CURIOSIDADES (01)

El diario EL COMERCIO de 22 de octubre de 1902, informó que el señor Enrique Prevost, representante de la primera Empresa de Transportes del Perú, puso al servicio de su público usuario dos automóviles recientemente adquiridos en Inglaterra para cubrir la ruta del Cerro de Pasco a las minas de Tambo Colorado,  de 100 kilómetros de distancia, en 36 horas. El telegrama que publica, dice: “ Cerro de Pasco, 22- octubre-1902- Automóviles llegaron domingo mediodía. Prefecto avisó la llegada. Gran júbilo población. Regresan el jueves con carga”. Como era de esperarse, la noticia causó conmoción en el Perú.

Estos carros eran de la marca pionera, “Gardner Serpollet” de cinco caballos de fuerza, propulasado por un caldero a vapor que, activado por un quemador de carbón, muy ventajoso para aquellas inclementes alturas, otorgaba movimiento a sus cuatro pistones en V. La carrocería era del tipo “Vis-a-Vis” con dos bancas frente a frente y los mandos delante del asiento posterior. Éstos, no sólo fueron los primeros vehículos motorizados que circulaban en nuestro país, sino los primeros del mundo en trabajar en 4380 metros s.n.m, en la ciudad más alta del mundo.

La creación del Departamento de Pasco

Extracto de la sesión de la Cámara de Diputados, referente a la aprobación del proyecto de ley creando el nuevo Departamento de Pasco. (“El Comercio” de Lima – 25 de noviembre de 1944)

ORDEN DEL DÍA

El Presidente manifestó que continuaba el debate del proyecto de creación del Departamento de Pasco.

El señor PEÑALOZA continuó su discurso iniciado en la sesión anterior. Adujo diversas y extensas consideraciones técnicas en oposición al proyecto en debate y, al concluir, hizo leer el dictamen de la Sociedad Geográfica recaído en el proyecto de Demarcación Política del Perú del que es autor el señor Emilio Romero. En él se mantiene la integridad del Departamento de Junín, dando a conocer que no comprende en lo absoluto la necesidad de la creación del departamento que se trata de formar.

El señor REPETTO interviene nuevamente en el debate y da a conocer que en anterior oportunidad se propicio la formación de un departamento de nombre diferente a Junín, en la ciudad de Huancayo con la anexión de otras provincias, y aduce otros conceptos a favor del proyecto en debate.

El señor DELBOY emite conceptos en oposición al proyecto, diciendo que cree que debe darse previamente una ley que contenga la demarcación política de la República a lo que se opone desde luego el proyecto en discusión.

El señor PEÑALOZA hace rectificaciones acerca de lo tratado por el señor Repetto.

El señor LLOSA, luego de agradecer las intervenciones favorables al proyecto, expresa que lo sostenido por él, es que en el Proyecto de Demarcación Política de la República, obra del señor Emilio Romero, se incluye a Pasco en una sexta región segregada de Junín; manifiesta que hay caminos de Oxapampa y emite diversos conceptos en apoyo del proyecto en debate.

El señor BOHL dice que en la provincia de Tarma se ve con simpatía la creación del Departamento de Pasco, por lo que va a emitir su voto favorable.

Terminada la discusión y en votación nominal a pedido del señor Peñaloza y por acuerdo de la Cámara, fue aprobado el proyecto de creación del Departamento de Pasco por 61 votos favorable y cinco en contra, resultado que fue muy aplaudido.

El proyecto aprobado, es el siguiente:

Artículo 1º.- Créase el Departamento de Pasco, cuya capital será la ciudad de Cerro de Pasco.

Artículo 2º.- El Departamento de Pasco estará constituido por la Provincia de Pasco, y por la de Daniel Carrión y Oxapampa que se crean por esta ley. Sus límites serán los de las provincias que la integran.

Artículo 3º.- La Provincia de Pasco quedará formada por los siguientes distritos: Chaupimarca, Yanacancha, Huariaca, Tinyahuarco, Huayllay, Ninacaca, Huachón Y Paucartambo. La capital de la provincia será la ciudad de Cerro de Pasco, y sus límites serán los que tienen los distritos que la forman.

Artículo 4º.- La Provincia de Daniel Carrión se constituirá con los distritos de: Yanahuanca, Tapuc, Vilcabamba, Chacayán y con el de Goyllarisquizga, que se crea por esta ley. La capital de la provincia será Yanahuanca y tendrá como límites a los distritos que la integran. La capital del Distrito de Goyllarisquizga será Goyllarisquizga, y sus límites los del pueblo de este nombre.

Artículo 5°.- El actual, distrito de Huancabamba se convierte en provincia, con el nombre de Oxapampa, la que comprenderá los siguientes distritos: Huancabamba, Oxapampa, Chontabamba y Villa Rica. La capital de la provincia será Oxapampa y sus límites los que tienen los distritos integrantes. Las capitales de los distritos serán respectivamente: Huancabamba, Oxapampa, Chontabamba y Villa Rica, y sus límites de estos centros poblados, a excepción del distrito de Huancabamba, cuyos límites se conformarán a lo establecido en el presente artículo.

Se levantó la sesión cuando era las 9 y 45 minutos de la noche.

Saludo a mi tierra

Panorama parcial de la ciudad minera del Cerro de Pasco, visto desde el mirador de Huancapucro, tradicional capilla de nuestro pueblo. Al otro lado está el gigantesco “Tajo Abierto” y la nueva ciudad en San Juan Pampa.

Comienza su historia el 9 de octubre de 1567 con el primer denuncio de sus minas. Este fue el primer robo de los españoles a los caciques yauricochas, sus legítimos dueños. Para ello intervinieron autoridades reales y una cáfila de aventureros que se conchabaron con caciques traidores de latitudes adyacentes.

