DON RAMIRO RÁEZ CISNEROS “El pescador de perlas” (Huancayo 1901 – Cerro de Pasco 1948)

Ramiro RaezDon Ramiro fue un genial compositor y brillante funcionario que dejó un halo de grandeza en la ciudad más alta del mundo. En él se dio una interesante dicotomía. Por un lado era el hombre jovial, alegre, dicharachero y conversador: bohemio de altos quilates; por el otro, el ciudadano serio, acicalado, cumplidor de sus deberes oficiales: circunspecto funcionario ejemplar. Todos lo admiraban francamente. Los testimonios personales de sus amigos, son terminantes. Don Pedro Santiváñez que con  él alternó en hermosos saraos y celebraciones de leyenda, afirmaba. “Ramiro era el alma de la fiesta. Tenía un gracejo especial con sus bromas y chistes a flor de labios; su facundia era proverbial. Impenitente bailarín de nuestra música ciudadana, se las arreglaba a como diera lugar por hacer de la jarana un éxito. Cuando se juntaba con el “Capachón” Minaya, era la de nunca acabar. En un franco ambiente de chistes y carcajadas se desplazaban las horas placenteramente”. Esta afirmación la respaldaban su amigos de bohemia: “Ñahuirón” Malpartida, “Caláver” Díaz, “Togro” Rojas, “Cura” Suárez, “León de la sierra”, “Boquerón” Rodríguez, Manuel “Chino” Shiraishi y otros bohemios

Por otro lado -en el serio- a poco de llegar de Lima donde había estudiado, se adueñó del aprecio y respeto de las personas más connotadas del pueblo; su simpatía, sus notabilísimas dotes intelectuales y su bonhomía contribuyeron a ello. En poco tiempo se convirtió en obligado contertulio de los más exigentes grupos cerreños. Su talento comenzó a hacerse conocido a través de sus artículos periodísticos publicados en los diarios de la ciudad. LA VOZ DEL CERRO DE PASCO, EL PUEBLO, EL ESFUERZO,  y en su inolvidable y jocoso periódico: HIPO.

Acababa de cumplir 21 años cuando fue invitado por don Herminio Cisneros Zavaleta -otro extraordinario intelectual de la época- Secretario General de la Municipalidad cerreña, para que fuera su auxiliar. En este cargo su actuación fue tan brillante que le ganó el aprecio del alcalde y de los concejales de entonces. Es tan valiosa la experiencia que alcanza que cuando don Herminio se retiró, es nombrado en el cargo titular de Secretario General de la comuna. Su prestigio creció enormemente. Su desempeño en el cargo es de tal magnitud que, quienes trabajaron con él, no tienen sino recuerdos gratos por su admirable desempeño.

Don Alberto Benavides de la Quintana que fue alcalde del Cerro de Pasco entre 1945 y 1950, después de leer la biografía que de él publicamos, me dijo: “Lo felicito, profesor. Ha hecho una cabal descripción del talento de Ramiro Ráez. Fue secretario cuando yo fui alcalde del Cerro de Pasco. Al salir de mi trabajo en la compañía, él me esperaba con todos los informes de lo acontecido y los documentos para ser revisados. Yo no hacía sino firmarlos. Fue tan eficiente que no obstante el dramático momento que vivíamos con el prefecto Tovar, mi gestión  en el municipio fue exitosa, gracias a él”.

Cuando en 1926 el Colegio Americano implanta la sección secundaria en sus aulas (Hasta ese momento no se había podido implementar un colegio secundario en nuestra ciudad) don Ramiro es ventajosamente contratado para desempeñar el cargo de Profesor de los cursos de Redacción Comercial, Matemática y Preceptiva Literaria. Sus conocimientos al respecto lo respaldaban ampliamente para ello. Simultáneamente ejerció la enseñanza de esgrima en sus modalidades de sable, espada y florete.

Lo conocí personalmente cuando fui presentado por mi abuelo. Su hijo, Luis Raéz Malpartida, fue mi compañero de estudios en la escuela de Patarcocha donde brilló por su inteligencia, junto con Ricardo Acuaronne Bazán, Agustín Bustamante Montoro, Juan Rodríguez Munguía, Fausto Vásquez, Gustavo Malpartida. Un día que llegué a su casa me entretuve con la magia de su piano sin reparar que don Ramiro había entrado. Cuando le ví, me puse nervioso, pero él, con una amabilidad muy hermosa me pidió que siguiera tocando el piano. Era un hombre maravilloso.

