ABRIENDO CAMINO (1)

Hace pocos días, los diarios de la república informaban: “El pasado martes 15 de febrero, en la sede del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, la comisión de Alto Nivel integrada por el Vice Ministro de Transportes y Comunicaciones Hjalmar Marangunich Rachumi, el alcalde de la provincia de Canta Samuel Ramón Ruffner, el alcalde de Carabayllo Rafael Álvarez Espinoza y el ex alcalde de Huayllay Luis Marcelo Callupe, sostuvieron importante reunión y realizaron la evaluación de los procesos para el asfaltado de la carretera Lima– Canta – Huayllay”. (…) “La proyectada vía Lima-Canta-Huayllay constituirá una alternativa a la Carretera Central, dinamizando la circulación y el comercio entre Lima y la región central del país afectada en tiempo de lluvias y fenómenos naturales. Por eso las plantearon priorizar la carretera Lima – Canta – Huayllay, que cuenta con una inversión de 205 millones de soles y un presupuesto aprobado de 155 millones”. La noticia nos alegra sobremanera. Por esta razón queremos -a partir de esta fecha- hacer conocer la odisea de cómo se proyectó y se trabajó –hace casi un siglo- esta carretera en inolvidable odisea de hombres esforzados que no debemos olvidar. Los pormenores de la hazaña, son los siguientes.

Parte del soledoso panorama de la ruta que une al Cerro de Pasco con Huayllay. Este era inicio del camino que seguían los convoyes de jinetes y carretas hacia la localidad de Canta, conocida como “Camino de la plata”. Esta era parte del itinerario de los jinetes que transportaban mulas de Tucumán hacia el Cerro de Pasco. Por aquí mismo iniciaron la heroica travesía que a continuación narramos.

El domingo 30 de octubre de 1932, se inauguraba el camino carretero que partiendo del Cerro de Pasco tramontaba la cordillera de la Viuda y, pasando por Canta, llegaba a Lima. La historia de su origen y culminación es ésta.

Los primeros días de enero de 1925, don Santos Cuadrado y Pérez, lanza la iniciativa de construir un camino para empalmar con el ramal de Canta a Lima que el gobierno estaba construyendo. La Municipalidad convoca a los hombres más representativos a una reunión de planificación. El Alcalde, el francés, Leopoldo Martin y sus regidores constituyen un comité encargado de ejecutar la obra. La comisión quedó integrada así: Don Santos Cuadrado y Pérez en calidad de Presidente y los señores Teobaldo Guzmán, Mateo Galjuf, Carlos Languasco, Ernesto Lercari, Aquiles Venegas, Esteban Quintana Guzmán, Cesáreo Villarán, Vicente Caballero Thompson, y Melecio Ponce, en calidad de vocales. El pueblo recibió con mucha simpatía esta designación y se dispuso a brindar su más amplio apoyo.

La flamante comisión informa al Presidente de la República este anhelo ciudadano. Leguía, que en su programa gobierno había considerado la apertura de numerosas carreteras acoge con simpatía el proyecto y reconoce oficialmente al Comité y designa a los ingenieros Rosendo Icochea Calderón y Manuel Belisario Llosa para que informen acerca de la viabilidad de la obra. Efectuados algunos escarceos topográficos, mecánicos y superficiales, evacúan el informe técnico negando posibilidades para su construcción. El lapidario y grosero informe lo cierran con una palabra: IMPOSIBLE.

Lima archiva el proyecto.

Don Santos Cuadrado y Pérez que había dedicado los mejores años de su vida al estudio del proyecto, no lo puede creer y enferma gravemente. El choque ha sido muy cruel para su cansado corazón. Sin embargo, repuesto de su salud, viaja a Lima a entrevistarse con el General Augusto Bedoya, Senador por Junín y con el señor Patiño, Diputado por Canta, invocándoles su colaboración y empeño para la realización del plan y nombra a los señores Víctor Cipriano y Gerardo Gallo, representantes del comité central. Estos hombres dedican sus mejores esfuerzos para conseguir que se revise el proyecto. La lucha es tenaz, porque el gobierno se opone una y otra vez:
–!Es imposible que un carro pase por “La viuda” –dicen-
–!La idea es una verdadera locura! – remarcan.
Esta vez se archiva definitivamente el proyecto.

