EL PODER DEL AMOR

El poder del amorEl domingo 15 de agosto de 1884, en el templo de San Miguel de Chaupimarca, se realizaba la boda de más boato de aquellos tiempos. La vieja iglesia había sido suntuosamente decorada con anuencia del cura párroco, don Federico Díaz y resplandecía de blancura con la iluminación multiplicada por prismas de cristal y espejos colocados ex profeso sobre las paredes laterales. No podía ser menos. Unían sus vidas dos ilustres jóvenes que por su alcurnia y poder económico destacaban nítidamente en la presuntuosa sociedad de entonces. El novio, Eulogio Fernandini de la Quintana -22 años- hijo del prominente miembro de la Corte Superior de Justicia de Junín, don Erasmo Fernandini y, de la señora doña Ignacia de la Quintana, descendiente directa de los marqueses de Campo Ameno y Soto Hermoso.  La novia, Isolina Clotet Valdizán -20 años- hija del catalán don Manuel Clotet Matamoros, exitoso minero dueño de las minas de plata de Colquijirca, y de la señora Morgana Valdizán, descendiente del proveedor de mulas tucumanas para el trabajo minero, don Bernardo Valdizán, Conde de San Javier, padre de la ilustre heroína de la independencia, doña María Valdizán.

El templo entre el espeso vaho nupcial estaba atiborrado de empingorotados invitados. Señoras con abrigos de chinchilla, nutria y astracán y caballeros de fraques rabilargos, pomposos y estirados. Se habían ubicado a los costados de la calleja central floreteada de ramos de nardos, muguete, jacintos y azucenas. Los novios, envueltos en un estremecimiento de chiffon y muselina, parecían personajes de un cuento de hadas.

En su primera página, como muestra de admiración y respeto, “La Pirámide de Junín”, -viejo diario conservador- abundante en puntuales referencias del acontecimiento, decía: “Era ostensible la presencia de representantes del Banco del Perú y Londres, instalado en la ciudad minera doce años atrás -1872- y que trabaja profusamente con los consulados de la ciudad. Estuvieron, su Gerente, Juan B. Caballero y Thompson; el Cajero, Ernesto Ramos Jorqueda; el Pagador, Nicanor Ponce Ames y el Auxiliar, Andrés Allaín Durand. Todos ellos con sus esposas. En otro grupo, el señor William Dawson y sus colegas de la Compañía de Seguros LA URBANA, señores Juan Azalia, Henry Stone, cónsul de su majestad británica, Wilhelm Shuerman, cónsul alemán; Nicolás Lale, Antonio Lucich y Mateo Ivancovivh del consulado austro-húngaro y el médico, doctor Enrique Portal. También flanqueados por sus esposas el comerciante español, Vicente Ruiz, propietario de los Grandes Almacenes LAS CULEBRAS, agente de Madrid, Jijona y Sevilla; los austriacos, hermanos Biasevich, que despachan en la Plaza Chapimarca, representantes de los sombreros Borsalino; Güemes y Ruiz, comerciante en licores y conservas; Don Antonio Xammar, catalán, amigo de la familia, representante de la Compañía Internacional de Seguros. Otros catalanes, Vicente Martorell, Ferran Coll  y Claudí Privat, testigos de la boda. El ciudadano griego Teodorakis Cozacos; elegante como siempre, don Antoine Sansarricq, cónsul francés con su ayudante, don Michael Poncignon y sus amigos, los mineros franceses, Angee, Latour, Laurie y Durand. En otro grupo los croatas Lucas Pehovaz, Jorge Kisich y Juan Ciurlizza. Los italianos Giovanni Costa y Marco Aurelio Denegri, directivos del banco italiano “Fonderie e Minieri di argento del Perú”, conjuntamente con Cesare Vito Cútolo, Pietro Anselmi, Doménico Ciminago y Emmanuele Raggio”.

El acontecimiento resultó de tal magnitud que hasta el parco y poco afecto a la espectacularidad DEMÓCRATA, periódico que dirigía el inquieto Juan Nepomuceno Infantas, decía en su página de “Sociales”: “En el coro de la iglesia, decorado con hermosos cortinajes blancos, se colocó la orquesta austro húngara bajo la dirección del maestro vienés Markos Bacie, al frente de sus dieciocho profesores –todos slavos- que amenizaron la misa con el “Ave María” de Shubert, con la que se lució la virtuosa soprano croata – dálmata, Sofía Amich. En otros pasajes, con música de Shuman y Bruckner, resaltó la voz de la contralto, Emilia Kamerer Amich y, con piezas de Johannes Brams, el notable barítono Abel Druillón. En el momento en que los novios salían ya consagrada la boda, retumbaron las estremecedoras notas de la “Marcha Nupcial” de Félix Mendelson en tanto de las partes altas caía en profusión una lluvia de pétalos de rosas blancas. Todo un acontecimiento inolvidable”.

