UNA HAZAÑA INCONMENSURABLE (Segunda parte)

Ruta del “Camino Real de la Plata” por donde discurrían las caravanas muleras que venían de Tucumán y las carretas que iban o venían de Lima. La ruta fragosa y accidentada sirvió de base para el trazado del itinerario de nuestros héroes, que en gran parte, la modificaron para cortar distancias.
Ruta del “Camino Real de la Plata” por donde discurrían las caravanas muleras que venían de Tucumán y las carretas que iban o venían de Lima. La ruta fragosa y accidentada sirvió de base para el trazado del itinerario de nuestros héroes, que en gran parte, la modificaron para cortar distancias.

CONTRATO

Conste:

            Que nosotros, Manuel Oyarzábal y Teobaldo Salinas, nos comprometemos con el señor Santos Cuadrado y Pérez, a emprender un raid automovilístico: Cerro-Canta-Lima, por cuenta y riesgo nuestro, sin responsabilidad alguna del señor Santos Cuadrado y Pérez, bajo las siguientes condiciones:

a).- Mañana, 26 de octubre de 1925, saldremos de esta ciudad por la ruta de Huayllay para llegar a la ciudad de Canta el primero de noviembre próximo sin falta alguna, o antes si fuera posible.

b).-El señor Santos Cuadrado y Pérez, nos entrega en este momento: veinticinco libras de oro para el sustento de la empresa.

c).-El carro con que se realizará el raid, es de marca Ford T, modelo 1915, de nuestra propiedad. En él viajaremos nosotros dos con el chofer respectivo y tres operarios hasta Yantac. De este lugar telegrafiaremos al señor Cuadrado y Pérez, para que si le conviniese, nos dé el alcance en cualquier punto del recorrido.

d).-Se entiende por raid, la forma en que el carro saldrá de esta ciudad y llegará a Lima piloteado por el chofer, sin admitirse otra forma de locomoción.

e).- En Canta se demorará únicamente el tiempo preciso para el descanso y reparación que necesite el carro.

f).-La falta de cumplimiento por nuestra parte, a cualquiera de las cláusulas a,b,c,d, y e, será suficiente motivo para que no gocemos del premio acordado y para que en la fecha de 30 días, le devolvamos su depósito al señor Cuadrado y Pérez, para cuyo objeto le firmamos un vale separado.

Así le otorgamos y firmamos en el Cerro de Pasco a veinticinco días del mes de octubre de mil novecientos veinticinco.

 

MANUEL  OYARZÁBAL             TEOBALDO  SALINAS

(firma)                                       (firma)

Después de la firma del documento notarial  se fueron a descansar listos para largar al día siguiente.

PRIMER DÍA (26 de octubre de 1925).

Ha amanecido en el  Cerro de Pasco. El cielo brumoso –cielo de la época- le da una grisácea opacidad al ambiente. Desde las primeras horas, aventureros y familiares vivamente emocionados, se han dado cita en la amplia casona de don Teobaldo Salinas, a las afueras de la ciudad de donde habrán de partir en unos instantes. El entusiasmo es óptimo, sin embargo, una que otra mirada acongojada de los familiares, pone la nota triste en la mañana. Como una muestra de comunión general, todos han degustado el reconfortante desayuno que se ha servido. Del reloj de la torre del hospital se desgranan siete sonoras campanadas. Se coloca la pequeña bandera de la patria en uno de los soportes del parabrisas y los hombres se acomodan en sus asientos y, parten. Compañeros y amigos, escoltando el pequeño vehículo acompañan a pie hasta el Golf Club. En este lugar, emocionados se apean los tripulantes y se despiden de los suyos con cálidos abrazos y frases de esperanza. Hay más de una lágrima. Don Santos Cuadrado y Pérez con la voz palpitante de emoción despide a cada uno de los valientes. En ese instante, la voz de don Teobaldo Salinas, bronca y decidida, estremece los campos:

!Adelante…!

Y arranca el legendario vehículo a conquistar la gloria.

 

Siempre dan pena los que se quedan

            Siempre dan pena los que se van.

            Los que se van, se van muy tristes

            Los que se quedan, quedan llorando.

            Siempre dan pena los que se quedan,

            Siempre dan pena los que se van.

Con clima nublado y frío el Ford toma la ruta de Colquijirca y, a regular velocidad,  supera “el cerro de plata”. Ya en Unish, entran en el afirmado camino que conduce a Huayllay y atraviesan Canchacucho con el majestuoso Bosque de Piedras, cuyos perfiles se recortan en el cielo de plomo. Considerando que hay que aprovechar el tiempo y la claridad del día, aceleran y al promediar las once de la mañana distinguen claramente los perfiles del histórico pueblo de Huayllay.