Don Santos Cuadrado y Pérez, que muchas veces había cruzado “La Viuda” a lomo de mula, sostiene que sí es posible que los carros puedan cruzar aquellas soledades. Contaba con un antecedente muy ejemplar. El gran automovilista limeño, Carlos Olavegoya Krugger, hacía diez años había realizado un viaje de Lima al Cerro de Pasco en un raid que se consideró muy peligroso porque no había un camino trazado para el caso. Remontó Obrajillo, Canta y La Viuda y apareció en la ciudad minera. Coronaba así la audacia de haber sido el primero en realizar un ascenso al cerro San Cristóbal el 31 de marzo de 1914. Con todas estas pruebas, don Santos Cuadrado y Pérez, baquiano como ha sido, se ratifica en sus conceptos y lamenta estar ya anciano para poder demostrar la viabilidad de su idea. Siente el peso de los años sobre sus espaldas pero confía en que dos de sus mejores amigos –jóvenes todavía- podrán realizar el proyecto y los convoca.

El 20 de octubre de 1925, en los salones de su notaría, reúne Teobaldo Salinas y Manuel Oyarzábal. Expuesta la detallada propuesta, comulgan con la idea. Están convencidos de que es factible el proyecto. Emocionados como tres adolescentes, pasan horas discutiendo detalles de la gesta. Finalmente, don Santos Cuadrado y Pérez les dice que como él, por lo avanzado de su edad no puede ser de la partida, va a poner los cimientos económicos para la hazaña. Ofrece 25 libras de oro de su propio peculio, para el sustento de la empresa y diez libras más como premio pecuniario, caso de que se cumpla con éxito. Un fraternal abrazo cierra el trato.

Considerando que tamaña acción sería superior a sus fuerzas, los dos amigos deciden enrolar a gente joven que pueda auxiliarles. Convocan a los jóvenes, Juan Manuel y Antonio Beloglio, sobrinos de don Manuel Oyarzábal y, a dos entusiastas jóvenes más: Asunción Cornejo e Isidoro Delgado. La tripulación está formada: dos maduros hombres de lucha que llevarán el comando y cuatro bizarros jóvenes que serán auxiliares valiosos. Un pequeño pero valioso puñado de cruzados en pos de un ideal.

El siguiente objetivo fue el vehículo. Eligieron el pequeño pero sólido FORD T, modelo 1915 de una tonelada de peso, propiedad de don Teobaldo Salinas y don Manuel Oyarzábal. Éste era, en aquel momento, el coche más popular y de mayor nivel de ventas en el mundo. Este heroico Ford había cumplido un excelente papel de transporte en la ciudad sin ningún problema. Chasis inmejorable, motor a toda prueba, transmisión y suspensión formidables. Era sólido, resistente y muy dúctil para las maniobras más exigentes; sólo que para las tareas que debía cumplir le despojaron de coberturas superiores quedando sólo el motor con un resistente chasis de hierro. Eso sí, le soldaron a manera de parrilla, unos soportes de hierro con ganchos y aditamentos especiales para poder introducir tablones, maderas, cuñas o soportes más grandes con los que, en algunos casos, llegaban a disponer de un toldo que cubría gran parte del coche –caso de lluvia copiosa-; por lo demás, no contaba con parabrisas que pudieran protegerlos de los vientos cordilleranos, terriblemente agresivos en estos páramos. Sus faros muy débiles a ambos costados de los mellados guardafangos y sus llantas, si bien no estaban muy viejas, tampoco eran de reciente fabricación. Todas las deficiencias que se podían distinguir a primera vista lo solucionarían con el desbordante entusiasmo que los animaba.

