LA BATALLA EN EL TECHO DEL MUNDO (Tercera parte)

la batalla de Pasco 3Por la tarde, convocados por el comando patriota se reunieron en Cabildo Abierto los hombres y mujeres del pueblo cerreño. El Acta correspondiente dice:

“En el Cerro de Pasco, a los seis días del mes de diciembre de mil ochocientos veinte, glorioso día que el dios de la victoria ha coronado la acción patriótica de nuestro Ejército, en la batalla contra las fuerzas realistas habida esta mañana y, por disposición de Su Señoría, el General Juan Antonio Álvarez de Arenales, Comandante Supremo de nuestras fuerzas en este lugar, se han reunido en Cabildo Abierto, todas las autoridades y ciudadanos del asiento mineral, en el que expresados el parecer de cada quien, se nominó por aclamación unánime a los siguientes ciudadanos en los cargos administrativos correspondientes:

A Don Ramón de Arias, en el cargo de Alcalde Mayor y Juez de la Patria que, en su condición de primer ciudadano de esta repartición territorial histórica, deberá tomar el Juramento de Independencia del régimen español a toda la ciudadanía convocada para el caso, el día de mañana, siete de diciembre.

A Don Francisco Quirós, distinguido soldado que esta mañana ha luchado por la libertad de la Patria, en el cargo de Gobernador General que lo será de esta ciudad y todo su territorio, para la administración de justicia en lo correspondiente a lo político – militar.

A Don Miguel Francisco Maíz y Arcas, en el cargo de Comandante General de Armas del Cerro de Pasco, con mando sobre soldados y patriotas auxiliares en territorio de su jurisdicción.

A Don Anacleto Benavides, en el cargo de Sub delegado Político Militar en el territorio de su Jurisdicción.

Al Doctor don Dionisio Vizcarra, en el cargo de Director General de Minas de Pasco.

Provistos que fueron los principales cargos públicos en el que cada uno de los concurrentes prestó su opinión, voto en público que no tuvo ninguna discrepancia de un sólo individuo, se procedió a recibir la juramentación oficial en nombre de la Santa Cruz, los Evangelios y la Bandera Nacional, de todos los nombrados.

Viendo Su Señoría, el referido Señor General, la apoteósica y uniforme elección que se ha hecho, manifestó su contento y complacencia. Reiteró su agradecimiento que desde su llegada le había prestado la ciudadanía por la justa causa de la Patria.

Extendió su convocatoria para mañana siete de diciembre en que se Jurará la Independencia y se formalizará los nombramientos producidos esta tarde con una solemne misa cantada en acción de gracias al Todopoderoso en la explanada de la Plaza Mayor de Chaupimarca. Finalmente, todos los vecinos suscribientes de la Justicia de la causa de la Patria, expresaron abrazarla franca y gustosamente, renunciando todo derecho de la Nación Española y que desde luego están prontos a prestar el juramento mañana, de seguir las Banderas de la Patria, lo que ejecutarían el día de mañana siete de diciembre. (Firmas)

Por ante mí, Secretario del Cabildo,

Finalizada la ceremonia cívica, todos los habitantes acompañaron los restos de los soldados caídos en combate para ser sepultados. Conducidos en hombros por sus compañeros de armas, setenta y siete cadáveres, envueltos en sus pellizas guerreras fueron llevados allá, a tambor batiente. En las iglesias de Chaupimarca y Yanacancha, las campanas doblaban lúgubres. Llegados al campo santo, tras el fúnebre y terebrante toque de silencio ejecutado por un trompeta argentino, fueron sepultados en tierra minera. Patriotas y Realistas,  bajaron juntos a las entrañas cerreñas.

Entre tanto, en el Hospital de Campaña, fueron atendidos los soldados heridos de Argentina, Chile, Paraguay, Colombia y El Perú, mismos que en hermoso gesto de confraternidad se ayudaron mutuamente, tanto como a los soldados realistas. Hubo cuatro oficiales y 58 soldados realistas muertos. Un oficial y 14 soldados patriotas muertos. Cinco oficiales y 23 soldados patriotas heridos. Tres oficiales y 18 soldados realistas  heridos. El herido de más gravedad fue el capitán de primera Pedro López, natural de Córdoba, Argentina, por un cañonazo en la pierna que le tuvo que ser amputada. El teniente chileno de segunda, Darío Plaza, con una grave herida por un sablazo terrible que estuvo a punto de seccionarle el brazo. La herida más curiosa fue la que sufrió el ayudante en Jefe Manuel Saavedra. Mostraba una seria contusión en el muslo derecho. Este oficial llevaba como recuerdo de la Casa de la Moneda de Pasco, una regular cantidad de monedas de plata a donde fue a parar la bala destinada a su cuerpo quedando achatada entre las monedas; pasado el combate fue a conocer el efecto que le había causado por el dolor que sentía. Allí quedaba una marca cárdena en la parte contundida. Esta bala la luce como un milagro del día.

