El cincuentenario de la Marcha de Sacrificio 1963 diciembre 2013

Aquel inolvidable miércoles 4 de diciembre de 1963, fue un día de especial para los estudiantes que  después de cincuenta años volvíamos a encontrarnos. Rostros ajados y casi mustios; cabellos canos y calvas incipientes; voces casi en sordina, pero inolvidables; miradas algo turbias, pero todavía llenos de vitalidad, nos confundimos en enternecedores abrazos fraternales. Revivimos en aquel instante, momentos supremos que ya no volverán. Habían transcurrido largos cincuenta años desde aquel lejano 23 de diciembre en que partimos de la tierra amada para reclamar nuestra Universidad y, después de caminar siete días con sus noches, el 29 del mismo mes, conseguíamos que el Congreso de la República emitiera la ley que creaba nuestra UNDAC. Habíamos triunfado. Qué emoción  experimentamos aquel día, creo que en el tiempo que nos queda de de vida, jamás lo  olvidaremos. Después retornamos triunfantes para decirle a nuestro pueblo generoso que su incondicional apoyo había dado sus frutos. Teníamos una Casa Superior de Estudios. En ella seguirán formando nuestros menores en los años que vendrían.

Diez lustros después, en el mismo escenario de la proeza, experimentamos una emoción inédita. Volvíamos a pisar el espacio que hace cincuenta años nos vio llegar agotados pero triunfadores. Allí estaba Félix Luquillas Huallpa, que con valor indomable caminó venciendo las sangrantes llagas que destrozaban sus pies y, haciendo esfuerzos supremos, llegó con nosotros. Cuando lo volvimos a ver, un grito fraternal lo identificó: ¡Mandela! (Le acababan de endosar una nueva y honrosa chapa). Hubo emoción, como no, en ese abrazo enormemente postergado, pero sublime. Estuvo Julio Baldeón que en medio del silencio de la caminata –lo recordamos claramente- con su hermoso silbo de huainos y mulizas mantenía nuestra conexión con la vieja querencia minera. No lo negamos, hubo lágrimas en aquel trance; muchas lágrimas. Nos volvimos a encontrar con Max Clisfé Fernández Figueroa, más conocido como “El Ranger”, cuyas recomendaciones de viejo soldado, nos sirvió de mucho en aquella marcha; viejo maestro, ahora tiene su colegio particular donde sigue bregando por la juventud. Acompañado de su hijo, el escritor, estaba José Illanes, teniente de bomberos, eje de comunicación y apoyo con las chicas que nos preparaban los alimentos. Todos estábamos impresionados. Estaba igualito, como si el tiempo lo acunara como a hijo preferido. Él también preguntó por las chicas. Nadie supo darnos razón. ¡Cuánto hubiéramos querido estar con ellas, pero no llegaron! Con especial respeto recordamos a Ruth Gálvez Bravo, Juana Espinoza Celestino, Teresa Idone Isla, Lucía Álvarez Luchini y a esa maravillosa enfermera brasileña, Gabriela Da Silva. Sin ellas habríamos caído de cansancio e inanición.  Constituyeron el hermoso motor de la marcha. Siempre las evocaremos con gratitud.

Fue placentero también nuestro reencuentro con Antonio Torres Andrade, prominente ciudadano de Ate, donde viene desempeñando importantes cargos administrativos con plausible  éxito. De Huariaca llegó Oscar Berrospi López, respetado ciudadano de aquel lugar al que la municipalidad le ha tributado un merecido reconocimiento por la Marcha. Bien se lo merece

Estuvo Carlos Aguilar Ramírez que, la primera noche de caminada, cercana la medianoche el 23 de diciembre, perdió el conocimiento por una extrema baja de presión. Aquella noche nos dio un susto mayúsculo, pero se repuso gracias a los esfuerzos de ese providencial enfermero y amigo que estuvo con nosotros: Pascual Córdova. Con el apoyo y dirección de “Pashco” lo llevamos al hospital de la Oroya donde lo rehabilitaron para seguir la marcha. Pascual Córdova fue el gran ausente aquel día. Nos dejó hace dos años. Estaba trabajando en el puesto asistencial de Independencia, en Lima, donde dejó la impronta de su capacidad y carisma. Así como a él, extrañamos también a los otros hermanos que también han partido al viaje sin regreso: Luis Aguilar Cajahuamán, Nectalio Acosta Ricce, Joaquín Cotrina Valverde, Raúl Canta Rojas, Eduardo Mayuntupa Punto, Ernesto Misari. Oramos en silencio por ellos. Sólo quedamos ocho varones.

https://soundcloud.com/marquinho99/discurso-del-profesor-cesar-perez-arauco-en-el-congreso-de-la-republica

Aquel inolvidable día, gracias a gestiones del magister Alfredo Palacios Castro y la benevolente intervención de nuestro congresista Néstor Valqui Matos, ocupamos el escenario  que antaño fue la sala de sesiones del Tribunal de la Santa Inquisición. Allí expusimos detalladamente la razón y motivo de la Marcha. Otro tanto hicieron cada uno de los integrantes, relatando sus recuerdos y emociones. Todo fue muy emocionante.

Agradecemos al señor rector y a los miembros de la Asamblea Universitaria por haber dispuesto la entrega de medallas y diplomas recordatorios, así como también el almuerzo que se sirvió en un restaurante campestre aunque,  dicha sea la verdad, nos hubiera gustado contar con la presencia  del señor rector. Ese día –hace cincuenta años- conseguimos la creación de nuestra Casa de Estudios. Universidad única que ha nacido como fruto de la lucha denodada y abierta de sus estudiantes con el franco apoyo de su pueblo. No hay otra en el Perú.

Cuando nos invitaron a la ceremonia central, supusimos con mucha razón, que estarían presentes con nosotros, el rector, los decanos, directores, profesores y miembros de la Federación de Estudiantes, organismo el que proyecto y realizó la Marcha. No. Ninguno de ellos estuvo. No obstante las invitaciones cursadas a tiempo tampoco asistió ningún miembro del Club Departamental Pasco, solo el presidente de la hermandad “San Miguel Arcángel”, señor Nicanor Acevedo. Nadie más. Cómo hubiéramos querido que la misma cantidad de gente que va al “Cortamonte” -cada año- nos hubiera acompañado. ¡Qué lástima! No obstante las invitaciones cursadas, nunca aparecieron. Sólo estuvieron presentes, el vicerrector académico y el Jefe de Imagen Institucional, a los que expresamos nuestra eterna gratitud. Que abismal diferencia. Pocos días antes, la Universidad Federico Villarreal cumplió sus Bodas de Oro, y allí se vio el desfile de todas sus promociones bajo la égida de su rector, decanos y profesores.

De todas maneras, nuestra gratitud sincera por el homenaje que se nos tributó.

 

Gracias

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One thought on “El cincuentenario de la Marcha de Sacrificio 1963 diciembre 2013

  1. Fue muy bonita reunión la que usted presidió maestro… gracias por el aprecio a los bomberos que pusieron su granito de arena para la creación de la Universidad Nacional daniel Alcides Carrión…

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