EL PADRE “CHAZÁN”

En la fotografía tomada en el local de la prefectura puede verse al padre “Chazán” (Nótese su talla y envergadura) con sotana negra, en séptimo lugar, flanqueado por el italiano Orestes Concatto Tranquilini y el descendiente croata Domingo Solís Russo. Después viene el flamante prefecto don Joaquín Lanfranco que luce la banda prefectural en el pecho. Está rodeado de las autoridades locales el día de su juramentación.
En la fotografía tomada en el local de la prefectura puede verse al padre “Chazán” (Nótese su talla y envergadura) con sotana negra, en séptimo lugar, flanqueado por el italiano Orestes Concatto Tranquilini y el descendiente croata Domingo Solís Russo. Después viene el flamante prefecto don Joaquín Lanfranco que luce la banda prefectural en el pecho. Está rodeado de las autoridades locales el día de su juramentación.

Este era un cura gigantesco y fortachón al que, por consenso, el pueblo dio en llamar  “Chazán”. No era para menos. Su tamaño dilatado por la enorme sotana que lo cubría, su voz pastosa y enérgica y su manera altanera de caminar, terminaron por redondear la nominación que el pueblo le había endilgado. Es decir, el nombre de un mítico personaje de una “serial” de aventuras que con delectación aplaudíamos en nuestra infancia. Chazán, era el nombre de un ser mítico que decidido a apoyar a un joven enclenque en su lucha por la justicia, le confiere la gracia que, al invocar su nombre, adquiría dimensiones descomunales para castigar a tanto malandrín que por aquellos tiempos andaba por el mundo. El nombre de este héroe era “El Capitán Maravilla”. El sacerdote, heredero del apodo, no era de ninguna manera beligerante porque las luchas que realizaba eran  todo amor y construcción positiva. Siendo un hombre carismático y bonachón no obstante su apariencia de “pocas pulgas”, decidimos entrevistarlo.

Los años han trabajado sobre su rostro cetrino, unas arrugas pronunciadas y sus ojos ya no tienen aciertos en sus miradas, ahora entrecerrados para captar mejor su objetivo. Hace esfuerzo para escuchar y mira fijamente los labios de quien le habla para leer lo que sus oídos no alcanzan a escuchar. Ya está viejo y, aunque trate de disimularlo, los años le pesan. Su incansable itinerario por los floridos campos de Chaupihuaranga, lo han cansado. Su piadoso peregrinaje lo ha llevado a Yanahuanca, Vilcabamba, Tápuc, Tushi, Pillao, Páucar, Goyllar y Chacayán.

