ABRIENDO CAMINO (5)


DECIMO CUARTO DÍA (8 de noviembre de 1925)

Aquel fue el tramo más difícil de todo el recorrido. A la madrugada, los hombres hambrientos pidieron a los habitantes de Huagra que les vendieron algunos alimentos. Lo único que les alcanzaron fue cancha y agua.

Como alejándose de una dolorosa pesadilla se apresuraron a reemprender la marcha.

Como el día anterior, las dificultades se hicieron más visibles; la abrupta peñolería de cortes, abismos y roquedales, presentaba una perspectiva difícil y fragosa; sin embargo, así famélicos como estaban, arrastraron con valentía la empresa del avance.

Uno tras otro, los obstáculos quedaron atrás. Por fin al borde de las cinco de la tarde, sin probar alimentos, llegaban al Pasaje del Diablo. Un pronunciado cañón que bien merecía ese nombre. Con la noche encima avanzaron penosamente iluminados por sus faroles hasta el campamento de Pacrón, en donde fueron recibidos por un puñado de obreros. Éstos, cariñosos y admirados, les brindaron una abundante cena que consumieron como si fueran hambrientos escolares. Más tarde, se acunaron en sus pellejos y envueltos en sus cobijas y se durmieron como niños.

DÉCIMO QUINTO DÍA (9 de noviembre de 1925)

El descanso y los alimentos habían tenido el sortilegio de renovar sus fuerzas y alimentar sus espíritus. No era para menos. Dieciséis días ausentes del hogar en los que la fatiga había avivado el recuerdo y las nostalgias; tan sólo saber que la meta estaba cercana, les impulsaba a seguir adelante.

Se encontraban en la parte más escabrosa del recorrido. No obstante el gran esfuerzo desplegado avanzaron sólo novecientos metros. A las ocho de la noche llegaban al borde de un gran abismo. Estaban al borde del Gran Pacrón. Cuatrocientos metros más allá, superando el abismo, estaba el inicio de la carretera hacia Lima.

Alborozados, aunque cansados, se durmieron aquella noche.

DÉCIMO SEXTO DÍA (10 de noviembre de 1925)

En cuanto amaneció se levantaron soñando con la culminación de la empresa. Desayunaron y salieron a contemplar el Gran Pacrón. Querían medir y observar al rival con el que debían enfrentarse. A llegar al borde, se estremecieron. Realmente era un abismo terrible. Las paredes del despeñadero estaban cortadas verticalmente y, por el borde monolítico, a manera de una repisa, un trecho muy delgado; por el lado norte apenas si habían conseguido abrir una trocha en la dura y gigantesca roca del cerro, por donde ajustadamente podía pasar un hombre. Imposible que pasara el carro por sus propios medios. Estaban en esta contemplación cuando recibieron la visita de Rosendo Icochea, ingeniero encargado de la construcción de la carretera Lima-Canta.

– ¡Yo creo que hasta aquí llegó la osadía, señores!. Ningún vehículo puede pasar al otro lado, sólo lo pueden hacer los hombres y con gran dificultad. De esa manera es como trabajamos. Este abismo tiene cuatrocientos metros de luz y va a pasar mucho tiempo para que empalmemos ambos extremos, mediante un puente.

Cualquiera se habría desanimado ante aquella afirmación, pero sabedores de que éste era uno de los ingenieros que había afirmado una carretera por estos andurriales era una misión imposible, encrespó el orgullo cerreño.

–!Nosotros pasaremos! –dijo resueltamente don Teobaldo Salinas.

–!Así es! –reforzó don Manuel Oyarzábal- sólo préstenos las herramientas necesarias y los hombres indispensables para hacerlo. !Nosotros pasaremos el carro por el abismo!!.

—Lo que deseen está a sus órdenes –aceptó el ingeniero con un dejo de incredulidad.

Dos horas pasaron los aventureros en estudiar el terreno y las posibilidades. Terminadas éstas, acometieron la hazaña.

Sujetaron un cable y sogas al carro despojado previamente de su carga; sólo don Teobaldo Salinas y Juan Manuel Beloglio iban dentro para conducirlo, con una rueda delantera y otra trasera en tierra, ya que las otras estarían en el vacío.

