Nuestra Benemérita Compañía de Bomberos (Tercera parte)

Compañía de bomberos con su comandante general don Silverio Urbina  (Con el altavoz) y a su izquierda, el héroe César Zamudio Véliz. También están, Julio Patiño León, Emilio Herrera, y otros venerables bomberos.
Compañía de bomberos con su comandante general don Silverio Urbina (Con el altavoz) y a su izquierda, el héroe César Zamudio Véliz. También están, Julio Patiño León, Emilio Herrera, y otros venerables bomberos.

César Zamudio Véliz

Un mártir olvidado

El silencioso recogimiento de los fieles en la iglesia Chaupimarca la mañana del 21 de marzo de 1940, era premonitoriamente dramático. Se celebraba el Oficio de  Jueves Santo.  La Santa Misa se había iniciado a las once de la mañana. Ataviados de riguroso luto las autoridades presidían los actos. Numerosos fieles y miembros de la Compañía de Bomberos, “Salvadora Cosmopolita Nº1, en pleno, correctamente uniformados con brillantes cascos de bronce, polacas rojas, pantalones blancos y borceguíes negros de media caña. Afuera ajetreados ompradores atiborraban los pasadizos del mercado de abastos construido, en 1902, por el Alcalde de nacionalidad italiana, Cesare Vitto Cútolo, Resistentes bases de piedras y barro apisonado sostenían un sin número de tabiques de madera reseca que separaban los ambientes internos correlativamente numerados.

El reloj del frontis de la torre de madera marcaba las 11 y diez de la mañana.

En un “puesto” ubicado a la entrada del mercado, el comerciante Juan de Dios del Valle, vendedor de ron de quemar, gasolina, kerosén, petróleo, velas, bencina, carbón de madera, manteca. -peligrosa bomba de tiempo- utilizando una hornilla de ron, trataba de derretir la manteca impregnada en una lata casi vacía. Fatalmente, un chorro de manteca derretida cayó sobre la ronera  que incendió la lata completa. Presionado por la flama ardiente que le quemaba las manos la arrojó lejos de sí sobre los numerosos recipientes del depósito. Todo fue instantáneo. Eléctrico. El fuego con gigantescas y voraces lenguas se extendió inmediatamente por paredes y techo, inflamando las ropas del tendero. Del Valle –desesperada tea humana- salió despavorido de su tienda hecho fuego viviente. Un grupo de mujeres que se encontraba a la puerta atinó a cubrirle con pañolones logrando apagar las llamas que comenzaban a devorarle.

En ese instante, una horrísona explosión de los depósitos de combustible, conmovió al pueblo minero.

Ante los angustiosos clamores de la muchedumbre, autoridades y fieles que se hallaban dentro de la iglesia salieron raudos a prestar auxilio: los bomberos los primeros. Se lanzaron a luchar contra el fuego desplazándose estratégicamente por todo el escenario cuando las llamas inmensas comenzaban a devorar las tiendas aledañas. Extendieron sus mangueras y las instalaron a los surtidores. Cuando abrieron las manijas de las cañerías, se encontraron con una cruel realidad: ¡¡¡No había agua!!!. Ni una sola gota. Estupefacto, sin dejarse vencer por la adversidad, el comandante, Francisco Irato, gritó con todas sus fuerzas.

— ¡!!No hay agua!!!… ¡Lleven picos y palas y traigan toda la tierra que puedan!. ¡Otro grupo trate de aislar el fuego con hachas y escalas, pronto, pronto….!