Consumada su infamia, los españoles fueron a tomar posesión de “sus tierras”. Esperaban encontrar un territorio propicio no obstante las fragosidades de las alturas, pero no. Se dieron con un territorio abrupto plagado de lagunas de emergentes islotes que los naturales conocían con el nombre de YAURICOCHA: “La laguna de los metales”. Como es natural, había que desecarla. No les fue difícil. La elevación en la que se encontraban permitiría dirigirlas a las partes bajas. Así lo hicieron. Al desaguarlas por impulsivas acequias hacia las partes bajas, queda al descubierto un sedimento blanquísimo de plata pura que por siglos había permanecido bajo las aguas. La plata a flor de tierra, en una orgiástica abundancia, estaba pródigamente diseminada por aquellas soledades blancas. Un 26 de diciembre, día de San Esteban, santo francés, los notarios asentaban en los libros de las Cajas Reales de Lima, el nacimiento de este argentífero depósito con el nombre de San Esteban de Yauricocha y que, pasados los años, por estar cerca a la Villa de Pasco, adoptó el nombre de Cerro de Pasco.

La plata está visiblemente abundante en vetas inmensas. La noticia se expande por todos los confines del territorio. Vienen los aventureros a afincarse en sus predios. Con el correr del tiempo, fue recibiendo muchas denominaciones. Pedro Cieza de León y Miguel de Estete la denominaron CERRO MINERAL DE BOMBÓN. En la década comprendida entre 1620 y 1630, la minería hispanoamericana decae notablemente. Las minas de Nueva España (México) y las de Potosí declinan ostensible¬mente debido a la decreciente ley de minerales, la mayor profundidad en la que se hallaban las vetas, la mala administración de los braceros, y las dificultades en la provisión de mercurio. A esto hay que agregar que en 1625 se produce la inundación de las minas de Potosí, agravándose el mal cuando en 1626, un aluvión las hace desaparecer, en gran parte, cobrando la espantosa cifra de cuatro mil muertos. Entonces los envíos correspondientes al QUINTO REAL son de tal magnitud que al Cerro de Pasco se le denomina NUEVO POTOSÍ y acorde con esta importancia, establecen en la ciudad las CAJAS REALES, or¬ganismo encargado de la administración de los bienes materiales y tesoros que se percibían en sus minas. Haciendo honor a su nombre, el Nuevo Potosí resarce la economía colonial de la Corona Española que estaba a punto de colapsar y en mérito a esta contribución se le otorga el título de CIUDAD REAL DE MINAS. Co¬rría el año de 1639.

Cuando los españoles encontraban una veta, la cercaban de inmediato para hacerla inexpugnable. Al centro abrían la bocamina y en parte preferencial la residencia del dueño; muy junto, la bodega donde guardaban bajo siete llaves el mineral que sacaban, los insumos y las herramientas laboreras. Las barracas para los obreros y las cuadras para las mulas completaban el núcleo minero. Otro español -minero también- hacía lo propio en sus dominios adyacentes, teniendo mucho cuidado de dejar entre sus propiedades, una calleja para el libre tránsito de hombres y acémilas.

Tierra frígida, trepada en la montaña, accesible sólo por inverosímiles caminos recorridos por jadeantes mulas cargadas de plata en la época colonial de la ambición; cruzada por zigzagueantes rúas que van al norte, giran al sur, trepan caprichosas elevaciones, descienden raudas, se estrechan en tortuosos pasajes y se encuentran agotadas en callejones sin salida. Calles sin orientación ni concierto, sin las clásicas cuadraturas hispánicas; frías, indecisas, rebeldes y desconcertantes, por donde trajinaron los aventureros de allende los mares. Calles de sangre y reyertas con balcones añosos y misteriosos, de expeditivos romances y oscuros conciliábulos; fruto de la improvisación y la ligereza; nacidas siguiendo la accidentada superficie de su suelo. Con una personalidad única, inconfundible, que no se repite en otro rincón de la tierra. En diversas épocas, esta belleza montaraz se ha plasmado en cuadros de Leoncé Angrand, Rugendas, José Sabogal, Julia Codesido, Camilo Blas, Camilo Brent, Teodoro Núñez Ureta, Carlos Palma Tapia. Aquí nadie vino a fundar una ciudad. Nadie. Lo único que importó –entonces como ahora- fue explotar sus riquezas. Desde entonces, nada ha cambiado. De sus minas han salido interminables caudales que sirvieron para construir, hospitales, cuarteles, fábricas, catedrales, avenidas, paseos, parques, puentes, en otros lugares del Perú… Con sus riquezas se han comprado barcos, aviones, cañones, tanques, misiles, fusiles, balas…. De sus minas siguen saliendo los fondos para solventar los gastos de tanta transacción inmoralmente negra de la que se apoderan delincuentes de cuello y corbata encaramados en los gobiernos de turno. De sus minas han salido los fondos para aliñar otras ciudades que no han dado ni siquiera el 10% de lo que el Cerro de Pasco le ha dado al Perú. De sus entrañas han salido y siguen saliendo los caudales para edificar confortables palacetes en otras ciudades como Huancayo, Tarma, Huánuco, Jauja y especialmente Lima. Las casas sólidas y hermosas que tuvo el Cerro de Pasco, fueron reducidas a escombros por las máquinas, los explosivos, la dinamita, el anfo. ¡Qué diferencia con Potosí, Guanajuato, Charcas, Zacatecas, Pachuca, Real del Monte!…Mientras que en aquellos lugares –mineros también- se elevan majestuosas cúpulas de catedrales y monasterios, aulas de universidades, esplendor de teatros, boato de casonas solariegas, inacabable dimensión de haciendas y cortijos: aquí, los edificios precariamente construidos, agonizan desde su nacimiento y cuando los ricos se marchan definitivamente –los de antes y los de ahora- cargando hasta el último centavo de sus caudales, sólo escombros e ingratitud dejan en pago de tanta benevolencia. Ninguno de los ingratos –propios o extraños- han legado nada para esta tierra generosa. ¡Y han sacado tanto! Así ha nacido esta tierra frígida, sobre un basamento de plata anonadante, de refulgentes vetas de oro tumultuoso, de zinc finísimo y abundante; de pesado, sólido y variado plomo; de rojísimas camadas de cobre avasallante; espectacular afloramiento de estaño, bismuto, antimonio, cadmio, tungsteno, molibdeno, cinabrio, indio, vanadio; luminosa florescencia de cuarzos amatistas, glaucos, cerúleos, zarcos. ¡Cerro de Pasco, arca maravillosa de subterráneos tesoros!

