LA CALLE GRAU EN EL SIGLO XIX

la calle grauFotografía de la calle Grau a fines de un lluvioso día de finales del siglo XIX. Asciende hacia la llamada Calle del Hospital, enfrente del Estanco de la sal. Allí funcionaba el Hospital de la “Providencia” fundado en 1864 por el Prefecto Mariano de Rivero; en 1914 el nombre fue cambiado por el de Hospital Carrión. Se alcanza a ver la torre del Hospital en donde funcionaba un reloj instalado por su mismo creador, el inventor Pedro Ruiz Gallo. A mitad de la calle -lado derecho- el comercio de don Cipriano Proaño con la exhibición de sus artículos en venta colgados a la puerta. Enfrente, los negocios de la familia Brown, descendientes de ingleses y, a la vuelta, la residencia de la familia Arias Franco donde acaeció un espantoso asesinato en  1915. Siguen en la fila una serie de negocios de italianos, croatas, yugoslavos y franceses. Un poco más acá –donde están los emponchados- la propiedad de doña Dolores González Matos,  que vendiera a la Municipalidad el 18 de octubre de 1859, a partir de cuya fecha se construyó el local consistorial. En los postes se pueden observar los alambres del telégrafo y del alumbrado público con algunos supérstites faroles de gas que anteriormente iluminaban la ciudad, pero también los bombillos eléctricos que desde los últimos años del siglo alumbraban al Cerro de Pasco. La primera ciudad del centro del Perú que contaba con este adelanto gracias al rico minero Felipe Salomón Tello, dueño del servicio eléctrico en la ciudad. La totalidad de casas de esta calle lucen sus techos de calamina. Antes se usaban los techos de paja a la usanza de países europeos pero por los continuos incendios que ocasionaban las descargas eléctricas se ordenó el cambio de cobertura. Nótese que la calle está completamente empedrada con su acequia central por donde discurrían las aguas servidas como se estilaba en Lima. La vestimenta denunciaba a las claras a hombres y mujeres. Los de clase alta, a la que llamaban “Los Decentes” usaban –hombres y mujeres- abrigos y vestuario generalmente de corte extranjero ya que en la ciudad había muchos sastres y modistos franceses. Los del pueblo usaban los ponchos y las mantillas y pañolones para abrigarse.  Actualmente esta calle ha sido tragada por la avidez de la compañía explotadora de turno. (Fotografía del álbum de don Pablo Dávila)

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