Cuando el fuego ya abrasaba paredes y techos, el subteniente César Zamudio Véliz, premunido de escalas, hachas y garfios, subió al segundo piso donde el fuego se propagaba y el peligro era más acentuado. Comenzó a seccionar los tabiques de madera para evitar que el siniestro siguiera propagándose. El humo que lo cubría le impedía la visibilidad, el calor quemante era insoportable, pero él seguía adelante. Estaba en esta ardua tarea cuando la torre del frontispicio con su reloj convertido en una gigantesca tea, cayó aparatosamente a su lado, rozándolo pero sin tocarlo por un milagro. Sentía que sus pies ardían y el humo le impedía una clara visibilidad, sin embarco, empeñado en su función seguía golpeando con el hacha mientras las calaminas explotaban por el calor confundiéndose con el lamento de las gentes. El fuego alimentado por el combustible depositado en la tienda siniestrada, se elevaba en llamaradas de formas monstruosas. Cuando las primeras lampadas de tierra eran arrojadas a ese infierno pavoroso, una cáfila de buitres, confundida con gentes que ayudaban, se dedicó a saquear las tiendas de Francisco Villaorduña, de Benigno Berrocal y de Francisco Castellanos, adyacentes al siniestro hirviente. Robaban todo lo que podían mientras la policía y gentes de buena fe traían de lugares lejanos algo de agua que para nada podía servir. Llevaban todo lo que encontraban a su paso. Era un zafarrancho espantoso. En el techo, arrebatado e incansable, César Zamudio Véliz, luchaba contra el fuego. Era prácticamente insalvable el edificio pero el héroe luchaba con un denuedo extraordinario. En un momento un sordo crujido se escuchó confundiéndose con el grito de espanto de centenares de gentes. El piso se había quebrado y el heroico bombero caía sobre el horno llameante que los lubricantes avivaban. Un grito de terror se escuchó al unísono en las calles humeantes. Con la celeridad que dictaba el impulso fraternal, el capitán Daniel Alejos y un grupo de hombres que comandaba, arriesgando sus vidas, entraron en el férvido escenario para rescatarlo. Tras luchar valerosamente lo sacaron del fuego y bajo las órdenes del sargento sanitario Pedro Santiváñez, lo condujeron a la Asistencia Pública.

Entretanto, Francisco Valdivia, en un momento de oportuna inspiración hizo subir a un grupo de voluntarios al carro que los llevó a la Bodega de la Mining Company. De allí trajeron un apreciable número de extintores con lo que atacaron el fuego. Aquello fue milagroso. Tras agónica lucha de tres horas, las lenguas del fuego fueron vencidas cuando ya iban lamiendo techos y paredes de las tiendas vecinas. Los damnificados fueron muchísimos. No habían podido salvar nada porque la ignición con gran velocidad había arrasado con todo. Sólo humeantes pavesas quedaban de todo lo que había sido un activo emporio comercial.

En la Asistencia Pública los médicos quitaban jirones de ropa abrasada al heroico bombero. Las heridas abiertas lo habían convertido en una llaga viva. Tenía el rostro y la cabeza completamente devorados por el fuego. Las llamas habían hecho desaparecer los rasgos de su cara. Estaba irreconocible. Sus manos eran dos llagas informes. Las llamas le habían consumido toda la piel desde la cabeza a los pies. No había ninguna esperanza de que sobreviviera; sin embargo, su bravo corazón cerreño aún latía y sus pulmones, aunque ardidos, seguían funcionando. Entonces, en un último esfuerzo, el doctor Raúl Picón Reyes, Médico Jefe del Hospital de Colquijirca –el mejor de la zona en ese entonces- ordenó su rápido traslado para ser atendido personalmente por él. Tras soportar el dolor lacerante hasta el límite de lo humano, el heroico salvador entró en coma profundo.

Tres días después del tremendo percance, el subteniente César Zamudio Véliz, no se dio cuenta de que seguía vivo. Completamente inmovilizado en el blanco lecho, presa de un padecimiento tan intenso que parecía increíble que pudiera soportarlo, un monstruoso dolor le desgarraba  el cuerpo de la cabeza a los pies.

