El viejo problema del agua potable en el Cerro de Pasco (Primera parte)

No obstante que el drama del agua potable se está haciendo eterno por el entrampamiento burocrático surgido en instituciones locales, queremos brindarles algunos alcances  de cómo se afrontaba este problema al inicio de la vida de nuestro pueblo.

Los yauricochas -nuestros ancestros- se servían de las numerosas lagunas del entorno cuando los trabajos mineros todavía no alcanzaban especial interés. La llegada de los españoles a partir del primer denuncio de minas, determinó que como se acostumbraba en España, se organice un gremio dedicado exclusivamente al transporte del líquido elemento. Sólo que aquí, debido a que los hombres estaban dedicados a los trabajos mineros en su totalidad, lo derivaron a las mujeres. Las jóvenes que venían con sus padres o hermanos, desde el valle del Mantaro, especialmente de Jauja, tomaran de muy buen grado esta responsabilidad. Con la asesoría del municipio parcelaron la ciudad para que tuvieran bajo su responsabilidad una parte con el correspondiente pago de sus servicios. A estas diligentes mujeres –todas completamente jóvenes y fuertes para cumplir con esa responsabilidad -se les dio el nombre de: “Huanquitas aguadoras”.

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“Las huanquitas aguadoras” en plena tarea del transporte del agua potable a los hogares cerreños. Al fondo se puede ver el pequeño muelle donde sacaban el agua de una laguna completamente colmada. Portaban “latas” de metal con resistentes sogas que les permitía adecuarlas a alas espaldas

Éstas  transportaban el agua en recipientes metálicos o barrilitos medianos desde la laguna de Patarcocha hasta las casas, a 10 centavos el recipiente. Otra fuente abastecedora -la mejor- era la del manantial de Piedras Gordas, a extramuros de la ciudad. Las huanquitas tenían que llevar sobre el recipiente manojos de frescos berros para probar que el líquido era de aquel lugar. En compensación por las ganancias que obtenían sin invertir nada, la municipalidad dispuso que eliminados los perros vagos con pastillas de estricnina servidos por los “mataperros”, ellas tenían que transportar los cadáveres después de amarrarlos por los cuellos hasta la zona de pariajirca alta, denominada “Algo huanusha” (Perro muerto) y arrojarlos a las innumerables bocaminas abandonadas. Esta operación se realizaba cada cierto tiempo.

Estas diligentes mujeres trajeron a nuestra ciudad una costumbre que fue muy bien acogida: El cortamonte. Llegados los carnavales, en compañía de sus paisanos viajaban a las partes bajas de la ciudad de donde traían unos árboles –eucaliptos o pinos- que en medio de gran contento plantaban en lugar adecuado y, elegantemente vestidas, bailaban en derredor del árbol previamente adornado, amenizado por arpas, violines, clarinetes y tamboriles, hasta hacerlo caer a hachazos. De entre los mozalbetes cerreños que asistían a verlas bailar, muchos caían “prisioneros” de las guapas chicas que habían traído la costumbre de los barrios jaujinos de Huarancayo y Marco. Para conseguir su libertad, los “prisioneros” tenían que pagar el rescate en botellas de aguardiente o pisco que todos bebían alegremente. Fueron pues las guapas huanquiitas aguadoras las que trajeron esta hermosa costumbre a nuestra ciudad.

Estas celebraciones carnavalescas se hicieron tan indispensables que, cada año, veíamos cómo, luciendo trajes elegantes, las parejas nos regalaban con una danza muy hermosa donde las parejas se lucían espectacularmente. El marco musical estaba a cargo de una excelente banda de músicos como lo era la “Sinfonía de Junín”. Nosotros pudimos aplaudir las excelencias coreográficas que las perejas nos regalaban, especialmente cuando nos asombró el garbo del inolvidable “Chuyún Palacios”, un extraordinario artista que parecía un bailarín de ballet clásico.

Esta hermosa estampa folclórica jaujina la hemos hecho nuestra, a tal grado que, cada año un club que aglutina a todos los pasqueños residentes en Lima que bailan siguiendo los cánones establecidos en una espectacular muestra de alegría.

Volviendo al tema principal del agua diremos que, con el tiempo, el servicio de la “Huanquitas” ya no cubría la demanda. El crecimiento de la población fue explosivo. Recién entonces despertó gran inquietud en la municipalidad que luchó por obtener del gobierno central la correspondiente ayuda, sin conseguirla.

Al llegar el año de 1913, la Municipalidad y el pueblo cerreños toman conocimiento que a lo largo de los últimos años, el Supremo Gobierno había estado solventando a diversos pueblos de la patria a constituir su sistema de agua potable. Así, por ejemplo, el 7 de diciembre de 1908, mediante ley No 909, se daba la partida para la construcción del sistema de agua potable para Huancayo con la consiguiente compra de cañerías y demás aditamentos. El 18 de noviembre de 1908, igual trato recibió el Departamento de Cajamarca. El 9 de noviembre de 1911 mediante ley No 1451 se da otra partida para el agua potable del Cusco. El 13 de noviembre de 1911, mediante Ley 1437 para pavimentación, canalización y agua potable para Iquitos. El 5 de enero de 1912, mediante ley 1525 se da igual partida para la ciudad de Huánuco, por estas fechas salen también sendas leyes para el agua potable de Moquegua, Chachapoyas, Puno, Ayacucho, Arequipa, Paucartambo (Cusco), Chincha Alta, etc. Como era lógico, el Municipio cerreño también reclamó la parte que le correspondía. Es así que el 1º de setiembre de 1913, en sesión extraordinaria, el Honorable Concejo Provincial de Pasco acuerda por unanimidad remitir al Presidente de la República con copias a otros tantos funcionarios, un memorial cuyo texto fue el siguiente:

Continuará….

