Mi barrio Misti (Tercera parte)

mi barrio 3Hace unos días volví a mi barrio después de sesenta años. Tuve la estremecedora sensación de que retornaba a mi infancia y un desbocado vibrar de mi cansado corazón me llenó de zozobra. Todo había cambiado para bien, todo, menos la imagen que guardo en mi corazón. Desde la entrada quedé gratamente impresionado. Vi fue un gigantesco letrero sobre un arco que rezaba: Barrio de la Esperanza y Asiento humano El Misti. Mi barrio se había convertido en Asentamiento Humano. Cuánta alegría le habría causado a mi abuelo heredero propietario de su padre don Sebastián Arauco Bermúdez, notable vascongado de aquellos tiempos, amigo de los Otaegui, Oyarzabal, Azcurra, Aranda, Vizurraga, Echevarría y otros. La amplia explanada siempre ocupada por un gigante parque automotor que Domingo Mauricio atendía, ahora está vacío; hay una paz inmensa otrora  saturada por el bullicio del quehacer mecánico. Desde la vera del camino general todo está parejamente asfaltado. Qué  tal milagro. Todo está acicalado como a la espera de una visita importante. Han tenido el cuidado de ordenar con un aplanamiento general toda la superficie. (Una viejecita me informó que se debe a la disposición del alcalde Valentín López Espíritu, que en su momento fue mi alumno en el instituto industrial y después en la universidad. Ahora, ante su dolorosa ausencia le renuevo mi gratitud y respeto). Las amplias casonas de los Vizcarra y los Igreda lucen ahora, renovadas, modernas. Todas esas propiedades que ocupan una extensa superficie eran del agrimensor e ingeniero práctico don Melitón Coz.

La casa de los Wilson está igual. Nadie ha tocado nada. Sus puertas completamente melladas guardan los arcanos de su vieja intimidad. Allí vivía la familia de ascendencia inglesa con la hermosa hermana menor, Leolany. Soltera y hermosa. Espigada y fina con una elevada talla superior a las mujeres del barrio. Su persona estaba envuelta en un intrincado misterio. Pasada la medianoche, todos los días, salía de su hermético recinto y con un bolso oscuro –decían que allí llevaba sus ropas- caminaba desde su casa a la estación ferroviaria. Parecía que se desplazaba ingrávida, por los aires. Todo su cuerpo estaba cubierto con un abrigado vestido de lana y una larga capa blanca de bayeta. Parecía una aparición. Allí se la veía esperando pacientemente, con sus rubios cabellos al aire y su mirada dolorosamente triste. Después de un tiempo indefinido de aguardar no se sabe qué, retornaba a su casa con paso  pesarosamente cansino. Los que no la conocían creían que estaba loca. Dicen que fue así desde que un gringo la dejó plantada para casarse. Lo que ella nunca supo es que, su novio, Elmer Brigham, conductor del ferrocarril del Cerro de Pasco a Goyllar, había muerto en el descarrilamiento de la locomotora que conducía. Ella no lo supo, o tal vez fue este acontecimiento el que la desquició. Prefirió la desesperanza a la negra expectativa de la fatal noticia. Las veces que quise arrancarle la confesión de su secreto, con una mirada impersonal, como alejada a otros mundos, quedaba mirándome fijo, como perdida en un mundo fantasmal. Cuando me ausenté de mi tierra, no supe más de ella. ¿Dónde estará ahora?

El caño de agua ubicado en una esquina, ha desparecido. Con ella muchas cosas más. Donde fue residencia de don Félix Lewandoski, ilustre ciudadano alemán –querido y respetado en el barrio- que fue comandante de la compañía de bomberos, ahora funciona un bar café. Los que ahí moran no lo conocen, ni saben de él. El caso es que, desde este lugar hasta el extremo del barrio Buenos Aires, hay una bien acicalada vereda, completamente cubierta de cemento. Qué gusto me dio verla. Lo guarda una especie de balaustre de fierro, como un balcón, en toda su enorme extensión por donde transitábamos para llegar a la casa de mi abuelo. Todo el resto de las faldas por donde pasa el camino está revestido de hermosos árboles de quinual. Qué hermoso paisaje. Parece un sueño. El oconal completamente seco luce un verde lujurioso en toda su extensión. Pienso que ahí jugarán sus partidos los niños de ahora. La nota de dolor la dan las viejas casas que antaño fueron de Rivera, Gudiño, Cortabrazo, Urdánegui. Hoy lucen abatidas de tiempo y abandono, a punto de caer. Sólo hay una pequeña cantina de Ruperta Espíritu, la “Llupi”, compañera de mis juegos infantiles. Ahora es abuela de una ringla de nietos y madre de un ingeniero minero. Allí encontré a un muchacho blanco y alto cuya sonrisa me recordó a mi amigo “Alemán”. ¿Tú eres hijo de Fernando Vera? Sí, me contestó. Supe que su padre había muerto. No quise seguir hablando más. Era como abrir viejas heridas que jamás serán cicatrizadas.

El prolongado camino que nos hacía llegar a la casa de mi abuelo está tan bien trabajado que me emocionó mucho. Por ese mismo camino vi partir a mi madre para no volverla a ver más. Por ese camino transité muchos años hasta que me marché. Y a lo largo de ese trayecto que recorrí con un estremecimiento acumulado de años, lo hice   con una delectación extraña, como cuando era niño. Llegue a una bifurcación donde, antaño, vivían las viejecitas Carolina, Gabriela, Jacinta, Emilia que me querían mucho. Recuerdo que un día que salí de la escuela, me estaban esperando. Todas ellas me hacían caricias y lloraban copiosamente. No me lo dijeron, pero lo adiviné: mi madre había muerto. Fue tan triste.