Aquí es muy difícil que crezcan flores hermosas, adorno de vegetación. Aquí reverberan en las entrañas de la tierra, otro tipo de flores hermosas y eternas. Sobre un níveo basamento de cuarzo blanco estibina, semejante a nieve recién caída, emergen numerosos cristales piramidales de irisadas conformaciones: rojos, verdes, amarillos, azules, que refractaban colores amatistas, glaucos, cerúleos, zarcos… Estas son las flores del Cerro de Pasco. Lindas. Eternas. No aquellas que crecen superficialmente a flor de tierra y se tronchan rápidamente, no, no. Éstas son esencia viviente de sus entrañas; flores que jamás se marchitan. Tienen aroma de eternidad. Duran lo que dura la vida. Siempre brillantes, siempre vivas, como el alma del pueblo cerreño.

Mi pueblo heroico y diligente no deja de trabajar. Aquí, cerca de Dios, llueve o truene de día o de noche, la producción no se detiene. Las trombas de lluvia podrán correr como ríos desbocados por las calles; la nieve hará desaparecer campamentos, chozas, , barrios enteros, los soles esteparios, quemantes y agresivos cayendo a plomo podrán convertir en surtidores de polvo a nuestra calles; los vientos arrasaran los techos; los puquiales se secarán en alternancia de hielo y calor, pero el venero inagotable y maravilloso de sus mina jamás dejará de producir. (…) a cualquier hora se oirá el bronco bramido de excavadoras, perforadoras, cargadores frontales llenando interminable fila de camiones gigantescos con toneladas de oro, plata, cobre, zinc, plomo (…) Aquí se trabaja las veinticuatro horas del día, sin tregua, sin descanso, sin deserciones ni claudicaciones de ninguna clase. Nuestros hombres están trabajando en el fondo de los socavones o en centro mismo de ese enorme cráter llamado “Tajo Abierto”, cuando a la una de la mañana –por ejemplo- los termómetros tiemblan de pasmo o quinces o dieciséis grados bajo cero. (…) ¡¿Qué nos han dado en cambio?! ¡Nada! Absolutamente nada. Seguimos viviendo desde hace cuatro siglos y medio entre el oprobio y el abandono.

REPORTAJE A DON GERARDO PATIÑO LÓPEZ

Este es uno de los tantos reportajes radiales que efectuamos en Radio Corporación a uno de los más grandes valores humanos que ha dado el Cerro de Pasco, el periodista don Gerardo Patiño López. Se halla compilado en El archivo de la palabra que pueden consultar libremente. Es parte de una grande sesión de recuerdos de tiempos pasados a cargo de distinguidos hombres que fueron actores de las diferentes facetas de la vida ciudadana.