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SE NOS FUE EL “MOTE” GRIJALVA (Q.E.P.D)

EL MOTE EMILIO GRIJALVATodavía recuerdo la noche que lo conocí. Estaba bien acicalado para presentarse en el programa radial “Buscando Estrellas” de Radio Corporación. Sus ojitos juguetones enmarcados por cejas espesas resaltaban nítidamente en su rostro pálido (Por eso le llamaban “Mote”). Nervioso miraba para un lado y otro. Era el flamante cantante del trío “Los ídolos del pueblo”. Después de tanto buscar habían dado con  él. Era noviembre de 1956.

Adrián “Tuto” Picón, extraordinario guitarrista que había conseguido ensamblar un buen dúo instrumental con Juan “Charol” Gamonal, buscaba formar un conjunto parecido a los “Embajadores criollos” que triunfaba en Lima. Su problema era que no tenían una primera voz aguda y bien timbrada como la de Rómulo Varillas. Después de muchas pruebas con la mayoría de muchachos del Banfield y otros del barrio, terminó por decidirse por el “Mote”. Con él completaron el trío. Su triunfo en la extensa competencia de la radio, les deparó grandes éxitos posteriores. Se hicieron artistas exclusivos de la emisora por un dilatado tiempo en el que alcanzaron un acoplamiento especial. Ese fue el comienzo de su largo periplo por el éxito. Eran notables cantores criollos y todo el pueblo terminó por aplaudirlos como tales. Eran los artistas obligados en el Banfield Club, especialmente para las serenatas a los amigos y las regadas celebraciones amicales.

 

Después de un tiempo, “Tuto” Picón que había terminado su carrera de ingeniero de minas en nuestra universidad, fue contratado para trabajar en Cobriza. Allí cumplió un  año de labor cuando llegó la fecha de su onomástico. Aquel día, decidió asistir a su trabajo. Como es natural, su esposa trató de persuadirle de que no lo hiciera porque, por ese día, estaba dispensado de su asistencia a las labores. No hizo caso. Desayunó como siempre y subió a su carro Volkswagen para partir. En ese momento, tal vez porque los humos del alcohol, (Había recibido su onomástico en compañía de sus compañeros de trabajo), realizó una maniobra errática que hizo que el coche cayera de una altura de más de trescientos metros. Fue fatal. Quedó malherido. Cuando lo llevaron al hospital, todavía tenía signos vitales. Para evitar un severo daño cerebral, los médicos le aplicaron bolsas de hielo en la parte posterior del cerebro y lo pusieron a descansar. Cuando comenzó a roncar, su esposa, llamó al médico que ya no pudo hacer nada. Falleció ante la impotencia de la ciencia. Una pulmonía cruel se lo había llevado.

La noticia nos conmovió profundamente a todos. Las noches de su velorio en el Cerro de Pasco a donde lo habían regresado fueron de un dolor inconmensurable. En esa ocasión vi al “Mote”, más muerto que vivo. Jamás pudo recuperarse de la terrible experiencia. Al poco tiempo, casado ya, “Charol” se ausentó a vivir en Huancayo donde triunfó como guitarrista. Años después falleció de una embolia cerebral. El “Mote” que estaba muy apesadumbrado, quedó solo. Cumplió con sepultar a sus dos compañeros.

 

Así pasaron los años.

 

Tiempo después se unió a otro guitarrista extraordinario: Nolio Yabar. Con él decidió seguir cantando y para ser un trío, invitaron a Pedro Rodríguez. En recuerdo de sus colegas muertos, decidió que el nombre no muriera; volvió a darle vida a los “Los ídolos del pueblo”, pero esta vez para interpretar música popular del pueblo. A partir de entonces triunfan plenamente difundiendo nuestros aires vernaculares. Los numerosos discos que grabaron en prolongado lapso de años, los ha hecho inolvidables.

 

Al final, los otros dos compañeros del “Mote”, Nolio y Pedro, también partieron. Él quedó nuevamente solo.

 

Hace un mes, después de mil penurias, en medio de una soledad espantosa, él también falleció.

 

Hace muy poco tiempo, cuando visité el Cerro de Pasco, tuve la suerte de encontrarme con él, por última vez. “Hola, Shisha” –me dijo- “Nuestros amigos Tuto Picón y Charol Gamonal, han muerto” y me quedó mirando a la espera de mi reacción. En ese momento sentí que él había perdido la noción del tiempo. Lo noté muy desmejorado.

  • “Sí, hermano” le contesté. ¿No recuerdas que estuvimos presentes en sus sepelios?”

“Ahhh sí”, dijo. Inmediatamente fuimos a tomarnos un café y conversamos de muchas cosas.