Desde esa altura pude ver el amplio  panorama de mi barrio. El camino me condujo hasta donde había un puente por donde discurrían las aguas que bajaban de la parte alta de Bellavista. Ahora ya no está. Ha desaparecido. En su lugar han edificado una posta asistencial médica moderna.  Al comenzar aquella avenida, la generosidad de una persona, me ha puesto como un homenaje que nunca esperé. Gracias por ese gesto maravilloso. Gracias, Valentín, “Capacho” ilustre. Ahora sé que cuando me vaya, estaré en ese lugar del que nunca he podido alejarme. Gracias, que Dios te lo pague.

El Misti está cruzado por una calle enorme y prolongada que conduce al barrio Buenos Aires donde han construido una escuela muy bonita. Ha desaparecido la enorme explanada donde jugábamos interminables partidos de fútbol y, en las noches, rondas interminables a la luz de la luna. En la parte alta de aquella elevación había otra explanada. Allí estaba la casa del viejito Herrera que, agobiado por un insoportable dolor de cabeza, viajó a Lima donde le dieron una noticia muy dramática: cáncer. Él, en silencio, reunió a todos sus hijos y demás familiares en una fiesta inolvidable para recibir el año nuevo. Aquella noche se divirtió como nunca y, pasada la medianoche, se retiró a descansar. Al día siguiente, cuando fueron a despertarlo no lo encontraron. Solo hallaron una carta muy tierna en la que comunicaba a sus familiares que sufría de una enfermedad incurable y, para no darles “problemas” se marchaba en silencio, como había vivido. Nunca encontraron su cuerpo. Lo buscaron en toda la zona y revisaron todas las bocaminas, cavernas y precipicios y, nada; contrataron “rastreadores” y brujos de Margos, adivinos y chamanes y, nada. Jamás se lo encontró.

Al volver a mi barrio, como recogiendo mis pasos, he sentido una inédita emoción que nunca olvidaré. Que mi último homenaje sea este viejo tango que cantaba don Oswaldo Arauco, hermano de mi  madre, que tampoco sigue con nosotros. Esta vez lo canta “El polaco” Goyeneche: Barrio Pobre.

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7 thoughts on “Mi barrio Misti (Tercera parte)

  1. Maestro, es inconmensurable, el esfuerzo que despegas, al narrar la historia del Barrio Misti, pero no digas que has llegado a recoger tus pasos, muy al contrario, estas haciendo conocer al mundo lo grande que era la Fundición que existía en el Barrio Misti y era de su tatara tata abuelo, que ha decaído su esplendor al instalarse la Fundición de Smelter.

    1. Gracias ANDICO:
      Tus palabras me reconfortan y me llenan de entusiasmo. No olvidaré nunca los pasajes de mi vida pasada porque tuve oportunidad de conocer a seres maravillosos que me regalaron con su amistad y cariño.
      Chau amigo querido.

  2. Gracias maestro César… Un honor poder comentar en vuestro blog. Resulta que en mis años universitarios residí en el barrio Misti junto a la familia de mi hermano Mayor: Jorge y su familia, primero lo hicimos en la casa de la familia Osorio Villanueva y luego en la propiedad de la familia Wilson Picón. Desde allí a diario tenía que trasladarme hasta Pucayacu (a veces con la movilidad de la universidad y muchas a pie) donde quedaba la Facultad de Ciencias Económicas Contables y Económicas, que fuera acogida en la infraestructura de la Facultad de Educación. También tuve la oportunidad de jugar algunos partidos de fulbito en el mencionado barrio, para luego (ganado por la herencia musical de mi padre) practicar la música “latinoamericana” integrando en sus últimos años el primer grupo latinoamericano de C.de P. “Chasca Kuyllor” que en su mayoría integraban jóvenes del barrio Buenos Aires, luego integré fugazmente la agrupación “Kallpa” para luego y definitivamente integrar el Grupo “Raices” desde 1,986 hasta 1,989 año en que terminé mi carrera universitaria. Tengo muy gratos recuerdos de mi segunda tierra: Cerro de Pasco y que mejor que usted mi querido Maestro retrotraiga al presente tan bellas vivencias de la “Opulenta Ciudad”.
    Atte: CPC Renée Omar HUAMAN ROMANI.

    1. René Omar:
      Siento una gran alegría que hayamos compartido ese escenario de nuestras vidas (En diferentes épocas, claro) pero estoy seguro que no olvidarás aquellos momentos, especialmente cuando con tu música alegrabas al barrio. Cuando transcurran los años a tí también se te va hacer un nudo en el corazón al recordar pasados tiempos.
      Con mi afecto muiy sincero espero que me sigas acompañando en el blog. Gracias

  3. Gracias Maestro Cesar por compartir la historia de nuestro Barrio Misti y mas aun mencionarme y mencionar a mi entrañable padre Don Fernando Vera Alvarez mas conocido por sus amigos como el Alemán, porque fue conmigo ese encuentro.

    1. Querido Francisco Vera:
      No sabes la alegría que me produce aquel encuentro.El recuerdo de tu padre sigue en mi corazón porque fuimos como hermanos. En el barrio nos queríamos como tales. Siempre recordaré a mi barrio Misti, quiéranlo porque es muy hermoso. Qué lindo está ahora con las innovaciones que le ha hecho el alcalde López Arzapalo. Un abrazo para tu familia y todos los del barrio. Gracias.

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