Después de cuatro días volvió el infatigable teniente paraguayo Vicente Suárez con el último y más importante trofeo de la batalla del seis. Traía prisionero al Brigadier irlandés, Diego O´Reilly alcanzado en linderos de la hacienda Lauricocha a veinte leguas del Cerro de Pasco, cuando estaba próximo a tomar el camino de la cordillera de Cajatambo, que de salvarlo, le hubiera sido muy fácil huir a la capital. Aquella misma tarde también regresaba triunfante el grupo de guerrilleros persecutores de las familias españolas tránsfugas que, en cuanto comenzara la guerra, partieran en caravana transportando enormes cajones con plata labrada de alto valor, zurrones con monedas de plata, candelabros, crucifijos, adornos y joyas de alto valor. Todo fue incautado para la causa patriota. A su regreso convergieron con otra comitiva que portaba dinero y armamento, vituallas y ayuda militar que el Virrey enviaba a O´Reilly. Todo fue confiscado. El botín fue muy apreciado por la superioridad. Igualmente, algunos guerrilleros, en trabajo encubierto en la ciudad, habían detenido a los delincuentes que aprovechando los momentos más arduos de la contienda bélica a las afueras de la ciudad, se habían dedicado a saquear los comercios y casas más opulentas.

Por orden superior, el ejército triunfante quedó en el Cerro de Pasco seis días más durante los cuales, los heridos –especialmente el general Arenales- se repusieron de los graves daños sufridos; el resto de la tropa, descansó. En todo ese tiempo recibieron continuos homenajes del pueblo. Los campesinos les facilitaron todo lo necesario para su manutención. Cuando se averiguó porque el pueblo tenía gran predisposición para apoyar la causa libertaria, cayeron en la cuenta que todo se debía a la regia campaña propagandística que desde años atrás había circulado en la ciudad minera, aumentada por la que el General don José de San Martín realizó en su oportunidad. Muchos emisarios secretos, principalmente muleros, habían convencido a los hombres y repartido infinidad de proclamas impresas en castellano y quechua que avivaron los sentimientos independentistas; tan así es que, los que habían conseguido uno o más de estos papeles, los guardaban con una fe reverente y entusiasta como valiosa adquisición, y se servían de ellos como un pasaporte o un titulo que se los enseñaban a los patriotas para comprobar su amor y adhesión a la causa de la independencia. Los jefes, oficiales y soldados, se enteraron que en el Cerro de Pasco se había luchado activamente en 1742, 1780, 1810 contra la infamia del yugo español. Y si bien es cierto que la opresión era celosamente impuesta, no es menos cierto que el pueblo había sabido complotar para derrotar a los realistas. En 1811 se había convulsionado cuando los españoles apresaron aquellos abnegados patriotas que, a riesgo de sus vidas, repartían las consignas y proclamas escritas a mano. Ellos fueron, Mariano Cárdenas y Manuel Rivera. Al mercedario Mariano Aspiazu, jefe de éstos, no fue habido. Se les condenó a trabajos forzados, pagando de esta manera, la osadía de desafiar al poder español justo en el lugar de su sustento económico, en donde, desde 1780, se venía luchando abiertamente por la independencia.

Por ese tiempo regresó del cuartel general, el ayudante don Florentino Arenales que condujera el parte de la victoria de Pasco; él informó que mientras la división Arenales había efectuado su recorrido por Ica, Huancavelica, Huamanga, Tarma y el Cerro de Pasco, el general San Martín embarcaba en Pisco con el resto de la expedición; luego de una visita al Callao, descendiendo a la costa norte de Lima, había vuelto a desembarcar en el puerto de Huacho a principios de noviembre.

