Lima. Sólo 13 varones y 4 mujeres. Todos alumnos. Sin ningún maestro. En la calle, la unidad móvil de los Bomberos. El ambiente dejaba traslucir un marcado pesimismo, pero igual, haciendo de tripas corazón, seguimos con los preparativos. Faltaban quince minutos cuando la alumna Betty Núñez y su señora madre nos sirvieron un chocolate caliente. Aprovechando el momento, un alumno me pidió que postergáramos la marcha porque la consideraba inoportuna “Lima todos van a estar enfrascados en celebrar la navidad y nadie nos hará caso” –dijo-. Les respondí que por esa razón la marcha sería impactante. Nadie en su sano juicio que no esté inspirado por algo sublime, acometería una empresa de esa magnitud en una fecha de tanto significado. Era muy oportuna la ocasión. Argumentaron que éramos muy pocos para cumplir la empresa. Tan sólo, trece. En respuesta les dije: “ Parece que nuestros estudios no han servido para nada”… ¿No recuerdan que hace dos siglos, tan sólo trece hombres decidieron llevar sobre sus hombros la responsabilidad de irradiar por el mundo la religión del amor y del perdón?. Lucharon empecinadamente por conseguirlo. Sufrieron como nadie en su empeño. ¿No lo han conseguido?. Para una empresa grande como la que vamos a emprender no se necesita más gente. Somos suficientes. Para esto sólo se necesita tener fe y coraje. Lo demás cae por su propio peso”. “En otra oportunidad – les dije- un hombre decidido trazó una raya en la arena y la pasó, doce más lo siguieron.
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