El Embaulado de la Esperanza

El embauladoA las 7.15 minutos de la mañana del 5 de junio de 1921, el jefe de la estación del ferrocarril de la Oroya, Peter Mastrakalo, fue informado del hallazgo de un baúl negro en la Bodega. La alarma era grande porque  de este baúl se desprendía un fétido olor a muerte que inundaba la estancia. Después de comprobar que el hedor podía sentirse claramente en toda la estación, puso en conocimiento de la policía y el poder judicial a fin de que efectuaran una inspección legal en el armatoste de regulares proporciones que había sido embarcado en la estación del Cerro de Pasco. Con la presencia de las autoridades correspondientes –todas precavidas de mascarillas especiales- procedieron a abrirlo con cizallas y  palancas especiales. Al abrirlo, quedaron mudos de terror. Encontraron el cadáver de un hombre en avanzado estado de putrefacción, amordazado, negreado completamente, monstruosamente hinchado y con hirsutos cabellos rubios apelmazados con sangre. Había sido un hombre de talla enorme al que habían despedazado prolijamente para meterlo en el baúl. Dedujeron que habría sido obra de dos o más personas; una sola no lo habría podido lograr. Estaba a la vista que llevaba mucho tiempo embaulado. El secretario escribió en la hoja del protocolo: “Lo primero que examinó el médico forense, fueron los ojos. Ya estaban  comidos por los gusanos que sin embargo dejaban resquicios de color celeste que le permitió asegurar que el muerto era un gringo. Los labios completamente hinchados y la lengua sobredimensionada por acción de los gases de las bacterias bucales que, tras devorar el paladar, habían pasado famélicas a trabajar en el cerebro. En pocas horas habían reventado con un fétido olor a carne podrida que se impregnó en todos los bultos que estaban en derredor. Estaba en la última etapa de putrefacción porque ha continuado en el órgano digestivo y los pulmones. Cuando éstos son recientes, la policía puede determinar la hora de la muerte con el examen del nivel de potasio del humor vítreo durante las primeras veinticuatro horas. El enfriamiento progresivo del cuerpo después de la muerte, es otra de las pistas.  Salvo en casos climáticos extremos, los cadáveres se enfrían a razón aproximada de un grado centígrado por hora hasta que alcanzan la temperatura ambiente; si llevara más de tres días, los científicos examinan los gusanos que se han formado en el cuerpo. En los climas fríos, tardan más. Lo que más llamó la atención fue el comprobar que los diez dedos de las manos del occiso estaban enormemente hinchados, con las uñas separadas de las falanges correspondientes. El rostro y cabeza separados del resto del cuerpo, tan fuertemente contundidos que seguramente fueron golpeados reiteradamente sobre algo duro”.

Después de éstas y otras anotaciones del forense, el Prefecto del departamento de Junín ordenó que  el cuerpo fuera enviado a la morgue del Hospital Carrión del Cerro de Pasco para la necropsia de ley. Los encargados fueron los doctores Enrique Portal y Alfredo Pardo Villate, que determinaron que: “la muerte por asfixia había sido producida por mano ajena. Antes, el occiso había sido sometido a salvajes torturas con las que habían desfigurado totalmente el rostro”. Lo primero que hizo la policía era buscar a algún gringo desaparecido por aquellos días en el Cerro de Pasco.

Hechas las averiguaciones se estableció, por datos alcanzados por Preston Howard, Jefe de la estación del Cerro de Pasco, que el baúl había sido embarcado el 28 de mayo. Ese día se supo que había desaparecido el ciudadano norteamericano Henry Hammer. El dueño del hotel “Universo” donde se alojara, lo buscaba para que le pague por los servicios correspondientes. Por más que lo buscaron, no pudieron hallarlo. Se lo había tragado la tierra. Atando cabos, comparando indicios y cotejando datos antropométricos llegaron a la conclusión que él muerto era, Henry Hammer.