CPA.- ¿Cómo recibió el pueblo la noticia de que nos arrebataban la capital del departamento de Junín.?
GPL.- El pueblo amaneció completamente indignado. Nadie lo podía creer. Había el conocimiento de que el “Mocho” Sánchez Cerro nos repudiaba, pero creímos inocentemente que el peso de nuestra importancia económica pesaría mucho para que nos respetara. Todos sabían que durante los últimos años de aquellas décadas Tarma había hecho lo imposible para quitarnos la capital del departamento de Junín, pero no lo consiguió. Todas sus ambiciones fueron varias veces archivadas, pero ellos siguieron insistiendo…
CPA.- Pero, ¿Por qué…?
GPL.- Aquellos tiempos, a fin de aclimatarse, los prefectos despachaban desde aquella ciudad. Como tú sabes, nuestro clima no era benigno para los nombrados. Tangamos en cuenta que, aquellos años, las autoridades políticas eran personajes mayores. Su edad era avanzada, por eso iban a vivir a Tarma. Eso les hizo creer a los tarmeños que tenían un argumento de suficiente peso para el cambio de capital…
CPA.- ¿Siempre fue así?
CPA.- No. Qué va. A partir del 1908 en que Durand ataca el Cerro de Pasco para iniciar su revolución, triunfa la resistencia de nuestro pueblo. En ese momento se fijó definitivamente a nuestra ciudad para que fuera la residencia del prefecto. Éramos la capital del departamento. Es más, ante las continuas impertinencias que cometían los tarmeños por arrebatarnos el sitial político que nos correspondía, como represalia acordamos que jamás debería haber una calle, una plazuela, una avenida, ni siquiera un callejón que llevara el nombre de Tarma. Eso siempre se respetó…Era una ley implícita que todos conocían y, cumplían…
CPA.- -¿Pero qué medidas adoptó el pueblo ante tamaño despropósito del tirano….?
GPL.- – Desde ese mismo día el pueblo se puso en pie de lucha. Todos los gremios de nuestra ciudad redactaron memoriales de indignación, realizaron sonoros mítines de protesta, hubo una serie de movimientos populares, pero nada conseguíamos. Esperábamos que nuestro paisano Gustavo Jiménez, nombrado Ministro de Gobierno y Policía de los golpistas, hiciera algo por revertir al decreto supremo. No lo consiguió.
CPA.- ¿Entonces….?
GPL.- Viajaron a Lima varias delegaciones con el fin de entrevistarse con Sánchez Cerro pero éste no daba su brazo a torcer. Lo que más nos indignó fue que en forma descomedida y grosera trató a nuestra delegación femenina presidida por la señorita Carmen Giles. Todas eran respetables damas de la ciudad…
CPA.- ¿Qué hicieron entonces…?
GPL.- Inmediatamente conformamos una delegación con el Alcalde a la cabeza. La misión: protestar enérgicamente contra la medida. Fuimos diez personas. Todas estábamos indignadas…
CPA.- ¿Cómo les fue…?
GPL.- Alojados en el Maury, nos repartimos convenientemente diversas misiones para invitar a los cerreños notables, residentes en Lima, para que nos acompañen. No los encontramos. Los pocos que había se hicieron negar. Se “Chuparon” ante la perspectiva de enfrentarse al mequetrefe que estaba en el Gobierno. Es increíble, pero cierto…
CPA.- ¿Qué hicieron entonces…?
GPL.- En ese instante comprendimos que a ninguno de esos sujetos, les importaba su tierra. Pero lo más doloroso es que comprendimos que si bien es cierto que había muchísimos millonarios y acomodados sujetos, no tenían calidad personal ni preparación cultural necesaria. Fue muy triste lo que estábamos experimentando. Don Víctor Rodríguez Bao, con toda crudeza nos reveló el motivo con una sola expresión: “Claro –dijo- qué gente vamos a tener si ni siquiera un Colegio de Media tenemos en la ciudad?. Era cierto. Regalados a nuestra comodidad jamás habíamos pensado en hacer estudiar a nuestra juventud. Mientras tarmeños, huancavelicanos, jaujinos, huancaínos, ayacuchanos tenían una gran legión de intelectuales, nosotros no teníamos ninguno..
CPA.- ¿Así analizaron la situación cultural de nuestro pueblo…?.
GPL.- Claro. Nos habíamos dormido en nuestros laureles. En ese momento decidimos luchar por revertir la cruel situación. Buscaríamos todos los caminos pertinentes para conseguirlo. Así, mientras que en los periódicos de entonces tratábamos de levantar la conciencia de nuestro pueblo, don “Shipico” Proaño, en su condición de alcalde, se puso a construir el nuevo local para la Escuela Municipal. Una de sus alas estaría destinada a nuestro Colegio de Media.
CPA.- ¿Qué ocurrió entonces, don Gerardo…?
GPL.- El día que se inauguró el plantel, don “Shipico” exigió públicamente al Ministro de Educación que estaba presente, para que se instaurara un Colegio de Media en nuestra ciudad. Fue un discurso muy enérgico que todo el mundo aplaudió. Nosotros por nuestra parte hicimos la campaña correspondiente. El caso es que ya se había establecido la conciencia general en nuestro poblado y todos aplaudieron la idea. Era tiempo.
CPA.- Siga contándonos del momento en que nos arrebatan la capital de Junín…
GPL.- Bien. Como la mayoría estaba en la creencia de que Sánchez Cerro solucionaría la situación nacional, pronto se dio cuenta que al contrario, la empeoró. Fíjate que hasta ese momento en la minería estaban trabajando 32 mil hombres; con el tirano la cifra bajó 14 mil. No había trabajo. Para contentar a la gente comenzó a regalar víveres entre los desocupados. Entretanto metía a la cárcel a todos los colaboradores de Leguía….Lo que buscaba afanosamente era ser reconocido oficialmente como Presidente del Perú…
CPA.- ¿Lo logró…?
GPL.- Fíjate. Convocó a elecciones para el 26 de mayo de 1931…
CPA.- ¿Quién ganó…?
GPL.- ¡Quien va a ser: El “mocho”. Le “ganó” por amplio margen a Víctor Raúl Haya de la Torre. Aunque no creas, en el resultado se aseguraba que Sánchez Cerro había ganado limpiamente en el Cerro de Pasco por amplio margen…
CPA.- ¿Era eso cierto?.
GPL.- No, que va. Todo fue manipulado.
CPA.- ¿Qué hicieron; entonces?
GPL.- Nosotros no nos quedamos inmóviles. Preparamos una revolución para el 8 de diciembre de 1931. A las seis de la tarde de aquel día, liderados por el ingeniero Pedro Muñiz, una balacera feroz se desarrolló en las calles Junín y Apurimac. Fatalmente la superioridad numérica nos venció.
CPA.- ¿Y….?
GPL.- El 9 de enero de 1932, el comandante Demarini instaura un proceso sumario contra todos nosotros…
CPA.- ¿Quiénes estaban comprendidos….?
GPL.- El ingeniero Pedro Muñiz, Víctor Rodríguez Bao y yo, de EL MINERO. También, de los que recuerdo, Carlos Maldonado, Donato Camargo, Miguel Inocente, Luis Loya, Juan Antonio Languasco, Sergio Zamudio, Alejandro Rodríguez Albornoz, Nicéforo Pehovaz y el joven José Arnaldo Márquez, entre otros…
CPA.- ¿El que trató de matar a Sánchez Cerro…?
GPL.- El mismo. El domingo 6 de marzo de 1932, en la iglesia de de Miraflores, trató de cumplir su juramento, pero erró. El balazo se desvió por el estuche de sus lentes y solo lo hirió. Ahí lo apresaron…
CPA.- ¿Qué hicieron después?.
GPL.- Lo condenaron a muerte. Sólo la valiente actitud de un valiente jurisconsulto llamado Diómedes Arias Schereiber y los pedidos de la iglesia, lograron conmutarle la pena.
CPA.- El pueblo cerreño indudablemente estaba furioso.
GPL.- Cómo no. En todo ese tiempo, el golpista había mandado matar a Gamaniel Blanco Murillo, un joven profesor y luchador sindical; al “zorro” Jiménez que lo había ayudado a asumir el poder: ambos cerreños. Mató a centenares de obreros en malpaso y otros lugares y finalmente llenó las cárceles con los luchadores de nuestra patria. Tanto fue el odio que engendró el déspota que, el domingo 30 de abril de 1932, en la explanada del hipódromo de Santa Beatriz, lo ejecuta u nombre del pueblo, el cerre

ABELARDO MENDOZA LEIVA

El domingo 30 de abril de 1933, en la explanada del Hipódromo de Santa Beatriz se efectuaba un desfile de treinta mil movilizables que se preparaban para enfrentar a Colombia en un conflicto armado que se veía venir. El presidente Sánchez Cerro presidía el acto desde la tribuna oficial.

