Nuestros cronistas españoles

Para entender plenamente la Historia de la Literatura en el Cerro de Pasco, así  como hemos visto brevemente la Literatura Oral, creemos necesario fijar con precisión, linderos, épocas, protagonistas y temas. Siguiendo este sentir, creemos necesario primeramente, señalar con énfasis que el Cerro de Pasco tiene su origen  eminentemente colonial. Es una ciudad preponderantemente minera. Las ciudades mineras nacen con la llegada de los españoles; antes, jamás las hubo. Así las cosas, como siguiente paso de nuestro estudio, consideramos necesario echar un vistazo a la literatura escrita que, en aquellos momentos aurorales del Cerro de Pasco, se comenzaba a desarrollar. Esta literatura está constituida por los documentos que, de una u otra manera, refieren al futuro hábitat minero que habría de erigirse a estas alturas. Estos documentos son las CRONICAS referidas a los derroteros  primigenios que  columbraron las posibilidades  de las minas cerreñas. En los textos de los cronistas están los primeros atisbos de nuestra literatura escrita y, como es lógico, iremos mencionando a quienes, de una u otra forma, hablaron de nuestra ciudad dejándonos la documentación pertinente.

Al primero que hay que considerar, creo yo, es a Garcilaso Inca de la Vega quien, en forma terminante manifiesta que:

                   Las minas de oro y plata antiguas, concedía el inca a los curacas y sus parientes y vasallos que tomasen lo que bien les estuviese: no para tesoros(que antes los menospreciaban) sino para adornar los vestidos y arreos conque celebraban sus fiestas principales y para algunos vasos en que bebiese el cacique y esto último con limitación, lo cual proveído no hacían caso de las minas, antes parece que las olvidaban y dejaban perder; y esa era la causa que hubiesen tan pocos mineros que sacaran y fundiesen metales, aunque de los demás oficios y artes habían innumerables oficiales. (Garcilaso 1960:345).

Después de esta parca pero precisa referencia al uso que los naturales daban a las minas, también encontramos una serie de menciones a la manera cómo desarrollaban su vida los hombres de estas alturas y cómo fueron anexados al Imperio de los Incas, después de infructuosas batallas de conquista que fueron de sendos triunfos para los naturales de estas zonas.

Pedro Sancho de la Hoz (1533), Secretario de Pizarro, describió muchos detalles respecto de Pombo, especialmente cuando dice :“usaban sobre su cabellera, paja toquilla pintada de amarillo y rojo…”(PIZARRO, Pedro: 1572-1968).

Inmediatamente después, es necesario mencionar al Príncipe de los Cronistas, don Pedro Cieza de León, que en 1533 ya anunciaba las posibilidades mineras de nuestra zona cuando decía:

                   En muchas partes de esta comarca Yaro, se hallan grandes minas de plata, que si se dan en sacarla, es mucha la que habrá

                   (CIEZA DE LEON, Pedro- (1533) 1973:201).

En otra parte de su crónica, Cieza dice:

                   “Esta provincia de Bombón es fuerte por la disposición que tiene, que fue causa que los naturales fueran muy belicosos y antes que los incas los señores, pasaron ellos grandes trances y batallas, hasta que (según ahora publican muchos indios de los más viejos) por dádivas y ofrecimientos que les hicieron, quedaron por sus súbditos. Hay una laguna en la tierra de estos indios que tendrá de contorno más de diez leguas. Y esta tierra de Bombón es llana y muy fría, y las tierras distan algún espacio de la laguna. Los indios tienen sus pueblos a la redonda de ella con grandes fosadas y fuerzas que en ellos tenían. Poseyeron estos naturales de Bombón gran número de ganado, y aunque con las guerras se han consumido y gastado, según se puede presumir, todavía les ha quedado alguno y por los altos y despoblados de sus términos se ven grandes manadas de los silvestres. Dáse poco maíz en esta parte por ser la tierra tan fría como he dicho, pero no dejan de tener otras raíces y mantenimientos, con que se sustentan. En esta laguna hay algunas islas y rocas en donde en tiempo de guerra se guarecen los indios y están seguros de sus enemigos. Del agua que sale de esta palude o lago se tiene, por cierto que nace el famoso Río de la Plata, porque por el valle de jauja va hecho río poderoso, y adelante se juntan con él los ríos de Parcos, Bilcas, Abancay, Apurimac, Yucay y corriendo al occidente, atraviesa muchas tierras, de donde salen para entrar en él otros ríos mayores que no sabemos, hasta llegar al Paraguay, donde andan los cristianos españoles primero descubridores del Río de la Plata. Creo, yo por lo que oído de este gran río, que debe nacer de dos a tres brazos, o por ventura más, cojo el río Marañón, en de Santa Marta y el de Darién, y otros de estas partes. Como quiera que ello sea, en este reino del Perú creemos ser su nacimiento en esta laguna de Bombón, adonde viene a parar el agua que se deshace, con el calor del sol, de las nieves que cae sobre los altos y sierras, que no debe ser poca”

(CIEZA DE LEON, Pedro- 1533,-1973:200).