Como por aquellos días no había ocurrido algo tan espantoso en el país, la noticia llegó a causar enorme conmoción. Los diarios de Lima enviaron a sus periodistas especializados, uno de los cuales dijo en la PRENSA: “Los lectores ya conocen los detalles del pavoroso homicidio  perpetrado en la ciudad del Cerro de Pasco, al que se le ha dado en llamar “El crimen de la Esperanza” que  por la forma macabra en que se perpetró ha conmovido profundamente a la sociedad del Perú en general”.

“La policía de esa capital al ser informada del terrible acontecimiento y tras meticulosa investigación estableció, por declaración de testigos y documentos de establecimientos públicos frecuentados, que Hammer había sido victimado por otros dos extranjeros con los que había estado involucrado últimamente. Por ese motivo impartió órdenes más eficaces para descubrir el paradero de los sospechosos, los gringos Tiessel Sanquist y Jenns Miller, que en infame complicidad lo habían asesinado con el fin de apoderarse del  dinero que llevaba consigo”.

Los tres sujetos –según se estableció después- habían estado jugando tres días enteros al interior del Hotel Universo, prestigioso alojamiento donde se jugaba enormes cantidades entre los acaudalados del lugar. Al final de aquellas sesiones de juego, el ganador absoluto de apreciable cantidad de dólares había sido, Hammer. Como cómplices en los ardides y engaños en el juego, los otros dos gringos debían recibir una cantidad equitativa por su “esfuerzo” de complicidad. Hammer, el protagonista, organizador y artífice de aquella maniobra, se negó a compartir con ellos el grueso de las ganancias. Solamente les alcanzó unas “propinas”. Esto originó una desazón entre sus compinches que provocó un deseo de venganza y apropiación del dinero que había estado en juego. Como no sabían el lugar donde Hammer había escondido el dinero, decidieron torturarlo para que les revele el lugar preciso del escondite. No pararían mientes en su procedimiento. Primero lo amordazaron completamente para que sus gritos de terror no se escucharan en el hotel, lo tendieron sobre la cama y comenzaron a hincarlo con una aguda chaveta, desangrándolo entre convulsivos movimientos de dolor. Como Hammer persistía en su silencio, fueron clavándole la punta de la chaveta debajo de las uñas de cada mano. El dolor que sentía era tan intenso que se desmayó hasta por tres veces, en cuyo caso lo reanimaron con los orines que había depositado en una bacinica. Los torturadores enojados por el silencio de la víctima se ensañaron de tal manera que tomándolo de los cabellos procedieron a golpearle la cabeza contra la pared. Cuando vieron que ya no tenía ninguna reacción cayeron en la cuenta que se les había pasado la mano y que Hammer estaba muerto.

Enseguida –caliente todavía el cadáver- procedieron a seccionarlo a fin de que cupiera en una maleta enorme, propiedad de Hammer. Separaron la cabeza y luego las extremidades superiores e inferiores a fin de que pudieran acomodarlo. Con una sobrecogedora paciencia realizaron el descuartizamiento del cuerpo que luego introdujeron en el baúl que despacharon la Oroya, como si se tratara de un bulto cualquiera. A mérito de los telegramas recibidos, el intendente dictó órdenes pertinentes para que se vigilase el movimiento  de los trenes del interior y los vapores que salían del Callao, a fin de capturar a los autores del homicidio. Estaban seguros que se hallaban en Lima. Personalmente la misma autoridad se dispuso a efectuar las  pesquisas, alcanzando un plausible éxito.

El embaulado 2“En efecto, el martes último tuvo conocimiento de que en tren de la sierra había llegado un norteamericano que se hospedaba en el hotel Comercio, lugar a donde se constituyó el intendente. Ese mismo día constató que efectivamente el norteamericano Jenss Miller se alojaba en el hotel pero que en ese momento estaba ausente. Horas después al pasar por la calle Pescadería -colindante con Palacio de Gobierno- notó que en actitud sospechosa un individuo extranjero merodeaba por el lugar. Como esta manera le llamara la atención, haciéndose acompañar por la policía lo siguió. El sujeto al sentirse descubierto apuró el paso y pretendió guarecerse en una casa próxima, pero fue detenido por el funcionario policial. Inicialmente eludió toda responsabilidad, pero sometido a severos interrogatorios, terminó por confesar su crimen. Por sus papeles se sabe que es danés, de 35 años de edad, casado en Bolivia. Consultadas las autoridades cerreñas se precisó que era el mismo que había estado en la ciudad y que era el asesino. En sus declaraciones dijo:

  • Lo conocí en Lima. Él me invitó a que viajáramos al Cerro de Pasco. Allí –me dijo- hay gente rica a la que le gusta el juego. Si me acompañas puedo hacerte partícipe de las ganancias pero, claro, tienes que trabajar en combinación conmigo. ¡Tú sabes! Pierdes tanto como ellos a fin de que no piensen que estamos en combinación. Al final, pasteándolos con mucho tacto, podemos desbancarlos. Es decir, les dejamos ganar algo y cuando toman confianza, les jugamos fuerte. ¡No hay pierde!. Sé de muchos comerciantes y mineros que juegan bastante…¿Qué dices?
  • ¿Qué le contestó usted…?
  • Acepté. Sólo que él sería el que proveyera los fondos. Total, sólo sería un préstamo..
  • ¡¿Cómo y cuándo entró Sanquist en el arreglo…?
  • Era un viejo conocido suyo. Como su presencia nos ayudaría a ganar siempre, no me opuse a que entrara a formar en nuestro equipo…
  • Si estaban de acuerdo en todo, ¿Por qué lo mataron…?
  • Porque nos engañó. En el hotel Universo del Cerro de Pasco desvalijamos completamente a un viejo minero que se jactaba de ser un gran rocamborista. A medida que iba perdiendo, más se iba empecinando en seguir jugando. En poco tiempo hizo venir a un empleado del Banco del Perú y Londres y luego de firmar un documento le trajeron diez mil soles. Entonces con muchas artimañas le hacíamos ganar hasta entusiasmarlo. Cuando estaba seguro de que recuperaría todo lo perdido aceptó jugar a todo o nada. Perdió como estaba programado. En la mesa había más de sesenta mil soles contantes y sonantes. Sanquist y yo fingimos ser también perdedores, por eso Hammer se retiró con el botín. Más tarde realizaríamos el reparto…
  • ¿El perdidoso nunca reparó en la trampa en la que había caído…?
  • Quedó apesadumbrado y le pidió a Hammer que la próxima semana le concediera la revancha. Éste aceptó.
  • ¿Qué ocurrió después…? …
  • Cuando acudimos a la cita, Hammer había cambiado totalmente. No quiso hacernos partícipes de las ganancias. Negó darnos nuestra parte. De nada valió que le habláramos en todos los tonos. En un momento perdimos los papeles y lo atacamos. Él no se rendía y contestó nuestra agresión con un ataque muy duro. Entonces lo maniatamos y después de taparle la boca comenzamos a torturarle pero el canalla no soltaba prenda. Locos de furia lo seguimos torturando pero se nos fue la mano y lo matamos…
  • ¿Dónde está el dinero….?
  • ¡¿No le dije que no sé?! ¡No sabemos dónde diablos lo habrá escondido!.
  • ¿Dónde está su cómplice…?
  • Nada sé de él. Después que retaceamos el cadáver y lo guardamos en una maleta, lo embarcamos en la estación del tren. Me dijo que nos encontraríamos en el hotel pero jamás apareció…

En cuanto al dinero que robaron a la víctima no se encontraba en poder de Miller. Se llegó a saber que Sanquist haya huido a Bolivia donde está su mujer, llevándose todo el dinero. Ahora se sabe que el prófugo ha estado también en Chile donde trabajaba como mecánico aunque era muy dedicado al juego. Después de una investigación más severa, se estableció que Tiessel Sanquist había fugado con tremenda fortuna a Chile en un vapor. Jamás lo encontraron.

“De esta manera se investigó uno de los hechos más dramáticos y terribles de aquellos tiempos”. (LA PRENSA, de Lima).

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