La mujer cerreña en la historia: Carmen Giles

La mañana del 22 de agosto de 1930, a las afueras de Arequipa, el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro se levantaba en armas para derrocar el gobierno de Augusto Bernardino Leguía. El golpista se autotituló: «Comandante en Jefe de los Ejércitos del Sur y Jefe Supremo del Gobierno”. El 2 de septiembre asume las atribuciones de los poderes Ejecutivo y Legislativo con la categoría de Presidente de la República y Presidente del Consejo de Ministros. Lo acompañaban, tres coroneles, tres comandantes y un mayor, como ministros. Leguía renuncia el 25 y el 27 queda prisionero en el panóptico hasta comienzos de febrero del 32 en que enferma; conducido al Hospital de Bellavista, fallece el 6 de febrero de 1932.

En pocos días, el pueblo que había aclamado al tirano, sufre un golpe inconmensurable. Este despreciable tirano, “de un sólo plumazo” traslada la capital del Departamento de Junín del Cerro de Pasco a Huancayo, mediante el malhadado Decreto Ley Nº 7001. Alegaba para ello, el frío y altitud. Esta arbitraria disposición que despertó el más exacerbado repudio comenzó con el traslado de la Corte Superior de Justicia de Junín.

Indignadísimo el pueblo toma conocimiento de esta afrenta y los miembros del Concejo Provincial de Pasco convocan a una Asamblea Popular con el siguiente tenor:

AL PUEBLO DEL CERRO DE PASCO.
La inesperada traslación de la capital del departamento de Junín de esta histórica y opulenta ciudad, a la de Huancayo, ha causado justa y honda emoción que no puede dejar de exteriorizarse, dejando constancia de que nuestros legítimos y vitales intereses han sido vulnerados y, desconocidas nuestras tradicionales e históricas prerrogativas.

Hoy, el Concejo Provincial, a las 3 de la tarde debe tomar acuerdos públicos para procurar la reconsideración del decreto Ley que traslada la capital a Huancayo.
Cerro de Pasco, enero de 1931.

Religiosamente, a la hora señalada, todo el pueblo se hizo presente en la Asamblea Popular. El combativo diario LOS ANDES decía: «A la hora anteriormente señalada, se clausuraron todos los establecimien¬tos comerciales y la plaza del mercado. Industriales y vecinos de ambos sexos concurrieron al local del Concejo. Antes de verificarse la Asamblea, el Concejo presidido por el Alcal¬de, Dr. Ángel Madrid Dianderas, celebró sesión extraordinaria en la que se contempló la disposición gubernativa. En el curso de la sesión abundaron múltiples consideraciones que al Cerro de Pasco le abonan. Las preeminencias gubernativas conferidas tiempo atrás, debían ser respetadas.
En ese trance sale a luz la valiente decisión de la mujer cerreña. La señorita Carmen Giles, imbuida de un coraje admirable, convoca a un Cabildo Abierto a todas las mujeres cerreñas. Aquella mañana del 25 de enero de 1931, más de tres mil mujeres entre señoras y señoritas -sin que ningún hombre participe- redactan un valiente memorial refrendado por tres mil quinientas firmas. Este documento decía a las claras de esa fe inextinguible que en más de una oportunidad había puesto de manifiesto la mujer cerreña. Igual que en 1879, cuando a la guerra con Chile y otras grandes jornadas épicas, hicieron conocer su voz en el documento redactado en los siguientes términos.

SEÑOR PRESIDENTE DE LA JUNTA DE GOBIERNO.

Herida la mujer cerreña en sus más caros sentimientos de amor al suelo que la viera nacer, ante la decisión de esa Junta de trasladar la capital del departamento de Junín a la ciudad de Huancayo, arrebatando inmotivadamente al Cerro de Pasco las prerrogativas de que ha gozado desde los albores de la independencia nacional, no puede permanecer indiferente ante tan insólita medida y por eso que levanta su voz de protesta y demanda con todo el fervor de sus sentimientos, la reconsideración del Decreto Ley de fecha 15 de los corrientes.

Sería largo enumerar en esta petición, las diferentes razones de orden histórico, geográfico, económico y moral que abonan esta solicitud, toda vez que se ha demostrado ya en forma irrefutable, en los diversos memoriales elevados a esa Junta de Gobierno por los hijos y vecinos de esta provincia y los de Huánuco, los perjuicios de todo orden que la indicada resolución irroga a estas dos circunscripciones, por lo que se limita a invocar el alto espíritu de justicia que anima a su gobierno, la restitución de un privilegio que por derecho constitucional le corresponde al Cerro de Pasco.

Por otra parte, la medida que comentamos, importa en sí, no tan sólo un despojo de las prerrogativas del Cerro de Pasco, sino más que todo, una ofensa a nuestra dignidad de mujeres peruanas y cerreñas y una verdadera degradación a un pueblo que, como el Cerro de Pasco, es en la paz un ejemplo de laboriosidad y orden aportando ingentes riquezas al estado; y en la guerra nacional, ha sabido derramar pródiga la sangre de sus hijos en defensa de nuestra bandera; y por lo tanto, no merece el agravio de arrebatarle su categoría de capital de departamento.

Por tales fundamentos:

A usted, señor Presidente, pedimos se sirva acceder a nuestra solicitud, dejándola como constancia de nuestra actitud ante el concepto de la mujer peruana y subsecuentemente ante la historia.

Es justicia, lo que esperamos alcanzar

Cerro de Pasco 25 de enero de 1931.

Como la actitud del tirano se mantenía inalterable, nuestra delegación femenina presidida por la señorita Carmen Giles viajó a Lima y llegó ante el dictador. Éste, adornado de colgajos, cordones dorados y cubierto de condecoraciones -de no ser así se le habría confundido con un mayordomo de palacio- las recibió. Extrajo su reloj de oro de la guerrera y poniéndolo a su vista -minúsculo y soberbio- dijo: “Tienen cinco minutos para decir lo que quieren”. Nuestra representante no se amilanó. Con voz enérgica, decidida y clara, expuso los argumentos del caso y pidió la reconsideración de la ley mencionada. Al finalizar, el déspota, como un redivivo huaco moche, sin un ápice de cortesía, dijo “El pueblo de Huancayo ha presentado un memorial con cincuenta mil firmas y la decisión está tomada”. Diciendo esto volvió las espaldas a nuestra delegación femenina y salió como un pavo, altanero y soberbio. Esta actitud descortés del tiranuelo ofendió el ánimo de nuestro pueblo que jamás olvidó el agravio. Tan así es que un indignado poeta del pueblo, le cantó así a la ofendida mujer cerreña. (Mañana continúa)

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