Después, a Iñigo Ortiz de Zúñiga quien, en su relación denominada “Visita a la Provincia de León de Huánuco”, (1562) afirma lo siguiente:

                   Sacaron de la huaca de Yauricocha, que es una laguna a cuatro días de camino de esta ciudad (Yacha), el oro y la plata que en ella había, que no se sabe cuánto era más que él (Cacique Chuchuyaure), de su parte le cupo tres pesos y lo dio a su encomendero (Juan Sánchez) para el tributo y que entonces no había tasa sino que daban lo que querían y que no sabe de otra cosa alguna y que el tiempo del inga sacaban oro en el río de Chupa y que hay de esta ciudad a cuatro leguas de camino y  en las minas que dellas sacaban plata en los yaros en las minas de Guarcas (Huaraucaca) y que por ser muy poco el oro que dellas saca y mucho el trabajo así de las minas como delas otras lo han dejado de sacar y le fue dicho y declarado todo lo demás en el capítulo contenido (ORTIZ DE ZUÑIGA, 1562).

También es necesario mencionar al sacerdote Antonio Vásquez de Espinoza que en 1628, hace otra referencia a la zona cuando dice: “Llegamos a Ambo y los pueblos de los contornos, Cayrán y Huacar; luego pasamos por el pueblo de Quinua y la aldea de Ninagaga, todas tierras muy frías como Pasco, Carhuamayo, San Juan de los Cóndores, San Pedro de Cajas, Paucartambo y otros. La provincia de Chinchaycocha por ser muy fría sólo produce una raíz comestible parecida al nabo que los indios llaman MACA donde se siembra la cual se esteriliza la tierra por treinta años. A pesar de tal clima, la comarca es muy poblada y sus habitantes viven en casas redondas como media naranja. Para mantener el calor y servirse como lumbre, hacen uso del estiércol de su ganado en sus fogones, quedando su habitación convertida en una estufa”.(VASQUEZ ESPINOZA, Antonio 1628:69).

Creemos que sabiéndose dueños de una zona verdaderamente riquísima, los adjudicatarios de estas tierras, tomarían posición inmediata de sus propiedades. No en vano contaban en sus manos con las Crónicas del joven cronista Estete que es, a nuestro entender, el que tuvo las más precisas referencias del territorio donde más tarde se levantaría nuestra ciudad.

Miguel de Estete en sus crónicas, decía: “Hay en el campo una laguna de agua dulce que comienza junto a este pueblo de Pumpu; cerca de allí, muchos ganados y en ella, aves de agua de muchas maneras y pescados pequeños”. Precisamente, llegados a este lugar, para asegurar su itinerario, volvió a leer lo que Hernando Pizarro había escrito: “llegando al camino real, a un pueblo… que dice Bombón, topé con un capitán de Atabalipa que levaba quinientos mil pesos de oro a  Caxamalca”. Como era de esperarse este dato exacerbó los ánimos hispanos y siguieron adelante. Por otro lado las referencias de Pedro Pizarro, “primo y paje” de Francisco Pizarro decía: “De allí vinimos a una ciudad que se dice Pombo. Está en unos llanos; es ni más ni menos que Caxamalca en calidad; todo lo que hay en ella es conforme. Esto y todo lo demás que hay desde Caxamarca al Cuzco es tierra que nieva y llueve mucho. Hay venados pequeños, hay muchas ovejas montañesas”.(15).

Todos estos datos fueron el principal sustento del viaje, sólo le quedaba seguir hacia el noroeste donde, estaban seguros, hallarían las fabulosas tierras de la plata, como lo habían asegurado lo naturales que llevaban el aporte del rescate. Así fue. Después de avanzar algunas leguas se dieron con la notable fortaleza de Puntac Marca, residencia de los Tinyahuarcos -los de los tamboriles colgantes- y por ellos se enteraron de que frente a esta fortaleza se hallaba el rico yacimiento de GOLGUEJIRCA, es decir el “Cerro de la Plata”. Aquí decidieron quedarse. Habían llegado a lo que ellos creían eran los yacimientos más ricos de la zona.

Fueron, en conclusión, los cronistas de la conquista, los primeros en hablarnos de las minas, sustento y razón de la erección de nuestra ciudad.