Elo suplicio que sufría no tenía cuándo acabar. En seis meses de tratamiento no encontraba mejoría. Era víctima de agitación y delirios, insomnio y convulsiones desgarradoras; presa de un choque nervioso sobreagudo con alteraciones sanguíneas y abierta infección microbiana, muchas veces lo hacía entrar en un sopor terrible. Las ropas al pegárseles al cuerpo por efecto de las llamas habían atacado las partes blandas, incluyendo los músculos con parte carbonizadas que produjo la aguda infección generalizada. Las quemaduras se trataban con sustancias queratoplásticas como el ictiol, tiol, caftalán, dermatol y ortoformo y, para los agudos dolores, el yodoformo y la antipirina. Utilizaban también cafeína para levantar el rendimiento del corazón e inyecciones subcutáneas para combatir la intoxicación y la dificultad circulatoria. En todo momento hubo inhalación de oxígeno para reforzar los esfuerzos de sus pulmones y combatir la asfixia que había sufrido por el humo espeso del incendio. Se utilizaron cloral, pantopón y opio. Su cuerpo parecía la de un extraterrestre de las películas de ficción por la gran cantidad de vendajes, respiradores, manguerillas y agujas. Partía el alma verlo tendido con un interminable quejido angustioso sin un centímetro sano en su castigada humanidad.

Como su cuerpo tenía que mantenerse separado de las sábanas, el intenso frío le produjo una peligrosa pulmonía. En ese momento el doctor Picón Reyes se comunica con la Comandancia General de Bomberos del Perú y deciden su inmediato traslado a Lima en el tren especial extraordinario. Era imperativo que los especialistas pudieran intervenir. La vida del héroe peligraba en el Cerro de Pasco.

Llevaba la compañía del doctor Raúl Picón Reyes y dos enfermeros muy eficientes. La idea fue feliz porque al tramontar Ticlio a 4,800 metros sobre el nivel del mar, el corazón del héroe dejó de latir ante la alarma del médico que tuvo que efectuar un masaje atinado en la región cordial e inyectarle un remedio tónico directamente en la noble víscera. Felizmente el héroe reaccionó.

Al llegar al Hospital limeño,  el capellán le administró los Santos Óleos. Felizmente no murió. Ante el dolor insufrible, tuvieron que suministrarle opio. Así siguió viviendo los años 1941 y 1942. Las hermandades religiosas, entretanto, rezaban con fe por su recuperación y la ayuda que se reunió siempre fue oportuna. Nadie podía creer que siguiera vivo.

Entretanto, el pueblo conmovido por el prolongado martirio de su héroe, trabajó con denuedo para conseguir que el agua discurriera con continuidad por las cañerías cerreñas. La Compañía de Bomberos, mediante una erogación general adquirió una Motobomba que, a lo largo de su historia ha sido muy útil a la población. Los concejales Vonfiglio Bermiglio y Gerardo Patiño López, hicieron construir el novísimo Mercado Municipal en reemplazo el quemado y que hasta ahora presta valiosos servicios. El suplicio del heroico bombero, no había sido en vano. Su heroicidad había motivado a sus paisanos.

Los primeros meses del año de 1943 le quitaron las vendas. Se podía decir que César Zamudio Véliz estaba salvado. La ciencia había logrado vencer gracias a denodados esfuerzo de los médicos y la envidiable vitalidad del héroe. En todo ese tiempo, con una asiduidad y cariño conmovedores, todos los bomberos de Lima, por riguroso turno acompañaron al héroe, alentándolo con su presencia y sus voces reconfortantes. Los padres capellanes y demás sacerdotes estuvieron continuamente visitándole para darle ánimo. Ya se encontraba muy bien pero no había logrado ver su rostro, sólo parte de su cuerpo lacerado y maltrecho. Tenía mucha curiosidad por ver cómo había quedado finalmente. Los médicos juzgaron prudente que previamente recibiera un tratamiento adecuado de preparación sicológica para lo que tendría que ver. Sin embargo, un día -imperdonable descuido- una enfermera dejó olvidada una fuente de brillante metal, en la que había llevado inyecciones, apósitos y remedios para el paciente. Al verla tan cerca de él, haciendo esfuerzos supremos alargó los muñones deformes y rígidos: no otra cosa eran sus manos y, por primera vez se miró en la superficie del pulido metal. Un grito gutural seguido de un desgarrador sollozo estremeció la sala. ¡Quedó aterrado y tembloroso! ¡Durante largo tiempo fue incapaz de comprender el horror de lo que veía! Su cabeza, sin un solo cabello en ella, no era sino una bola amorfa y repugnante. Le daba la impresión que aquel rostro de pesadilla se había derretido completamente para después congelarse en una masa espantosa de un rojo purpurino. Los labios deformes se habían convertido en un pequeño agujero rodeado de protuberancias del color del hígado. Sus párpados, incapaces de cerrarse se llenaron de lágrimas incontenibles que comenzaron a correr por aquella masa informe que antes había sido un rostro humano.

