NUESTRO CEMENTERIO GENERAL

nuestro cementerioCuando los últimos visitantes se han retirado y luces murientes del día con  eléctricas de la noche iluminan la entrada del Camposanto cerreño, un recogimiento  espectral se apodera de sus extensiones. Dentro, en silencio absoluto, descansan los restos de los que nos antecedieron en el viaje sin retorno. Muchos de ellos –la mayoría- completamente olvidados no reciben ni una flor ni una lágrima ni una oración: sus seres queridos han partido para no retornar.  Sobre las tumbas olvidadas, yertas y abandonadas completamente, abren otras nuevas para albergar a los que recién llegan. Las antiguas desaparecen. El corsi e ricorsi de la historia se repite inmisericorde. Últimamente, encima de la puerta, inmediatamente después de la vieja cancela de hierro, alguien ha escrito una verdad evidente: Bienvenido al cementerio más alto del mundo. El lugar más cerca del cielo.

Su vieja historia la hemos repetido muchas veces, pero para los que no la hubieran leído, les recordamos: En el mes de mayo de 1879, a iniciativa del Primer Consiliario de la Beneficencia Pública, Miguel Aparicio López, se establece como sede para el nuevo camposanto, un terreno vaco en Pariajirca Alta. La donación la ha efectuado el minero español José Gallo Díez.

Hechas las demarcaciones correspondientes, la Beneficencia firma un contrato con el gremio de Picapedreros comandados por el catalán Pedro Yontonel, bajo las siguientes pautas. El cementerio tendrá 180 varas de largo por 14 de ancho, demarcado por una pared de tapial de tres cuartas de ancho y tres varas de alto con un respaldo de dieciocho columnas de piedra labrada de una vara de espesor y cuatro de alto, colocadas a veinticinco varas de distancia, unas de otras.

La portada se construirá en arco de piedra labrada y argamasada de un metro y medio de ancho a cada costado, tres ochenta de alto y uno de espesor en donde deberá colocarse la puerta de hierro de dos metros cincuenta de altura. El importe total de la obra será de: TRES CIENTOS CUARENTA SOLES DE ORO.

De acuerdo con el contrato, la construcción empezó el primero de julio de 1879 y, al acabarse la primera etapa, colocan en la parte alta del frontispicio la fecha: 1879. La ocupación chilena de la ciudad demoró la culminación de la obra. Posteriormente, la adecuación interior, el trazado de cuarteles, la erección de nichos y mausoleos se continuó con donaciones y colectas populares. Por fin, terminada la construcción, se inauguró el primero de noviembre de 1882, apadrinado por don Guillermo Ferreyros. El Director de la Beneficencia era don Francisco Martinench. De esto hace exactamente 132 años.

Un cantor popular acompañado de violín. Interpretará a pedido de los “dolientes” una variada gama de responsos: Riccharillay – Sábana Santa – Laudate – Cocha Coillor …etc.
Un cantor popular acompañado de violín. Interpretará a pedido de los “dolientes” una variada gama de responsos: Riccharillay – Sábana Santa – Laudate – Cocha Coillor …etc.
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