EL TRASLADO definitivo DE LA CIUDAD

Fotografía correspondiente a las primeras edificaciones de la nueva ciudad en San Juan Pampa. Al fondo, el local de la Municipalidad del Cerro de Pasco (Actualmente lo ocupa la Universidad). En la zona más cercana y central, las primeras casas.
Fotografía correspondiente a las primeras edificaciones de la nueva ciudad en San Juan Pampa. Al fondo, el local de la Municipalidad del Cerro de Pasco (Actualmente lo ocupa la Universidad). En la zona más cercana y central, las primeras casas.

Se está hablando del “traslado definitivo” de nuestra ciudad. Ojalá que este no sea un tema recurrente en los años venideros. Es momento de tomar al toro por las astas. Seamos actores efectivos  y no pasivos espectadores -como siempre- en esta nueva travesía histórica de nuestro pueblo.

No habiendo existido impugnación hasta el 10 de octubre pasado, se ha dado EL CONSENTIMIENTO DE LA BUENA PRO  en el concurso público Nro. 002-2014-PCM, para el estudio de alternativas de ubicación donde se construirá nuestra nueva Ciudad. El día viernes 10, en presencia de la Dra. Ana María Alzamora Torres, Abogada Notaria de Lima, y los miembros de la comisión especial  en el Edificio de Petro Perú Lima 6to. piso, se ha declarado CONSENTIDA la  BUENA PRO, a favor de  INVERTIR CONSULTORES S.A.C, en CONSORCIO con ESTUDIO PEREDA 4 – SUCURSAL EN PERU;  INSTITUTO TERRAMAR y la empresa  CORPORACION  SUYO S.A.C.

En consecuencia, dentro de  los próximos 10 días  se suscribirá el contrato para que se inicie  el Estudio de Pre Factibilidad e Identificación de alternativas de sitio para la reubicación de la Ciudad de Cerro de Pasco. El 20 de octubre ha debido haber la reunión en la ciudad de Lima para  informar al detalle sobre proceso y/o cronograma para  que los representantes de Cerro de Pasco hagan el seguimiento correspondiente.

En consecuencia, en mi condición de ciudadano hago llegar mi modesta opinión al respecto. Comenzaré con un  unos datos históricos que, creo yo, deben tomarse en cuenta. Posteriormente opinaré acerca de los puntos que, a mi modo de ver, deben atenderse. Comencemos por el principio:

El Cerro de Pasco descansa sobre un inmenso depósito de minerales de todas las variedades existentes. Ahora lo sabemos a ciencia cierta. En el primer capítulo de nuestro  libro de historia lo hemos detallado. Los norteamericanos ya lo sabían desde el siglo pasado.

Al enterarse -fines del siglo XIX- que nuestras minas atravesaban por un irresoluto problema, un selecto equipo de geólogos norteamericanos se puso a estudiar sus posibilidades. No les fue difícil. Las muestras que tenían a mano les decía claramente que se trataba de un gigantesco arsenal de metales de la más alta ley en abundancia nunca antes vista. Que era recomendable iniciar los trabajos de inmediato.

Así fue. En espectaculares muestras de rapidez compraron las minas cerreñas. Con libras de oro cambiadas en las oficinas locales del Banco del Perú y Londres hicieron las transacciones. Era un medio expeditivo de presionar a los mineros que estaban indecisos. Los periódicos informaron que nunca se había producido  un negocio de esa magnitud. Estaban en juego la fabulosa cantidad de diez millones de dólares. En nuestra ciudad no se hablaba de otra cosa. En poco tiempo los norteamericanos se convirtieron dueños de más de trescientas minas locales; algo más de la mitad de las existentes. Pocos fueron los que se negaron a vender, entre ellos don Eulogio Fernandini que, sabía del valor de nuestros minerales. Los gringos no se hicieron problemas; trabajaron con él.

Cuando llegaron a nuestra tierra, alegaron ser dueños de toda la ciudad por haber comprado la Hacienda Paria dentro de la cual se encontraba. (Ver la historia correspondiente en este blog). Argumento falso por supuesto. Entonces decidieron realizar una explotación gigantesca. Técnica y económicamente, estaban dotados para ello.

