EL ITINERARIO DE NUESTRA LIBERTAD (01)

SOLDADOS DE LA LIBERTAD

Jurada la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 9 de julio de 1816, quedaba sellada la libertad de la República Argentina. En el resto de América los realistas habían logrado sofocar la insurrección. Si bien la revolución Argentina no tenía enemigos dentro de sus fronteras, dos poderosos ejércitos realistas la amenazaban: uno de Chile y otro desde el Alto Perú. San Martín había percibido claramente esta amenaza y sostenía que el poder realista terminaría una vez que todos los españoles hubieran sido arrojados del territorio americano. No antes. Por eso cruzando los Andes llegaría a Chile, y después de libertarlo, pasaría al Perú por vía marítima para hacer lo mismo.

Así lo hizo.

Antonio

Después de cruzar los Andes en odisea inigualable, invade la Capitanía General de Chile y, el 12 de febrero de 1817, derrota a las fuerzas realistas en la célebre batalla de Chacabuco. Al cumplirse el primer aniversario de aquella batalla -12 de febrero de 1818- jura solemnemente la independencia de Chile. El resto del ejercito realista, decide enfrentarse a las fuerzas patriotas en la Batalla de Maipú, el cinco de abril de 1818. En la contienda triunfa el Ejercito de los Andes y, arroja definitivamente a los españoles del territorio Chileno.

El 19 de agosto de 1820, zarpa del puerto de Valparaíso hacia el Perú y al amanecer del 8 de septiembre desembarca en la bahía de Pisco. Desde aquí, San Martín decide destacar una columna volante al interior del país para que en marcha de circunvalación despertase el espíritu revolucionario en las provincias, reconociera la ciudad y se diese cuenta de sus recursos y ventajas militares; que efectuase una atinada división para que las fuerzas situadas a la distancia concurriesen a engrosar al ejercito de Lima; desconcertara de este modo los planes del enemigo ocultando los propios; y por último, buscase la integración con el grueso del ejercito por el norte tras destruir las tropas que encontrara a su paso. El jefe indiscutible de esta empresa no podía ser otro que el General Juan Antonio Álvarez de Arenales. Sus notables cualidades de mando, su experiencia en la guerra de montaña y la popularidad de su nombre en el Alto Perú, lo señalaban de antemano.

San Martín le ordena atacar sin pérdida de tiempo a la división enemiga que el Virrey había destacado sobre Pisco para replegarse a Ica y luego penetrar en la sierra para posesionarse de Huancavelica y Huamanga dirigirse a Jauja y establecer allí el cuartel general de la división. Debería fomentar la independencia en todas estas provincias y cubriendo todas las avenidas de la sierra hacia Lima, avanzar un destacamento hasta Tarma. Se le recomendaba mucha humanidad para con los enemigos de la independencia y para con los españoles europeos.

La división expedicionaria se componía de los Batallones Números 11 de “Los Andes” y el 2 de Chile al mando del Mayor argentino Ramón Antonio Deheza y del Teniente chileno Santiago Aldunate; dos piquetes de granaderos y, cazadores a caballo, formando un escuadrón bajo las ordenes del mayor argentino Juan Lavalle y el teniente paraguayo Vicente Suárez; dos piezas de cañones y 25 artilleros al mando del capitán Hilario Cabrera. Fue nombrado jefe del Estado Mayor, el teniente coronel argentino Manuel Rojas que había hecho sus primeras armas contra las invasiones inglesas al Río de la Plata, militando con distinción en las campañas del Alto Perú.

El 4 de octubre, sale Arenales de Caucato y atravesando sus arenales hace su ingreso en Ica el 6 de octubre. El pueblo presidido por su Cabildo, sus autoridades civiles y eclesiásticas, se vuelcan a las calles a vitorear al Ejercito Patriota. Pocas horas antes, el jefe colonial Quimper, había abandonado la ciudad perseguido por las fuerzas patriotas que lo derrotaron en la refriega de Chancaillo, el 15 de octubre. El 21 del mismo mes, contando con el apoyo del pueblo y por disposición de Arenales, el Alcalde de la ciudad, Juan José Salas, jura la independencia de Ica. Aquel mismo día, continuó su viaje a la sierra dejando al cuidado de la ciudad al Mayor Félix Aldao. En la ruta a Huancavelica, los campesinos del lugar saludan al ejército patriota con aclamaciones, tamboriles y quenas.

El 31 de octubre de 1820, llegan a Huamanga, siendo objeto de un  recibimiento mucho más apoteósico que el de Ica y Huancavelica. La jura de la independencia de Huamanga se realiza días más tarde, con Te Deum, parada militar, repique de campanas, bailes populares y demás manifestaciones de contento ciudadano. De Huamanga, partió a Huanta el 6 de noviembre y de allí, cruzó el puente Mayoc evitando el de Izcuchaca donde los realistas lo esperaban. Siguió por Tayacaja a Huancayo. Desde allí ordenó la persecución del intendente de Huancavelica que huía por Jauja, lugar en el que Lavalle dispersó a los coloniales el 20 de noviembre. De Jauja manda al comandante Rojas en el Batallón No 2 para que ocupe Tarma. Se apoderan de aquella ciudad el 23 de noviembre, con el apoyo de Francisco de Paula Otero, tomando un buen parque de armas que pasa a manos de los montoneros. El 28 de noviembre, en marco de solemne celebración, se jura de independencia de Tarma

Una referencia puntual a las fechas de juramentación que antecedieron a la ciudad minera es la siguiente:

En las Villas de Supe, Huarmey  y Casma, en 1919.

En la ciudad de Ica, el 21 de octubre de 1820.

En la ciudad de Huamanga, noviembre de 1820.

En la ciudad de Huancayo, el 20 de noviembre de 1820, en ceremonia que se llevó a cabo en un tabladillo erigido en la Calle Real, a la altura de la Plaza Huamanmarca. Álvarez de Arenales que ese día había hecho su entrada triunfal presidió el acto. Los primeros que juraron fueron el coronel de milicias Marcelo Granados (ese día asumió el cargo de Gobernador), el Cura Coadjutor don Estanislao Márquez y el Escribano Juan de Dios Marticorena.

En la ciudad de Jauja, el 22 de noviembre de 1820.

            En la Villa de Huaura, el 27 de noviembre de 1820.

            En la ciudad de Tarma, el 29 de noviembre de 1820.

De Huancayo, Arenales, que había recibido vivas muestra de aprecio y adhesión de los pobladores,  partió al Cerro de Pasco, escenario definitivo de la gloria.

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