La literatura folclórica

Características.-            La característica del cuento folclórico en particular y de la literatura folclórica en general, es la de ser inventada de memoria y transmitida en forma oral. Como el pueblo no sabía escribir (a estas agrupaciones los especialistas la llaman FOLK) inventaron sus relatos teniendo como personajes, no sólo a seres humanos, sino también, animales, ríos, plantas, montañas, etc., y lo cuentan por lo general, no a una sola, sino a un grupo de personas. Y el que crea el cuento –hombre o mujer- que más tarde va a ser asimilado por el pueblo, hace lo que un escritor al crear una obra literaria. No hay diferencias. El hombre del pueblo crea una historia para orientar a sus oyentes, para exaltar lo bueno y lo bello; para enseñar a respetar las reglas que se dan en su grupo humano; para explicar el origen de las cosas; el premio para el bien y el castigo para el mal. El mismo motivo tiene, conforme lo podemos comprobar, la literatura escrita. La distinguida escritora, Aurora Díaz Plaja, nos dice: “Antes de decir lo que caracteriza a un cuento popular, debemos decir lo que no es. No es cuento literario, puesto que carece de autor, cierto, individual; es obra anónima y colectiva. No es tampoco infantil aunque haya agrupado las más bellas compilaciones de cuentos infantiles. Grimm y Perrault, tuvieron que limar asperezas. Por ejemplo, LA PIEL DE ASNO, unida a LA VIANDA QUIERE A LA SAL, se puede llevar a la mente infantil y sin embargo la creación auténtica tiene un tono no apto para el niño”. (9)

El escritor Roger Pinon, que ha trabajado intensamente en el cuento folklórico, nos dice: “El cuento es un relato puramente estético (…) hace olvidar completamente la experiencia real por el poder de las palabras (…). El cuento es pues, épico, novelesco, subjetivo, maravilloso, irreal, indiferente en el sentido moral; literariamente es un todo labrado con energía, limitando su acción social a dar ejemplos y en casos más raros, advertencias”. (10)

Jaime Rest nos señala como característica del cuento folclórico: “…creación anónima, popular, tradicional y oral.” (11). La definición más usada a ultranza es la que sostiene: “El cuento es una narración fingida, corta, ingenua y fácil, ya cómica, ya fantástica, de la cual puede desprenderse una enseñanza”.

Así, el cuento viene a ser para el folclorista o el antropólogo, el valioso retrato de un grupo social determinado. Mediante él, se puede descubrir e informarse cómo son las costumbres de sus gentes, qué piensan del bien y qué piensan del mal; qué piensan de Dios, del amor, de lo extraterrestre, etc. Es decir, no sólo el científico, sino cualquier curioso podrá descubrir la imagen clara del pueblo. Por eso es interesante la literatura folclórica.

BREVE HISTORIA DE SU ORIGEN Y EVOLUCION. – Convencidos que no se puede señalar con precisión el origen del cuento, podemos decir basados en los últimos estudios de Antropología y crítica literaria, que los cuentos más antiguos pertenecen al siglo XIII o XIV a. C. en Egipto, superando en antigüedad a los de la India y otros países que inicialmente se suponían eran cuna del cuento.

En la célebre obra del egiptólogo francés Gastón Máspero, titulado: LOS CUENTOS POPULARES DEL ANTIGUO EGIPTO, se halla la más grande colección de cuentos conocidos hasta hoy, entre los que se revelan notables antecedentes de  LAS MIL Y UNA NOCHES, ROBINSON CRUSOE, SIMBAD EL MARINO, y otros igualmente sobresalientes, describiéndose una serie de costumbres populares que ilustran la manera en que vivían.

El antropólogo Franz Boas –una de las mayores autoridades en el estudio del cuento folclórico- dice que éstos demuestran que por lo general se manejan con sucesos que pueden ocurrir en toda sociedad humana, con pasiones, virtudes y vicios propios del hombre. A veces estos sucesos resultan sumamente plausibles, pero con mayor frecuencia revisten un aspecto fantástico y una índole que no puede tener origen en la experiencia, sino que debe interpretarse como consecuencia de la relación existente entre la imaginación y el hecho cotidiano. Los productos de la imaginación constituyen la mera reproducción de las experiencias oníricas, aunque se basen en ellas; son resultados de ensueños que juegan con ellas y que se apropian de su tono emotivo. Nos invade un deseo ardiente y nuestra imaginación nos permite ver la satisfacción del deseo por imposible que sea. Un suceso nos produce asombro y en la imaginación los elementos que suscitaron nuestra sorpresa son exagerados. Nos amenaza el peligro, y su causa asume el aspecto de tener poderes extraordinarios. En todas estas situaciones, la experiencia real puede resultar exagerada o transformada en su opuesto y de tal modo lo imposible llega a concretarse.

En todo caso, es necesario señalar que, la invención de los cuentos tradicionales han debido ser creaciones individuales, pero esa paternidad ha ido cayendo primero en el olvido y luego en el desconocimiento total a medida que el grupo social lo incorporaba a su acervo colectivo y las modificaba sin vacilaciones cuando lo creía conveniente y los perpetuaba a viva voz a través de las generaciones. Estas narraciones han quedado como testimonio de que el hombre, desde tiempos inmemoriales, ha poseído una disposición psicológica muy honda y espontánea que lo lleva a referir historias del mismo modo cómo lo impulsa a estructurar los ritmos del verso, del canto y la danza. El estudio de esta actividad fabuladora ha suscitado considerable interés en la erudición antropológica y ha permitido una sistematización de las características que posee el cuento basado en el objeto de los incontables relatos que se han ido recogiendo en las más diversas regiones del planeta. Con el auxilio de tales indagaciones ha sido posible extraer observaciones generales sobre la estructura y el estilo de la narración folclórica, enfocando los rasgos distintivos de los personajes, el empleo de elementos mágicos, la presentación del medio social y la naturaleza de los procedimientos artísticos. Finalmente, una de las cuestiones que ha suscitado mayor atención, es la que se refiere a la clasificación de estos cuentos, de acuerdo a pautas que redujeron la inmensa marea de narraciones a un número de categorías comparativamente limitado que, a su vez puede subdividirse en: historias de animales, relatos maravillosos, temas religiosos, asuntos novelescos, episodios de bandidos y ladrones, referencias al diablo burlado, alusiones a sacerdotes, anécdotas y relatos chistosos, cuentos de embuste, cuentos de fórmulas, cuentos de chascos y aspectos no incluidos en las variedades precedentes. Por supuesto, las categorías señaladas no agotan las peculiaridades del género, y en particular habría que añadir las múltiples variaciones sugeridas como consecuencia de la combinación de elementos.

Desde épocas remotas se observa una tendencia a fijar por escrito las narraciones tradicionales y, de tal forma, a trasladarla a un plano letrado en el que  logrará perpetuarse, si bien con el sacrificio de ciertas peculiaridades específicas de su anterior naturaleza oral, cesa a capacidad de transformación que poseía el asunto relatado y, por lo general, el autor de la trascripción introduce alteraciones en la anécdota que tienden a realzar su valor artístico, en perjuicio de su autenticidad como testimonio popular y colectivo. Sin embargo, aunque estas circunstancias disminuyen el valor científico de la trascripción, de tal manera se ha rescatado importantes piezas, que de otra manera se hubiese perdido irremediablemente.

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