El viejo problema del agua potable en el Cerro de Pasco (Segunda parte)

Excelentísimo Señor Presidente de la República del Perú.

Los suscritos miembros del Honorable Concejo Provincial de Pasco, a V. E. con el debido acatamiento, decimos:

            Que entre los acuerdos tomados por la Corporación en sesión de 10 del presente mes, como obra principal aprobada sustancialmente de las opiniones emitidas por los señores síndicos y por una comisión ad-hoc sobre el problema relativo a la dotación de agua potable para la ciudad textualmente se dice: “Que se solicite al Supremo Gobierno una subvención de 10,000.oo libras de oro sellado, por una sola vez, para la ejecución de esta obra a cuya efecto se redactará un memorial por la misma comisión encargada del proyecto del gravamen del agua”.

            “En ejecución del expresado acuerdo tenemos la alta honra de ocurrir ante el Supremo Gobierno, invocando su notorio espíritu de justificación en favor de un asunto vinculado, ya no únicamente a la necesidad de bienestar, sino a las condiciones mismas de  existencia del común que representamos. Seguramente habrá de sentir V. E una impresión de penosa sorpresa al conocer la forma deficiente, rutinaria y peligrosa cómo esta ciudad ha venido sirviéndose de ese elemento precioso, fuente de salud y de vida, que constituye el agua para toda colectividad; situada a una considerable altura, con una topografía abrupta, sometida a un clima en que dominan las grandes lluvias, saturado su ambiente por las emanaciones de la continua labor minera privada, de otro lado la proximidad de aguas corrientes (ríos, manantiales, etc) parece que la naturaleza hubiera querido colocarla en una situación anacrónica, dentro de la cual, mientras mayor es la necesidad de aquel agente, menor facilidad hay de poder utilizarlo”.

            Es así cómo tanto las exigencias de la vida doméstica, como las del uso personal, en este orden sólo han podido alimentarse, hasta ahora del contenido de dos lagunas, no distantes ciertamente de la población, pero cuyas aguas, con todos los caracteres de impureza de las masas líquidas estancadas, no sujetas siquiera a ningún intento de depuración, conducidas a cada morada a mano de hombre, por el ejercicio de humildísima industria, determinan apenas, su forma anormal y primitiva, débil atenuación para una necesidad que, de este modo, resulta nunca satisfecha.

            A estas disposiciones de la única fuente de provisión de agua conque actualmente cuenta la ciudad, hay que agregar una nueva influencia adversa que hace que su aprovechamiento sea, no sólo irregular, imperfecto, sino además y por nuevo concepto, eminentemente malsano.

            La vecindad de las lagunas a una buena sección de la zona poblada da lugar, en efecto, a que los vientos arrastren a su seno los deshechos de la vida urbana, los mismos que, acogidos por el agua como un propio cultivo son devueltos luego por ésta a los hogares, bajo la forma de mil gérmenes patógenos. De aquí seguramente, aparte otras causas subterráneas, la insalubridad reinante en esta ciudad; de aquí el hecho no suficientemente deplorado de haberse convertido en verdaderas endemias, ciertas enfermedades, cuyas funestas subsistencias como perenne amenaza local y cuya propagación parecen ligarse preferentemente a la carencia del agua para el perfeccionamiento de los hábitos de higiene, o al uso como factor de nutrición de este mismo elemento en estado de impureza.

            Acaso estas consideraciones, ya como objeto de análisis reflexivo, ya como estímulo indeciso de instintivo impulso, determinarán alguna vez el pensamiento y el deseo de mejorar las condiciones de la localidad, desde este punto de vista, sea que, absorbidos nuestros convecinos por la misma actividad febril que a todos impone aquí una vida de intenso trabajo, no hicieran objeto todo lo preferente de su abnegada consagración de aquel vital problema; sea que los gestores de nuestros intereses regionales ante el poder central no le tributaran la diligente atención que él demandaba de quienes tal encargo tienen; sea que el estado de una solución propicia haya sido quizá, tan sólo, una manifestación de la languidez conque todos nuestros pueblos andinos se desenvuelven las diversas condiciones de mejoramiento para la vida, haciendo lento su progreso, lo cierto es que el Cerro de Pasco, la ciudad semi legendaria por su tradición de grandeza, dotada de un rango político prominente, centro de poderosa actividad industrial y mercantil y asiento de una extensa población se ha mantenido y se mantiene a este respecto, como en los comienzos de su existencia secular, privada de aquel elemento indispensable para la existencia (el agua), o bien teniéndola no como debe de ser, vehículo de salud y bienestar, sino como un instrumento de degeneración, de dolor y de muerte.

“La laguna de tomar” al comienzo del siglo pasado tenía el espejo de agua a la altura del suelo. Al fondo se ve el muelle donde cargaban el agua las “Huanquitas aguadoras”. Toda esta área estaba perfectamente cuidada por ellas. Con el inicio de los trabajos mineros de la compañía norteamericana su caudal bajo a extremos increíbles. Actualmente se ha convertido en un nauseabundo vertedero de aguas servidas. Este es el tipo de progreso y bienestar que nos ofreció la compañía y no cumplió.
“La laguna de tomar” al comienzo del siglo pasado tenía el espejo de agua a la altura del suelo. Al fondo se ve el muelle donde cargaban el agua las “Huanquitas aguadoras”. Toda esta área estaba perfectamente cuidada por ellas. Con el inicio de los trabajos mineros de la compañía norteamericana su caudal bajo a extremos increíbles. Actualmente se ha convertido en un nauseabundo vertedero de aguas servidas. Este es el tipo de progreso y bienestar que nos ofreció la compañía y no cumplió.

