EL ITINERARIO DE NUESTRA LIBERTAD (05)

SOLDADO DE LA INDEPENDENCIA

En cumplimiento de las órdenes, el teniente Suárez y diez jinetes salieron en persecución de los prófugos a los que dio alcance a cinco leguas del camino que une el Cerro de Pasco con Yanahuanca. Tanto los fugitivos cuanto los cazadores llevaban una marcha lenta. Cuando los realistas estuvieron a dos cuadras de distancia de sus perseguidores, hicieron alto, volvieron la cara el enemigo y se desplegaron para batalla, en cuatro grupos de dieciséis hombres cada uno, perfectamente uniformados, armados de tercerola y sable. Al ver esta actitud amenazante, Suárez consultó el ánimo de sus granaderos preguntándoles por la decisión a adoptar. Los granaderos enardecidos de coraje respondieron: “Al ataque mi teniente”. Pero en ese momento observa que el comandante realista Andrés Santa Cruz, enfundando su sable y avanzando unos pasos hacia él, dice en voz alta:

– ¡Señor, oficial!.. ¿Quiere usted guardar su espada y que hablemos cuatro palabras?.

– ¡No tengo inconveniente, señor!. Respondió Suárez haciendo lo que Santa Cruz le pedía y batiendo las palmas de sus manos para darle pruebas de no tener armas en ellas, marchó al encuentro del jefe realista

– ¡A la orden, señor!

– ¡Dígame, oficial: ¿Quién es el jefe de la caballería patriota?. –preguntó Santa Cruz.

– ¡El mayor Juan Lavalle, mi comandante!.

– ¿Dónde está él, ahora?.

– ¡Viene detrás de nosotros, Señor!.

– ¡Bien está!. Haga usted el favor de enviar un mensajero a darle alcance, informándole que deseo hablar urgentemente con él.

– ¡Así lo haré, mi comandante!.

– ¡Muy bien!. Entonces, nosotros esperaremos aquí.

El mayor Juan Lavalle, que realmente continuaba la marcha en protección de Suárez, luego que recibió el mensaje, dispuso que la escuadra siguiera su marcha hasta reunirse a la vanguardia, y acompañado de su ayudante y dos ordenanzas, marcho al trote al lugar de la cita. Llegado al sitio, luego de los saludos de cortesía, los dos jefes se apartaron a un lado para hablar solos. La conferencia dura más de una hora, al final de la cual, el escuadrón realista “Dragones de Carabaillo”, se entrego prisionero desde sus jefes hasta el último clarín, con todas sus armas, estandartes, municiones y cuanto tenían.

Gran conmoción experimentó el pueblo cerreño al ver a 130 hombres con sus oficiales, llegando a la ciudad prisioneros de sólo once jinetes en medio de los vítores de los soldados triunfadores. Arenales recibió con mucha consideración a los españoles que se habían rendido. Aclamaciones, vivas, fanfarrias en el campamento patriota. Había hecho una gran adquisición.

Con la viva y profunda emoción que estos hechos le causaron, el general Arenales cursó una nota al General San Martín solicitando la premiación de los vencedores del Cerro de Pasco.

“Por orden general del Ejército Libertador que en copia incluyo a V.S. se servirá ver el premio que el Excelentísimo Señor Capitán General y en Jefe de dicho Ejército ha dispuesto a favor de los defensores de la patria que asistieron y pelearon contra el enemigo en la gloriosa acción de 6 del corriente mes en el Cerro de Yauricocha, debiendo ser comprendidos también en esta gracia, los individuos milicianos (guerrilleros) que acompañaron a las tropas a mi mando. Lo comunico a V.S. para que se sirva hacérselo saber y que disfruten del honor de dicho premio, debiendo arreglarse a la razón o lista que con la debida escrupulosidad deben dar los oficiales de dichos milicianos”. Dios Guarde a V.S. muchos años. (Firmado) Juan Antonio Álvarez de Arenales.

Momentos más tarde, jefes, oficiales y soldados, se reunieron para recibir el masivo homenaje de los cerreños que informaron al general Arenales que el ultimo de los realistas en retirarse había sido el brigadier O´Reilly acompañado de una reducida escolta y que por lo tanto no debía estar muy lejos.

– Muy bien, dijo Arenales. Tenemos que apresar al general prófugo. Usted, teniente Suárez, que hoy ha tenido un gran desempeño al apresar a todo el regimiento realista y es el mejor jinete con que contamos, mañana muy temprano partirá en busca del general O´Reilly al que deberá traerlo vivo; para ello, lleve un piquete de granaderos y los voluntarios que quieran ayudarnos en esta misión.

– ¡Bien, mi general –respondió el aludido- ¡Así lo haré!.

– ¡Usted!, Mayor Juan Lavalle, convóqueme al pueblo para un Cabildo Abierto para esta tarde… ¡Disponga también del entierro de los caídos en combate!.

–          Bien, mi general.

Tal como lo ordenó, se hizo.

Los trofeos que las armas de la patria recogieron ese día memorable, fueron: tres banderas, dos estandartes, la espada del general O´Reilly, el armamento de dos batallones de infantería, el de un escuadrón de carabineros, dos piezas de artillería, la caja militar y el parque de repuesto. La pérdida de fuerzas que ambas partes sufrieron, fue la siguiente:

Jefes Oficiales Tropa

Patriotas

MuertosHeridos —- 0105 1413

 

Total 06 37

Realistas

MuertosHeridos

Prisioneros

—-

04

0403

36

5818

386

  Total 04 43 462

 

         El siete de diciembre, escoltado por un piquete de granaderos a caballo y un grupo de montoneros conocedores de la ruta, partió el teniente Suárez a cumplir su misión.

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