“El Congreso” de Comas

el congreso de comasCuando en 1987 llegué a Lima, visité este famoso local llevado por Pablito Dávila. Quedé gratamente impresionado. Era el “huarique” donde inolvidables personajes populares de la tierra cimera se daban cita. Allí estaban, Miguelito  Rosales Llanos, “Centromín”, líder patriarcal respetado y muy querido; Juan de la Cruz Benito, “Cabecita de Oro”, viejo futbolista, gloria del Unión Minas de Colquijirca; Abilio Cadema Solís, “Abicho”, dueño de una voz privilegiada, triunfador en las radios “Azul”, “Rancas”, “Corporación” y “Pasco”; que “desempolvaba” viejos boleros recordando a Fernando Albuerne, Juan Arvizu, Genaro Salinas, Gregorio Barrios, Leo Marini, Pedro Vargas, y otras estrellas. Cuando cantaba, un respetuoso silencio evocativo se apoderaba de los congresistas que rendidos de emoción aplaudían con sus insistentes: otro, otro, otro. Abilio nos complacía. Al comienzo cantaba con  solo mi acompañamiento de cajón –una parte del mostrador- después apareció Huapayita, extraordinario, guitarrista que “se hace la güita”  tocando para sus amigos. Augusto Caballero Fúnegra, “Acucho”, legendario basquetbolista, ídolo local, consciente del cariño que le prodigamos, nos hacía vibrar con evocativos tangos que otrora escuchamos en la lejana tierra amada. “Tiempos viejos”, “Volver”, “Caminito”, “Percal” y otras tantas joyas del cancionero del Plata. “Acucho” conjuntamente con el chino Baldoceda, “Colorao” Arroyo, Miguel Rosales, Máximo Lazo, “Avestruz” Martel y Emil Braniza, se habían consagrado como basquetbolistas estrellas en los Juegos Centro Peruanos de 1950, realizado en Huancayo. Terencio Marruffo, “Sindicalista”, hombre de mil y un recursos laborales, hablador como ninguno; Orlando Lazo Vargas, “Charles Bronson”;  Leoncio Fuster, “Fleming” y Hugo Rosales, “Pavo Zonzo”, destacados futbolistas de épocas recientes; Juan Ricra, “Barba Azul”, un campeón de “Cachito” célebre por haber tenido siete mujeres y ser un incorregible “motoso”; Máximo Lazo, “Machina”, inolvidable centro delantero de los equipos de fútbol de Pasco; Blas Espinoza, “Puchunco”, triunfador en las filas del Unión Minas de Colquijirca y el Sport Boys del Callao;  Cholo Vargas, recio delantero de la “Selección Mina”. A todos ellos se sumaban los que esporádicamente nos visitaban: Félix Baldoceda Yanútulo, “Chino”, inolvidable valor de nuestro básquetbol; Ricardo Cruz, “Rica”, imbatible basquetbolista; “Trompito” Cornejo, retirado árbitro de fútbol. Carlitos Amador, amigo ejemplar que, en sus tiempos, “De un solo cabezazo tiraba al suelo a los más valientes. Caían como álamos”.  Miguel Rosales Mayhua, guiador y excelente danzante de chunguinada.

No obstante ser un “Huarique” pequeño, el “Congreso” era muy cómodo y estratégicamente ubicado. Atendida por los esposos cusqueños, don Ricardo y doña Meche, recibimos las más encomiables atenciones y servicios; nunca tuvimos queja alguna porque ellos también eran parte del grupo. En todo el tiempo que estuvimos en aquel inolvidable distrito, recibimos la visita de una inacabable ringla de amigos que llevado por la fama del “Congreso”, venían a visitarnos.

El trago general y preferido por todos era “Ronaldo”, (Ron con coca cola). Para distinguirse de los demás “Cucho” pedía su cerveza helada y su vaso especial porque “tenía sida”. No quería que nadie tomara en ese vaso. Era muy remilgado y especial,  detalle no bien visto que después fue superado con un “aclare” directo.