A partir de entonces ya nada le importó. Ni siquiera quiso sobrevivir. En aquel momento ya había muerto.

Una nublada mañana de octubre, cuando la enfermera descorrió las cortinas de su habitación, el bombero mártir estaba inmóvil, con los ojos abiertos en una mirada dramática y dolorosa. Acababa de morir.

MI HOMENAJE A LOS HEROICOS BOMBEROS

DEL CERRO DE PASCO

bomberos pasco 6Este día nos permitimos hacer llegar nuestro homenaje de respeto y agradecimiento a todos los valerosos hombres y mujeres que han decidido abrazar la hermosa tarea de ayudar al prójimo en los momentos más dramáticos. Que Dios los bendiga y los proteja para bien de la humanidad.

Un Requiscat in pace por nuestros héroes:

César Zamudio Véliz, y

Franklin Lincoln García Laurente

Nuestras plegarias de gratitud también, por todos aquellos que tuvieron la visión de fundar y mantener viva nuestra benemérita institución. Al lado de sus héroes, los nombres de los pioneros, entre ellos, el olvidado Micenio Cervantes Villar, un egregio comandante de nuestra compañía que, ya jubilado, viajó incansablemente por el centro del Perú para que las otras provincias tuvieran sus compañías.

Nosotros guardamos especial gratitud a la compañía porque en diciembre de 1963, cuando realizamos la Marcha de Sacrificio que consiguió la creación de nuestra universidad. Con nosotros estuvo su representante, el teniente José Illanes que, conduciendo el carro de auxilio, cumplió una brillante campaña.

Nuestro fraternal abrazo a todos los bomberos cerreños –hombres y mujeres- en la persona del Vice Comandante Departamental de la XIV Jefatura del Cuerpo General de Bomberos Voluntario del Perú: Wilber Pasquel Ñaupay.

De igual manera, del Teniente Brigadier CBP: Tomás Vara Rivera, Primer Jefe de la Benemérita y Centenaria Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita Nº 17 – Cerro de Pasco.

