LAS TANTAWAWAS

Todos los años, a la llegada de la fiesta de Todos los Santos, vendedoras especiales van reuniéndose en las arterias colindantes al mercado central del Cerro de Pasco. Ofrecen en venta mediante sus repletos canastones, la más hermosa variedad de muñecas de harina que conocemos con el nombre de tantawawas (tanta= pan; wuawa=niño), es decir los niños de pan. Conjuntamente con ellos, los urpay (palomitas), llamitas y caballitos de pan; juguetería artesanal que constituye todo un contento para los niños del pueblo minero.

Las tantawawas representan a los niños recién nacidos en nuestro pueblo porque, amarrados desde el hombro hasta los pies, tienen las piernecitas y los bracitos juntos de tal suerte que no se incomoden durante el tiempo de sueño y permanezcan abrigados y plácidos; sobre todo inmóviles. Es explicable esta maniobra porque de lo que se trata es de paralizar al niño a fin de que en ningún momento pueda descubrirse con el movimiento de pies o manos y duerman plácidamente sin posibilidad de que se descubran. Si un niño cerreño durmiera con los brazos sueltos por movimientos involuntarios, cogería un enfriamiento que terminaría en pulmonía. Tal el riesgo de congelación por las bajísimas temperaturas que durante la noche se producen. Es necesaria esta atingencia porque, últimamente, los artesanos encargados de la confección de las mencionadas muñequitas -quiero creer que por candidez- le han añadido sendas trenzas colgando a lo largo de sus cuerpecito. ¿Un recién nacido puede ostentar tamaña pelambre para que sea trenzada? Lo que es peor, otros “renovadores” les han sacado las manitas del envoltorio de pañalitos. ¿Harían  lo mismo con un niño de carne y hueso? No hay lógica para esta “innovación” que pondría en riesgo mortal si de una criatura se tratase. La carita de la muñeca siempre está ostentando sus rubores naturales pintados con afeites especiales que los artesanos conocen.  Envolviendo su cabecita se puede admirar los festones y adorno de la gorrita tejida por la madre. Muchos artesanos, con el fin de darle más atractivo, además de la gorra tallada en el pan, le tejen otra de estambre y se la colocan. En todos caso, los mejores imagineros de tantawawas, son los huariaqueños. Poseen una técnica especial de confección que sólo ellos conocen.

Para los niños, y con el mismo motivo, se confeccionan otros juguetes. El Urpay que no es sino una palomita. Algunas veces esta sensitivas avecillas llevan en sus espaldas otras más pequeñitas; sus tiernos palominos. La llamita con su carga repleta y sujeta con sogas, igualmente el caballito que también está llevando una carga repleta.

Además de “Todos los Santos”, estos juguetitos se usan como “trucay” en la fiesta de las cruces porque son propiciatorios de ventura y felicidad venideros.

Su confección se basa en el uso de harina de trigo, agua y otros menjunjes que los artesanos guardan en secreto. Estos juguetitos gozan de gran estima en la cándida chiquillería cerreña.

Desde aquí, felicitamos a las autoridades de nuestra tierra por efectuar concursos para premiar a los artesanos más hábiles. Lo único que pedimos es que no alteren la sustancia de su simbología.

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