Audaz fue la empresa, durante siete horas y media, los hombres empeñosos, rompiendo el silencio del lugar con sus gritos acompasados y broncos, desafiaban las leyes de las posibilidades. Con el vehículo muchas veces colgado del precipicio, se cumplió con la hazaña increíble. A las siete y treinta de la noche habían logrado salvar aquel abismo. La oscuridad de la noche le impidió ver a Icochea las varoniles lágrimas de triunfo en los ojos de don Teobaldo Salinas y de Juan Manuel Beloglio que se abrazaron fuertemente con gesto de triunfadores, como padre e hijo. Todos los hombres de la empresa se sumaron victoriosos. Habían realizado una tarea que parecía imposible.

Aquella noche, la luna canteña se conmovió cuando don Manuel Oyarzábal, con la voz quebrada de emoción y orgullo, entonaba la hermosa muliza de la Columna Pasco. Iluminados de triunfo y encendidos de esperanza, se durmieron plácidamente.

DÉCIMO SÉPTIMO DÍA (11 de noviembre de 1925)

Al amanecer del 11 de noviembre –día histórico- con las primeras claridades del alba procedieron a lavar y aceitar el épico FORD, que con muchas magulladuras, estaba cubierto de polvo.

Después del parco desayuno, emprendieron la marcha. Faltaban 23 leguas y no era cosa de dejarse vencer.

Como la carretera era ya funcional, el carro rodaba cómodo y triunfante. La brisa tonificante de la zona, refrescaba el curtido rostro de los cerreños.

A las dos de la tarde, entraron en Yangas en medio de los aplausos de sus gentes. La ansiedad de llegar a la meta final los devoraba. Luego de los abrazos cariñosos se despidieron.

A las cinco de la tarde hacían su ingreso triunfal en Lima.

Se encontraban muy emocionados porque todos sus sueños se cumplían. Entraban por la Repartición y Malambo cuando alcanzaron a ver al final de la calle, gigantescos cartelones, banderas, banda de música, camarógrafos de cine, fotógrafos, periodistas y un grupo de autoridades presididas por el señor Jesús María Salazar, Ministro de Gobierno; General Augusto Bedoya, Senador por Junín; y doctores Patiño, Diputado por Canta y José Otero Diputado por Tarma.

Después de las palabras de bienvenida y las felicitaciones del caso, los reporteros de los diarios capitalinos comenzaron sus animados reportajes. Los camarógrafos estampaban diversas placas en celuloide, registrando los pormenores del acontecimiento.

Transcurrida una hora, escoltados por numerosos automóviles, se dirigieron al Ministerio de Fomento a presentar su saludo al Ministro que les aguardaba. De allí salieron triunfalmente y entraron por el Paseo Colón y luego por el Jirón de la Unión hasta Palacio de Gobierno donde dieron cuenta al Presidente de la República de los pormenores de la hazaña, cuya culminación exitosa era la prueba más fehaciente de la posibilidad de construir la carretera. De Palacio de Gobierno, siempre seguidos de numerosos coches se dirigieron a la agencia Ford del Perú, donde el señor Shiway les brindó su cómoda cochera. Después de terminar la emotiva cena ofrecida por el Centro Cerreño Unificado, los vencedores fueron conducidos hasta el Hotel Comercio.

Aquella noche durmieron grata y plácidamente.

DÉCIMO OCTAVO DÍA (12 de noviembre de 1925)

Esa mañana tuvieron que ser despertados por los miembros del Centro Cerreño Unificado. Los raidistas se alarmaron al comprobar lo avanzado de la hora: Once de la mañana. El cansancio les había doblegado y, ellos cumplido el sueño de sus vidas, se habían abandonado al grato descanso. Don Santos Cuadrado y Pérez portaba un oficio de invitación.

Entre los comentarios y chascarros los gloriosos aventureros se alistaron para asistir al almuerzo que se sirvió en el Cordano donde hubo discursos, brindis y mucha confraternidad.

Culminado el almuerzo, acudieron al Touring Automóvil Club del Perú, donde su presidente, el señor Juan Tabusse, les tenía una sorpresa. Preguntó el nombre del jefe de la expedición y al serle presentado don Teobaldo Salinas, le estrechó en un fuerte abrazo y le entregó siete medallas de plata para los esforzados pioneros, luego, al preguntar quién había sido el heroico chofer del vehículo, don Teobaldo Salinas, en un gesto que habla mucho de su grandeza de espíritu, dijo: Don Juan Manuel Beloglio. El Presidente de la Institución entregó en medio de cariñosos aplausos de la concurrencia, treinta libras de oro al piloto. De inmediato, Juan Manuel, entre el marco redoblado de aplausos, entregó cuatro libras de oro a cada uno de sus compañeros. El gesto fue muy aplaudido porque era la muestra de sólida unidad de aquel compacto grupo humano. Se sirvió una cena y, después de ella, se inició una animada tertulia. A medianoche, se retiraron al hotel a descansar.