Tal situación se ha agravado enormemente en los últimos tiempos. La utilización para usos industriales de las aguas de una de las lagunas han producido un notable disminución en ellas, próximas ya al agotamiento y como consecuencia, posiblemente a causa de conexiones subterráneas, la reducción también del caudal de las aguas de la otra, la que está al servicio de la ciudad, y que, de este modo, se halla así mismo amenazada extinción.

            La expectativa que este fenómeno ha puesto ente el porvenir de el Cerro, ha llegado a ser, verdaderamente sombría. Ya no se trata del daño gradual, aunque grave, de un servicio viciado y defectuoso; se trata de la amenaza de una enorme calamidad: la vida de toda una  población en peligro; el amago de la despoblación; el posible quebrantamiento de incalculables intereses; la perspectiva, en suma, aunque indecisa todavía, de un gran desastre.

Una de las “cañerías” instaladas en una arteria de la ciudad para el abastecimiento de agua del vecindario
Una de las “cañerías” instaladas en una arteria de la ciudad para el abastecimiento de agua del vecindario

Ante tales previsiones, quienes tenemos el honroso cargo de velar por la suerte de la ciudad, hemos hecho objeto de nuestros preferentes cuidados la resolución pronta y eficaz del arduo problema. Noción exacta de nuestra labor, darán a V. E, los documentos que acompañamos al presente memorial. Como fruto de ella, orientada en el criterio profesional que representa principalmente el dictamen del ingeniero de la corporación, nos encontramos conque, para emprender la obra de dotación de agua potable para la ciudad, es necesario invertir una suma de dinero que, comprendiendo al presupuesto de su implantación y el costo de la expropiación de las aguas que deben ser utilizadas, alcanzan a la cifra de diez mil libras de oro sellado.

            No teniendo el Concejo fondos en tal medida, se ha contemplado la posibilidad de la contratación de un empréstito, pero ha dominado sobre el particular, y con razón, el concepto de que un préstamo:

1.- Posiblemente no llegaría a colocarse por el volumen de la operación y la falta de una renta bastante en las finanzas de la corporación para garantizar su servicio; y

2.- Caso de efectuarse, quizá podría comprometer en una proporción insostenible y tal vez ruinosa, la vida económica del Concejo, es por esto que ha sido unánime el acuerdo de opiniones en el sentido de acudir a la acción tutelar del Estado, encarnado en el prestigioso gobierno de V. E para demandar su apoyo. No creemos necesario, después de la exposición precedente, insistir en todo los justificado que será la intervención fiscal en relación para el objeto que solicitamos. Si el estado tiene la misión de cooperar al movimiento progresivo de los pueblos que integran el cuerpo de la nación, salvando las deficiencias de la acción simplemente local, cuando se trata, no va a impulsar el avance de uno de ellos sino proveer a su conservación, de salvar su vida, entonces aquella misión se cristaliza bajo la forma de un deber ineludible que el poder público no puede dejar de atender.

            Seguros de que V. E sin que haga falta que lo digamos, es, sin duda, el primero en reconocerlo así y de que no ha de querer negar para la petición que en nombre de la ciudad del Cerro de Pasco formulamos todo el solícito cuidado que su celo de gobernante le hace poner en los puntos sometidos a su elevado acuerdo.

            A V.E. suplicamos se digne disponer su honroso patrocinio a la determinación tomada por los suscritos y constituyéndose en alto organismo de la demanda de este pueblo, dispone que el presente memorial llegue a conocimiento del soberano Congreso para su debida tramitación y resolución.

            Cerro de Pasco, octubre 25 de 1912.

Carlos Languasco, Alcalde; Enrique Portal, Teniente Alcalde; Vicente Balvín y Pacheco, Síndico de Rentas; Tomas Güemes, Síndico de Gastos; Alberto Ungaro, Inspector de Asuntos Contenciosos; Héctor F. Escardó, Inspector de Obras Públicas; Juan Soko, Inspector de Mercado; León Baldeón, Inspector de Policía; J.V.Phillips, Inpector de Espectáculos; Lino Córdova  De la Torre, Inspector de Estado Civil y Casa de Préstamo; Alfredo Armand, Inspector de Alumbrado; Víctor Ureta, Inspector de Cárcel; José Gallo Ruiz, Inspector de Aguas; Manuel A. Lavado, Inspector de Rodaje; Agustín Arias Carracedo, Inspector de Puentes y Caminos; Pablo C. Ferruzo, Inspector de Camal; Julio Huamán y Arnedo; Juan Ciminago; Insertamos preferentemente el memorial que antecede, tanto por la singular importancia que reviste, como el Honorable Concejo, en su última sesión del primero del mes próximo pasado acordó por unanimidad, solicitar el concurso parlamentario de los honorables diputados por Pasco, señores Pedro Larrañaga y Manuel Mujica Carassa y el ex-Ministro José Balta a fin de que se vote en el Presupuesto General de la República la suma de 10.000.0.00 libras peruanas de oro sellado con destino a la instalación de agua potable para la ciudad.

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One thought on “El viejo problema del agua potable en el Cerro de Pasco (Segunda parte)

  1. Me contaba mi madre que en los “caños” se formaban una colas que siempre las primeras “colaban” a su amiga, vecina, prima………………..y casi siempre terminaban en líos mayores de tal manera que había un gendarme (policía) que controlaba y este favorecía (por lo bajo) a las quinceañeras; y si este no estaba había que ganar colocar tu balde (cubo) con la fuerza y valentía necesaria para conseguir el liquido preciado.

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