Terminado el desfile a la una de la tarde, el déspota salió en un descubierto automóvil hispano-suizo. Para un hombre que un mes atrás había sido herido por José Melgar Márquez en la Iglesia de Miraflores y experimentaba el rechazo de muchos pueblos, esa era una actitud provocadora. Había negado ponerse el chaleco anti balas y, más aún: rechazó el coche blindado que tenía a su disposición en Palacio de Gobierno. A su izquierda tomó asiento el Presidente del Consejo de Ministros, José Matías Manzanilla y, en los asientos anteriores se colocaron el coronel Antonio Rodríguez, Jefe de la Casa de Gobierno y al costado derecho el teniente Elías Céspedes del Regimiento Escolta. Para evitar accidentes y atropellos. Sánchez Cerro indicó al conductor del vehículo que avanzara lentamente pues había muchas personas que cruzaban de un lugar a otro. En el automóvil siguiente, iban los demás miembros de la Casa Militar; capitanes Alfonso Llosa, Juan Peña, el mayor Luis Solari y el comandante Félix Vargas Prada.

Cuando el carro se había alejado unos cien metros de la puerta del Hipódromo, un individuo que se encontraba al costado izquierdo, rompiendo la fila de gendarmes que abría calle, corrió raudo detrás del coche presidencial seguido de cerca por dos policías y un civil que acudían presurosos a contenerlo. Ágil como un felino se encaramó de un salto a la parte posterior el automóvil y asiéndose con la mano izquierda a la capota, con la derecha disparó tres tiros de necesidad mortal a las espaldas del tirano. Ante la sorpresa del ataque, el chofer aceleró el coche arrojando violentamente al agresor. En esos momentos arreciaron muchos disparos, siendo uno de ellos el causante de la muerte del gendarme Teodoro Rodríguez Pisco que estaba a punto de atravesar con su bayoneta al agresor. El magnicida fue inmediatamente acribillado a tiros por los edecanes y vigilantes y retaceado a lanzazos y bayonetazos por los miembros de la escolta. Después de esta carnicería, su cuerpo yacía sin vida y el tirano se debatía entre la vida y la muerte. Con la celeridad del caso el Ministro Manzanilla ordenó al chofer del automóvil presidencial dirigirse velozmente al nosocomio más cercano para la atención del herido. En el Hospital Italiano lo atendieron los doctores Raffo, Rocha, Delgado y Brignardello. Se le aplicó suero conjuntamente con algunas inyecciones tónicas con el fin de reanimarlo pero no obstante el auxilio exhaustivo, entró en coma. El fallecimiento se produjo a la una y diez minutos de la tarde. El Perú estaba conmocionado. El retaceado cadáver del magnicida fue reconocido por un investigador del penal de El Sexto que lo había detenido quince días antes:
-¡Sí, lo conozco! – dijo: Es Abelardo Mendoza Leiva.

¿Pero quién era este hombre que acababa de dar muerte al tirano?. Era un joven que había nacido en el Cerro de Pasco el 11 de abril de 1914.Tenía 19 años de edad; por lo tanto, era menor de edad. De baja estatura, sólido y taciturno, marcado por la desgracia reciente de la muerte de su hermano, asesinado en el Puente de Malpaso y, cesante por la reducción de personal en las minas, había viajado a Lima en busca de un mejor porvenir. Solo en el mundo, entró como chocolatero en la fábrica D’Onofrio pero, más tarde, sospechando que era militante aprista, lo echaron del trabajo. Aquellos aciagos días, ser aprista, era un baldón oprobioso para el ciudadano mal visto por el gobierno. Con la desgracia a cuestas comenzó a vagar por las calles de Lima en busca de un trabajo que nunca encontraba. Un día que no tuvo dónde alojarse, amaneció en uno de los linderos del bosque “Mata Mula”. Allí lo encontró Hermes Ipanaqué, un leñatero norteño que compadecido de su desgracia lo llevó a su hogar donde le dieron alimentación, le alcanzó algunos soles “para lo que pudieras necesitar. No es mucho, pero algo es algo”. Y se despidió. Estaba moralmente y anímicamente deshecho. Su odio y acérrimo rencor fue en aumento con las frustraciones que le deparaba la vida. Profundamente conmovido por el asesinato de su hermano a manos de las sanguinarias tropas del gobierno, juró que lucharía con todas sus fuerzas para vengarlo de la tiranía del “mocho”.

Aquel 30 de abril de 1933, Abelardo Mendoza Leiva se despidió de Leopoldo Pita. Hecho esto partió a cumplir con su destino. Lo que él no sabía era que su suerte ya estaba sellada. Aquel día debía de morir a manos de la escolta presidencial o, en todo caso, a manos de sus compañeros, que con su muerte aseguraban la impunidad. En compañía de Pita se dirigió al hipódromo. Recordando este luctuoso suceso, Luis Alberto Sánchez, dice: “El 10 de abril el Congreso Constituyente se dedicó a la promulgación de la nueva Carta Fundamental del Perú. Era el resultado de un debate intermitente, violento y pintoresco. El General Benavides era ya comandante en jefe del Ejército”.

