EL CERRO DE PASCO, PIONERO DEL FÚTBOL EN EL PERÚ (02)

Carteles de publicidad que se mostraban fomentando la práctica naciente del nuevo deporte que ha llegado a ser el más popular y querido de los aficionados peruanos, así como del mundo entero.
La conmoción que había causado el triunfo del Club cerreño sobre el limeño, originó tal revuelo en el ambiente deportivo que Lima quiso volver a aplaudirlo. En vista que el número de aficionados crecía notablemente superando con creces al de los toros, se escogió un escenario mucho más amplio: el Recreo Grau, en pleno centro de Lima. Se invitó a otro Club cerreño para dirimir superio¬ridades. Esta vez fue el CERRO DE PASCO MINING SPORT AND FOOT BALL CLUB AMERICAN, conformado por cerreños y norteamericanos de la Mining. Aquí ya no alineaban los ingleses que se habían circunscrito a trabajar en la Pasco Peruana y en la Railway Company. La base del cuadro eran los norteamericanos con refuerzos nativos. El 1º de enero de 1911, con un calor como pocos, ya no un Club, sino al Combinado de Lima, se enfrenta al equipo cerreño. Para su conformación se llamó a los más valiosos elementos que entonces conformaban la Liga Peruana: Unión Cricket, Lima Cricket, Atlético Chalaco, Alianza Lima, Bolognesi, Association, Jorge Chávez, Dos de Mayo, Leoncio Prado, Atlético Pardo y Pilotines. Un verdadero seleccionado. Luego de un ardoroso partido en el que se mencionó enfáticamente el descarado favoritismo del referee, se hace del triunfo el combinado limeño por un gol a cero. ¡Se cobró el penal más injusto del mundo!. El único que vio una “mano” fue el árbitro, después, nadie más. Eso lo aseguraron los comentaristas deportivos al día siguiente. Nadie quedó conforme con el resultado.

En las dos anteriores presentaciones de los clubes cerreños, los aficionados habían gozado enormemente viendo la gran calidad de sus integrantes. Estaban impresionados por el arte con que dominaban el esférico, sus desplazamientos armoniosos y precisos, su incansable tesón en todos los pasajes del partido, y sobre todo, su intuitiva comprensión que fácilmente hacía pensar que se jugaba con un libreto previamente estructurado. Por eso se interesaron en que a Lima fuera a jugar un seleccionado del Cerro de Pasco. Querían ver a los más destacados valores de los clubes mineros, enfrentando a un seleccionado peruano integrado por los mejores jugadores de Lima. La campaña periodística triunfó. El 30 de julio de 1911, en el campo de fútbol del Lima Cricket y disputándose un hermoso trofeo de plata donado por la Municipalidad de Lima, se enfrentaron, la Selección del Cerro de Pasco contra la Selección Peruana de Fútbol. Un marco de expectativa nunca antes visto presenció el encuentro. La Prensa comentó así el partido: “El primer tiempo fue ampliamente favorable a los visitantes que hicieron gala de un tecnicismo pocas veces visto. Sus esfuerzos notables se vieron coronados por un soberbio goal que el público aplaudió frenéticamente. En el segundo período, los locales reaccionaron notablemente, llegando a igualar a sus rivales en dos tantos. Pocos minutos faltaban para finalizar el partido, cuan¬do un magnífico avance de los gringos, dio oportunidad a Lees a romper el empate” “Las estrellas deportivas que nos visitaban, fueron aclamadas con mucho entusiasmo por la multitud asombrada que en ningún momento dejó de aplaudir la inolvidable muestra de su maestría. No hay nada que hacer. El Cerro de Pasco es, en este momento, la más grande expresión del deporte de moda, el fútbol”.

Como consecuencia de los interesantísimos cotejos que se habían visto en sus escenarios, creció asombrosamente la fiebre del fútbol en Lima. Aumentó el número de clubes que se sometieron a una organización adecuada y, en ese ambiente promiso¬rio, el 15 de febrero de 1912 de funda la Liga Peruana de Fútbol. Inicialmente con ocho equipos de Primera División y nueve en Segunda. El 5 de mayo de 1912, se inicia el Primer campeonato de Selección y Competencia, teniendo como escenarios adecuados, los campos de Santa Beatriz y Lima Cricket. El Cerro de Pasco no se quedaba atrás.

Vigente la incontenible fiebre del fútbol, los niños y jóvenes buscaban todos los escenarios posibles para practicarlo, no había lugar libre que no se viera repleto de jugadores de todas las edades que corrían tras una pelota. No sólo los incontables despoblados que rodeaban a la ciudad se hallan ocupados por los deportistas; el entusiasmo es tanto que, inclusive, los lugares más céntricos de la ciudad es invadida por los aficionados. Se hacen traer de Inglaterra las novísimas pelotas de cuero de camello, tan duras, que muchos evitaban cabecearla. El entusiasmo se hace espectacular. El 26 de junio de 1913, el Concejo recibe una queja de los vecinos de la Plaza de Aragón, más tarde, Acho; hoy Plaza Carrión, donde está el Instituto Industrial, con el siguiente tenor.

