CERREÑOS QUE CONQUISTARON LA SELVA (Juan Durand y José Rufino Cárdenas)

Los incas que lograron conquistar grandes extensiones del territorio sudamericano, tuvieron como límite natural a la inexpugnable selva misteriosa en donde no pudieron penetrar. Sólo lo consiguieron en una pequeña parte de la zona cuzqueña, riesgosa región de los gentiles, en donde  quedan algunos topónimos quechuas. A aquel lugar  pudieron llegar pocos como  autoexiliados. Huían de la represión inca; entre ellos, algunos curacas y sus familiares.

A mediados del siglo XVIII, la fiebre de las misiones franciscanas estaba al tope. Hasta ese momento habían trabajado preferentemente en las márgenes del Huallaga y Ucayali. En esa obsesión por descubrir nuevas rutas y ganar almas para la iglesia, el fraile limeño Jerónimo Jiménez descubre los valles de Huancabamba, Chorobamba y Chanchamayo. El benemérito padre Dionisio Ortiz en su obra referida a Oxapampa nos dice que en aquel momento  en  Junín y su la capital, se despertó la urgencia de conquistar las selvas de Huancabamba a las que consideraban como suyas. Otras regiones de la sierra poseían su propia montaña que aspiraban se anexada  por exigencias geográficas y comerciales. Las tierras vírgenes de Huancabamba eran para la ciudad minera, flor de esperanza y codicia ya que con sus abundantes productos podrían aliviar sus múltiples necesidades. Abastecerían de fruta, maíz, yucas, ganado y madera de diversas clases. Para entonces se supo  que en 1557, Huancabamba ya era doctrina y su primer conversor, el fraile mercedario Diego Porres, en su memorial correspondiente afirmaba: “…entré por Chincaycocha a dos provincias de Guerra que dicen Oxamarca y Pilcozones donde con mi predicación saqué seis caciques, señores de doctrina con mucha gente con los cuales poblé el valle de Guancabamba, a 20 leguas de Chinchaycocha, y bauticé los caciques y los casé y les hice iglesia y puse doctrina”. Es necesario mencionar aquí lo que el ingeniero Tamayo, afirma: “La historia de las haciendas del Huancabamba arranca desde la época del coloniaje. Parece que uno de los primeros poseedores de tierras allí fue un oficial del ejército español de apellido Sandoval que se estableció en el lugar denominado Pucucho. Allí vivía con su familia cuando tuvo lugar la violenta insurrección de Santos Atahualpa que arrojó a los españoles de la selva”

El valle de Huancabamba.

El valle de Huancabamba fue el límite entre dos mundos: el civilizado y el salvaje. No pertenece estrictamente a la región boscosa de la selva. Se halla rodeado de cerros elevados y se puede decir que es más serranía debido a su ubicación geográfica y a su clima. Sus topónimos son quechuas mientras que en el vecino valle de Chorobamba prevalecen los nombres amueshas.

El ingreso más utilizado de nuestra sierra a Huancabamba partía  de Tambo del Sol, seguía a Huachón, continuaba a Mallapampa y llegaba a Huancabamba. En este viaje hay que atravesar dos cordilleras sufriendo muchas penurias y notable frío.

El primer despoblamiento de Huancabamba.

En 1642 Huancabamba queda despoblada por razones que en “La Historia de las Misiones” se puntualiza así: “Débese advertir que la doctrina de Huancabamba desde su principio había sido curato de nuestra seráfica religión (la franciscana); mas con los disturbios que hubo en el Cerro de la Sal y sus contornos en 1742 en adelante, los indios de ella se habían retirado a la montaña y apenas había quedado a quien administrar los santos sacramentos, por cuyo motivo el religioso que asistía en ella con el cargo de cura se había retirado, queriendo servir más bien a la religión en otro ministerio”. Santos Atahualpa y su acción de 1742 en adelante va a traer seria conmoción en territorio salvaje para después pacificarse.

El repoblamiento de Huancabamba.

Todavía perviven en la actualidad las ruinas de las primeras poblaciones que datan de la colonia y ocuparon el territorio del paraje denominado Mesa Pata. Allí se instaló un ingenio llamado Mishquirragra para beneficio de minerales auríferos,  vigente hasta el levantamiento de Juan Santos Atahualpa. Este mesiánico líder  desalojó del valle a los misioneros y sus ayudantes, entre ellos los negros, destruyendo todo lo que encontró a su paso. A raíz de este incidente el gobierno colonial instaló un fuerte en Quiparacra con un notable destacamento de hombres a órdenes de D. Francisco Javier Ascanoa.

Don Juan Durand, un cerreño pionero.