“El domingo 30 de ese mismo abril, todavía luminoso, el presidente Sánchez Cerro asistió con todo su cortejo a la parada de movilizables y conscriptos en el viejo Hipódromo de Santa Beatriz. Las numerosas entradas estaban custodiadas celosamente por policías y soldados. Frente al Hipódromo, despintado por la luz del día, colgaba el cartelón del nocturno Pabellón Añil, la primera boite lechucera de Lima de los años treinta. El desfile militar de ese día concitaba la atención nacional. Sánchez Cerro, teniendo a su izquierda al Presidente del Consejo de Ministros, un hombre alto, bastante grueso, ojos achinados y mueca sonriente, pasó revista a las tropas. Al medio día, después de cumplidos los diversos ritos marciales, Sánchez Cerro emprendió el regreso. Detrás el automóvil y en torno de él trotaban los jinetes de la escolta. Los “dragones”, con sus corazas plateadas, sus cascos con penacho de crines negras y sus lanzas afiladas, seguían a trote el automóvil blindado que por primera vez estaba con las ventanas abiertas privándole al Presidente de la protección de los vidrios antibalas. Al llegar a las puertas del Hipódromo el auto se detuvo unos segundos; en ese momento, un joven flaco y pequeño, salió de entre la multitud, se afirmó en el estribo del auto y disparó un poco más arriba del omóplato izquierdo de Sánchez Cerro; éste se desplomó ensangrentado. El asaltante cayó al suelo abaleado; las lanzas de dos dragones se hundieron en su cuerpo, quedó un guiñapo humano, manando sangre. El auto partió velozmente”.

“El cuerpo sangrante, retorcido como un ovillo, recibió ya inmóvil, dos lanzazos más y tiros de pistola. De algún árbol también dispararon sobre el auto y sobre el asaltante. Una locura de sangre, lanzas, sables y balas enrojeció el medio día del 30 de abril de 1933. Al automóvil arrancó hacia la Clínica más cercana. En la puerta trasera del carro se veían una media docena de agujeros de bala. A las tres de la tarde en el mástil de Palacio de Gobierno la bandera del Perú estaba a media asta: Sánchez Cerro había muerto.

— ¡Dios acoja su alma!. Y él que había prometido redimir al Perú. ¿Quién lo va a redimir a él…?

Ecos del magnicidio.

La conmoción que produjo el magnicidio fue de tales proporciones que durante mucho tiempo se desmadejaron una serie de comentarios en los que hubo sectores complacidos con la muerte del tirano. Alberto Bolognesi en su obra SINDICALIS¬MO, APUNTES DE HISTORIA, CRITICA, DOCTRINA Y ORGANIZACION SINDICAL, decía: “Otro accidente en la azarosa vida del Perú que no tuvo meta ni rumbo, nos puso en libertad. Y aquí me descubro ante el nombre de Abelardo Mendoza Leiva. Los hijos del pueblo cuando ejercen justicia colectiva, merecen el respeto y la admiración de todas las generaciones. Quizá la acción de Mendoza Leiva fue la continuación de otro acto heroico que se había realizado el año pasado a cargo de José Melgar Márquez. Fue la contribución de la nueva legión. Y aquel muchacho todo felino que daba la cara ante el peligro, estaba escribiendo la mejor página de la juventud del Perú. Al rendir homenaje a estos soldados de la justicia social, amplío su reverencia a quienes lo merezcan”

Por su parte Víctor Larco Herrera mandó imprimir cien mil fotografías ampliadas de Abelardo Mendoza Leiva, héroe popular que había eliminado al más sangriento dictador de nuestra historia. Estas fotografías fueron distribuidas en toda la capital y ciudades importantes del Perú.

El ofendido pueblo del Cerro de Pasco, cuna del hombre que con coraje libró a nuestra patria de un despreciable tirano, crea una canción popular que todo el pueblo canta emocionado y que, hoy a tantos años de aquellos acontecimientos, todavía palpita en los labios de sus hijos, en uno de sus cuartetos dice.

Abelardo Mendoza Leyva,
derrotó a la tiranía,
monumento debemos hacerle,
derrumbando la Casa de Piedra.

Muchos años más tarde, Sebastián Salazar Bondy escribió en su poema DESTERRADOS DE LA LUZ, esta referencia al tirano.

El Señor Presidente acariciaba
las crines de viento de su caballo favorito.
La blanca, helada mano que enternecía al bruto,
era la misma que firmaba los abisales decretos de inclemencia,
la misma que desgranaba en el TE DEUM sus preces sin fe;
la misma que ceñía al cuerpo
el delantal escocés,
la misma
mano
dura
del Señor Presidente.
Pálida mano que vendía carne humana,
destinos no nacidos todavía,
y que bendita por su raza avasallante
y sus gruesos anillos usureros,
flamante, sensual, cuando cumplía con la muerte.

En aquel tiempo ya el pueblo se vertía por callejuelas,
pausado río que tropieza en las esquinas,
retorna al lecho,
deriva a la taberna,
cae
en la cascada maloliente de la procesión y la corrida de toros
y en la tarde de plomo
desanda los suburbios
girando como un número en la rueda del infortunio.
Grupos de hombres borraban sus huellas con alcohol,
injuriaban el vientre encinta de su casa,
llamaban entre dientes al asesino,
al hombre libre y oscuro que por fin
asestara las iras contra el falso inmortal.
Y así ocurrió.

Un comandante cortó de un tajo
la leonina cabeza del capricho
pero también fue felino y dio zarpazos,
restauró el temor,
puso negra cabeza violenta
a la ignorante soledad de los pobres
y sacudió reciente polvo de tumba en los lechos nupciales.
En el rescoldo homicida, humeante aún la noche,
se fraguó un dedo sobre un gatillo
y cuando la marcial cabeza campeaba ante la multitud
segó su eminencia un estallido,
pero otro,
y otro más,
y cien después,
devolvieron su gloria de lobo a los verdugos

Sebastián Salazar Bondy.

Lo más importante de todo es que, inmediatamente después del fallecimiento del tirano, el doctor Brignardello declaró que la herida que le había quitado la vida era de necesidad mortal desde el primer momento. El orificio de entrada del proyectil se hallaba en plena región pre-cordial con aparente trayectoria de abajo hacia arriba y de adelante hacia atrás. Necesariamente, el proyectil que había sido disparado a corta distancia, por la deflagración se advertía en los tejidos alrededor del orificio de entrada, había tocado el corazón. No se encontraba el orificio de salida y la bala debió de haber provocado una intensa hemorragia interna después de lesionar el corazón a juzgar por el estado de agotamiento de que daba muestras la víctima.