Cuando llegamos, advertimos que tras los primeros tragos se encendían los ánimos de los “políticos” que se enredaban en controversias de nunca acabar. Conformaron  grupos que muchas veces estuvieron a punto de irse a las manos, haciendo peligrar la unidad. Desde entonces, la ponencia que encontró unánime aprobación, fue dejar de lado referencias políticas y religiosas. Santo remedio. Esta decisión se respetó a rajatabla y nunca más hubo discusiones desagradables. Todos éramos viejos hermanos.

Un día que un amigo me informó que “Chunchulín” Pérez vivía por ahí cerca, fui a buscarlo. Después de los saludos cariñosos supe que era pastor de la iglesia evangélica, muy reconocido en el lugar, por lo tanto, hacía mucho que había dejado el trago y todas sus desviaciones. Cuando se enteró que la mayoría de paisanos nos reuníamos los sábados en el Congreso, dijo que vendría un día para conversar.

El sábado siguiente, cuando estábamos en lo mejor de la conversa, me indicaron la puerta. Allí estaba Pedro, elegantemente vestido con terno azul, camisa blanca y corbata roja. Bien futre. Ni bien entró fue objeto de cariñosos saludos de la totalidad de congresistas. Él se puso exultante y locuaz. Cuando le llegó el trago dijo que “ya no era del vicio”, pero, “Cabecita de oro” querendón y muy cariñoso, le dijo “La puntita no más, la puntita” y le hizo beber un buen sorbo. En la siguiente ronda ya sin remilgos tomó su trago. Llegada las tres de la tarde, Miguelito –el patriarca- se despidió y todos nos dispusimos a seguirle, pero Chunchulín que ya estaba bien armado, olvidándose de su investidura, en voz alta nos increpó: “No me jodan pues, primero me “enchatan” y ahora me abandonan, no, carajo, eso no es legal. ¡Vamos a seguir chupando!”. Le explicamos que ese era el horario que teníamos que observar porque muchos vivían al otro lado del barrio y tenían que cruzar las “Doscientas millas”, es decir las dos pistas de la avenida Túpac Amaru que eran muy peligrosas. No hubo caso. Nos quedamos con  él. Sólo Miguelito se marchó. Entusiasmado como estaba, Pedro salió un momento y volvió con una guitarra. El resto de la tarde se la pasó cantando. Es decir volvió a ser el alegre amigo de mil y un encuentros. Cerrada la noche y para que no lo vieran en ese estado, tomamos un coche de alquiler y lo llevamos a su casa. Tocamos la puerta y nos fuimos.

Desde aquella tarde, iba una “delegación” a invitarle para que su familia viera que estaría muy bien acompañado. Lo primero que hacía era llevarnos a un recreo donde asistía gran cantidad de personas, pedía en voz alta un yogurt familiar que compartía con nosotros, después de esa mascarada, nos dirigíamos al “Congreso”.

Bueno, el caso es que Pedro Pérez fue un excelente imitador del exitoso cantante de pasados momentos: Luis Abanto Morales. Le había cogido su manera de desplazarse en el escenario, sus risitas cachacientas y su reluciente parafernalia de anillos de todas las variedades. Cuando Luis Abanto  arribaba a nuestra ciudad, no lo dejaba a sol ni sombra para coger sus características más espectaculares. Además en las presentaciones de artistas importantes que nos visitaban, él estaba presente. No perdía la oportunidad de posar al lado de los mejores. Actualmente, en la sala de su casa, puede vérsele al lado de Ángel Infante, Raúl Show Moreno, Los trovadores el Perú, Los Chamas, “Irma y Oswaldo”, el “Carreta Jorge Pérez”, etc.

Cuento esto con mucho pesar. Pedro Pérez Santiago, nuestro querido amigo acaba de dejarnos al emprender el viaje sin retorno. Que en paz descanse.

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