EL RESTAURADOR, afirmaba: “Las calles adyacentes al templo hervían de gentes curiosas, especialmente mujeres, que comentaban con admiración lo que estaba ocurriendo antes sus ojos. La policía mostraba celo especial para dejar las calles de la plaza completamente libres. Los carruajes demoraban sólo lo indispensable para dejar a sus ocupantes. Terminada la ceremonia, en un landó forrado de flores blancas y muselina, iban novios y padrinos, detrás del coche nupcial enormes carretas igualmente decoradas, conduciendo a los invitados al soleado paraje de Huariaca, donde se realizaría el banquete”.

En otra parte, decía. “La novia que había lucido un hermoso vestido en crespón de China, guarnecido de encajes, se lo cambió por uno de calle que llevaba un abrigo de nutria, muy largo, fruncido por debajo de un canesú que baja hasta por encima de las mangas. En los bajos de la falda una cenefa de piel que restringe la amplitud por medio de algunos fruncidos, dándole forma de tonelete, poco señalada pero de agradable fantasía. En la espalda, otro dibujo y cerca de las mangas, un canesú que presta gracia y precisión a la línea de los hombros”.

EL PORVENIR, reseñaba: “El bar rebosó de las más exigentes bebidas. Cerveza de Viena, de Noruega, de Baviera, de Cincinatti, danesa, inglesa, negra de Guiness, marca “Gato” en cajones, en botellas y medias botellas. Vinos de Burdeos, de Madeira, Chateau Kirwan, Listrac, Gran Vin Richelieu, Chateu du Cavalier, Branc Mounton. Champaña Mumm, extra dry, Mumm Carte Blanche, Roederer. Oporto claro y oscuro, Licores, anisete, angostura, alkemes, Cacao, Curacao, Coñac de Godard, Marrasquino, Noyaux, Cordial Medoc, Ginebra en botellas de barro. Los consulados francés, italiano, inglés, español y austriaco sacaron lo mejor de sus bodegas, para la ocasión”.

Los comentarios fueron muchos, todos encomiables y llenos de admiración por la magnificencia del acontecimiento.

En diarios de épocas posteriores, se rememoraba la llegada y consagración al trabajo minero de don Eulogio Fernandini. “Apenas llegado a Colquijirca en 1882, vivió prácticamente dentro de las galerías mineras. Estaba ensimismado con el trabajo minero. Sólo salía a tomar sus alimentos y a dormir en su alojamiento –diría años más tarde don Herminio Arauco Bermúdez, hermano de mi abuelo materno que lo conoció y gozó de su amistad- Sentía como responsabilidad perentoria el resarcir todo el descalabro que había dejado la soldadesca chilena en 1881 en minas y pueblos de Pasco. No sólo las había destruido sino también llevado cuanto de  valioso encontraron en los yacimientos. Había que trabajar con empeño. Hasta ese momento, nadie había visto un hombre así, entregado a la producción, prodigándose sin ninguna mezquindad. En poco tiempo, todo lo transformó. Sus hombres, guiados por su ejemplo, con mucho agrado siguieron sus pasos haciendo que la producción de las minas aumentaron notablemente”.  En otro, momento nuestro informante, dice “Tuvo que ser enérgica la orden que don Manuel Clotet le hizo llegar para que atenuara sus entusiasmos. Le fijó un  horario a fin de que pudiera descansar. Esta orden la cumplió a regañadientes, rompiendo muchas veces la disposición”.

Fue en una reunión amical que el dueño de la mina organizó en su casa, -rodeado de sus paisanos, los catalanes, Antonio Xammar, Javier Martorell, Antonio Coll, Claudí Privat, Sergi Etxevarría- que la vio por primera vez. Isolina Clotet Valdizán, estaba radiante. Acababa de cumplir los veinte años. Desde un primer momento nació entre ambos jóvenes una amistad muy hermosa que con el correr de los días fue haciéndose muy especial.

En franca conversación, desnudando su alma el uno en el otro, se identificaron y hablaron de sus sueños y esperanzas.

Él le dijo que había nacido en Ica el 13 de setiembre de 1860 y desde niño separado de sus padres para ser enviado a Alemania donde cursó estudios primarios, secundarios y universitarios, graduándose de ingeniero de minas con notas sobresalientes. Que su padre, don Erasmo Fernandini, era miembro de la Corte Superior de Justicia que funcionaba en el Cerro de Pasco donde era muy estimado y respetado. Un hombre probo e inquieto del que tenía grandes y hermosos recuerdos pero que, por su carácter amiguero y sociable, había entrado en el mundo del juego, aquella lacra que poco a poco va adueñándose de la voluntad de los hombres más cultivados. Que víctima de esa actividad había llegado a perder todas sus pertenencias pero que sus acreedores que conocían de su entereza y el valor de su palabra, acataron la súplica de que sus emolumentos de juez no se lo arrebataran porque gran parte de él estaba destinado a  mantener a su hijo en Alemania. Que él, -su hijo- a su retorno al Perú, cancelaría su deuda completa, hasta el último centavo. Que eso fue lo que ocurrió y que, en esos momentos, sus haberes eran casi íntegramente entregados  a los acreedores de su padre; motivo principal por el que no podía pedirla en matrimonio. No contaba con ningún ahorro que pudiera solventar el compromiso.