COMANDANTES DE LA SALVADORA COSMOPOLITA Nº 17

DESDE SU FUNDACIÓN EL 18 DE DICIEMBRE DE 1901

1901 Comandante Juan Azalia

1902 – 1912 Comandante Nicasio Rodríguez. Gallo

1913 – 1914 Comandante Domingo Rosales

1915 – 1929 Sin datos

1930 – 1934 Comandante Silverio Urbina

1936 – 1939 Comandante Domingo Sotil

1940 – 1942 Comandante Francisco Irato

1943 – 1946 Comandante Félix Lewandowski

1947 –  Comandante Guillermo Herold

1948 – 1951 Comandante Francisco Valdivia

1952 – 1954 Comandante Gregorio Rivera Flores

1955 – 1956 Comandante Julio Flores Carrión

1957 – 1960 Comandante Micenio Cervantes Villar

1961 – 1962 Comandante Guillermo Ponce Tapia

1963 –  Comandante Efraín Herrera León

1964 – 1967 Comandante Luis Rodríguez Castillo

1968 – 1969 Comandante Saturnino Romero Janampa

1970 – 1972 Comandante Alfredo Villegas Gonzáles

1973 – 1977 Brigadier Florencio Encarnación Yauri

1978 – 1981 Brigadier Antonio Rodríguez Castillo

1982 – 1992 Brigadier Jesús Huamán Sinche

1993 – Técnico Ramiro De la Cruz Ferruzo

1994 – Técnico Alejandro Pasquel Ñaupay

1995 – 1998 Capitán Pedro Sánchez Aguilar

1999 – 2000 Tnte. Brigadier Luis E. Peña Gallo

2,000-  Comandante Wilmer Pasquel Ñaupay

 2014.- Teniente Brigadier CBP: Tomás Vara Rivera

ACTUALES INTEGRANTES DE LA BENEMÉRITA COMPAÑÍA DE BOMBEROS SALVADORA COSMOPOLITA Nº 17 DE PASCO

José Vítor Zevallos(abanderado), Teobaldo Padilla Apari, Liz Zarate Palacín, Wendy Ventura Fernández, Nathaly Ortega Rivera, Evelyn Valenzuela Huaricancha, Jhon Castañeda Espinoza, San José Colqui Ponce, Jhonatan Valenzuela Huaricancha, Ted Hurtado Espinoza, …    Niltón Torres Guerra, Larry Lambruschini Bazan, Piero Soto Vítor, Jhonatan Salcedo Huamán, Oscar Carlos Torres Minaya, Jhorgina Yalíco Torres, Danitza Ledesma Marcelo, Wilber Pasquel Naupay, Tomas Vara Rivera, Gaby Olazo Villena, Cinthia Cotrina Justiniano, Allison Estrella Rivera, Juan Vilca Angulo, Giancarlo Ayala Dorregaray, Brian Pasquel Calle….   Eduardo Recines Panéz, Giancarlo Gálvez Morales, Joseph Ramos Espíritu, Miguel Bonifacio Gilian, Luis Espinoza Panéz, Maycol Chávez García, Enzo Fernández Vítor, Jorge de la Cruz Sedano y Anthony Márquez Berrocal.
José Vítor Zevallos(abanderado), Teobaldo Padilla Apari, Liz Zarate Palacín, Wendy Ventura Fernández, Nathaly Ortega Rivera, Evelyn Valenzuela Huaricancha, Jhon Castañeda Espinoza, San José Colqui Ponce, Jhonatan Valenzuela Huaricancha, Ted Hurtado Espinoza, … Niltón Torres Guerra, Larry Lambruschini Bazan, Piero Soto Vítor, Jhonatan Salcedo Huamán, Oscar Carlos Torres Minaya, Jhorgina Yalíco Torres, Danitza Ledesma Marcelo, Wilber Pasquel Naupay, Tomas Vara Rivera, Gaby Olazo Villena, Cinthia Cotrina Justiniano, Allison Estrella Rivera, Juan Vilca Angulo, Giancarlo Ayala Dorregaray, Brian Pasquel Calle…. Eduardo Recines Panéz, Giancarlo Gálvez Morales, Joseph Ramos Espíritu, Miguel Bonifacio Gilian, Luis Espinoza Panéz, Maycol Chávez García, Enzo Fernández Vítor, Jorge de la Cruz Sedano y Anthony Márquez Berrocal.
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2 thoughts on “Nuestra Benemérita Compañía de Bomberos (Tercera parte)

  1. Querido Maestro: gracias por la semblanza que usted hace de la Compañía de Bomberos… solamente falta actualizar el nombre de algunos primeros Jefes de la Compañía… me comprometo formalmente con usted hacerle llegar la relación completa desde el año 2001 en adelante para que de una manera justa se les recuerde en la relación de Comandantes de la Pionera, Benemerita y Centenaria Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita Nº 17

    1. Querido Wilber:
      Espero la lista de actualización que es muy necesaria porque estos datos me sirven para añadir al capítulo correspondiente de la historia de nuestra tierra que ya va para veinte volúmenes de 500 páginas cada uno. Ahora espero que las nuevas autoridades de nuestro pueblo la publiquen para que todos puedan conocer lo hermoso de nuestro pasado. Te pido que por tu parte hagas todo lo necesario para que me den esa ayuda. Ter agradezcio de antemano. Saludos a los muchachos de rojo. Chau

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