 

La noticia de su fallecimiento me ha conmovido enormemente y, como a mí, a todos los cerreños que aquí en Lima lo recordamos con mucho cariño. Quiero por eso hacer llegar mi gratitud a todos los amigos que estuvieron con él y, cantando sus canciones, lo condujeron al cementerio. Yo, lamentablemente no pude estar presente. Y es oportuno agradecer a nuestro alcalde, el ingeniero Jhoni Ventura Rivadeneira, por haberle dado –en vida- el reconocimiento de nuestro pueblo por todo lo que hizo por difundir nuestra música querida. Estoy seguro que la  sensibilidad de nuestro alcalde, permitirá que a todos los artistas cerreños se les dé el apoyo necesario como en este momento lo requiere  COBRIZO – MINERO extraordinaria entidad que vela por nuestra grandeza cultural. Estos gestos merecen nuestra gratitud.

 

En este momento con mi emoción más sentida rindo mi fraternal homenaje a nuestro hermano que ha partido, difundiendo una canción muy expresiva creada y difundida por nuestro común amigo. Nico Papish.

“Mote”, hermano: Descansa en paz

 

El aluvión de Chungar

chomi 254Chungar, es un asiento minero encaramado a 4,616 metros sobre el nivel del mar en el distrito de Huayllay del departamento de Pasco. La cotidiana tranquilidad de aquel simpático villorrio se vio rota a las 8.15 de la mañana del 18 de marzo de 1971. El cielo completamente nublado -negro presagio de una desgracia- tuvo abominable colofón de terror. A esa hora, hombres, mujeres y niños sintieron un sordo remezón seguido de un tétrico ronquido como si una bestia apocalíptica avanzara sobre el campamento. Cuando salieron a averiguar la puerta de sus casas, fue demasiado tarde. Una espantosa ola de lodo y piedras se abalanzó sobre ellos destruyendo el campamento entero y arrastrando todo lo que encontraba a su paso. Entre aterradores gritos de espanto, impotentes seres humanos fueron arrastrados por el torrente y sepultados como insignificantes briznas de hierba. Todo duró escasos minutos. La aciaga torrentera había segado la vida de los ocupantes sepultándolos bajo quince metros de lodo y piedras. Nunca más fueron rescatados.

¿Por qué ocurrió aquello?

Minutos antes de aquella hora, de las faldas del cerro Puajanca se desprendieron enormes piedras que rodaron incontenibles arrastrando  barro  en espantosas cantidades. Por la fuerza de gravedad que originaba la pendiente fueron a caer sobre la laguna de Muchuhuaín con gran estrépito. Todas estas piedras y barro allí acumulados ejercieron terrible presión originando un alud inmenso e incontenible que fue a destruir el campamento de Chungar, residencia de los obreros con sus familias. Sólo una parte del campamento ubicado en la parte alta, llamado Tacora, habitado por cien familias, quedó sin ser tocado por el alud. Fue un milagro. Las instalaciones metalúrgicas, oficinas generales, dos escuelas y la plazuela central, desaparecieron inmediatamente tragados por el lodo. En ese momento despachaba en su oficina el superintendente general, ingeniero Enrico Rossone, de nacionalidad italiana y otros ingenieros de la gerencia general. El ingeniero Foción Vicente Coronado, subgerente de la compañía, se salvó porque había viajado al Cerro de Pasco a efectuar unos trámites burocráticos. Hasta ese momento, la mina de exitosa producción que jamás había tenido accidentes graves desde que iniciara sus actividades en 1936, era propiedad del súbdito croata, Anselmo Mateo Galluff. Actualmente es de la Empresa Administradora Chungar.

En medio de aquel torbellino de desgracias hubo una serie de acontecimientos que pintan de cuerpo entero la calidad humana de la gente. El obrero Ceferino Baldeón –por ejemplo- que había estado de viaje y llegaba en ese instante al campamento, vio aterrorizado cómo lodo y piedras se tragaban el reducto obrero donde vivía con su mujer y sus hijos. Desesperado corrió para tratar de hacer algo por salvarlos. No pudo. Abatido gritaba e iba por un lado y otro buscando con impotencia un lugar por dónde socorrer a su gente, pero ya nada pudo hacer. En contados segundos todo se había cubierto de lodo y piedras. Desesperado gritaba llamando a su mujer y sus hijos y su llanto era inconteniblemente desesperado. Inconsolable. Su desesperación le hizo romper el fino límite del raciocinio. Se volvió loco y nunca más pudo recobrar la razón. En ese paraje del tiempo se vio una cadena de solidaridad de aquellos castigados seres humanos. Hombres y mujeres que no habían sido afectados -entre ellos los mineros que estaban trabajando en los socavones- corrieron a auxiliar a los damnificados y por más que lo intentaron, sólo les quedó sacar los cadáveres del lodo y colocarlos a lo largo de la carretera en donde se desarrollaron impresionantes escenas de dolor. Aquella noche se amanecieron velando a las víctimas en medio de una lluvia persistente que no dejó de caer en ningún momento y en un frío espantoso de diez grados bajo cero.

Aquella madrugada, a las 2.30, cuando los seres más sensibles prestaban su generoso auxilio para rescatar los cadáveres y los policías  se encontraban en labores de apoyo y el resto estaba velando los restos mortales, una cáfila de malditos, completamente encapuchados, sin importarles para nada el dolor reinante,  asaltaron la compañía BERTOLERO y tras maniatar al contador y al vigilante, se llevaron la suma de 480 mil soles.

