PATRONES Y MATRONAS DEL PUEBLO CERREÑO (5)

La Virgen del Rosario de Yanacancha
(7 de octubre)

En su primera aparición, la Madre Virgen con su Niño, entrega y enseña la devoción del Santísimo Rosario en Fangeaux (Francia) a Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores Dominicos. A partir de esta aparición es nombrada como Virgen del Rosario. Fueron diez y ocho apariciones posteriores efectuadas hasta el año 1558 en dos lugares de Francia: la ciudad de Lourdes y el pueblo de Fátima.

La Virgen del Rosario tiene su fiesta fijada en 7 de octubre por disposición del Calendario de la Iglesia Universal. Su devoción fue instaurada en Yanacancha en donde, don José Malpartida le erige su iglesia conocida como la del Rosario.
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PATRONES Y MATRONAS DEL PUEBLO CERREÑO (4)

La Santísima Virgen de Lourdes
(11 de febrero)

Cuando arribaron los inmigrantes franceses, trajeron consigo la devoción por la Madre de Dios que se la había presentado a la niña Bernardette Soubirus en la localidad francesa de Lourdes. Los diarios locales magnificando el prodigio de las apariciones entre 1884 y 1852, reforzaron su vocación en nuestra tierra.

De inmediato, las damas de sociedad conformaron una congregación que tuvo notables consecuciones en beneficio de la clase necesitada. El logro que aumentó su popularidad fue la construcción de un altar muy especial en la iglesia Chaupimarca. Los artistas locales forraron interiormente la hornacina de su altar con abundantes piritas de plata refulgente, cuyas facetas emitían resplandores llamativos al reflejo de la luz. Era el más preciado altar de la iglesia.

Allí la pusieron a Ella. Alta y hermosa con su límpida mirada, las manitas empalmadas, cubierta con una alba túnica que la cubre desde la cabeza y una cinta celeste aprisionándole la cintura; desde el brazo izquierdo un enorme rosario con cuentas de plata. Debajo, en actitud de reverente oración, la niña campesina santa Bernardita Soubirus.
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PATRONES Y MATRONAS DEL PUEBLO CERREÑO (3)

La Santísima Virgen del Carmen (Matrona de España) (16 de julio)
Desde finales del siglo XVI, el 16 de julio era un día muy especial para el Cerro de Pasco. Una semana antes, el ajetreo de los preparativos había puesto en inusitada movimiento a las gentes, fueran chapetonas o no. Se celebraba a la matrona de los ibéricos, la Santísima Virgen del Carmen. La noche de la víspera, a la puerta de la Beneficencia Española se aglutinaba un pueblo creyente y alegre; las autoridades a la cabeza. El local del consulado estaba iluminado en toda su extensión. Por ventanas altas y bajas el brillante resplandor de los salones interiores, pasadizos y patios, iluminaban los alrededores.
La Banda española de músicos con uniforme de gala ocupaba el principal emplazamiento; las de la Slava, Cosmopolita y Policía, la escoltaban. En hermosa competencia interpretaban aires de fanfarrias, marchas, pasodobles, zarabandas, jotas aragonesas y pasacalles, toda la noche. Mientras tanto la intermitencia sonora de triquitraques, de buscapiques y estruendo de cohetes de tres tiempos iluminaban de vivos colores la noche azul. Era la parte más sonora y popular de la serenata a la Virgen del Monte Carmelo.

Damas y caballeros emperifollados con abrigadoras prendas de lana, chalinas, y bufandas y sombreros y guantes y manguitos. Las bebidas calientes circulaban pródigas a cargo de solícitos mozos. Ponches de coco, mixtelas y suave jerez, para ellas; mistral, manzanilla, ajenjo, y pisco, para ellos. Todo bajo control. Tenían que estar sobrios para el día siguiente.
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PATRONES Y MATRONAS DEL PUEBLO CERREÑO (2)

Santa Rosa de Lima
Llegado el siglo XVIII –opulencia de nuestros socavones- otros torvos aventureros venidos de pueblos distantes atraídos por la sobrecogedora abundancia de sus filones se afincaron en la ciudad de la plata. Sea por la urgencia de tomar posesión de terrenos plagados de gordas vetas argentíferas o por la dramática urgencia de registrar los correspondientes “denuncios”, el ámbito minero de pobló significativamente.