DÉCIMO NOVENO DÍA (13 de noviembre de 1,925)

Después de haber dispuesto el día en un paseo por los balnearios de Lima, tuvieron una reunión de despedida en el rimense Centro Cerreño Unificado. En esta ocasión, los miembros del Comité Central del Camino Carretero, repartieron proporcionalmente, dieciséis libras de oro entre los raidistas y, don Santos Cuadrado y Pérez, hizo lo propio con la donación de las diez libras de oro prometidas. El Ministro de Gobierno regaló una bolsa de cinco libras de oro para el retorno de la comitiva. La velada fue emocionante y aquella noche, nuestros aventureros se despidieron de Lima.

VIGÉSIMO DÍA (14 de noviembre de 1925)

En la mañana después de oír misa en la Catedral de Lima, partieron con rumbo al Cerro de Pasco. Estaban conscientes que habían abierto una ruta homérica, demostrando al mundo que era posible la construcción de la carretera. Una hazaña que el pueblo nunca olvidará.

Bajo la patriarcal iniciativa y ayuda de don Santos Cuadrado y Pérez, los pioneros inolvidables y héroes invictos de la cruzada, fueron:

TEOBALDO SALINAS.
MANUEL OYARZÁBAL.
JUAN MANUEL BELOGLIO.
ANTONIO BELOGLIO.
ASUNCIÓN CORNEJO.
ISIDORO DELGADO, Y
GAMANIEL BLANCO MURILLO.

Ellos, con su grandeza, nos trazaron un camino que demostró que no hay imposibles cuando se empeña el corazón en una empresa.

EL COMITÉ PRO CARRETERA SIGUE TRABAJANDO

La titánica gesta reseñada, demostró palmariamente, que era factible la construcción de la carretera y, alentados por el éxito obtenido, el comité siguió trabajando empeñosamente.

Se hacía necesario los fondos pecuniarios para el inicio de la acción. Se recurrió a la erogación pública y fueron los señores Víctor Priano y Gerardo Gallo Díez, quienes iniciaron esta colecta general, con considerables aportes personales. Este generoso ejemplo despertó un entusiasmo tan marcado que las compañías mineras, negociaciones, comerciantes y pueblo en general, reunieron una erogación de 13 mil soles. En el curso del mes de diciembre de 1925, los diarios de la localidad, de la región y de todo el país, desarrollaron intensa campaña publicitaria.

Todo iba encaminado hacia el éxito completo, cuando ocurrió una desgracia lamentable que conmovió a todo el pueblo. Don Santos Cuadrado y Pérez murió súbitamente enlutando a un pueblo emocionado y triunfante.

Conscientes de que la obra debía continuarse en su homenaje, todos cerraron filas en torno a la realización de la empresa que tanto había soñado el ilustre desaparecido. Se formó un nuevo comité asumiendo la presidencia el señor Carlos Languasco. Los otros miembros, los señores Víctor Priano, Amado Rocha, Cipriano Proaño y Alfonso Maldonado.

El 8 de agosto de 1926 se inició el trabajo en la localidad de Huayllay, lugar apropiado para atacar el trabajo en dos direcciones, una hacia Canta y otra hacia el Cerro de Pasco. El comité no sólo aumentó los fondos obtenidos, sino que los dineros destinados para las obras viales de la provincia, fueron derivados hacia esta construcción.

Logró el avance de 42 kilómetros de excelente vía entre San Gregorio y la Cruzada, al costo promedio de S/. 2 600.00 por kilómetro. En ese momento se expidió una resolución gubernativa para someter a licitación la obra, debiéndose pagar la cantidad de S/. 10 000.oo por kilómetro. Obtuvo la buena pro el señor Mateo Biasevich quien encargó la obra a Teodoro Raikovich, pagándole S/. 4 700.oo por kilómetro en beneficio notabilísimo. El sub contratista Teodoro Raicovich avanza otros 22 kilómetros desde la Cruzada hasta las cercanías de Chuquiquirpay. Inexplicablemente por resolución gubernamental, el comité cerreño queda cruzado de brazos, limitándose al cuidado de la parte que había construido. En este momento, un decreto ordena la suspensión de los contratos, debiendo quedar las carreteras a cargo de los administradores. La obra fue encargada al señor Alfredo Luis Huidobro, quien sólo alcanzó a avanzar un kilómetro y medio más. En ese momento se produce el golpe de estado de Sánchez Cerro. Con el cambio político se deroga la ley de Conscripción Vial. Se entrega a la Prefectura los materiales de la construcción y un saldo superior a los S/.23 000.oo que pasó a la Caja de Depósitos y Consignaciones.

