LUIS FABIO XAMMAR JURADO (10)

LA MUERTE DE LA CHOLITA

Murió la cholita ufana
una mañana de abril,
murió porque Dios le dijo
que tenía que morir.

Al morir volvióse toda
carne de bronce y marfil.
La envolvieron en su pullo
de bayeta carmesí.

Cómo lloraron los cholos
abrazándose entre sí.
Ya se murió la cholita
sin venirse a despedir.

Cómo llegaba a la gloria,
cómo ingresó sin pedir;
cómo sonaban las llaves
de San Pedro en el mandil.

El día en que la cholita
llegó al cielo a sonreír,
todo el cielo era naranjas
de un confín a otro confín.

Los ángeles con guitarras
entonaban unos huaynos, y
ella bailaba y bailaba
con un cholo serafín.

Toda la noche bailaron
la cashua del perejil,
con la coca entre los dientes
para olvidar y dormir.

La enterraron fresquecita
como una flor capulí,
guardada en cajón de palo
sin cepillar ni pulir.

Una mañana de jebe
prolongándose hasta el fin,
vio cómo subió la chola
por un cielo verde gris.

Su corazón chiquitito
era un corazón de anís,
que subía con las notas
que bajaban del violín.

Nunca te vieron cholita
los cholos de este país,
como esa noche en el cielo
con las mejillas de ají

Y todavía te espera
más de un cholo por aquí;
-Cuándo vendrá la cholita
que se fue sin despedir.

Mientras tú sobre las nubes
pareces ir a morir,
bailando y bailando ufana
con el cholo serafín.

En la edición Nº 413 de 16 de noviembre de 1904, vemos la publicidad de un grupo de ciudadanos residente en el Cerro de Pasco que aspiran a ocupar cargos de concejales en las elecciones vecinales que se avecinaban. Entre ellos que se encuentra don Antonio Xammar, padre de nuestro poeta, conjuntamente con un grupo de eminentes ciudadanos que tuvieron destacada actuación en la vida del legendario pueblo minero.