En las primeras horas del día siguiente, autoridades, bomberos, médicos, enfermeros, voluntarios y policía, pudieron superar el accidentado trayecto del camino carretero que para llegar a Chungar tenía que  salir del Cerro de Pasco a Colquiirca, Río Pallanga y Santander. Fue conmovedor aquel viaje. Todas las compañías mineras con una prontitud asombrosa hicieron llegar su ayuda: Santander, Alpamarca, Huarón, Cerro de Pasco, Atacocha, Vinchos. Víveres, frazadas, medicinas. El prefecto del Departamento de Pasco, Justo Armando Cabello inició una cruzada para que el pueblo pudiera socorrer a los damnificados. Los cerreños agrupados por barrios, en conmovedora muestra de hermandad, hicieron llegar su generosa colaboración.

Esta vez sí, como nunca -es justo decirlo- la prensa limeña cubrió ampliamente la trágica noticia y dirigió la ayuda a los damnificados. Lo único que originó problemas es el número de muertos. Cada diario daba su versión llegando a mil muertos, otros ochocientos etc. Fue tanta la pugna que el ministro general Artola, salió a decir que no se exagerara. No había mil muertos. Su preocupación era desmentir a los periódicos. Pero la mayoría del pueblo peruano se conmovió. Hasta el papa Paulo VI hizo llegar su bendición a los habitantes de Chungar.

Olvidándose la discusión, se llegó a establecer el número legal y total de víctimas: 245 muertos (160 obreros, 31 empleados, 2 profesores, 43 amas de casa y 7 no identificados); 185, desaparecido y 410 sobrevivientes.

Ésta es otra de las tantas trágicas muestras de dolor del “Pueblo Mártir del Perú”.

 

 

La llegada de Haya de la Torre

tema-victor-raul1El 9 de agosto de 1945, las calles del Cerro de Pasco eran  pujantes ríos de vida. Los compases estridentes de los cachimbos atronaban calles y plazas. Gentes venidas de todos los confines con carteles, pancartas, banderas, pitos, matracas y cohetes –muchos cohetes- se dieron cita en la vieja ciudad minera. El doctor José Luis Bustamante y Rivero, aliado del Partido Aprista, acababa de asumir la primera magistratura de la nación duplicando votos: trescientos mil contra ciento cincuenta mil del General Eloy G. Ureta, su contendor. Todavía estaba fresco en la mente del populacho lo ocurrido el 28 de julio en el Congreso. En primera fila los flamantes Ministros de frac y fajines bicolores. A las tres de la tarde, el doctor José Gálvez, con paso cansino, crecida barba cana y cansados ojos miopes protegidos por gafas de aro dorado, ocupaba el sillón central en el estrado en medio de ensordecedores aplausos. De inmediato se formaron las comisiones de anuncio y recibo del Presidente. Cuando se aprobó por unanimidad el proyecto de Ley de Amnistía General, la ovación de la multitud puesta de pie no se hizo esperar. La ley se firmó en ese momento. El Presidente Prado entró en el Congreso escoltado por la Comisión Parlamentaria,  leyó su mensaje y tras despojarse de la banda, se la puso al Presidente del Senado para bajar  convertido en ciudadano común y corriente. El flamante Mandatario  subió al estrado, y recibió la banda presidencial de parte del Presidente del Senado. La sala, se puso de pie para entonar el Himno Nacional. Fue un momento muy impresionante. Ha pasado poco tiempo de aquel acontecimiento. El día de la visita del jefe del partido aprista, el español Merino y Ruiz ha vendido centenares de pañuelos blancos; el pueblo cerreño está de fiesta. Cuando el compañero jefe apareció acompañado de su comitiva en coche descubierto, ya millares de hombres, mujeres y niños habían colmado las orillas de las calles con  banderas peruanas,  pañuelos blancos y  gritos de entusiasmo desbordante. Destacado trabajo de los disciplinarios. Cada grupo ocupaba su emplazamiento ordenadamente, estremeciendo las calles con arengas y maquinitas; a lo largo del recorrido se habían colocado estratégicamente a las bandas de música. De las ventanas, mujeres cerreñas, arrojaban pétalos de flores y, palmas apristas traqueteaban el ambiente fiestero. Una disciplinada doble columna de estudiantes y delegaciones pueblerinas aledañas, hacían multicolor calle de diez kilómetros, desde Yanamate hasta la ciudad minera por donde pasaba el compañero jefe. Los rudos mineros vitoreaban al visitante gritando sus esperanzas, “Carajo, machazo como es, va a cuadrar a los gringos y sus alcahuetes y nos va aumentar el salario”. Sus mujeres hacían lo propio: “Víctor Raúl va hacer aparecer azúcar y arroz en abundancia; el pan va a bajar de precio; papacito, compañerito, Víctor Raúl”. Cuando, venciendo el soroche, se aclaró la voz para hablar, un rugido ensordecedor invadió la plaza y el aplauso unánime conmovió las estructuras para luego sumirse en atento silencio receptor.

— ¡¡¡ Súper hombres….!!!- la plaza se agazapó en un contagioso silencio sorprendido. Pensaron… “Oh… ¿Qué pasó con el compañero jefe…?. Todos quedaron sumidos en un silencio de extrañeza.    ¿Súper hombres…?