Al año siguiente -1931- se crea la Junta Pro Desocupados de Junín con sede en el Cerro de Pasco, conformada por los señores Cipriano Proaño, Benjamín Malpartida, Moisés Martínez, Cesáreo Villarán y Carlos Languasco.

La nueva junta, bajo la presidencia del señor Proaño consiguió el apoyo del doctor Pedro de Osma que presidía los fondos de la junta y, después de muchas gestiones, sólo lograron la devolución de S/. 8 000.oo y los materiales depositados en la Prefectura. Cuando la Junta de Pro Desocupados pasó a Huancayo el 15 de enero, nuevamente se paralizó la obra. Felizmente, el 3 de setiembre de 1931 se forma una nueva junta que tuvo los siguientes integrantes: Cipriano Proaño (Presidente), Benjamín Malpartida, Gastón Espejo, Moisés Martínez y Ernesto Bertl. Con esta junta se avanzó hasta el lugar denominado Parinacochas; luego por disposición gubernamental se encarga que la junta también se encargue de la construcción de la carretera a la Oroya para lo cual se amplía el personal con los señores Fabio Mier Proaño, Alfredo Ruiz Huidobro y Aquiles Venegas, quienes felizmente culminan la realización de esta obra.

Es necesario señalar también el nombre de las personas e instituciones que hicieron posible la obra con su generoso apoyo. Ellos son: el representante por el departamento don Domingo Sotil, quien hizo las gestiones necesarias ante el gobierno central; las compañías Vanadium Corporation; la Compagnie Des Mines Huarón; la Negociación de Eulogio Fernandini y la Sociedad de Mateo Galgjuf.

Los ingenieros que se encargaron de la parte técnica de la obra fueron los señores Rosendo Icochea que trazó y siguió finalmente gran parte de la obra; Federico Villar, Alberto Ureta y Ernesto Bertl, con la administración del señor Demetrio Herrera.

Esta hazaña se cristaliza con la inauguración de la carretera el 20 de octubre de 1932. En aquella oportunidad, confundidos con el grueso público presente, estaban los siete héroes de la epopeya. Ellos, con decisión y valentía, habían trazado la ruta que en esa fecha se inauguraba.

7 respuestas a “ABRIENDO CAMINO (5)

  1. Que orgullo ser bisnieta de Antonio Beloglio Oyarzabal,creci escuchando la historia de como abrieron la carretera y las cosas que pasaron,el tio Juan Manuel y el abuelito Mañu (Manuel Oyarzabal) que muy a bien me contaban mis tios abuelos hijos de don Guillermo Beloglio y de verdad que no sabia que estuviera tan bien documentada,Gracias…mil gracias Atte. Roxana Angeles Beloglio

    1. Rosana Ángeles Beloglio:
      Saluda a los viejos queridos que tanto han hecho por nuestra terra. Los Beloglio y los Oyarzabal son troncos familiares muy respetables como lo habrás leído en una de mis crónicas pasadas. Gracias por tus palabras. Saludos

      1. Gracias señor Arauco realmente todos le estamos muy agradecidos por sus palabras, ademas que emocionados, queremos estar en contacto con usted para compartir fotos y experencias.Particularmente se cuanto va a significar para mis tios abuelos encontrarse con usted, ojala estuviera vivo mi mentor Sixto Beloglio a quien le debo tanto ,quien mas recuerdos guardaba de cerro y quien hizo que todos mis ancestros me fuesen tan cercanos aunque no los conoci personalmente,ademas me describia tan bien cerro que al ver las fotos en estas sus paginas me parecio haberlas visto antes….Gracias mil……nuestro telefono es 4817962…atte Roxana Angeles Beloglio

  2. Que genial esta información, hace unos días decidí leer este libro que le dieron a mi papá sobre Cerro de Pasco y encontré los nombres de mi bisabuelo y un tío bisabuelo, los Malpartida.

  3. QUE LINDA HISTORIA AL LEER ME CENTI TAN ORGULLOSA DE SER HIJA DE UNA CERREÑA QUE AL MISMO TIENPO ES HIJA DE ANTONIO BELOGLIO GRACIAS POR DEDICARLE UN POCO DE SU TIENPO Y ESCRIBIR ESTAS LINDAS HISTORIAS Y DARNOS A CONOCER UN POCO DE LO NUESTRO GRACIAS MIL Y QUE DIOS LO BONDIGA

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