Ella le contó que su padre, al emparentarse con don Bernardo Valdizán, conde de San Javier, había podido adquirir las minas de plata de Colquijirca en el Cerro de Colquijirca de don Manuel de la Granja, Colquijirca La Alta y Huaraucaca, de José Acevedo, los que venía trabajando con ahínco.

-Lo del dinero, no ha de ser ningún impedimento. Si tú me quieres como me has dicho y, persistes en los planes para transformar positivamente las minas de mi padre, yo conseguiré el dinero necesario para que ambos proyectos podamos llevar a la realidad…

– Pero….-trato de protestar dignamente el joven Elías…

– Nada, nada…No creo que tú vayas a sostener al perjuicio machista de que todo tiene que ponerlo el varón. No. La felicidad que proyectamos es para los dos y es justo que el esfuerzo sea de ambos…

– Pero…

– Ningún pero. Si tú me das tu anuencia, yo hablaré con mi padre -que como has visto- no está más para estas correrías mineras donde se necesita ímpetu y fortaleza. Estoy seguro que él nos proporcionará el dinero no sólo para nuestro matrimonio, sino también para que cumplas con tus sueños. Se pondrá muy feliz porque, estoy seguro que con las técnicas que traes de Alemania, en poco tiempo se habrá transformado la mina de Colquijirca….

Así fue. Aquel día, Eulogio Fernandini descubrió que estaba no sólo ante una bella mujer, sino también ante un ser toda bondad y carácter. Era terminante y enérgica. No andaría con medias tintas.

Ella considerando que una prórroga no era saludable para ambos, decidida y enérgica como siempre fue, habló con su padre y le espetó francamente: “Sé que mi madre, en su infinita bondad, me ha fijado como herencia una respetable cantidad de dinero, de la cual, te solicito cien mil soles como un anticipo y, a ti, como dote para mi matrimonio, otros cien mil soles. Con ese fondo inicial me casaré con Eulogio e iniciaremos nuestra vida. Con doscientos mil, Eulogio puede entrar como accionista en tu empresa y, estoy seguro, como seguramente tú lo estás, de que con su trabajo y dedicación, habrá de proliferar esos dineros dándome la felicidad a mí y la prosperidad económica, a ti”. Don Manuel no lo pensó dos veces. Llamó a Eulogio y dialogó extensamente con él, convenciéndose de que tanto su hija como su futuro yerno, comulgaban del mismo espíritu. No esperó más y ante tan encomiable perspectiva, otorgó su permiso. Es más, como regalo de bodas, don Manuel Clotet transfirió la mina de Colquijirca a nombre de su yerno, Eulogio Fernandini de la Quintana. En este momento se fijaba el comienzo de una gran empresa basada en el amor, la cooperación y el trabajo.

En 1886 ataca el socavón principal de 900 metros de longitud: “Socavón Fernandini” y, tres años más tarde consigue valiosas vetas de plata, plomo y zinc. En 1889 instala la Fundición de Huaraucaca donde produce barras de plata y minerales sulfurados y oxidados de cobre, empleando un promedio de mil trabajadores por día. Las minas de plata de Colquijirca, estaban unidas a esta oficina por una vía férrea la  que empalmaba con el ferrocarril central en la Estación de Fernandini. Para ponerlo al frente de esta empresa, trae a otro notable visionario de la metalurgia, don Antenor Rizo Patrón Lequerica.

A sólo dos Kilómetros de su fundición descubrió un yacimiento de bismuto de San Gregorio, y, en las altas cumbres de la cordillera, MINARRAGRA,  con enormes áreas de vanadio que atrajo capitales extranjeros para establecer una nueva industria: ACERO AL VANADIO. Sus exploraciones las extendió hacia la antigua mina de mercurio de Santa Bárbara, donde logró importantes resultados.