— ¡¡¡Porque se necesita ser superhombres para vivir en estas alturas y extraer las riquezas que mantienen a nuestro Perú…!!! ¡¡ Ustedes, ustedes son súper hombres…!!! Ahhh los aplausos y vivas aclamaron al compañero jefe que, mago de la palabra, siguió perorando y, entre otras cosas dijo: “Lo que hemos hecho, es sólo la primera parte. Queda mucho por hacer. Hemos devuelto la libertad al pueblo peruano, la legalidad al Apra y abierto un diálogo que parecía imposible hace un año. La dictadura cayó naturalmente. Fue preciso dar un claro ejemplo de renunciación al poder, pero es necesario mencionar que sin el poder, no se puede adelantar un ápice en el camino de las reivindicaciones de un pueblo y menos realizar  un programa  tan profundamente renovador como el nuestro. Debemos ser firmes y cautos, compañeros, debemos desterrar la violencia. Tenemos mucho por estudiar, reflexionar, dialogar y decidir. A partir de ahora tendrá vigencia el perdón y olvido a lo pasado. Pero lo que nunca deben olvidar ustedes, es que somos un partido de pobres. “El poder sensualiza”. – Los aplausos, los huaynos mineros ejecutados por la banda de músicos que todo el mundo cantaba y las vivas, daban tregua al compañero jefe para que pudiera tomar aliento y continuar con su mensaje-. “El Frente Democrático no es uniforme. Nosotros representamos un movimiento auténticamente peruano y social. Nuestros aliados en su mayor parte difunden intereses personales. El Presidente Bustamante tendrá que adoptar cualquier día una decisión irremediablemente desagradable a buena parte del frente. ¿Por cuál decidirá?”… El pueblo estaba loco. Los gritos, las maquinitas, la fanfarria, daban vida a aquel encuentro entre un pueblo desarmado y lleno de esperanza que creía en el líder que los visitaba.

 

Más tarde, en el escenario del Estadio Municipal  convertido en un manicomio por el entusiasmo desbordante de las gentes, se oyó la voz clara y bien timbrada de una extraordinaria mujer cerreña, Clara Coz de Vizcarra, que entre aclamaciones explicó al visitante cuáles eran los problemas que agobiaban a la mujer cerreña, pidiéndole abogue por la solución de los mismos; pocas veces se escuchó una ovación como aquella que el pueblo brindó a la oradora,  invitada de inmediato a pasar al lado del líder nacional. Siempre en ese ambiente de fiesta democrática popular, Haya de la Torre soltó toda la confesión de sus sueños. Había un  marco de  sumisa aceptación de quienes esperaban mucho. Habló con inusitado brío para reivindicar la propiedad nacional de las riquezas del subsuelo a la vez de exigir la meticulosa revisión de las concesiones petroleras, condenando los enclaves capitalistas extranjeros en nuestras minas del Cerro de Pasco y en Talara. Puso énfasis en propiciar la incorporación del indio a la sociedad, la instauración de una adecuada reforma agraria. “Eso sí –afirmaba-, no queremos quitar la riqueza a quien la tiene, sino crearla para el que no la tiene”. Auspiciaba el reconocimiento de los derechos de la mujer peruana que todavía se hallaba marginada; consideraba de imperiosa necesidad la creación de dos Ministerios motores para la transformación del Perú: el de Educación y el de Trabajo; propiciaba una regionalización que liberara a los pueblos que se estaban asfixiando de centralismo, la igualdad de todos los hijos ante la ley, el seguro social, el salario mínimo vital, la protección de las madres obreras que trabajan, la profesionalización de la fuerza armada, el acatamiento de los militares al sistema democrático; invocaba finalmente la solidaridad de todos los pueblos del mundo, especialmente de Indoamérica. El desfile de los comités asistentes fue tan extenso y emotivo que sólo concluyó al cerrase la noche. Desde aquel momento aumentaron los apristas en la ciudad minera.

Augusto Gayoso Picón (Poeta popular)

VIÑETA 8Entre los hombres que lucharon por reivindicaciones de los obreros cerreños, está Augusto Gayoso Picón. Fue integrante de esa gloriosa pléyade de luchadores cerreños, encabezados por Gamaniel Blanco Murillo, Miguel de la Matta, Andrés Urbina Acevedo, Augusto Mateu Cueva, y otros tantos.

Su trabajo fue preferentemente de activista, antes que de ideólogo; sin embargo, las veces que escribió, se refirió preferentemente a la lucha gremial y, muy pocas, a dar rienda suelta a su inspiración de poeta amoroso que siempre estaba subyacente en su alma. Una muestra de sus versos lo damos con el que escribió para el Nº 1822 de EL DIARIO, con el nombre de:

CANTO DE HAMBRE DE SED Y DE FRÍO

Camino de la vida, mascando mis penas,

mi viejo sombrero protejo mi testa,

mis pobres harapos, disfrazan mi cuerpo

que muere de hambre, de sed y de frío;

los ratos aciagos me cubren de gloria,

mi patria es el mundo, mi sino es el triunfo,

pues, libre, gritando, yo entono mis versos,

con notas de nombre de sed y de frío.

 

Yo hallo sufriendo mi mundo aspirado,

soy ave que bebe la hiel del dolor,

parándome siempre con fuerza y acción

en ramas de hambre de sed y de frío.

Soy ave que augura con cantos rebeldes,

la trágica hora que al hombre le espera

si en lucha sublime de Bien y Justicia,

no curan su hambre, su sed y su frío.

 

Mi espíritu vuela, no admite fronteras

ni teme los palos del cruel opresor,

pues tengo en mi pecho un volcán que está ardiendo,

cubierto con hambre, con sed y con frío.

Son cráter mis labios cubiertos de sangre,

mis gritos son lava brotando del alma

que mata al tirano y al vil opresor

que da sólo el hambre, la sed y el frío.

