Estampas Cerreñas (10)

Fotografía de Sebastián Rodríguez, tomada de la página http://www.ojospropios.com

En esta fotografía se aprecia a nuestro mártir obrero, Gamaniel Blanco Murillo, en momento de partir de viaje a la ciudad de Lima para entrevistarse con José Carlos Mariátegui. Lo vemos en la estación de Morococha en la gradería de un coche del ferrocarril, sin sombrero y con un periódico en la mano, en compañía de connotados líderes del Partido Comunista Peruano, fundado el 20 de mayo de 1930. Al otro extremo con periódico en la mano y con sombrero su compañero de luchas en campos sindicales de Morococha, Adrián Sovero.

El accionar de Gamaniel en la lucha por las reivindicaciones sindicales a favor de los obreros, fue extraordinario. Corresponsal personal del AMAUTA, escribía con el seudónimo de Alcides Marín con el que también escribe la Monografía de Morococha.

Cuando se opone a los actos de sangre, sus directivos lo desautorizan. Lo que buscaban estos teóricos de pacotilla, eran autómatas asesinos que obedecieran a pie juntillas sus órdenes. Estos huidizos “luchadores”, traicionaron las más grandes aspiraciones de un hombre que, en todo terreno, los superó como luchador y como líder. Transcurridos los años -lo hemos visto-  la sangre y el sacrificio de Gamaniel fue capitalizado por estos traidores que postularon a cargos gubernamentales de la nación, felizmente sin éxito alguno.

Es necesario tener presente que pocos hombres habrán sufrido como Gamaniel Blanco Murillo. Po­cos habrán soportado el lacerante odio de sus carceleros por su amor a la justicia, por su indesmayable amor a los obreros, por su irrenunciable postulado de lucha. Condenamos  la traición infame de quienes debieron respaldarlo siempre. Las salvajes palizas diarias que le propinaban, sus nocturnos cautiverios en la “lobera”, su hermético encierro, no pudo ser resistido por su castigado cuerpo. La aciaga mañana del 16 de abril, cuando se cumplía justamente el primer aniversario de la muerte de su maestro José Carlos Mariátegui, moría  arrojando los últimos vestigios de vida con la generosa sangre de sus pulmones, último grito de rebeldía que en su vida había sido su norte. Era la madrugada del 16 de abril de 1931. Moría en la flor de la vida. Estaba por cumplir 24 años.

Gamaniel es uno de los centenares de mártires que se inmolaron por la justicia social de nuestra patria. Su cuerpo está sepultado en el Cementerio Baquíjano del Callo, pero desde aquel día, en cada recoveco de la mina, en cada galería poblada de lamentos, en cada espalda sudorosa y maltra­tada, hay un luminoso canto de justicia prendida en cada uno de los corazones mineros. El no ha muerto.

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One thought on “Estampas Cerreñas (10)

  1. Hay de los escribidores comprometidos con su pueblo que luchan un año y son buenos. Hay de los escribidores comprometidos con su pueblo que luchan cuarenta años y son mejores. Hay del escribidor comprometido con su pueblo que lucha toda la vida ese es el indispensable como Gamaniel.

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