En todo ese tiempo de incansable trabajo, el apoyo efectivo y oportuno de doña Isolina Clotet, respaldó la epopeya empresarial de don Eulogio que simultáneamente al trabajo minero, compró once haciendas ganaderas en el territorio pasqueño a las que llevó gran cantidad de ganado fino para mejorar la raza. QUISQUE  “una de las primeras de la provincia de Pasco”, en marzo de 1913; ACOBAMBA, con 80.742 hectáreas, en octubre de 1913; ANDACHACA de 19,123 hectáreas, en octubre de 1915; ALLCAS, con 97,550 hectáreas y HUANCA, con 58,683 hectáreas, en junio de 1917;  LA QUINUA, de 3,843 hectáreas de pastos, por la misma fecha. Culmina su proceso con la compra de RACRACANCHA.  Es por esta política de mejoramiento que el capital ovino de la Negociación ascienda de 92,000 cabezas en 1926, a 200,000 en 1940, estableciéndose en 200,000 aproximadamente en 1948.

En determinado momento, la Negociación llegó a tener 423,398 hectáreas de pastos con más de 200,000 cabezas de ganado; tierras, bosques y montañas que, sin contar con otras propiedades menores,  conformaron  -en la década del 20- el más grande latifundio agrícola y ganadero de todo Pasco, comparable sólo con las propiedades que en ese momento ostentaba la Cerro de Pasco Corporation.

En el campo de la agricultura estableció  las haciendas PRO y COMAS, dedicados a la caña de azúcar y algodón y LA MULERIA dedicada a pastos de ganado lechero. Estas haciendas estaban situadas en el valle de Carabayllo de la provincia de Lima.

En todo ese tiempo, bregando con gran entusiasmo y fortaleza, la señora Isolina Clotet no sólo le dio los ánimos y entusiasmo necesarios, sino también a sus tres hijos: Eulogio, Elías y Anita.

Para entonces, había llegado a ser el hombre más rico de Sudamérica.

Don Herminio Arauco –hombre que lo conoció y trabajó con él- al comentar la labor de don Eulogio Fernandini, dice en nota editorial, publicada en EL MINERO, de 23 de octubre de 1901: “Un ejemplo para todos fue don Eulogio Fernandini.  Fue primero ciudadano, después empleado y por último minero y hacendado. Ahora pregunto: ¿Con su trabajo amasó esa riqueza en Colquijirca, la Quinua, Cerro de Pasco, San Gregorio y sus haciendas de ganado vacuno y lanar?  ¡¡Sí, fue con su trabajo!!  ¿Tuvo verdadera independencia cuando amasó esas riquezas? Sí la tuvo, porque antes de 1900, no se conocía el grosero monopolio de minas que invade al Cerro de Pasco”.  Así mismo, Alberto Rosas Siles que ha escrito “La Ascendencia de don Eulogio Fernandini”, dice con acierto: “Dado su talento, estudios en Europa y espíritu emprendedor, contando con el respaldo económico de su mujer, se consagra por entero a las labores mineras y agrícolas en el Cerro de Pasco, formando a la vuelta de los años una cuantiosa fortuna que se consolidó en 1915”. Juan Sánchez Barba, en su obra, “La vía terrateniente y campesina en el desarrollo del capitalismo en la Región Central, el caso del Cerro de Pasco”, sostiene: “Uno de los más admirables ejemplos de trabajo, constancia e intuición que ostentó el mundo industrial peruano, lo dio don Eulogio Fernandini, con su Negociación Minera, la única que no fuera absorbida por el capitalismo norteamericano. Fue Eulogio Fernandini, el comerciante y minero que con más decisión inicio ese proceso, generando una concentración territorial que fue la más extensa del Departamento, luego de la Compañía Norteamericana, en escasos 25 años. Fue el único que pudo resistir los embates expansionistas de aquélla, tanto en el terreno agropecuario como en el minero”.

Don Eulogio nunca olvidó sus inicios profesionales en el Cerro de Pasco, por eso, con una conmovedora bondad, su cariño por esta su tierra adoptiva la puso de manifiesto a través de continuos regalos que hizo a sus instituciones benéficas. En varias oportunidades fue concejal de nuestra Municipalidad. Presidente de la Beneficencia Pública del Cerro de Pasco a la que, además de fijarle una mensualidad, le regaló con un aparato completo de Rayos X que fue el primero que se hizo traer al Perú. Hizo generosa contribución para la construcción de la Escuela 491, otorgó notables donaciones a la defensa nacional y para la construcción de la Basílica de Santa Rosa. Cuando el Plebiscito, donó 60,000 dólares. Elegido Comandante Honorario de la Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita, le fijó una fuerte subvención mensual que fue regularmente cobrada por muchos años.

Fue socio fundador de muchas compañías mineras como Buldibuyo, Parcoy y  Atacocha. También participó en el sector bancario, agricultura y ganadería. Perteneció además a diversas agrupaciones como la Beneficencia Pública de Lima, del Cerro de Pasco y de la Junta Nacional, cuya Presidencia ejerció. En reconocimiento a su obra el Gobierno lo condecoró con la Orden del Sol del Perú.

Este pionero de la minería nacional falleció en Lima el 24 de diciembre de 1947.

El poder del amor 1

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