EL GRINGO WILSON

Jhon  Benjamin Wilson, era un gringo alegre como pocos; había llegado de Escocia para ejercer su profesión de ingeniero mecánico en la Cerro de Pasco Railway Company, servicio ferroviario de la poderosa compañía minera local. Joven todavía, llegaba acompañada del amor de su vida, Clotilde Mums, un atractiva joven, paisana suya, primera novia de su vida, con la que estaba unido en matrimonio.

EL GRINGO WILLIAMSLa tarde de su llegada, la pareja, fue presentada a sus connacionales, nucleados en el consulado de su majestad británica. Se enteró que un primer grupo de ingleses habían llegado en 1825, cuando el gobierno nacional otorgara todas las facilidades necesarias a los que decidieran tentar fortuna en la minería. Era una manera de gratificarlos por haber luchado  por la independencia del Perú. Ellos pudieron denunciar las minas que quisieran en nuestra ciudad. El Perú pagaba así el generoso servicio que nos habían prestado. Es así que numerosos jóvenes se afincaron en nuestra ciudad. Andando los años formaron hogares respetables con las hijas de comerciantes, hacendados y mineros. Un segundo grupo –el más numeroso- arribó cuando Wayman y Harriman firmó contrato para tender el primer ferrocarril de la sierra, que enlazaba las minas del Cerro de Pasco con las haciendas minerales (Ingenios) ubicados en Occoroyoc, Quiulacocha, Tambillo y Sacra Familia, inaugurado en 1892. Éstos muchachos trajeron la novedad del fútbol, naciente y exitoso deporte que andando los años, se ha convertido en el más popular del mundo. Allí estaban los Brown, Slee, Ferguson, Trocedie, Mac Leod, Mac Donald, Taylor, Miller,  Lees, Yantscha, etc.

Simpático y abierto a las amistades, Wilson, se ganó el aprecio no sólo de sus paisanos que trabajaban con él, sino también del pueblo minero que lo trataba con simpatía. Desde su llegada hizo de su hogar el centro de reuniones fraternales con sus paisanos. La tierna Clotilde compartía sus entusiasmos y, como él, se ganó el cariño de todos. Constituían una pareja ejemplar y muy simpática. Llegaron a tener dos hijas nacidas en el nuestra ciudad pero inscritas en el consulado correspondiente. Éstas se constituyeron en las niñas de sus ojos.  En determinadas fechas,  exultante y feliz vestía su infaltable Kilt (Falda escocesa), tocando su gaita con contagioso entusiasmo,  cantando a voz en cuello y bebiendo abundante whiski que en las bodegas del consulado inglés abundaban.

Por su talla y fortaleza destacó como full – back del CERRO DE PASCO FÚTBOL CLUB, primer equipo que derrotó a la selección peruana en 1909. En aquel inolvidable cuadro alternó con sus paisanos, Franz Campbell, como goal keeper; “Jim” Blair y él, de full backs; Trocedie, Mac Leod y Mac Carthy, de hass backs; Mac Kensie, Mac Donald, Lees, Poster y Borondige, de delanteros.

En medio del dinamismo de su trabajo y la dulce compañía de su esposa, enfrentó los problemas que surgieron cuando la compañía norteamericana trato de desconocer las prerrogativas que el gobierno nacional le había otorgado. Su dedicación y reconocida bonhomía sacaron adelante sus gestiones oportunas y atinadas que le valió para ser nombrado Gerente General de la Socavonera Cerro de Pasco.

Cuando se retiró de la ciudad minera tras tantos años de vivir en ella, una enorme tristeza invadió su espíritu. Por esos días, para agravar su pesadumbre, una irremediable fatalidad lo trajo abajo. A poco de llegar a Lima, Clotilde enfermó gravemente. Una dolencia bronquial se fue agudizando con su marcada  humedad. Los mejores médicos la atendieron pero ella no consiguió alivio. Una húmeda madrugada limeña murió en brazos del amor de su vida. El pobre gringo no supo que hacer. Lloró como un niño, inconsolablemente triste. El acontecimiento lo marcó de una manera brutal. Nunca había sufrido tan dolorosa experiencia como aquella. No pudo soportarlo. Se refugió en un silencio dramático que sus familiares no pudieron quebrar. Daba pena verlo. De aquel invencible álamo que con el uniforme del Cerro de Pasco había sentado cátedra de buen  futbol en escenarios limeños, no quedaba nada.

Su yerno Arthur Shaw, médico de la compañía norteamericana en el Cerro de Pasco, extendió la alerta a toda su familia. Jhon sufría una depresión aguda agravada por una esquizofrenia peligrosa. Había que cuidarlo porque se había sumido en una dolorosa tristeza que con nada pudieron superar.

Así las cosas, no obstante el extremo cuidado de sus hijas, el sábado siete de mayo, cuando se hallaba paseando por la plaza mayor de Lima, al atravesar el puente de piedra, saltó hacia las cargadas aguas del río Rimac aprovechando en un pequeño descuido de sus hijas. La angustiosa gritería de las mujeres hizo que varios viandantes voluntariosos procedieran a salvar al gringo. Mucho tuvieron que trabajar auxiliados por la policía y los bomberos para rescatarlo de las turbulentas aguas. Los diarios de Lima y los del Cerro de Pasco informaron al detalle del doloroso acontecimiento.

A partir de entonces, por recomendación de sus médicos, se le prohibió aquellos riesgosos paseos.

Ya se encontraba aparentemente mejorado, cuando la semana del domingo siguiente de noviembre, recluido en su habitación, sin que nadie supiera cómo ni cuando, bebió una buena cantidad de arsénico con la que pretendió quitarse la vida.

Cuando oyeron una bulla espectacular dentro de la habitación,  entraron encontrándolo víctima de vómitos y diarreas imparables; con una coloración encendida y a punto de ahogarse. De inmediato fue enviado a una clínica donde se le practicó un lavado gástrico que le salvó la vida. Desde entonces, los cuidados se extremaron.

No obstante el celo meticuloso desplegado en su seguridad, la mañana del domingo 5 de noviembre, cuando una de sus hijas le llevó el desayuno a su cuarto, encontró un cuadro macabro. Al abrir la puerta vio espantada que Jhon Wilson pendía de una sábana cuyo extremo había sido amarrado a una viga de su dormitorio. Estaba muerto. La noticia sacudió al pueblo que lo recordaba y quería. Era el 5 de noviembre de 1913. No obstante el celo de sus hijos y amigos, el gringo Wilson, nunca pudo superar la pérdida de su amada Clotilde.

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2 thoughts on “EL GRINGO WILSON

  1. Don Shisha, gracias por el tiempo que usted le dedica a estas crónicas que no hacen mas que reafirmar nuestro profundo amor por la tierra que nos vió nacer, ojalá pudiéramos compensar de algún modo todo lo que hace por el Pueblo Martir, Cerro de Pasco…

    1. Querido Wilber:
      Con palabras y sentimientos tan hermosos como el que me has brindado me siento gratificado. Quiero que los niños y jóvenes amen a nuestra tierra querida cuyos perfiles eternos son únicos e inolvidables. Servirla, como lo estás haciendo tú en la compañía de bomberos, es la manera más efectiva de tributarle nuestra gratitud y homenaje por ser tan hermosa como es.
      Gracias Wilber, saludos a tu familia y a los muchachos de rojo, héroes civiles a los que quiero tanto.
      Chau.

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