A poco de iniciar sus tareas, su equipo de geólogos concluyó que más rentable les resultaría trabajar a “Cielo abierto”, novísima técnica que se utiliza cuando los minerales son abundantes y de alta ley. El propulsor de esta idea era el accionista Mc Cune. El problema que encontraron fue que el inmenso manto de mineral valioso yacía debajo de las casas y calles de la ciudad entera; por lo tanto era necesario trasladar la ciudad entera; para eso se necesitaba la aprobación de la municipalidad. Entonces decidieron apropiarse de ella a cualquier costo. Buscarían un alcalde de acuerdo a sus apetencias.

En 1908, valiéndose de la personalidad del señor Pedro Caballero y Lira que muchos aciertos había tenido en la dirección de su periódico, decidieron entrar en competencia. Este caballero gozaba de un prestigio invalorable que los yanquis quisieron explotar. A él le hablaron francamente de su plan definitivo: trasladar la ciudad a otro lugar. Era imperativo hacerlo. Para acompañarlo, pondrían en la lista a varios funcionarios de su “Staff” que ejercerían de concejales. El teniente alcalde sería el abogado de la empresa, doctor Oscar Gómez Sánchez, odiado terriblemente por el pueblo que había observado su desempeño.

Los gringos no repararon que sus petulantes medidas de impedir todo trabajo a favor del pueblo habían caído muy mal. El grueso de la población sabía intuitivamente que los gringos tramaban algo nefasto. Inmediatamente formaron un frente popular con su candidato propio para oponerse a los norteamericanos. Así esperaron las elecciones.

Aquel primero de diciembre de 1908, el pueblo votó masivamente por su candidato propio que ganó las elecciones. Los gringos no podían explicarse el resultado negativo. Entonces, en connivencia con las autoridades imperantes, alegaron un fraude que no había existido. En ese momento se estableció un enfrentamiento del pueblo contra los gringos y sus seguidores. El resultado fue el asesinato de cinco jóvenes cerreños y muchísimos heridos más. Ese día abrieron una herida que todavía sigue abierta.

Así llegamos al año de 1911. En ese largo interregno, muchos acontecimientos negativos habían alimentado el odio contra los yanquis. Aquel año la compañía decide tomar el toro por las astas. Una delegación del “Staff” de la compañía se reúne con los miembros de la Municipalidad local. Sin ambages informan a los representantes del pueblo que proyectaban un traslado integral de la ciudad a los inmensos terrenos de Quiulacocha y Occoroyoc. Una planicie apta para hacer una ciudad. En ella levantarían una nueva urbe con modernos edificios gubernamentales, escuelas, clubes, comercio, terrenos deportivos e iglesia. Construirían una Catedral en reemplazo de la vieja iglesia de Chaupimarca; un nuevo hospital Carrión; los locales de colegios serían modernos y bien acondicionados. En cuanto a sus monumentos: Carrión y Columna Pasco, serían edificados con réplicas exactas para que nadie extrañe su presencia. Los terrenos de la compañía  serían amurallados por convenir a  todos. Los muros guardarían –por seguridad- los trabajos que se realizarían en el futuro. Los servidores se trasladarían desde Quiulacocha -lugar de sus viviendas- hasta la mina mediante un sistema de tranvías (En ese momento estaban de moda) sin costo alguno para ellos. Se amoblarían instalaciones gubernamentales y traslados y adecuación correspondiente correría a cargo de la Mining. Los planos definitivos serían revisados por las autoridades del pueblo en tiempo necesario. Lo que no dijeron era obvio. El negocio del traslado resultaba ampliamente beneficioso para ellos. Dueños de las inmensidades repletas de minerales de alta ley, en poco tiempo resarcirían sus gastos. Los beneficios serían inmensos.

Todos los cerreños quedaron sorprendidos. Jamás se les había ocurrido que algo parecido pudiera acontecer. En ese momento pensaron que la ambición de la empresa era adueñarse inmediatamente de la ciudad. No otra cosa podía deducirse de la conducta norteamericana. En el cuarto intermedio establecido tomaron una unánime decisión. En la idea que ese traslado sería nefasto para la vida de nuestro pueblo optaron por negar su aprobación. Ese mismo día, sin dejar un resquicio de duda, la municipalidad hizo conocer su negativa: “Jamás permitirían que una heredad dejada por nuestros mayores, sea entregada a los explotadores ni por todo el oro del mundo. El Cerro de Pasco no se vende”, dijeron.