Reforzaron algunas partes y le hicieron una meticulosa revisión y aceitado. Reunieron para ello un alijo de maderas y fierros necesarios para casos de emergencia. Asimismo se premunieron de ropa adecuada para el duro trabajo de campaña; la alimentación apropiada para el viaje; las herramientas y repuestos más indispensables; un botiquín con los medicamentos necesarios; lámparas, explosivos y todo aquello que en esta clase de viajes se hace indispensable. Como lo habían acordado inicialmente, así efectuaron los preparativos: en la más completa reserva. Es necesario mencionar que aquella fue una aventura muy osada si se tiene en cuenta las amenazas del tiempo y la precaria garantía de seguridad del vehículo.

Dejando expeditos el carro, las vituallas y las herramientas, acudieron a firmar el documento del común acuerdo. En la Prefectura del departamento y en presencia de don Manuel Pablo Villanueva -el prefecto- firmaron el documento siguiente:

CONTRATO

Conste:
Que nosotros, Manuel Oyarzabal y Teobaldo Salinas, nos comprometemos con el señor Santos Cuadrado y Pérez, a emprender un raid automovilístico: Cerro-Canta-Lima, por cuenta y riesgo nuestro, sin responsabilidad alguna del señor Santos Cuadrado y Pérez, bajo las siguientes condiciones:

a).- Mañana, 26 de octubre de 1925, saldremos de esta ciudad por la ruta de Huayllay para llegar a la ciudad de Canta el primero de noviembre próximo sin falta alguna, o antes si fuera posible.

b).-El señor Santos Cuadrado y Pérez, nos entrega en este momento: veinticinco libras de oro para el sustento de la empresa.

c).-El carro con que se realizará el raid, es de marca Ford T, modelo 1915, de nuestra propiedad. En él viajaremos nosotros dos con el chofer respectivo y tres operarios hasta Yantac. De este lugar telegrafiaremos al señor Cuadrado y Pérez, para que si le conviniese, nos dé el alcance en cualquier punto del recorrido.

d).-Se entiende por raid, la forma en que el carro saldrá de esta ciudad y llegará a Lima piloteado por el chofer, sin admitirse otra forma de locomoción.

e).- En Canta se demorará únicamente el tiempo preciso para el descanso y reparación que necesite el carro.

f).-La falta de cumplimiento por nuestra parte, a cualquiera de las cláusulas a,b,c,d, y e, será suficiente motivo para que no gocemos del premio acordado y para que en la fecha de 30 días, le devolvamos su depósito al señor Cuadrado y Pérez, para cuyo objeto le firmamos un vale separado.

Así le otorgamos y firmamos en el Cerro de Pasco a veinticinco días del mes de octubre de mil novecientos veinticinco.

MANUEL OYARZÁBAL TEOBALDO SALINAS

Después de la firma del documento notarial se fueron a descansar listos para largar al día siguiente.

3 respuestas a “ABRIENDO CAMINO (1)

  1. Gracias, hoy como hace un siglo hay gente preocupada por el bienestar de otros, la carretera Lima, Canta, Huayllay, no deberìa ser archivada otra vez, el desarrollo que traerìa a los poblados que se beneficiarìan con semejante obra sería extraordinario, como a los transportistas de los productos de exportaciòn tanto, vegetales, animales y minerales, podrían ser màs eficientes y mejorar sus costos si estos pudierán llegar hasta el puerto del Callao, sin pasar por Chosica siempre congestionada, Huachipa complicada, y el centro de Lima, se descongestionarìa la via de evitamiento, con ahorro de combustible, y horas hombre, la carretera central ha colapsado y no podemos ser dependientes de una sola via, debemos ser vigilantes que esta carretera sea construida con los parámetros requeridos, respetando el paisaje y con los plazos establecidos.
    Saludos.
    Emilia Murata

  2. quede muy impresionada al encontrar este articulo sobre pasco y dicha carretera a lima
    esta historia estaba solamente en mi imaginacion por los comentarios que hacian mi tia abuela pz como nieta de antonio beloglio me siento muy dichosa de saber que tuve un abuelo de espiritu audaz y aventurero gracias doy a mi dios que puso al historiador como instrumento al escribir esta odisea muchas gracias ..xd

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