Faltando un kilómetro para entrar en el pueblo, los personajes más notables presididos por el alcalde y el gobernador, el pueblo recibe a los expedicionarios con aplausos y vítores. Todos los niños portan pequeñas banderas de la patria. Hay gran algarabía.

Al llegar a la plaza principal, el alcalde les da la bienvenida y los estrecha en fraternales abrazos. La gente emocionada hace lo propio. Nadie quiere quedarse sin estrechar la mano de los valientes.

Inmediatamente después les ofrecen un almuerzo. A la una de la tarde, reemprenden el viaje. El gentío, visiblemente conmovido, los acompaña un kilómetro a la salida y, entre aclamaciones y aplausos, los despiden.

Ahora, los aguerridos raidistas están solos.

La inmensidad del cielo se aclara y un sol tímido asoma por entre las nubes serranas. La bandera que engalana el coche flamea vistosamente. Si hasta Huayllay podía seguirse un camino apisonado, desde este lugar, no hay un solo indicio de ruta. Sólo están la débil trocha de los caminos de herradura que, suben, bajan, entran por estrechos atajos y siguen por abismos y breñales abruptos. Por esta senda no puede ir un carro. Hay que buscar otro derrotero y, en todo caso, trazarlo.

A poco de caminar, se dan con una rampa pronunciada de difícil acceso. Hay que empujar el coche. Los hombres se apean y arrostran la tarea. El piso está muy húmedo y las llantas patinan. Las ruedas giran sin mover el carro. Hay que usar de todas las fuerzas. De pronto, el cielo se ha ennegrecido en amenazantes cerrazones. Se utilizan pértigas y tablones para conseguir que las ruedas hagan avanzar el carro. Se ha comenzado a marchar lentamente y, después de un buen rato, se llega a camino pedregoso donde las llantas ruedan sin dificultad. Ha sido necesario empujar el coche con todas las fuerzas. Ha comenzado a llover copiosamente. Los hombres se calzan sus pacas y se ponen los capotes y sombreros de agua, y siguen empujando. El agua se cuela por cuellos y mangas de los capotes, pero ellos no se rinden. Están a punto de coronar la elevación y duplican los esfuerzos. Por fin llegan a la cumbre. Allí, ya en la penumbra de la noche que empieza, distinguen más o menos a tres kilómetros, las tenues luces de un campamento minero. Por orden de don Teobaldo, beben dos buenas bocaradas del cálido cognac para calentar el cuerpo. La oscuridad es manifiesta. Los hombres suben al carro y enfilan hacia el campamento minero. El recorrido es casi lento para evitar el deterioro del carro. De pronto, han salido varios hombres del campamento y se quedan mudos con los ojos desmesuradamente abiertos. No pueden creer lo que están viendo. ¿Un carro en estas soledades y a estas horas?…Están atónitos. Para romper el sortilegio, los raidistas, hacen trepidar la bocina y un grito unánime de respuesta los envuelve. El jefe de los obreros se adelanta y les acribilla a preguntas. Respondidas éstas, recién les da la bienvenida.

–¡¡¡Bienvenidos a nuestro campamento!!! – dice- ¡¡¡Es increíble lo que estamos viendo, pero no hay nada que hacer. Es cierto!!!.

–¿Dónde estamos exactamente? –preguntan los empapados visitantes.

–En Pampa Alegre –es la respuesta-  yo soy Juan Alcócer, el jefe del campamento. Sean bienvenidos.

Los anfitriones han preparado humeante café para entonar los músculos ateridos y luego una frugal cena serrana con la que agasajan a los extraños huéspedes. La conversación es animada. Todos preguntan y todos responden. Se toma datos; se hacen cálculos y, con la noche encima, se acomodan en abrigadores pellejos y rendidos duermen su cansancio.

 

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One thought on “UNA HAZAÑA INCONMENSURABLE (Segunda parte)

  1. Muchísimas gracias don Shisha, Dios le colme de muchas bendiciones y goce de buena salud; son excelsas y muy bellos sus relatos, verdaderos tesoros que emociona y embarga el alma cuajada de retos y entrega del Pasqueño. Mis respetos y cariño Don César Pérez Arauco. Date: Mon, 20 Oct 2014 11:02:03 +0000 To: wcastill55@hotmail.com

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