Realizado el peritaje balístico correspondiente al auto del tirano, suscrito el 8 de mayo de 1933 por Pedro A. Gálvez Matta, Alberto Lainez Losada, Florencio Salazar G. y Luis Grados, certifi¬caba ocho impactos de bala: tres en el espaldar del sitio ocupado por el opresor y los cinco restantes en la capota. Los peritos se ratificaron en la Corte y aseguraron que por lo menos cuatro personas habían disparado contra el dictador. Abelardo Mendoza Leiva había sido utilizado como un señuelo.

La mujer cerreña en la historia: Carmen Giles (2)

Es necesario mencionar que la alta estima que tenemos a las mujeres en nuestro pueblo, quedó muy lastimada. No era para menos, mucho más cuando fuimos descubriendo la calaña del tirano. Uno de los hombres que ha estudiado su vida, dice: “Este era un cholo piurano, atezado, al que le faltaba un dedo, resultado de una balazo. Le decían “El Mocho”. Hablaba con entusiasmo de las “Cholas francesas”. El viaje al extranjero no había refinado su estilo cuartelario. Se cagaba en el protocolo, amenazaba con repartir baquetazos a espantados embajadores. Sonreía cachaciento desde los balcones de la parte antigua del palacio. Lo rodeaban comandantes y mayores. No había un solo general que le inspirara confianza. Los despreciaron, siempre. Todos adulaban al dictador. Eran blancos, dados a la aristocracia, a usar entorchados. Y él era un cholo venido de abajo”. Otro de sus biógrafos, refiriéndose a la personalidad del “Mocho”, afirmaba: “…era un cholo violento, sanguinario, obsesivo, casi paranoico; fue el cuarto de siete hermanos y tal vez sufrió de epilepsia. Brutal, agresivo, pintoresco caudillo que hizo delirar a las masas en su momento de gloria fugaz, jamás conoció el miedo. Nacido en Piura, maniático sexual, conspirador, abusivo a menudo, desprovisto de cultura, cruel, contradictorio, impulsivo pero silencioso en sus planes, astuto, mucho más astuto de lo que creyeron sus adversarios, sus propios amigos reconocían que no tenía cualidades de estadista”.

Nuestro pueblo que a lo largo de toda su historia ha tenido y tiene notables poetas, registró en la creación de uno de ellos, aquel sentimiento:

Puesto que eres atractiva,
Ponte guapa e una vez,
Cerreñita sensitiva:
Si te quieren ver altiva:
¡Que padezcan tu altivez!

II
Si te hicieron un agravio,
No escucharon tu lamento,
Ni siquiera a flor de labio;
Eso fue sólo un resabio
De vulgar aturdimiento.

III
Y aunque aquella huancaína
Quiera ser hoy tu rival,
Tú serás la reina andina
Y serás capitalina
¡Porque tienes capital!

IV
¿Qué te importan los azares
De una efímera mudanza?
Se desandan los andares
Cuando ya no hay militares
¡y es inútil esa andanza!

V
Los que emprenden ese viaje
Lo hacen sólo hasta más ver;
Si se llevan el moblaje
Pagarán el carretaje
Cuando tengan que volver.

VI
Tú comprendes que en la vida
Todo es vario e inestable:
El que pierde una partida
Se equivoca si se olvida
Que el perderla es remediable.

VII
Me da pena verte triste,
Me da risa tu aflicción
¿Quién ha dicho que perdiste?
Si es sabido que el que se viste
Con lo ajeno … es pechugón!

VIII
Yo te quiero ver risueña,
Yo te quiero ver altiva.
El Cerro es cúspide y breña
Y por eso una cerreña
Lo ve todo desde arriba.

IX
¡Desde arriba!. ¡Desde encima!
He ahí tu excelsitud
Que renieguen de este clima
Sin fijarse que ni Lima
Puede erguirse a tu altitud.

X
¿Y es mal clima, el clima frío?
¿ y en Huancayo no se mueren
Los mortales?. Yo me río
De que quieran armar lío
Y que digan que no quieren.

XI
Un mal clima: el de Calcuta;
Insalubre: Chanchamayo,
Más si al Cerro se le imputa
Clima malo, es más que bruta
Esa gente de Huancayo….!

XII
Mi argumento no es muy tierno
Pero admitan que es feliz:
No hará frío en el infierno
Más tampoco para invierno
Hace calor en Paris.

XIII
Y porque en Paris hay nieve
En el estío lluvioso,
Ninguna Corte se mueve,
Ni hay en Francia quien se lleve
La capital al Toboso.

XIV
Y si acá, por vida mía,
Se llevan la capital,
Cometen la felonía,
De llevarse en pleno día:
Un blasón tradicional.

XV
Y este despojo motiva,
Que yo versista cortés,
A cierta chica atractiva
Le diga: cerreña altiva..
Ponte guapa de una vez.
A partir de entonces, el pueblo minero, herido en sus más profundos sentimientos, advirtió que se encontraba frente a un despreciables déspota bajo cuyo gobierno se había baleado a los mineros en la subida de Santa Rosa, en el puente de Malpaso y se terminado con la existencia del más grande líder sindical que tuviera el Perú, Gamaniel Blanco Murillo y, del ilustre militar cerreño, Gustavo Jiménez “El zorro”; ofendió gravemente a nuestras mujeres de tal manera que el ciudadano cerreño Abelardo Mendoza Leiva, terminó con la vida de este miserable histórico.

La mujer cerreña en la historia: Carmen Giles

La mañana del 22 de agosto de 1930, a las afueras de Arequipa, el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro se levantaba en armas para derrocar el gobierno de Augusto Bernardino Leguía. El golpista se autotituló: «Comandante en Jefe de los Ejércitos del Sur y Jefe Supremo del Gobierno”. El 2 de septiembre asume las atribuciones de los poderes Ejecutivo y Legislativo con la categoría de Presidente de la República y Presidente del Consejo de Ministros. Lo acompañaban, tres coroneles, tres comandantes y un mayor, como ministros. Leguía renuncia el 25 y el 27 queda prisionero en el panóptico hasta comienzos de febrero del 32 en que enferma; conducido al Hospital de Bellavista, fallece el 6 de febrero de 1932.