 

EL TÚNEL DE LA LIBERACIÓN (Tercera parte)

EMBAJA DE JAPON (imagesCA32CT4J)Se agruparon en cuatro guardias A, B, C y D, cada uno con seis integrantes que trabajaban en turnos correspondientes como lo hacían en la mina cerreña. El túnel principal se avanzó dos metros por día

Como el trabajo minero originaba un sonido que se podía escuchar en la superficie, el comando, para disimular, puso música a grandes volúmenes y el paso de las tanquetas haciendo gran ruido. Es decir, muchas contingencias tuvieron que afrontar hasta que llegó la hora nona. De todos es conocida la acción efectuada por nuestros comandos del ejército, pero es necesario recalcar que, sin la calidad extraordinaria de los mineros cerreños, no habría tenido el éxito que después se comentó. “Los trabajos se hicieron bajo la residencia nipona, donde el MRTA mantuvo a 72 rehenes durante 18 semanas. Los rehenes fueron liberados el 22 de abril en un operativo militar que causó 17 muertos, un rehén, dos militares y los 14 guerrilleros que habían ocupado la residencia para exigir la liberación de sus compañeros presos”.

 

Un diario de la capital sintetizaba así la liberación de los rehenes: El 22 de abril de 1997, más de cuatro meses después del inicio de la toma, un equipo de 140 comandos peruanos, se reunieron en una unidad secreta ad-hoc que había recibido el nombre de Chavín de Huantar (en referencia a un sitio arqueológico peruano famoso por sus corredores subterráneos) y montaron un asalto dramático sobre la residencia. A las 15:23, se inició la Operación Chavín de Huántar”.

“Tres cargas explotaron casi simultáneamente en tres habitaciones diferentes del primer piso. La primera en medio de la habitación donde estaba teniendo lugar el juego de fútbol, matando de inmediato a tres de los terroristas (dos de los hombres que participaban del juego y una de las mujeres que los observaba desde la línea de banda). A través del hoyo creado por la explosión y las otras dos explosiones, 30 comandos ingresaron al edificio, a la caza de los miembros sobrevivientes del MRTA para detenerlos antes de que pudieran alcanzar el segundo piso”. “Se realizaron otros dos movimientos simultáneamente con las explosiones. En el primero, 20 comandos lanzaron un asalto directo en la puerta de entrada para unirse a sus camaradas al interior de la sala de espera, donde estaba ubicada la escalera principal hacia el segundo piso. En su paso encontraron a las otras dos terroristas mujeres cuidando la puerta del frente. Detrás de la primera ola de comandos que asaltaron la puerta llegó otro grupo de soldados que llevaba escaleras, las cuales ubicaron contra las paredes posteriores del edificio”.

“En el último movimiento del ataque coordinado, otro grupo emergió de dos túneles que habían llegado hasta el jardín trasero de la residencia. Ascendieron rápidamente las escaleras que habían sido colocadas para ellos. Sus tareas consistieron en hacer volar una puerta a prueba de granadas del segundo piso, por medio de la cual serían evacuados los rehenes, y hacer dos aberturas en el techo para poder matar a los miembros del MRTA en el segundo piso, antes de que tuvieran tiempo de ejecutar a los rehenes”.

“Al final, todos los 14 terroristas del MRTA, un rehén (Dr. Carlos Giusti Acuña, miembro de la Corte Suprema, quien tenía problemas cardíacos preexistentes) y dos soldados (teniente coronel Juan Valer Sandoval y teniente Raúl Jiménez Chávez) murieron en el asalto”.

Según la Agencia de Inteligencia de la Defensa de los Estados Unidos (DIA), el emerretista Roli Rojas fue descubierto intentando huir de la residencia mezclado con los rehenes. Un comando lo detuvo, lo llevó a la parte trasera de la casa y lo ejecutó con una ráfaga que le voló la cabeza. El cable de la DIA sostiene que el intento del comando había sido disparar una sola vez a la cabeza de Rojas y debido al error el comando debió esconder parcialmente el cuerpo de Rojas bajo el de Néstor Cerpa. El cable dice también que otra miembro mujer del MRTA fue ejecutada después del asalto”.

La victoria militar fue publicitada como un triunfo político y usado para reforzar su postura de línea dura contra los grupos terroristas. Los índices de popularidad de Fujimori se duplicaron rápidamente hasta alcanzar cerca del 70% y fue aclamado como un héroe nacional. “Tenía que venir el clima de la época. La operación fue tan exitosa que no había oposición. Los peruanos lo adoraron”, dijo Luis Jochamowitz, autor de una biografía de Fujimori. En una reflexión sobre el asalto pocos días después, el poeta Antonio Cisneros dijo que se había dado a los peruanos “un poco de dignidad. Nadie esperaba esta eficiencia, esta velocidad. En términos militares, fue un trabajo del Primer Mundo, no del Tercer Mundo.”

EMBAJADA DE JAPON (untitled)

Fujimori se llevó el crédito personal por la operación. En una entrevista en la edición de “El Comercio” del 17 de diciembre de 1997, declaró que poco después que la residencia del embajador fuese tomada, él planeó la operación junto a su hijo Kenyi –engendro al que trató  de hacerlo conocido y popular- y con el Servicio de Inteligencia Nacional del Perú comandada por Julio Salazar, Vladimiro Montesinos y el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas bajo el mando del general del Ejército Nicolás de Bari Hermoza Ríos

Todo el mundo conoce lo que ocurrió después. Fujimori hizo tantas apariciones públicas apropiándose del mérito del operativo que cuando cayó, descubiertas las asquerosidades que había hecho en el gobierno, embarró también a los soldados que participaron en la acción, la mayoría de los cuales han sido acusados de violación de derechos humanos.