  • Mi nombre es, Próspero y, mis apellidos: Reyes Cortés. Mi padre se llamaba Enrique Reyes Vásquez y, mi madre, Noemí Cortés Guzmán –dice emocionado como un chiquillo que rinde un examen- Nací el 24 de Junio de 1913, en Cabana, capital de la provincia de Pallasca, en el Departamento de Ancash
  • ¿Cómo y cuándo descubre usted su inclinación por la profesión que ahora ejerce….?
  • Cuando mis padres y mis parientes descubrieron que poseía ciertas dotes intelectuales y que no debía perderme en las chacras de mis lares pueblerinos, hicieron un gran esfuerzo y me enviaron a Lima. Felizmente sus ahorros alcanzaron. Toda mi primaria y secundaria lo hice en el Colegio Melitón Carvajal. Al egresar, gratamente impresionado, mi tío, llamado Cristóbal Vásquez, conjuntamente con la abuela Josefa Vásquez, me envían a estudiar al Convento Santo Domingo de Arequipa. Allí, me ajustaron duro. ¡Para qué!. Tuve que estudiar latín, griego y algunas lenguas orientales más. La verdad que era muy difícil, pero a Dios gracias, salí adelante y, aprobé. De allí me enviaron a la Universidad Pontificia de los Padres Dominicos que, en aquellos tiempos, estaba bajo el mando del Rector, Humberto Molano. Era un prestigioso centro de filosofía y teología. Allí estudiaban jóvenes, chilenos, argentinos, ecuatorianos y peruanos, por lo tanto, tenía que esforzarme al doble. No era caso de dejarme ganar. Bueno, dándole y dándole, terminé mis estudios con éxito. De inmediato me devuelven a mi tierra que, como sabes, correspondía a la diócesis de Huánuco en donde Monseñor Francisco Berroa me recibe en su seminario. El 12 de julio de 1942 -¡Cómo lo recuerdo!- recibía las órdenes sacerdotales. ¡Qué emoción!. Acababa de cumplir 29 años de vida. Pero también, en vista de mis notas, me nombran profesor del Seminario de Huánuco y Capellán de la antigua catedral. Aquel fue un año rico en experiencias por los cambios que estaba sufriendo la iglesia, especialmente en lo que respecta a nuestra zona. Así, con gran amor enseñé a mis alumnos jóvenes evangelizadores todo lo que habían de requerir en la vida sacerdotal.
  • Tengo entendido que el ejercicio de su magisterio lo ha llevado a diversas partes de nuestro territorio….
  • Así es. A partir de entonces, por las emergencias que se presentaban en la diócesis y la manifiesta carestía de personal, yo tuve que rotar de un sitio a otro, sirviendo en varias parroquias. ¡Bueno, qué iba hacer, era la voluntad de Dios!. Así estuve en Chavín de Pariarca, durante ocho meses, para luego pasar a Panao donde me tuvieron cuatro años. Hasta que en 1951, me enviaron aquí al Cerro de Pasco. Felizmente me acompaña el padre Huaytán que es tan amable y cooperador. Con él nos bastamos para atender, inclusive en Yanacancha.
  • En esa época se realizan muchos cambios en la diócesis en la que usted trabajaba…¿No es así….?.
  • Cuando en 1958 se crea la prelatura de Tarma y la nueva diócesis es entregada a los misioneros cambonianos, entonces la sede es Tarma y el Cerro de Paso pasa a ser la ciudad más importante de la nueva prelatura.
  • ¿….?
  • Hay una anécdota que quiero contarte y, lo hago porque en aquel momento, se decidió mi permanencia en Pasco..
  • ¿Qué es lo que ocurrió…?.
  • En aquel momento, todos los sacerdotes de la desmantelada diócesis quedaban libres de quedarse o marcharse. Yo por mi parte había decidido marcharme porque mi ciclo se había cumplido. En aquel momento, el reverendo padre Lorenzo Unfried –el que más tarde llegó a ser Obispo de Tarma- al ver que estaba preparando mis cosas para marcharme se me acerca y abrazándome estrechamente, me dice: “Próspero: Tú tienes más experiencia que todos nosotros. No te marches. Tu sabiduría y tu experiencia las necesitamos aquí, en esta tierra generosa e inhóspita. Aquí necesitamos corazones generosos para seguir cumpliendo con las enseñanzas del Redentor. Te necesitamos. Tú eres uno de los nuestros. ¡Quédate!”.
  • ¿Qué dijo usted…?!
  • Las palabras de este joven sacerdote, tan cargadas de sinceridad y afecto me conmovieron tanto que decidí quedarme. No había otro camino…
  • ¡Muy buena fue su decisión, padre, muy buena….!
  • La verdad era que, al quedarme, tenía que cumplir con una tarea muy pesada…
  • ¿Por qué……?
  • Toda la quebrada de Chaupihuaranga necesitaba con urgencia, en aquel momento, la presencia de un pastor. Yo partí a cumplir con mi destino y, durante tantos años, me dediqué a recorrer la inmensa zona chaupihuaranguina, fijando mi domicilio en Chango.
  • ¿Cuánto tiempo está cumpliendo estas funciones…?
  • Ah, hijo, si sacas la cuenta, te darás con la sorpresa de que acabo de cumplir mi “Bodas de Oro Sacerdotales” que lo he celebrado muy humildemente rodeado de mis campesinos a los que tanto quiero…
  • ¿Cuál es esa fecha….?
  • El 12 de julio de 1992. ¡Son cincuenta años….!
  • ¡Enhorabuena, padre!…¡Mi saludo y mi homenaje….!
  • Gracias, hijo, gracias…
  • Su acción en bien de los campesinos ha sido tan importante que el novelista Manuel Scorza en “Redoble por Rancas” lo menciona constantemente…
  • Ahhh, sí. En muchos pasajes hace una caricatura de mí, pero sin embargo hay algo que sí es verdad. Él afirma: “Al padre Chazán lo conocía todo el mundo. Hasta los perros lo conocían”. Es cierto, cuando me veían pasar con mi burrito blanco, me hacían fiesta y, alegres me movían la cola…
  • Yo lo he comprobado padre. La vez que estuve en el valle para grabar algunas piezas de nuestro folclore, no sólo conversé con los campesinos, sino que, usted mismo me recibió y me alojó en su casa en Chango. ¿Recuerda….?
  • ¡¡Claro!!. Cómo voy a olvidar los momentos tan gratos que pasamos. Aquel tiempo, nos tomamos unos traguitos y me viste bailar en la fiesta patronal. Es que tenemos que compartir todos los momentos de alegría tal como compartimos los de profundo dolor que nos son pocos en aquellos lugares…
  • Sí, padre; lo comprendo….
  • Bien, hijo; ya nos encontraremos más tarde.

No nos volvimos a encontrar. Murió en un hospital de Lima el 25 de febrero de 1998. Descase en paz reverendo padre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s