En pocos días, el pueblo que había aclamado al tirano, sufre un golpe inconmensurable. Este despreciable tirano, “de un sólo plumazo” traslada la capital del Departamento de Junín del Cerro de Pasco a Huancayo, mediante el malhadado Decreto Ley Nº 7001. Alegaba para ello, el frío y altitud. Esta arbitraria disposición que despertó el más exacerbado repudio comenzó con el traslado de la Corte Superior de Justicia de Junín.

Indignadísimo el pueblo toma conocimiento de esta afrenta y los miembros del Concejo Provincial de Pasco convocan a una Asamblea Popular con el siguiente tenor:

AL PUEBLO DEL CERRO DE PASCO.
La inesperada traslación de la capital del departamento de Junín de esta histórica y opulenta ciudad, a la de Huancayo, ha causado justa y honda emoción que no puede dejar de exteriorizarse, dejando constancia de que nuestros legítimos y vitales intereses han sido vulnerados y, desconocidas nuestras tradicionales e históricas prerrogativas.

Hoy, el Concejo Provincial, a las 3 de la tarde debe tomar acuerdos públicos para procurar la reconsideración del decreto Ley que traslada la capital a Huancayo.
Cerro de Pasco, enero de 1931.

Religiosamente, a la hora señalada, todo el pueblo se hizo presente en la Asamblea Popular. El combativo diario LOS ANDES decía: «A la hora anteriormente señalada, se clausuraron todos los establecimien¬tos comerciales y la plaza del mercado. Industriales y vecinos de ambos sexos concurrieron al local del Concejo. Antes de verificarse la Asamblea, el Concejo presidido por el Alcal¬de, Dr. Ángel Madrid Dianderas, celebró sesión extraordinaria en la que se contempló la disposición gubernativa. En el curso de la sesión abundaron múltiples consideraciones que al Cerro de Pasco le abonan. Las preeminencias gubernativas conferidas tiempo atrás, debían ser respetadas.
En ese trance sale a luz la valiente decisión de la mujer cerreña. La señorita Carmen Giles, imbuida de un coraje admirable, convoca a un Cabildo Abierto a todas las mujeres cerreñas. Aquella mañana del 25 de enero de 1931, más de tres mil mujeres entre señoras y señoritas -sin que ningún hombre participe- redactan un valiente memorial refrendado por tres mil quinientas firmas. Este documento decía a las claras de esa fe inextinguible que en más de una oportunidad había puesto de manifiesto la mujer cerreña. Igual que en 1879, cuando a la guerra con Chile y otras grandes jornadas épicas, hicieron conocer su voz en el documento redactado en los siguientes términos.

SEÑOR PRESIDENTE DE LA JUNTA DE GOBIERNO.

Herida la mujer cerreña en sus más caros sentimientos de amor al suelo que la viera nacer, ante la decisión de esa Junta de trasladar la capital del departamento de Junín a la ciudad de Huancayo, arrebatando inmotivadamente al Cerro de Pasco las prerrogativas de que ha gozado desde los albores de la independencia nacional, no puede permanecer indiferente ante tan insólita medida y por eso que levanta su voz de protesta y demanda con todo el fervor de sus sentimientos, la reconsideración del Decreto Ley de fecha 15 de los corrientes.

Sería largo enumerar en esta petición, las diferentes razones de orden histórico, geográfico, económico y moral que abonan esta solicitud, toda vez que se ha demostrado ya en forma irrefutable, en los diversos memoriales elevados a esa Junta de Gobierno por los hijos y vecinos de esta provincia y los de Huánuco, los perjuicios de todo orden que la indicada resolución irroga a estas dos circunscripciones, por lo que se limita a invocar el alto espíritu de justicia que anima a su gobierno, la restitución de un privilegio que por derecho constitucional le corresponde al Cerro de Pasco.

Por otra parte, la medida que comentamos, importa en sí, no tan sólo un despojo de las prerrogativas del Cerro de Pasco, sino más que todo, una ofensa a nuestra dignidad de mujeres peruanas y cerreñas y una verdadera degradación a un pueblo que, como el Cerro de Pasco, es en la paz un ejemplo de laboriosidad y orden aportando ingentes riquezas al estado; y en la guerra nacional, ha sabido derramar pródiga la sangre de sus hijos en defensa de nuestra bandera; y por lo tanto, no merece el agravio de arrebatarle su categoría de capital de departamento.

Por tales fundamentos:

A usted, señor Presidente, pedimos se sirva acceder a nuestra solicitud, dejándola como constancia de nuestra actitud ante el concepto de la mujer peruana y subsecuentemente ante la historia.

Es justicia, lo que esperamos alcanzar

Cerro de Pasco 25 de enero de 1931.

Como la actitud del tirano se mantenía inalterable, nuestra delegación femenina presidida por la señorita Carmen Giles viajó a Lima y llegó ante el dictador. Éste, adornado de colgajos, cordones dorados y cubierto de condecoraciones -de no ser así se le habría confundido con un mayordomo de palacio- las recibió. Extrajo su reloj de oro de la guerrera y poniéndolo a su vista -minúsculo y soberbio- dijo: “Tienen cinco minutos para decir lo que quieren”. Nuestra representante no se amilanó. Con voz enérgica, decidida y clara, expuso los argumentos del caso y pidió la reconsideración de la ley mencionada. Al finalizar, el déspota, como un redivivo huaco moche, sin un ápice de cortesía, dijo “El pueblo de Huancayo ha presentado un memorial con cincuenta mil firmas y la decisión está tomada”. Diciendo esto volvió las espaldas a nuestra delegación femenina y salió como un pavo, altanero y soberbio. Esta actitud descortés del tiranuelo ofendió el ánimo de nuestro pueblo que jamás olvidó el agravio. Tan así es que un indignado poeta del pueblo, le cantó así a la ofendida mujer cerreña. (Mañana continúa)