Dentro de todo este tinglado, nunca se habló de la atinada labor que realizaron los mineros cerreños, llegando al extremo de ningunearlos y tratarlos de muy mala manera. Tuvo que pasar diez años para que el gobierno reconociera la brillante acción de estos hombres. Un diario decía al respecto. El grupo de mineros del Cerro de Pasco que participó en la construcción del túnel que facilitó el ingreso de los comandos a la residencia tomada por los 14 terroristas fue reconocido públicamente por primera vez diez años después de la operación Chavín de Huántar. Ellos fueron condecorados con la Orden Peruana al Mérito Militar en Grado de Caballeros. En representación de tres mineros que fallecieron en el transcurso de la última década, estuvieron presentes sus viudas”.  Terminada la ceremonia, sin embargo, los familiares de los mineros denunciaron que fueron víctimas de maltrato y marginaciones por la empresa CENTROMIN. Indicaron, por ejemplo, que fueron víctimas de despido arbitrario, que no se les reconoció el tiempo de servicios y que, incluso, durante los meses que trabajaron dentro del túnel fueron retirados de las planillas de la mina. Por eso, al momento de retornar de la misión en Lima, fueron incluidos en planilla pero como nuevos trabajadores”.

 “OJO” decía: “Mañana al mediodía el presidente Alan García firmará decreto supremo en favor de los mineros que construyeron túneles para la operación Chavín de Huantar que permitieron a los comandos de las Fuerzas Armadas rescatar a los rehenes del MRTA el 22 de abril de 1997. Como se recuerda, los mineros fueron traídos desde la ciudad de Cerro de Pasco especialmente para construir los túneles. Ellos fueron elegidos sobre la base de su experiencia en este tipo de trabajos. La excavación de los túneles en la residencia del embajador de Japón en Perú, permitió el ingreso de los comandos de las FFAA.”

En “La República” se afirmaba: “La noticia se celebra porque nuestro país debe estar dentro de los primeros lugares entre los países más desagradecidos del mundo. Tenemos una multitud de soldados mutilados; familias de policías muertos, abandonadas; en fin, una interminable relación de hombres leales e ignorados. Recuerdo que hace varios años un programa periodístico (he olvidado cual) presentó un reportaje sobre los mineros que hicieron los túneles de la famosa operación. Recuerdo que fueron sacados de su tierra, alejados de sus familias, que trabajaron en condiciones poco “confortables”; así como también, recuerdo a Fujimori, Montesinos y el sinvergüenza Hermosa Ríos procurando robar cámaras y reconocimientos, luego de la exitosa ejecución: la mezquindad de los delincuentes sepultó a los mineros en una gruesa capa de olvido premeditado”.

“Expreso” afirmaba: “Otra sombra sobre el Operativo es el caso de los mineros del Cerro de Pasco que cavaron los famosos túneles. En un reportaje de Alex Vélez de “La Ventana Indiscreta”, se reveló que no les habían pagado los 80 mil soles que les habían prometido. Es más, el dinero que había enviado el gobierno japonés para gratificar a los mineros, se los embolsicó sin ningún ápice de vergüenza, el intrigante Montesinos, pero ayer, en la ceremonia que conmemoraba el décimo aniversario de la victoria, el gobierno los condecoró. Ojalá sea el primer paso para un reconocimiento total a su labor”.    

Perú 21” decía: “Con el argumento de moda de los acusados de corrupción, “la persecución política”, el otrora ministro del Interior del fujimontesinismo, general EP (r), Walter Chacón Málaga, trata de surfear las acusaciones de enriquecimiento ilícito y su misteriosa fortuna, por la que también es involucrada su hija, la congresista Cecilia Chacón.

En octubre del 2004, al verse cercado por el fiscal Pablo Sánchez, quien entregó un peritaje con el desbalance económico de sus ingresos, Chacón Málaga sorprendió a tirios y troyanos al reconocer que no declaró todo en etapa instructiva y negó el uso indebido de dinero que fue entregado para mineros que construyeron túneles para rescate de rehenes de la residencia del embajador de Japón

Las perlas fueron saliendo como si se tratase de un collar kilométrico. Se descubrió en sus cuentas bancarias el dinero que recibió para financiar los gastos de los mineros de Cerro de Pasco que se encargaron de los túneles para el rescate de los rehenes de la residencia del embajador del Japón, como parte del Operativo Chavín de Huantar.

El fiscal  Pablo Sánchez, le indicó que llamaba la atención que los recursos que le fueron entregados por el ahora desactivado Servicio de Inteligencia Nacional, SIN, hayan sido depositados en una cuenta particular y que después hayan sido transferidos a otras cuentas igualmente particulares.

Chacón respondió que fue el presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, Nicolás Hermoza Ríos quién le comunicó que el dinero (cerca de 400 mil soles) para los mineros había sido depositado en su cuenta particular y que “esa era la forma de proceder en acciones de inteligencia”.