En muchos de mis libros he narrado sus deliciosas anécdotas que escuché a nuestros viejos en sus amicales tertulias. Aquí en mi blog encontrarán también muchas historias donde es el protagonista principal. La más dolorosa es por supuesto el de su muerte. Don Pedro Santiváñez, su amigo y compadre, me contó: “Su señora nos informó que desde muchos días antes venía sufriendo de fuertes dolores estomacales que calmaba con remedios caseros. Lo difícil que estaba la situación aquellos días lo tenía muy preocupado, hasta que el 29 de febrero de 1948, los dolores se hicieron tan insoportables que, a su pedido, la señora le aplicó unos platos calientes sobre el vientre en la creencia de que había sufrido un fuerte enfriamiento que le ocasionaba los cólicos. Cuando los dolores se hicieron insoportables lo transportaron al Hospital Carrión donde el médico diagnóstico una apendicitis aguda. Fue llevado al quirófano. Cuando abrieron el vientre, ya la infección  se había generalizado por que el apéndice había explotado. No había nada qué hacer. No obstante el lavado de la zona afectada murió ante el estupor de todos”.

Sus restos fueron velados en su domicilio y en la municipalidad con asistencia de todo el pueblo.

El dos de marzo a las cuatro de la tarde, todos los cerreños, unidos como un solo hombre, sin hacer caso de la vigilancia policial de la tiranía de entonces, acuden a poner sus hombros para conducirlo a su última morada. Los guardianes de la dictadura de turno, desde lejos, con los ceños fruncidos, torvos, fusil en ristre “vigilaban” el sepelio. Los soplones miraban boquieabiertos la impresionante manifestación de dolor del pueblo minero. Veían cómo, en respetuoso silencio, llevaban a su tumba a un hombre bueno; a un periodista extraordinario, a un poeta popular dulce y galano, a un hombre ejemplar, a un bohemio risueño y jovial que tanto había alegrado a nuestra tierra… ¡Qué recogimiento de la gente cerreña!….¡Qué veneración de un pueblo para un hombre admirable!…. Aquella tarde, acongojada y fría, la tierra minera que tanto había amado le abrió sus amorosos brazos y lo cobijó entre sus entrañas de plata, como a su veta más preciada.

El inolvidable periodista ambino Herminio Cisneros Zavaleta, con el que había compartido innumerables horas de trabajo, escribió en las páginas del EL DIARIO:

“El preclaro, “Pescador de Perlas”, el bohemio exquisito y sugestivo que tan brillantemente cultivara la prosa y el verso en las páginas de EL MINERO, primero y en el HIPO después –órganos periodísticos de perenne memoria en el Cerro de Pasco- ha muerto”.

“La ágil labor intelectual de Ráez Cisneros tuvo facetas múltiples y magníficas. La prestancia de su personalidad singular alcanzó justos relieves de superior jararquía cívica en las vastas regiones del Mantaro y el Huallaga, en los que gozaba de profundas y cordiales simpatías”.

“Conocí a Ramiro en una mañana clara de diciembre de 1922 en la Opulenta Ciudad del Cerro de Pasco. Dirigía yo entonces el diario LA VOZ DEL CERRO DE PASCO y llegó a mi mesa de trabajo con la franca sonrisa que le era habitual y sin preámbulos formamos amistad que, transcurrido el tiempo, llegó a constituirse en el culto de la sincera fraternidad. Durante quince años trabajamos hermanadamente. En la comuna cerreña, ya como empleados, ya como concejales. En el periodismo, en la función pública, en el deporte; en actividades sociales y culturales actuamos inseparablemente. En 1937 al retirarme del Cerro de Pasco por motivos de salud, Ramiro me sucedió en el importante cargo de Secretario General del Concejo Provincial, puesto que ha desempeñado hasta su fallecimiento, con el propio brillo de su talento fecundo”.