Los recién llegados, fieros aventureros de armas tomar: truhanes, proxenetas, tahúres, golfos, patibularios, malvivientes en general -hombres de horca y cuchillo- se mezclaron con alucinados gambusinos deseosos de enriquecerse con los ocultos tesoros de la tierra. Se superó fácilmente los cincuenta mil habitantes. La producción era de tal envergadura que los más ricos compraron títulos nobiliarios y legitimaron sus bastardías. Hubo cinco marqueses, dos condes y muchos caballeros. Los nobles cuidaban a sus mujeres como al más preciado tesoro.

El juego, el trago y las mujeres, pasaron a dominar el paisaje humano. Después del trago y el juego, a los aventureros los emparejaba una común y urgente necesidad: las mujeres. Las pocas de la ciudad, esposas, ancianas y hasta niñas, eran deseadas con voraz apetito lascivo, originando sangrantes atropellos cuyo común denominador era la violación.
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PATRONES Y MATRONAS DEL PUEBLO CERREÑO (1)

San Esteban (Primer Patrono del Cerro de Pasco)

Para perpetrar la conquista los españoles trajeron al Perú dos elementos que se complementaron estrechamente: la espada y la cruz. Con la espada –símbolo de diabólica parafernalia bélica- sometieron dramáticamente a los nativos. Con la cruz los asimilaron a la práctica de una nueva religión: la católica. Ambos elementos fueron compulsivamente impuestos. Del uso de la espada son conocidos los sangrientos episodios que registra nuestra historia.

La imposición de la religión católica comenzó con la fundación de ciudades, villas y pueblos. Cada uno de estos estamentos, fueron establecidos bajo la advocación de personajes del santoral católico a fin de que fueran reverenciados: “Vírgenes, santos, cruces, señores Jesuses, Cristos y Jesucristos”.
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EL NAZARENO DE LA YANACANCHA

Entre las joyas religiosas con que cuenta la iglesia cerreña está, en primer lugar, la maravillosa escultura de EL NAZARENO DE LA PASIÓN, que allá por los primeros años del siglo XVI, siguiendo la orientación del inmortal maestro sevillano Martínez Montañés, su discípulo, Francisco Ocampo -también sevillano- esculpió. El Nazareno de la Pasión después de haber permanecido en el Convento de Santa Clara de Sevilla por más de siglo y medio fue reproducido por Ocampo en admirable copia fiel y fue embarcado al puerto del Callao del Perú de donde fue remitido a la Parroquia de La Virgen del Rosario de Yanacancha en el Cerro de Pasco del Perú.

El ciudadano francés don Teodoro Lagravere –según informan los periódicos de la época- tuvo que oblar al Convento sevillano trescientos ducados de oro y, además, una gratificación de 600 reales a la Hermandad de “Los Estudiantes”, sus depositarios. Cumplido el trámite que exige la Iglesia en estos casos, el piadoso ciudadano francés casado con la dama cerreña doña Carmen Cárdenas, consiguió que lo colocaran en lugar preferentemente y visible de la venerada iglesia de la Virgen del Rosario de Yanacancha. Actualmente recibe la presencia de los fieles inmediatamente de traspasado los umbrales del templo.
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LA PROCESIÓN DE DOMINGO DE RAMOS


Desde las primeras horas del domingo, en el atrio de la vieja iglesia de Chaupimarca, se topaba con numerosos vendedores de palmas y ramos venidos de pueblos vecinos como Dos de Mayo y Panao, principalmente. Sus atuendos los denuncian a las claras, especialmente sus “chaplacas”, toscas sandalias con correajes que los aseguran a sus pantorrillas.

(En referencia a este tipo de calzados, nosotros siempre les hemos llamado “Chaplacos” a los huanuqueños y personas de la zona; ellos en reciprocidad nos decían “Shucuyes” a los cerreños). Estos son los artesanos que desde días antes han estado tejiendo artísticamente los ramos de palma en una gran variedad de figuras; desde las más simples hasta aquellas que, en primor de filigrana, revelan a artistas populares de gran habilidad.

El precio de cada ramo está fijado por el arte y la paciencia con que ha sido tejido; desde unos cuantos centavos hasta un sol. El caso es que todos los fieles compran sus correspondientes ramos con los que entrarán en la iglesia. A las once de la mañana, anunciada por las campanas, comienza la celebración solemne con la bendición de palmas y la homilía correspondiente.

Finalizada ésta, en un ambiente de fiesta y contento, sacan en procesión la imagen del Señor. Los fieles -mineros, sus esposas y sus niños- acompañan el cortejo blandiendo palmas y entonando cánticos de Hosannas y Aleluyas triunfales.

En la foto que ilustra esta nota, vemos a gran cantidad de fieles llevando a Jesús en la plazuela Carrión. Da la impresión que nuestro mártir estuviera observando desde su sitial la fe de nuestro pueblo minero.
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