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Extraordinarios mineros cerreños que abrieron el túnel que posibilitó el ingreso de los comandos en aquella mansión no obstante el maltrato de que fueron objeto a lo largo de toda su tarea liberadora

Dijo que las transferencias y movimientos se debía a que  los pagos que se tuvo que realizar a los mineros quiénes por razones de seguridad fueron enviados a Puno para evitar sospechas de que fueron los encargados de hacer los túneles y fueran objeto de atentados

¿Recibieron los mineros ese dinero o fueron engañados con el cuento del anonimato? Ese es otro asunto largo de explicar con los interesados pero existe un tufillo de negociado que no se ha despejado hasta ahora. El fiscal desmenuzó los argumentos al insistir  que el peritaje demuestra que hay un desbalance en el patrimonio del general y que el militar, con su sueldo como ingreso, no tenía capacidad para haber tenido cerca de 10 cuentas bancarias en las que hubo grandes movimientos financieros.

De todos modos, es necesario puntualizar que la labor de los mineros cerreños, ha sido, una vez más, muy valiosa para el país.

EL TÚNEL DE LA LIBERACIÓN (Segunda parte)

f0022393_2027575Por su parte, las esposas de los obreros, atormentadas por la ausencia prolongada de sus maridos comenzaron a inquirir de las autoridades y, cuando nada consiguieron, reunieron un dinero y cuatro de ellas viajaron a Puno. No encontraron nada. Esto los alarmó grandemente. Los mismos periódicos hicieron eco de los reclamos. La República decía: “Las esposas de la mayoría de los 24 mineros que abrieron los túneles que permitieron el asalto militar a la casa del embajador japonés en Lima, y la Federación de Trabajadores de la empresa Centromín Perú, denunciaron que no ven a los obreros desde hace cuatro meses.

 

María Luz Huamán, cuyo marido trabajó en los túneles y al que no veía desde la primera semana de enero, reclamó al gobierno que permita a los mineros volver a sus casas, pero el congresista Carlos Blanco Oropeza, uno de los ex cautivos, dejó entrever que el gobierno estaba “protegiendo” sus vidas. El gobierno no se pronunció hasta hoy sobre el paradero de los mineros, cuyas edades oscilan entre 30 y 35 años.

 

La señora Huamán relató que los mineros dejaron sus casas la primera semana de enero para realizar una “acción cívica de apoyo a mineros sepultados por un derrumbe en el Departamento de Puno, en el sudeste andino de Perú, fronterizo con Bolivia”.

 

A diferencia de Huamán, Victoria Uzuriaga, esposa de otro de los mineros, dijo que ella y otras tres mujeres fueron trasladadas por militares a “un lugar desconocido” para encontrarse con sus esposos, y afirmó no saber si alguno de los mineros murió en los trabajos. Los mineros trabajaron diariamente en grupos de ocho personas y en tres turnos para abrir las galerías bajo la residencia y habilitarlas de luz eléctrica y ventilación”.

Las autoridades de Lima, para atenuar la angustia de las compañeras de los obreros, les permitieron que escribieran sendas cartas pero con la prohibición total de no revelar el lugar de su estadía y menos aún la misión que estaban cumpliendo. Es más, fletaron un Antonov y condujeron a las mujeres a Pisco donde se encontraron con sus maridos. Esto atenuó la angustia de las mujeres. En cuanto a los mineros, no obstante estar acostumbrados a las altas y bajas temperaturas que se experimentan dentro de la mina, los agobió la humedad limeña que los dejaba exhaustos. Así comenzaron a avanzar en la construcción del túnel. El más extenso y principal de los cuatro que se hizo, tenía una extensión de 128 metros de largo y cuatro bocas de salida para el asalto final. Comenzaba en la calle Marconi 255 y conducía a la terraza por donde salieron los rehenes confinados en el dormitorio del embajador. Las tres restantes iban al jardín derecho y por ahí entraron los comandos. Dos metros antes de la boca de salida, se abría un ramal de 60 metros que pasaba por debajo del salón principal, el comedor de gala y la cocina. Los otros dos túneles eran de menor extensión. Veinte metros cada uno. Por ahí ingresaron los comandos a la parte posterior de la mansión desde donde evacuaron al resto de rehenes del segundo piso.

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Cada uno de los túneles tenía una profundidad de cuatro metros, una altura de un metro sesenta y un anchura similar. Para no errar en la dirección, cada cierto tramo, desde el socavón sacaban una varilla de metal y, desde una de las casas, el ingeniero responsable con unos binoculares verificaba el rumbo preciso. Una vez sintieron que, desde fuera, la varilla era movida de un lado a otro. Creyeron haber sido descubiertos pero felizmente era un gato juguetón que al ver la varilla se había puesto a jugar.

Diariamente de esa sauna asfixiante sacaban la tierra en unos carritos que corrían por un  riel hasta el comienzo del túnel. Allí sus compañeros procedían a su embolsado y lo sacaban al jardín. En la madrugada los cargaban en furgones de la policía para dejarlos en un descampado. Partían desde Marconi a Javier Prado, la vía expresa, a la avenida Bolognesi de Barranco. Eso diariamente. La madera para el encofrado del techo y las paredes del túnel, llegaban ya cortados con dimensiones dados por el jefe de la obra.

El ingreso al túnel principal era de un metro, resguardado con madera y cemento suficiente para el ingreso de un hombre armado. Una escalera de madera permitía el descenso a cuatro metros de profundidad. Abajo, la altura era de un metro sesenta. Se podía avanzar inclinado. A siete metros de la entrada se hizo una oficina con mesa de trabajo, seis sillas, tres pizarras, fluorescentes y ventiladores para atenuar el calor.