JUAN AZALIA

Fue, entre los hombres que se afincaron en nuestra ciudad, un valiosísimo elemento que prestó su generoso servicio a la comunidad. Siempre se le recordó así. Con mucho respeto. Austriaco de nacimiento llegó al Cerro de Pasco apenas instalado el consulado austro – húngaro del que fue su más notable representante. Fue propietario de las minas de plata, cobre y plomo, siguientes: La Bastilla, Nuestra Señora del Milagro, Zupa, Estrella del Oriente, Causalidad, La Victoria, Julia, Estrella Caída, Nuestra Señora de Lourdes, Elena, Lola, César Alejandro, Depósito de la Plata, El Perú, Rodolfo y Bon Langer.

A fines del siglo XIX, conjuntamente con sus hermanos modernizó sus instalaciones mineras, dotándolas de concentradoras y mejores molinos accionados por fuerza hidráulica

El año de 1,901, se presentó como postulante a los comicios para nombrar a los Diputados Mineros. Fue electo. En 1,908, fue Alcalde de nuestra ciudad minera. También fue miembro fundador de la Sociedad SLAVA de Beneficencia del Cerro de Pasco y directivo de la similar institución en Lima. Fue un hombre generoso, que dio la mano a muchos de sus paisanos y amigos; se hizo presente con donativos para la Cruz Roja de su tierra, para las obras de bien en Cerro de Pasco y contribuyó económicamente, a favor del Perú, durante la ocupación chilena.

En el plano comercial tuvo un importante establecimiento conocido como: CASA COMERCIAL AZALIA, en compañía de aquel moreno inolvidable don Alexander Nation, jamaiquino al que la ciudad amó con entrañablemente por sus dotes de bienhechor.

Don Juan Azalia negociaba productos y maquinarias que importaba directamente de Europa y Estados Unidos para distribuirlas en toda la región. Fue en el año 1,910, que liquidó este negocio debido a la fuerte competencia de la empresa Cerro de Pasco Cooper Corporation. Ésta pagaba a sus trabajadores con “vales sellados”, para que con ellas pudieran hacer sus compras en la MERCANTIL. La cobertura comercial de Azalia, llegaba hasta los límites con la selva peruana, pues uno de sus proveedores de productos de selva fue Don José Ocaña, que tenía intereses en la ciudad de Huacrachuco y Monzón en la provincia de Huamalíes (Huánuco), a más de 250 kilómetros de Cerro de Pasco, comunicado en aquel entonces por una angosta vía peatonal, que cruzaba los escarpados cerros de la Cordillera de los Andes. Cuando cerró sus puertas la empresa comercial de Juan Azalia, canceló la deuda a OCAÑA entregándole un grupo electrógeno, con el que dio fluido eléctrico al pueblo de Huacrachuco y aledaños.

Aquejado de una eritrocitosis aguda y riesgosa, tuvo que afincarse en la ciudad de Lima. No vivió mucho. A su muerte acaecida el 29 de octubre de 1910 en la capital, fue sepultado en el cementerio Presbítero Matías Maestro. Su tumba junto a la de su esposa Julia M. Marinovich, está ubicada en un hermoso mausoleo, frente a la del tirano Luis M. Sánchez Cerro. En las páginas de nuestro libro de historia van a encontrar muchos pasajes de su vida bienhechora y ejemplar.

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