A las pormenori­zadas informaciones de Garcilaso, el inca, se sumaron las crónicas del trashumante “Príncipe de los Cronistas”, Don Pedro Cieza de León; las de Pedro Pizarro y, las más importantes -como lo hemos dicho- las de Miguel de Estete que, con la vitalidad de sus 21 años, vaticinó las fabulosas posibilidades de las minas de las altas “tierras de las nieves”. Sus crónicas, constituye­ron el derrotero que, ansiosos, siguieron los aventureros de allende los mares. Administradores acuciosos, más tarde, hacen lo propio. Iñigo Ortiz de Zúñiga, el visitador y, Antonio Vásquez de Espinoza, el religioso, dejan sus valiosos testimonios. Todos ellos certifican las grandes posibilidades de nuestros yacimientos en medio de la dura realidad de un hábitat inhóspito y riesgoso.

Para instalarse  en estos ambicionados predios mineros, los españoles se valieron de la infamia de la mentira para arrebatarle las minas a sus legítimos dueños. El 9 de octubre de 1567, tiene lugar el registro oficial de las primeras minas de esta zona. Hacía muy poco que las habían antecedido, COLQUIPUCRO, la primera mina que fue explotado de 1540 a 1590, en que se agota; la segunda mina, fue la del fabuloso CERRO RICO DE POTOSI,  descubierta por el indio Diego Huallpa en 1545 y denunciada a su nombre por los españoles, Villarruel de Santandía, Centeno y Cotamito; la tercera es la de oro de HUANTAJAYA, a  partir de 1566, y, la cuarta, como hemos dicho, las minas de SAN ESTEBAN DE YAURICOCHA, nuestras minas. En lo referente a nuestras vetas, se cuenta en una crónica hallada por el estudioso peruano, don Carlos Romero en la Biblioteca Nacional, que los españoles, valiéndose de la infamia, denuncian nuestras minas que antes habían sido denunciadas por unos caciques que eran los legítimas dueños. Recordemos que ,para entonces, se había tenido mucho cuidado en publicar que “todas las minas del territorio pertenecen a la corona española. Sólo el Rey puede otorgar concesiones a los habitantes del reino para que las exploten a condición de separar una quinta parte del total de la extracción para fondos de la corona”. Así las cosas, con la complicidad y connivencia de las autoridades españolas de aquel tiempo, se arrebata a los naturales lo que legítimamente les correspondía. A partir de aquel momento, el abuso preside todos los actos españoles.

Instalados ya en nuestro territorio, los conquistadores continúan atropellando a los naturales y, abiertas las minas, se procede a su ignominioso genocidio dentro de las minas. Olvidándose de los más elementales sentimientos de humanidad, pasando por sobre todo sentimiento de solidaridad humana, explotan sanguinariamente a los naturales.

Por aquellos tiempos, deseosos de ganar almas para el cielo, arribaron, numerosos frailes, catequistas y píos; con ellos,  los otros, los venales,  lujuriosos, dipsómanos, avaros y angurrien­tos: la hez de la bendita grey. Cuando aquellos comenzaron a tratar con la gente del pueblo -la que producía riquezas turbadoras-, quedaron pasmados de horror. Era increíble el suplicio que soportaban y, estremecidos por lo que vieron en los socavones, no sólo intercedieron por ellos ante sus amos, despiadados y crueles; también elevaron estremecedores alegatos ante las autoridades políticas y eclesiales en favor de un trato más humano y justo para ellos. Un trato cristiano. Léase los testimonios  desgarrados de Fray Buenaventura de Salinas y Córdova que escribía “con lágrimas en los ojos” y los de Fray Diego de Ocaña -ambos franciscanos- que vieron directamente el descarnado suplicio que soportaban estos hombres y mujeres del pueblo. Desgarradores testimonios que nunca consiguieron nada. Es increíble, pero es así.

Estos documentos de innegable valor histórico -primeros testimonios de nuestra literatura- habían permanecido hasta hoy casi ignorados. No es justo. Para que se conozca el tremendo atropello que sufriera nuestro pueblo en su incesante y dolorosa saca de metales que enriquecieron a los explotadores, es necesario leer estos valiosos argumentos. Se comprobará que la cruel explotación sigue vigente desde los albores de la colonia. Por eso decimos que el Cerro de Pasco es el “Pueblo Mártir” del Perú

Para que no pueda caber alguna duda, no sólo los mencionados dejaron sus terribles acusaciones. Guamán Poma de Ayala, cronista nativo, valiente y acucioso, hace lo propio: es más, Jorge Juan y Antonio de Ulloa, visitantes regios españoles, en sus NOTICIAS SECRETAS, hacen revelaciones increíbles que, más tarde, atenúan en algo la vesania en la que se hallaban sumidos los trabajadores del pueblo. Véase  el Quinto Capítulo de nuestra historia. Estos relatos dramáticos  y desgarradores son sin duda, otro muestrario de la enorme gama de nuestra literatura.

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