Llegada de las máquinas a la ciudad

Fue un espectáculo inédito el que veía el pueblo minero por aquellos días. Interminables caravanas de carromatos, carretas y carretones que transportaban elementos imprescindibles para el inicio de los trabajos mineros. Las piezas gigantescas –nunca antes vistas en la ciudad- eran haladas por grupos de enormes bueyes. Los jefes de estas caravanas eran hombres extraños, enormes, pálidos, rubios, de ojos claros e idioma extraño que llamaba la atención de las gentes cerreñas. Apoyados por aguerridos hombres de la ruta, partieron del Callao desplazándose por Yangas, San Buenaventura, Canta, Obrajillo, Huaros, Huayllay hasta llegar al Cerro de Pasco.

En su edición correspondiente al 1º de febrero de 1902, EL MINERO ILUSTRADO, dice: “CERRO DE PASCO MINING COMPANY,  es el nombre del Sindicato yanqui representado en este asiento por el señor  James Mac Farland que en breve dará principio a los trabajos de explotación en este tradicional emporio de riquezas. Han llegado varios empleados americanos que han hecho el  viaje en carretas tiradas por dos parejas de mulas cada una. Ayer llegó el primer convoy de carretas conduciendo equipajes y madera”. (…) “El viaje de Lima al Cerro de Pasco se hacía por la ruta de Canta, llamado camino de Obrajillos. En esta ruta no se podía usar vehículos de ninguna clase. Un viaje sin carga tomó cinco días. Dar la vuelta por la Oroya- Tarma habría prolongado el viaje en dos días más. En el año de 1780 llegó el ferrocarril hasta Chicla, poco más abajo de Casapalca. Esto provocó un cambio de ruta. La construcción del ferrocarril quedó paralizada por 22 años, pero en 1893, los trenes llegaron hasta la Oroya” (EL MINERO ILUSTRADO, 1º-II-1902:2).

“El espectáculo que ofrecen en la ciudad es inusitado. Numerosas carretas gigantescas haladas por robustas mulas atraviesan la ciudad; llevan enormes maquinarias, herramientas, materiales, equipajes y vituallas. Ubicados a extramuros de la ciudad, con una celeridad inusitada, levantan los primeros campamentos y oficinas de trabajo. El movimiento de estas gentes es verdadera­mente incansable y espectacular. Nunca se había visto tanta diligencia y dedicación juntas”.

“Los ocho diarios que se editaban en nuestra ciudad, no se cansaban de magnificar la decisión de los financistas norteamericanos. EL ECO DE JUNÍN, decía “Se abre una esperanza de luz para nuestra minería y, consecuentemente, para nuestra ciudad que así seguirá por el próspero camino de la opulencia. No dudamos que no sólo nosotros, sino pueblos aledaños como los del valle del Mantaro y Huánuco, tendrán mayores oportunidades de comerciar en el Cerro de Pasco que, además, brindará oportunidad de trabajo y bonanza a quienes deseen engrosar las filas de servicio  a la nueva compañía”. EL INDUSTRIAL, puntualizaba “Estamos ad portas de un nuevo despegue de la economía y el trabajo, pilares de nuestra tierra. Por los planes que se han hecho conocer, podemos asegurar que la nueva compañía norteamericana establecerá un monopolio minero en nuestra ciudad. Una modalidad no practicada hasta ahora, pues, anteriormente, la pluralidad de propietarios y por ende, la competencia entre ellos, determinó que nuestro progreso fuera lento. Ahora, con los capitales y la nueva tecnología que traen, no dudamos que obtendremos buenos resultados para nuestra tierra”. Así como estos, EL MINERO, EL SIGLO, EL REGENERADOR DEL PUEBLO, LOS ANDES, LA GACETA, LA UNIÓN, hacen lo propio.  Por otra parte, el Banco del Perú y Londres que venía desarrollando una copiosa actividad económica en nuestro pueblo, brindó sus oficinas para que mediante ella los norteamericanos pudieran efectuar sus transacciones. Era febril la actividad por aquellos días”.

“El Código de Minería, entonces vigente, estableciendo claramente que la propiedad minera legalmente adquirida era irrevocable y perpetua como la propiedad común; el único impuesto que se debería pagar era de treinta soles al año por la pertenencia. Éste fue un poderoso estímulo para el progreso de la minería peruana. Entonces menudearon los inversionistas. Además de los mencionados, los fundamentos que sustentaron el desarrollo de nuestra minería fueron la fundación de la Escuela de Ingenieros en 1876. La emisión de la Ley de 12 de enero de 1877 sobre la propiedad    minera. La instauración de los ferrocarriles. La Ley de 8 de noviembre de 1890 que prescribía que antes de 1915 no podía gravarse con ningún nuevo impuesto a la industria minera ni a la exportación de sus productos. El establecimiento del Ministerio de Fomento. La promulgación del nuevo Código de Minería. El levantamiento de los planos geológicos de los principales  centros mineros del país, especialmente del Cerro de Pasco. Sobre todo la emprendedora obra de notables peruanos como Eulogio Fernandini de la Quintana, Antenor Rizo Patrón Lequerica, Lizandro Proaño, Manuel Arias Carracedo y otros.

“El 2 de febrero de 1902, con un entusiasmo rayano en la locura, inician la perforación de la primera mina en la lumbrera NORUEGA y quince días después, en la lumbrera EL DIAMANTE, que había pertenecido a la firma Ibarra y Cía. El 4 de junio de 1902 se da inicio a la apertura de la célebre lumbrera LOURDES en terrenos denominados HUASCACOCHA.  Aquí se levantó el castillo que es  distintivo y símbolo de la minería cerreña. Es toda una inolvidable institución. El diario EL COMERCIO, informó así el acontecimiento: “El Sindicato yanqui ha dado comienzo a sus trabajos en tres secciones: “Yanacancha”, “Lumbrera” y “Diamante” que fueron de Ibarra Hnos y “Minas Noruega” y “María Raquel”. Espérase que el Cerro cambiará la faz completamente mediante el poderoso impulso que le darán estos trabajos.(…) El señor Subprefecto ha pensado en retirar la pequeña fuerza de gendarmería existente aquí. Creemos todo lo contrario, pues debe aumentarse la policía en proporción al desarrollo que está tomando esta provincia”  (EL COMERCIO, 3 de febrero de 1902:1).

Instalaciones aledañas al Castillo de Lourdes, monumento de la minería nacional, a comienzos del siglo XX. Talleres y oficinas se han construido en derredor del castillo de acero que finalmente fue vendido a Chile y en la actualidad está en la mina “El Teniente” de la ciudad sureña.
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