“La súbita noticia del deceso de Ramiro ha lacerado mi corazón muy hondamente. Dolor profundo, angustia suprema por el hermano ausente para siempre.

“Los restos mortales de Ramiro reposan en las tierras de la urbe cerreña a la que tanto amamos y a la que ofrecimos en todo momento, el fruto de nuestro intelecto, el cariño de nuestro corazón, el calor de nuestro entusiasmo y el fervor de nuestros idealismos”.

“Desde aquí o donde el destino quisiere llevarme, a su tumba haré llegar, Ramiro mientras viva, las flores del recuerdo imperecedero y de mi afecto infinitamente fraterno”.

                                               Ambo 2 de marzo de 1948. Herminio Cisneros.Z.

Otro de los hombres, amigo entrañable de Ramiro, el yanahuanquino Sebatián G. Benavides -talentoso y extraordinario-  en las páginas de EL MINERO, dijo lo siguiente:

SE NOS FUE RAMIRO

“Ramiro Ráez ha muerto. Tal la frase dolorida, la que los labios trémulos repiten sin poder escrutar los acervos infinitos.

Ha muerto sí, porque en sus labios se extinguió la palabra y en su cerebro la luz que iluminara la ruta de su existir, mas si la muerte es la negación de todo lo material, queda, supervive, la estela refulgente de sus obras.

Ramiro Ráez, sin almibaramientos, fue el valor intelectual que honra la bella y digna tierra huanca, lugar de su nacimiento.

Lo conocí hace más de 25 años y a través de la trayectoria de su vida, lo encontré siempre bueno, siempre íntegro y siempre atento; bohemio de finos kilates, porque es preciso distinguir del bohemio prosaico del bohemio intelectual que es el auténtico bohemio. Su vida fue una eterna quimera como fue quimérico, ese azuloso cielo, que al decir del poeta, no es cielo ni es azul.

Bohemios como Ramiro Ráez Cisneros fueron, Felipe Germán Amézaga y Ambrosio Casquero Dianderas que también pagaron tributos a la tierra después de haber saboreado en estas gélidas tierras andinas, como mágico contraste, el calor, la inquietud enseñoreada de una vida de ensueños e ilusiones que se agota ante la escalofriante realidad de vivir, para renacer luego en un rictus de abstracción del todo lo convencional y prosaico.

Hoy cumpliendo misteriosos designios, formarán una inseparable trilogía en el más allá, en donde acaso no existan tierra, egoísmos maldicientes, ni burdos convencionalismos.

Desde entonces han pasado muchos años y, agradecidos, repetiremos nosotros las palabras de don Gerardo Patiño López, quien con el corazón en los labios, al ver la gran cantidad de flores que cubrían su tumba, dijo: “Gracias, Ramiro; gracias por todo lo que nos has dado. Estas flores que cubren tu losa, así lo proclaman; porque al fin y al cabo, son las mismas flores que estuviste cultivando toda tu vida…”.

Para cerrar esta pequeña estampa recordatoria, sellémosla con un huaino nacido de la inspiración de un momento sublime. Iban exultantes de entusiasmo, “pasaditos de trago” sin  saber qué dirección tomar, los bohemios de aquellos años: Ramiro Ráez, “Ñahurón” Malpartida, “Capachón” Minaya, “Burro” Collao, “Caláver”  Díaz, Pedro Santiváñez, Juanito Arias Franco, Graciano Ricci, “Togro” Rojas, “Boquerón” Rodríguez. En ese momento, a voz en cuello, con un entusiasmo que pronto contagió a todos, don Ramiro cantó:

EL ACEITUNAL

(Huayno)

Borrachito, a dónde vas,                                      ¿Qué le darás si no tienes,

si no te puedes parar…?                                        en el bolsillo ni un real…?

-Voy a casa de mi chola,                                       ¡Deja, deja, le daré:

que me ha mandado llamar.                                Una de mi aceitunal….!

 

                                                                                              ESPUELA

Ella dice que me quiere,                                       ¿Dónde estará, ese licor,

aunque borrachito soy,                                         cholita para olvidarte

porque todo lo que pide,                                       falta valor,

con cariño se lo doy.                                           Para olvidarte.

……                                                                 Falta valor.

Letra y música de don Ramiro Ráez (1937)

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