LAS PRIMERAS HORAS DE UNA MAÑANA DE INVIERNO

Ha amanecido en la ciudad cimera del Perú. Un cielo todavía opalino refleja el frío que reina en el ambiente. La nieve caída durante la noche -a punto de derretirse completamente- marca las huellas que han dejado los carros de transporte que viniendo de Lima se dirigen a la selva, o viceversa. Las gentes todavía no transitan por estas calles. Es domingo y todavía está adormilada. Ahíta de frío se ve al fondo la histórica Torre del Hospital desde donde su reloj sonoro marca el palpitar de la vida del pueblo minero. Los alambres de luz eléctrica, de teléfono o de telégrafo, están a punto de colapsar. Aquellos tiempos, cuando las nevadas eran intensas, caían aparatosamente con todos sus postes e interrumpían la comunicación. Después de Lima, fue en el Cerro de Pasco donde primeramente se instaló el servicio eléctrico y el teléfono público, en el Perú. Hoy día ya casi nada queda de esta calle céntrica que actualmente está al borde del tajo, como si nuestro mártir fuera el último vigía de los estertores de su pueblo. Los que vivimos aquellos tiempos guardamos en un recodo del corazón estas imágenes que fueron testigos de nuestra permanencia en aquel bendito lugar y, hoy, son una herida que nos lacera el alma; una aberrante pesadilla que nos tortura. ¡Nos faltan lágrimas para llorar tanta desgracia!