La compañía descorazonada y sin perder la paciencia quedó tranquila. Tuvo que esperar durante cuarenta y cinco años. En todo ese tiempo no perdieron nada, acopiaron millones de dólares con  el trabajo tradicional. El año  de 1956, utilizando la pusilanimidad e ignorancia de un inadvertido alcalde de Yanacancha, consiguieron el tan ansiado traslado. Para ello, sibilinamente, informaron que “en vista de haberse producido una espantosa  baja en el precio de los metales tenían que realizar un trabajo más agresivo para obtener más minerales, caso contrario se verían en la imperiosa necesidad de cerrar sus instalaciones. Era la única opción que quedaba. Por eso –culminaban- se hacía imperativo realizar  “El tajo Abierto”. Cuando el alcalde aceptó, el gobierno trabajó aceleradamente los documentos pertinentes. Al final  una resolución suprema hizo suyo el informe. “Una comisión especial” dictaminaba: “El método de Tajo Abierto es el único sistema que podrá permitir el racional aprovechamiento de las muchas reservas de minerales existentes en el yacimiento de Cerro de Pasco y que, interesa al país, a la ciudad y, a los trabajadores, que la Empresa siga trabajando con la misma o con mayor intensidad con que lo ha hecho hasta el día de hoy. Caso contrario se verían en la necesidad de cerrar las minas”. Con este dictamen, el 10 de junio de 1964, se llegó a un acuerdo entre la compañía y los concejos municipales del Cerro de Pasco y Yanacancha, además de la Cámara de Comercio, para seguir adelante con los trabajos. (Esto es de reciente acontecer. Muchos lo recuerdan nítidamente).

Posteriormente, la compañía realizó otro convenio con la Municipalidad de Yanacancha, el 25 de febrero de 1965, mediante la cual autorizaban a la ONPU (Oficina Nacional de Planeamiento y Urbanismo) para establecer el Plan Regulador de la Nueva Ciudad. Ésta fue aprobada por Resolución Suprema de 22 de julio de 1966. La “Nueva Ciudad” sería construida en la zona de San Juan Pampa. En ese momento la compañía compró casas con precios que fluctuaban de 100 mil a 500 mil soles. Muchísimos de estos vendedores abandonaron la ciudad para comprar sus casas en otros lugares. La compañía gastó 75 millones de soles, de los cuales 17 millones fueron para pagar a los propietarios de las 161 primeras casas que fueron demolidas para la expansión del Tajo Abierto. El traslado se hizo en cuatro etapas, movilizando en cada uno de ellas, un promedio de siete a ocho mil personas. Se totalizó treinta mil personas. El resto es muy conocido.

Los urbanistas que proyectaron la “nueva ciudad” en las húmedas pampas de San Juan, perteneciente al distrito de Yanacancha, no tuvieron en cuenta para nada las bajísimas temperaturas de la zona. Trazaron calles rectas, de un confín a otro, como si de una zona cálida se tratara. Seguían patrones  extranjeros de diseño urbano. Todas derechas, enormes, por donde circula el aire espantosamente frío, como Juan por su casa. Qué diferencia con nuestra “vieja ciudad” en la que su conformación especial de calles y callejones, impedían la libre circulación del aire frío y, lógicamente, era más hospitalarias. Lo más grave de todo es que desecaron la laguna de lavar de Patarcocha que siempre fue un regulador del clima extremadamente frío de la zona.

Por lo pronto, informamos que estaremos siempre pendientes de los estudios para expresar nuestra respetuosa opinión.

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One thought on “EL TRASLADO definitivo DE LA CIUDAD

  1. Este es un tema de nunca acabar, primero con los gringos, donde los hermanos Avelino Aylas. Villapasquenses ; y los yanquis de la Cerro de Pasco Corporación se agarraron a puño limpio en las alturas de Colquijirca en el paraje denominado Cayma, muy cerca Cabramachay y la laguna Platococha, luego San Juan, Túpac Amaru, hoy Villa de Pasco o Ninacaca,. Bueno esperemos sentados ……

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