La mujer cerreña en la historia: Carmen Giles (2)

Es necesario mencionar que la alta estima que tenemos a las mujeres en nuestro pueblo, quedó muy lastimada. No era para menos, mucho más cuando fuimos descubriendo la calaña del tirano. Uno de los hombres que ha estudiado su vida, dice: “Este era un cholo piurano, atezado, al que le faltaba un dedo, resultado de una balazo. Le decían “El Mocho”. Hablaba con entusiasmo de las “Cholas francesas”. El viaje al extranjero no había refinado su estilo cuartelario. Se cagaba en el protocolo, amenazaba con repartir baquetazos a espantados embajadores. Sonreía cachaciento desde los balcones de la parte antigua del palacio. Lo rodeaban comandantes y mayores. No había un solo general que le inspirara confianza. Los despreciaron, siempre. Todos adulaban al dictador. Eran blancos, dados a la aristocracia, a usar entorchados. Y él era un cholo venido de abajo”. Otro de sus biógrafos, refiriéndose a la personalidad del “Mocho”, afirmaba: “…era un cholo violento, sanguinario, obsesivo, casi paranoico; fue el cuarto de siete hermanos y tal vez sufrió de epilepsia. Brutal, agresivo, pintoresco caudillo que hizo delirar a las masas en su momento de gloria fugaz, jamás conoció el miedo. Nacido en Piura, maniático sexual, conspirador, abusivo a menudo, desprovisto de cultura, cruel, contradictorio, impulsivo pero silencioso en sus planes, astuto, mucho más astuto de lo que creyeron sus adversarios, sus propios amigos reconocían que no tenía cualidades de estadista”.

Nuestro pueblo que a lo largo de toda su historia ha tenido y tiene notables poetas, registró en la creación de uno de ellos, aquel sentimiento:

Puesto que eres atractiva,
Ponte guapa e una vez,
Cerreñita sensitiva:
Si te quieren ver altiva:
¡Que padezcan tu altivez!

II
Si te hicieron un agravio,
No escucharon tu lamento,
Ni siquiera a flor de labio;
Eso fue sólo un resabio
De vulgar aturdimiento.

III
Y aunque aquella huancaína
Quiera ser hoy tu rival,
Tú serás la reina andina
Y serás capitalina
¡Porque tienes capital!

IV
¿Qué te importan los azares
De una efímera mudanza?
Se desandan los andares
Cuando ya no hay militares
¡y es inútil esa andanza!

V
Los que emprenden ese viaje
Lo hacen sólo hasta más ver;
Si se llevan el moblaje
Pagarán el carretaje
Cuando tengan que volver.

VI
Tú comprendes que en la vida
Todo es vario e inestable:
El que pierde una partida
Se equivoca si se olvida
Que el perderla es remediable.

VII
Me da pena verte triste,
Me da risa tu aflicción
¿Quién ha dicho que perdiste?
Si es sabido que el que se viste
Con lo ajeno … es pechugón!

VIII
Yo te quiero ver risueña,
Yo te quiero ver altiva.
El Cerro es cúspide y breña
Y por eso una cerreña
Lo ve todo desde arriba.

IX
¡Desde arriba!. ¡Desde encima!
He ahí tu excelsitud
Que renieguen de este clima
Sin fijarse que ni Lima
Puede erguirse a tu altitud.

X
¿Y es mal clima, el clima frío?
¿ y en Huancayo no se mueren
Los mortales?. Yo me río
De que quieran armar lío
Y que digan que no quieren.

XI
Un mal clima: el de Calcuta;
Insalubre: Chanchamayo,
Más si al Cerro se le imputa
Clima malo, es más que bruta
Esa gente de Huancayo….!

XII
Mi argumento no es muy tierno
Pero admitan que es feliz:
No hará frío en el infierno
Más tampoco para invierno
Hace calor en Paris.

XIII
Y porque en Paris hay nieve
En el estío lluvioso,
Ninguna Corte se mueve,
Ni hay en Francia quien se lleve
La capital al Toboso.

XIV
Y si acá, por vida mía,
Se llevan la capital,
Cometen la felonía,
De llevarse en pleno día:
Un blasón tradicional.

XV
Y este despojo motiva,
Que yo versista cortés,
A cierta chica atractiva
Le diga: cerreña altiva..
Ponte guapa de una vez.
A partir de entonces, el pueblo minero, herido en sus más profundos sentimientos, advirtió que se encontraba frente a un despreciables déspota bajo cuyo gobierno se había baleado a los mineros en la subida de Santa Rosa, en el puente de Malpaso y se terminado con la existencia del más grande líder sindical que tuviera el Perú, Gamaniel Blanco Murillo y, del ilustre militar cerreño, Gustavo Jiménez “El zorro”; ofendió gravemente a nuestras mujeres de tal manera que el ciudadano cerreño Abelardo Mendoza Leiva, terminó con la vida de este miserable histórico.

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