El pueblo minero en pleno asiste a la Jura de la independencia del Cerro de Pasco y libera a los luchadores huanuqueños que cumplían trabajos en los socavones

Aquella gloriosa mañana del 7 de diciembre de 1820, amaneció radiante. Los últimos vestigios de nieve que alfombrara de albura el campo de batalla, había desaparecido. Un rutilante sol  brillaba omnipotente, allá arriba, bajo un sobrecogedor imponente fondo azul. Gentes de toda condición, venidas de los pueblos aledaños, entremezcladas con los lugareños, iban tomando sus ubicaciones dentro de los linderos de la plaza Chaupimarca. El día anterior, el general Arenales había hecho publicar una convocatoria a un Cabildo Abierto para perpetuar en un acto simbólico el trascendental triunfo que las fuerzas patriotas de América acababan de obtener en un extremo de la minera ciudad. A un costado de la iglesia San Miguel, donde hasta el día anterior había permanecido la horca en la que habían ajusticiado a muchos facinerosos, se levantaba majestuoso un entarimado adornado con banderines, quitasueños y cadenetas. En la parte central: el altar. A un costado la bandera nacional recientemente creada por el general don José de San Martín, en Pisco el 21 de octubre del mismo año, dividida por líneas diagonales en cuatro campos, blancos los de los extremos superior e inferior, y rojos los laterales con una corona de laurel ovalada al centro y, dentro de ella, un sol saliendo por detrás de las sierras escarpadas que se elevan sobre un mar tranquilo. A un lado, la bandera chilena. En la parte baja del estrado, se exhibían los trofeos de armas arrancados a los realistas: tres banderas y dos estandartes; la espada del prófugo general O´Reilly; armamento completo de dos batallones de infantería y un escuadrón de carabineros, dos cañones, la caja militar y el parque de repuesto.

A las diez de la mañana hicieron su aparición por las calles adyacentes los bravos soldados de la libertad: argentinos, chilenos, paraguayos y peruanos. Cientos de hombres, mujeres y niños, los aplaudían vitoreándolos. Inmediatamente después, irrumpió un grupo de cerreños notables presididos por don Ramón de Arias, Primer Alcalde Republicano y Juez Mayor de la Patria; don Francisco Quirós, notable político cerreño, nombrado Gobernador General; Don Miguel Francisco Maíz y Arcas, Comandante General de Armas; don Anacleto Benavides, Sub delegado Político Militar en el territorio de su Jurisdicción; el doctor don Dionisio Vizcarra, Director General de Minas; Manuel de Arias, delegado minero que al año siguiente firmaría el acta de independencia del Perú, el 28 de julio de 1821 en la ciudad de Lima, en representación del Cerro de Pasco. A continuación el Estado Mayor de los libertadores. El general Álvarez de Arenales con uniforme de gala; detrás el Jefe del Estado Mayor, Teniente Coronel Manuel Rojas, flanqueado por los comandantes Ramón Antonio Deheza y Santiago Aldunate. Los  capitanes Federico Brandsen, José Vilela Castillo y Rufino Guido. A un costado, al mando del grupo de granaderos a caballo, el comandante Juan Lavalle. Detrás de los heroicos soldados, venía un grupo de hombres demacrados y escuálidos pero con la mirada alta y orgullosa. Eran los bravos sobrevivientes huanuqueños de la valerosa revolución de Crespo y Castillo que, cumpliendo sentencia del Tribunal de Lima, venían trabajando bajo rigor, a ración de pan y agua, y sin sueldo, en las galerías mineras del Rey que regentaban los españoles. Allí estaban los Alcaldes, Mariano Silvestre, del pueblo de Panao; Honorato Callán,  de Pillao; Patricio Martínez, de Acomayo; José Calixto, de Santa María del Valle; Gregorio Evaristo, de Huacar; Francisco Antonio, de Acobamba; Mariano Camacho de Cayna; Manuel Beraún, con alias “Saguaccay” de Huallayco; Juan de Dios Esteban, Alcalde de Campo de Pachas; Lucas Ruiz, de Rondos; Marcos Sánchez, de Punchauca, Pablo de la Cruz Vilca, de Chupán; Antonio Ambrosio, de Chavinillo;  del mismo pueblo los ediles, Julián Ortega, Manuel Concha y Nicolás Charín. De Huánuco José Huanca, Pablo Usuriaga, Antonio Mallqui, Julián Gaspar, Ascencio Briceño, Manuel Roque, Santos Trujillo, Pedro Cabello, Francisco Cabello, Hipólito Gómez, Santos Tello, Victorio Soto. Por disposición especial del general Álvarez de Arenales fueron puestos en libertad en medio de conmovedores aplausos del pueblo cerreño.