“Los suscritos vecinos de la Plaza de Acho de esta ciudad, ante usted respetuosamente exponemos:

“Que ya es intolerable el desorden que fomentan los muchachos vagos que pululan en esta plaza durante todo el día, dedicados a toda clase de juegos que perturban la tranquilidad del vecindario. Estos muchachos han establecido el juego del fútbol y con la pelota que arrojan sobre los edificios, no sólo malogran las paredes, sino que rompen los vidrios de las ventanas y causan graves desperfectos, impidiendo al mismo tiempo el libre tránsito por la plaza.

“Es así cómo nuestras casas en general y el local de la Beneficencia Española en particular, sufren diariamente con motivo del juego indicado, sufriendo también el ornato público y la tranquilidad del vecindario, pues con motivo del clamor de esos desperfectos tenemos que sufrir serios disgustos y polémicas diarias con esos mismos muchachos insolentes”.

“Estos muchachos deberían estar en las Escuelas Fiscales y no vagando por las calles diariamente y U.S es el llamado a impedir que este estado de cosas continúen en nuestro daño”

Una larga lista de respetables ciudadanos que vivían en el perímetro de aquella plaza firmaba el alegato. La lucha fue ardua, pero al final se consiguió que los futbolistas fueran a practicar a “Cancha Blanca”. A partir de entonces proliferaron los campos de juego y se centuplicaron los jugadores.

Volviendo a nuestro relato. Como las anteriores competiciones habían revelado brillantes valores del fútbol limeño, la Liga Peruana se sintió con fuerzas para competir con equipos más poderosos que fueran examinadores exigentes y, de esa manera, evaluar el progreso alcanzado. No se pensó dos veces. Se eligió un equipo cerreño que claras muestras de calidad había brindado a la afición en los tres partidos realizados. Hasta aquel momento ninguna otra provincia del Perú, podía parangonársele al Cerro de Pasco que era el más alto representante del fútbol peruano. Con esas miras se convocó a las más destacadas figuras de los equipos de la Liga Peruana y se conformó un Seleccionado que, de inmediato, fue sometido a intensivo entrenamien¬to.

Ante una expectativa hasta entonces inédita, comparable sólo con el fervor que despertaban las corridas de toros de postín, se programa para el 29 de julio de 1912, el cuarto partido en el amplio campo de Santa Beatriz. El escenario estuvo colmado hasta el tope y se jugó en homenaje a las Delegaciones Estudiantiles de toda América que asistían al Segundo Congreso de Estudiantes que entonces se realizaba en Lima. Los afiches y carteles anunciaban por todo Lima el esperado encuentro entre:

Selección Peruana de Foot-Ball.
vs.
Selección de Foot-Ball del Cerro de Pasco.

Ahora que han pasado los años, se ha establecido que este histórico partido es el más trascendental en la historia del fútbol del Perú de aquellos tiempos. No se ha olvidado la expectativa que entonces despertó entre los aficionados y la forma en que se jugó.

Por su parte, los integrantes de nuestra selección local decidieron también prepararse adecuadamente. Tuvieron que efectuar sus prácticas, ya no en terrenos duros de tierra, sino en campos cubiertos de hierba; eso sí, la preparación atlética fue exigente y muy adecuada.

Se conformó una selecta delegación de autoridades comandada por el Cónsul de Inglaterra (Presidente Honorario), Alcalde de la ciudad, autoridades locales y deportivas y personas notables. A la delegación se sumó el íntegro de la Banda Slava de Músicos bajo la batuta de Markos Bache; delegación de periodistas y abrumadora cantidad de aficionados que atiborraron cinco coches del ferrocarril. Éstos llevaban carteles, bocinas, pancartas, pitos y matracas. Los más previsores comprometieron a don Frederick Herold para que embarcara cincuenta costales de cerveza. Por su parte EL MINERO tiró una edición especial que sería vendida en Lima durante el encuentro. En el Cerro de Pasco no se hablaba de otra cosa y el centro de preparación de los aficionados estaba en el consulado inglés, presidido por el muy querido gringo, Henry Stone.

Así las cosas, después de despedirse de la afición en el desfile de Fiestas Patrias, jugadores, autoridades y aficionados abordaron el tren expreso. Su llegada a Lima fue espectacular. Las autoridades se alojaron en el Maury, el resto, de acuerdo a sus economías, en El Correo, Europa, San Martín, Pescadería y Desamparados. Aunque esa noche nadie durmió con la bulla de las fiestas julias, tuvieron mucho cuidado de preservar el sueño de sus deportistas.

