Vino, mujeres y juego, sientan sus reales en la ciudad minera.

juego 1Las ciudades opulentas de la tierra como, Potosí, Guanajuato, San Francisco, -cada una en su tiempo- sufrieron la invasión de innumerables aventureros sedientos de oro: tahúres profesionales, veleidosas prostitutas, incorregibles pendencieros, hombres de “horca y cuchillo”, es decir, la hez de toda sociedad; el Cerro de Pasco no fue la excepción, Carlos Contreras, dice al respecto: Donde la riqueza parecía más cosa de magia que de métodos racionales, el dinero también se dilapidaba generosamente y se confiaba (“invirtiéndolo ” a veces) al azar. Cosa común en todos los asientos mineros fueron las casa de juego o “mesas de trucos”, para cuya instalación solía realizarse una puja pública. Y don Mariano de Rivero y Ustáriz, dice en su tiempo: La desmoralización que se observa en todo mineral del Perú es consiguiente a la mala educación que nos han dado nuestros antecesores, al desprecio con que miramos la plata y la facilidad con que se buscan las cosas necesarias para la vida; el juego, la embriaguez, los asesinatos y la mala fe: he ahí los vicios más comunes en los lugares de minas; ésta es la razón por la que se dilapidaban caudales ingentes de los habilitadores y de las boyas que obtienen de tiempo en tiempo, echando muchas veces la culpa a la mina que por lo, regular siempre produce, y no a su mal manejo, perdiendo de este modo el crédito y la confianza 

El juego que indisolublemente estuvo ligado a la vida cotidiana cerreña, contó casi juego 2siempre con la aprobación de autoridades venales que alentaron su proliferación; los periódicos cerreños han informado los acontecimientos policiales, fruto de este vicio incorregible. Creemos que hay suficiente material para escribir la historia del juego en el Cerro de Pasco. El ilustre Juan Jacobo Von Tschudi, al visitarnos, hace la siguiente observación:El juego contribuye a arruinar a los mineros, además de esta terquedad de continuar en el camino iniciado, la inclinación incontrolable por lo juegos de azar. En pocos lugares del mundo se juega tan alto como en el Cerro de Pasco. Desde las primeras horas de la mañana están en movimiento los dados y los naipes. El minero deja sus listas de pago, el comerciante su vara de medir, para reunirse a jugar un par de horas en el curso del día; de noche es casi la única diversión en las mejores casas de la ciudad. Los mayordomos de la mina, generalmente hombres jóvenes de buenas familias que han dirigido la punta durante el día, al caer la noche se sientan a la mesa verde y la abandonan solamente cuando oyen la campana de las seis de la mañana que avisa que les toca el turno de bajar nuevamente a la galería. Suelen perder en el juego su futura participación en una boya, mucho antes de que ésta se haya presentado. Las cantidades de dinero están en un constante ir y venir; finalmente, que quedan en manos de unos cuantos: los tahúres profesio­nales que nunca faltan”.Las ordenanzas emitidas por aquellos años, hacen conocer una serie de disposicio­nes para dar tranquilidad al vecindario que continuamente se quejaba de los escandalosos estrépitos de los burdeles y casas de cita que había en la ciudad, crímenes pasionales, asaltos, raptos y mil y una aventuras.

Por otro lado, a lo largo y ancho de la ciudad, numerosísimas cantinas, bares y chinganas ostentan en sus taquilleros, enorme variedad de bebidas. El pisco puro de Ica y el aguardiente de caña de Huánuco, fueron los licores que más se consumieron por aquellos tiempos. “Se gasta más dinero (en la bebida) que por todos los otros productos juntos. La cantidad de esta bebida que se lleva anualmente a la sierra es increíble” dice Juan Jacobo Von Tscudi y, en el Mercurio Peruano se lee: De acuerdo a la Aduana, anualmente se consumen 4,407.5 toneles de pisco en el Cerro de Pasco, enviados al tendero José Flo­res. (Mercurio Peruano).

juego 3Si los españoles, dueños de las minas, jamás sufrieron por la falta de sus famosos “chatos” de manzanilla, vinillos de toda variedad y el aromático Jerez; los húngaros, franceses, italianos, y otros extranjeros, tenían sus licores “nacionales” que les llegaban a los consulados correspondientes. Pero la verdad es que todos, mineros y japiris, eran adictos a echarse sus buenos tragos entre “pecho y espalda”. En las fiestas patronales, que eran numerosas, ni hablemos; como apunta el profesor Carlos Contreras: “Muchas de las numerosas festividades adquirían el carácter de celebraciones colectivas y se efectuaban en lugares públicos. El pueblo tomaba las calles y plazas, reventando cohetes, bailando y empapándose en alcohol. El resultado era que las fiestas se prolongaban por días, con el consiguiente atraso de las labores mineras. Este tipo de festividades solían terminar en encarnizados enfrentamientos a través de los cuales los operarios mineros zanjaban o reproducían antiguos conflictos, reales o imaginarios, entre sus pueblos de origen, comunidades o parcialidades. En otro informe de la época, se dice: “Ha llegado el mes de las fiestas de Yanamate, Quiulaco­cha y Santa Rosa, y con ellas vendrán el desorden y la borra­chera para la ple­be, la falta de gente para los traba­jos en general y el atraso en el giro mine­ro: habrá que tener paciencia como todos los años”. Nuevamente Von Tschudi afirma: “En el estado de ánimo exaltado que en ellos precede a la completa embriaguez, los indios se ponen, primero muy alegres y luego peligrosos porque buscan discusiones y camorras ya sea con los blancos o entre ellos mismos; pasan gritando por las calles y atacan a los trabajadores en otras minas. Casi no transcurre un domingo o feriado sin que se produzcan serias peleas con palos, cuchillos y hondas entre los diversos grupos de obreros de minas, cuyas consecuencias usuales son heridas graves y hasta muer­tos.

Aquí es necesario mencionar que, la proclividad al alcohol mostrada por los indígenas japiris, siempre fue alentada por los dueños de las minas a fin de engañarlos y tenerlos sojuzgados. Muchos son los informes al respecto. Esto ha sido siempre así, a través de toda nuestra historia. Como ejemplo de las consecuencias de la embriaguez colectiva, leamos lo que  se informaba por aquellos tiempos: (los) jornales se pagan semanalmente los domingos por la tarde cuando todos los operarios se van a beber y a flojear por dos días, de modo que poco o nada se hace desde la tarde del domingo hasta la mañana del miércoles.  Estos, con los numerosos días de fiesta, no mejoran mucho al indio que por naturaleza es adverso al trabajo. La altura se dice que influye mucho entre el monto del trabajo que se hace aquí y el que se hace a nivel del mar. No es de extrañar, por lo tanto, que el día de la inauguración del ferrocarril -28 de julio de 1904- Víctor Morris echara mano del pisco para reemplazar al whisky para agasajar a tantos in vitados que tuvo la Railway Company aquel día memorable en que nació el “Pisco Sour”.

Por otro lado, es inconmensurable la cantidad de burdeles y casas de cita que proliferaron en el Cerro de Pasco a través de toda su historia; mujeres para todos los estratos sociales; desde las pelanduscas más humildes, hasta las extranjeras sofisticadas y hermosas que se “sacrificaban” viniendo a nuestra tierra para retornar a sus pagos “cocidas de dinero” o, caso contrario, quedar convertidas en respetables señoras de algún manirroto que se animaba a “sacarlas” del lupanar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s