Una vez que hubieron tomado sus emplazamientos en el estrado, el cura huanuqueño, párroco de Yanahuanca, reverendo padre, Manuel Sáenz, celebró la misa de campaña escuchada con emoción patriótica. En su corta elocución, se refirió al significado que el acto encerraba  para la historia de América y pidió que se orase por los patriotas muertos el día anterior, especialmente por el valeroso joven teniente de granaderos, el mendocino Juan Moreno, caído en la primera carga patriótica, con el corazón atravesado por una bala. El padre Sáenz inicialmente había sido un piadoso y esforzado arriero que llegó a hacerse muy conocido en Huánuco y gran parte de la quebrada de Chaupihuaranga. Al entrar de cura, en sus viajes misionales, observó de cerca la manera cómo los españoles trataban a los nativos. Para ellos todo lo mejor, dejando lo peor para los naturales. En sus conversaciones con el padre Villavicencio, llegó a la conclusión de que era necesaria la insurrección. En sus viajes ya se convirtió en agente propagandístico de la sublevación, llevando consigo proclamas, pasquines décimas y demás propaganda especialmente en los pueblos de Tápuc, Chacayán y Yanahuanca en donde formó partidas de cívicos que estaban dispuestos a luchar por la libertad y, cuando se efectuó la insurrección de Huánuco y Panataguas, él estuvo con los insurrectos alentándolos en condición de Capellán. Preso y herido fue severamente castigado. Cumplida su condena se hizo cargo de la parroquia de San Pedro de Yanahuanca en cuya condición había celebrado la santa misa de independencia. Para terminar el acto litúrgico, el padre Sáenz bendijo el Estandarte de Guerra del Batallón CONCORDIA DE PASCO, formado por patriotas cerreños que en el futuro velarían por el mantenimiento de la libertad conseguida. Luego el General Juan Antonio Álvarez de Arenales, invitó a Don Ramón de Arias -elegido Alcalde Mayor y Juez de la Patria- a que declarara la independencia del Cerro de Pasco. El instante era solemne. Un silencio sobrecogedor se hizo en todos los ámbitos de la vieja e histórica plaza Chaupimarca. El primer alcalde republicano cerreño, tomo la mano derecha, la primera bandera peruana y en la izquierda un crucifijo de plata. Se acercó al borde mismo del estrado, miró a todos los rincones de la plaza  y con voz potente y emocionada, pronuncio estas históricas palabras:

-“Cerreños: Juráis por Dios y la señal de la Santa Cruz, el ser independientes de la corona y el gobierno del Rey de España y ser fieles a la patria?”

Mil voces quebradas por la emoción, respondieron al unísono:

-¡¡¡Sí, Juramos!!!!!

En ese momento, los noveles soldados del Batallón Concordia de Pasco, efectuaron disparos de fusilería en homenaje al histórico momento.

Lo que ocurrió después, fue indescriptible. La emoción se apodero de todos los hombres, mujeres y niños que enmarcaban la plaza. Se gritaban vivas a la patria, a San Martín, a Arenales. Muchos lloraban, otros cantaban, pero todos emocionados se abrazaban. Los imbatibles soldados patriotas venidos de todos los confines de América, rompieron filas y se confundieron  en emocionados abrazos con los cerreños que los vitoreaban. Entre tanto, todos rubricaban el acta que había levantado del momento supremo, el escribano del Cabildo de Huánuco, Don Asencio Talancha. El Cerro de Pasco era el primer pueblo del Perú que juraba la independencia después de triunfal Batalla, que constituyó la primera y más importante victoria de las armas patriotas en una batalla franca y abierta por la libertad.

En el cielo, el sol brillaba majestuoso, omnipotente como nunca; aquélla mañana del domingo 7 de diciembre de 1820.