Al día siguiente, 29 de julio, día de fiesta, desde las dos de la tarde los aficionados cerreños estaban colmando una parte de la cancha de Santa Beatriz. La banda austriaca, completamente uniformada, hizo una cabal demostración de su calidad al centro de la cancha antes del partido. El público sorprendido miraba a aquellos rubicundos músicos que con un entusiasmo ejemplar tañían sus instrumentos inundando de alegría todos los ámbitos del campo. Luego con fanfarria recibieron el ingreso de ambos equipos que, uno al lado de otro, escoltaban una enorme bandera peruana. ¡Qué hermosa demostración de civismo y cariño a la patria!. Tras los saludos del caso, se conformaron los equipos. La Selección Peruana, con: Juan Carpio, en el arco; Juan Fry y Alfonso Gallardo, de backs; Fernando Ortiz de Cevallos, Enrique Andrade y Guillermo Valderrama, como volantes; Darío Aranzáenz, Nicolás Alfaro, Manuel Álvarez, Telmo Carbajo y Pedro Ureta, en la delantera. La Selección del Cerro de Pasco, con Ernesto Rosazza en el arco; Wilson y Blair, de backs, Trocedie, Mac Leod y Mac Donald, en la volante; Alberto Brindani, Leo Vargas, Noa Lees, Julio Wilson y José Cilliani, en la delantera.

El entusiasmo por el fútbol crecía de manera avasallante. Era el “boom” deportivo de aquellos tiempos.
El encuentro fue arduamente disputado entre el aplauso incansable del público y el griterío de las barras; las nuestras, encendidas por las cervezas HEROLD que se bebía con gran entusiasmo. Finalizados los noventa minutos reglamentarios -dicen las crónicas de entonces- tras ardorosa disputa, los equipos quedaron empatados sin que se abriera el marcador. La emoción en las tribunas era indescriptible y exigía que, de una vez por todas, se definiera al ganador del encuentro con un tiempo suplementario pertinente. Es más, ante la exigencia del público fanático, se comenzó a reunir una respetable cantidad de dinero para apostar en favor de la Selección Peruana. Los cerreños que formando una nutrida caravana habían viajado a alentar a su equipo, hacían bullangueras barras y ¡Cómo no!, reunieron con creces la cantidad que les correspondía. Estaba en disputa la increíble bolsa de: CUARENTA MIL SOLES ORO, que se llevaría el equipo ganador. (En ese momento, un sol equivalía a seis dólares americanos: Saquen la cuenta). Para dirimir, se acordó jugar un tiempo suple¬mentario de veinte minutos que se desarrolló en medio de delirante expectativa. Las enfervorizadas barras de uno y otro lado hacían escuchar sus gritos de aliento para sus parciales. Al final del suple¬mentario que se jugó con gran ardor tampoco se logró abrir el marcador. Como aquella tarde debía de definirse al ganador del hermoso trofeo de plata, y sobre todo, la atractiva bolsa pecuniaria en juego, se acordó otro suplementario de veinte minutos más. Este paraje del partido fue de un trámite electrizante y emotivo del que se habló por muchos años. Es necesario remarcar que, en esta oportunidad, se estaba demostrando palmariamente lo que había asegurado el notable científico peruano Carlos Monge Medrano: “El hombre de altura puede cumplir dos o tres veces más esfuerzo que los de la costa y llanura. Está capacitado para eso.” ¿Cómo no iban a realizar esta tarea los hombres de la ciudad más alta del mundo?. Cuando ya estaba por finalizar el partido con un “baile” espectacular del Cerro de Pasco que dominaba ampliamente, logra la anotación de un espectacular gol que dejó mudos a los espectadores limeños y afónicos a los cerreños. EL COMERCIO de la fecha evoca así la parte final de aquella hazaña inolvidable: “Finalizado el partido que tuvo un trámite de impresionante desenvolvimiento por la maestría de las jugadas de uno y otro bando, sobresaliendo la ya conocida calidad del team cerreño, el score fue contundentemente expresivo con lo que había acontecido en la cancha” (…) “cuando se escuchó el pitazo final del referee se originó el inmenso jolgorio de los cerreños y el mutismo de los limeños. La gente lloró con la derrota de la Selección Peruana y, otros –esto de sí es irresponsable y hasta criminal, que está reñido con la conducta que se debe observar en los campos del deporte- algunos irresponsables apedrearon a los cerreños que se llevaron el valioso trofeo y la bolsa de cuarenta mil soles oro. Felizmente, rápidos, perseguidos por una implacable pedrea, abordaron los vehículos que los habían llevado al campo y de allí, maltratados pero triunfantes y felices, se desplazaron hasta la estación de Monserrate donde el ferrocarril especial los esperaba para transportarlos a su destino”. (EL COMERCIO, 30 julio 1912).

Este partido, como puede colegirse, quedó grabado en la memoria de los aficionados y en la historia del fútbol de nuestra patria.

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