Tuvo que ser un minero emprendedor y consciente de la importancia de la selva quien  tras la debacle de la invasión tratara de entrar en Huancabamba. Ese ilustre minero cerreño fue don Juan Durand que en 1776 realizó la reconquista de este territorio. Tuvo que luchar a brazo partido con la resistencia de los indios amueshas y  vencer serias dificultades hasta organizar y poner en marcha la hacienda Chilache. Dispuso trasladar semillas y plantas desde Huánuco por trochas y sendas que superaban con dificultad las cordilleras de Añil Cocha y Mula Chucro para llegar a los pueblos de Pasco.

La hacienda Chilache tuvo por linderos, en ese momento, al ingenio de Mishquiragra por un lado, y  al río Ananá por el otro. Aquí destacaba una hermosa cascada desde su confluencia con el río Huancabamba hasta las alturas y pajonales de Culebramarca, en una extensión aproximada de 25 kilómetros que la separan de Mallampampa – Huachón. A la muerte de don Juan Durand, lo sucede su hijo Jorge que continúa con la atención de sus sembríos de maíz, yuca y otros tubérculos. Así se llega a la Emancipación en cuyos primeros años hubo una manifiesta desatención de los terrenos de nuestra selva.

Don José Rufino Cárdenas, otro notable cerreño.

Otro de los cerreños que se interesó en ingresar en la selva para explotar sus ubérrimos territorios, fue el minero don José Rufino Cárdenas, notable visionario que publicó en los periódicos locales, como lo hemos divulgado en uno de nuestros trabajos, notable propaganda haciendo conocer las bondades de estos territorios. Su entusiasmo estaba cimentado en la necesidad de atender la alimentación de la peonada. Los productos que en la selva se daban con notable prodigalidad: maíz, verduras, frutas, caña de azúcar, yucas, arracacha, etc. eran imprescindibles para la mesa laboral.

Lo que tuvo que trabajar Durán para conseguir los terrenos de la selva fue muy arduo. Había solicitado a las autoridades unos terrenos “vacos” en Huancabamba en el sitio que hoy ocupa “Chilache”, porque alegaba: “El valle está despoblado desde el levantamiento de Juan Santos Atahualpa y que los terrenos no tenían dueño ni se cultivaban por temor al inca”. En eso, por disposición de las autoridades –así lo informan los diarios cerreños-  tuvo que pregonar con bandos y carteles públicos por los pueblos de Cerro de Pasco, Quiparacra, Ninacaca, Carhuamayo, Junín, Huachón y otros cercanos, su intención de apropiarse de los terrenos de Huancabamba por si se presentara algún reclamo. En los bandos decía que tenía minas y que para alimentar a sus trabajadores necesitaba de víveres y que las tierras de la selva se prestaban para el sembrío de maíz para tostarlo para su obreros, la caña de azúcar para que produjeran aguardiente para sostener las fuerzas y ánimo de sus trabajadores, además numerosas  frutas y abundante ganado. Pedía al jefe del Fuerte Quiparacra -levantado a raíz de la insurrección de Santos Atahualpa- su permiso para entrar en la selva y tomar posesión de las tierras de Chilache. Cuando en 1861, lo vende esta propiedad al señor Cárdenas, van afrontar problemas. En un informe sobre las colonias de Oxapampa y Pozuzo y los ríos Palcazu y Pichis, se afirma: “Cuando el señor Cárdenas iba a tomar posesión de su propiedad en compañía de un juez y un escribano, fue atacado por un grupo de indígenas de la comunidad de Huachón que se decía dueña de todos aquellos terrenos. Por eso se vieron en la necesidad de atravesar el río por un puente que acaba de echarse y cortar éste enseguida para impedir el paso de la enfurecida indiada. Enviada fuerza del Cerro de Pasco acampó en Chilache, en un lugar al que desde entonces llaman Cuartel Cucho, y el señor Cárdenas tomó posesión de sus terrenos, extendidos más tarde hasta Chorobamba”.

Rivalidad entre Huánuco y Pasco.

Por otro lado, se había desatado una férrea competencia con la vecina ciudad de Huánuco a fin de llegar al río Palcazu. Mientras ellos pugnaban por fijar la ruta Huánuco, Pozuzo, Palcazu; el Cerro de Pasco trataba de establecer el de Cerro de Pasco, Huancabamba, Palcazu. Esta última posibilidad estaba alimentada por la exitosa expedición realizada en 1860 por el padre Calvo. Éste había ido de Huancabamba a Palcazu atravesando la cordillera de Yanachaga; “La navegación expedita y segura del Pachitea – declaraba el padre Calvo al COMERCIO de Lima, el 11 de agosto de 1860- no puede pasar del Mayro, y este punto es el único para establecer el puerto de comercio para el Cerro de Pasco y  Huánuco, donde pueden desembarcar buques de regular tamaño, pero chatos”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s