El trece de diciembre de 1820, cuando el ejército patriota estaba formado en el cuartel general de Retes, se presentó el general don José de San Martín, acompañado de sus edecanes, y luego de los saludos del caso y el toque de silencio en memoria de los caídos en el Cerro de Pasco, en términos breves pero muy emotivos dirigió sus palabras de bienvenida a la división de la sierra, expresándole que quedaba satisfecho y orgulloso de su comportamiento y que cada cual hubiera cumplido con su deber. Luego el general Las Heras, secundo la enhorabuena en escogidas palabras y dirigiéndose al Batallón No 11, cuerpo que había sido creado por él hacia ocho años, le felicitó y exhortó a que siguiese por la senda del triunfo. Los jefes, oficiales y soldados que sabían que el general San Martín podía ser pródigo en todo menos en ascensos y recompensas, se emocionaron cuando se hizo leer el parte del día, suyo texto es el siguiente:

“La División Libertadora de la Sierra, ha llenado el voto de los pueblos que la esperaban; los peligros y las dificultades han conspirado contra ellos a porfía, pero no han hecho más que exaltar el mérito del que ha dirigido y la constancia de los que han obedecido sus ordenes; para premiar a unos y a otros, se abrirá una medalla que represente las armas del Perú por el anverso, y por el reverso tendrá la inscripción: “A LOS VENCEDORES DE PASCO”. El general y los jefes la traerán de oro, y los oficiales de plata, pendiente de una cinta blanca y encarnada; y los sargentos, cabos y soldados, usarán, al costado izquierdo del pecho, un escudo bordado sobre fondo encarnado con la leyenda: “ YO SOY DE LOS VENCEDORES DE PASCO”. Cuartel General Libertador de Retes –13 de diciembre de 1820-.”

Luego de esta sorpresiva premiación, se leyó un interesante cuadro de ascensos con el que la patria recompensaba a los inmortales héroes de la más importante batalla inicial de la independencia.

Por aquellos días, el encargado por Arenales del gobierno de la provincia de Tarma, don Toribio Oyarzábal –invicto montonero cerreño-, hace llegar al Subdelegado Político Militar del Cerro de Pasco, don  Anacleto Benavides, una nota a fin de que ordene la realización de la Jura de la Independencia de Huánuco, con los términos siguientes: “ Habiendo recaído en mí el mando de la Provincia por ausencia del señor Gobernador Intendente que marchó al Partido de Jauja con la expedición que dispuso, he resuelto en vista del poder del Ilustre Cabildo de la ciudad de Huánuco conferido a los parlamentarios que vinieron hasta ese punto a conferenciar con el Señor General del Ejército de la Patria, que inmediatamente procedan en vista de sincero sentimiento a nombrar un Gobernante a pluralidad de todos en concurrencia de todo el vecindario honrado, y luego a jurar la Independencia con las solemnidades correspondientes y fecho dar cuenta a este Gobierno con testimonio de las diligencias de lo actuado, a este efecto dirigirá usted inmediatamente con una persona de su confianza el adjunto pliego a la citada corporación”

“Dios guarde a usted por muchos años. Tarma a diciembre 20 de 1820”.

                                   (fdo) Toribio Oyarzabal

Al: Señor Subdelegado Político y Militar del Cerro, don Anacleto Benavides. 

BIBLIOGRAFÍA

1.- Álvarez de Arenales, Juan Antonio –

PARTE DE LA BATALLA DE PASCO

Biblioteca Mayo, Buenos Aires 1963.

2.-  LEGUÍA Y MARTÍNEZ, Germán.

HISTORIA DE LA EMANCIPACIÓN DEL PERÚ  Y EL PROTECTORADO.

Colección del sesquicentenario , Lima 1972.

3.-  PAZ SOLDÁN, Mariano Felipe.

HISTORIA DEL PERÚ INDEPENDIENTE 1819-1822

Lima 1928.

4.-  PEZUELA, Joaquín.

MEMORIA DE SU GOBIERNO.

Sevilla 1947.

5.- ROEL PINEDA, Virgilio

LOS LIBERTADORES,

Lima, 1971.

6.- VARGAS UGARTE, Rubén.

HISTORIA GENERAL DEL PERÚ.

Milla Batres, Lima 1971.

7.- MILLER, Jhon.

MEMORIAS

Madrid 1910.

8.- BULNES, Gonzalo.

HISTORIA DE LA EXPEDICIÓN LIBERTADORA DEL PERÚ

Buenos Aires, 1887.

9.- MITRE, Bartolomé.

HISTORIA DE SAN MARTÍN Y LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA.

Buenos Aires 1950.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s