Las primeras máquinas a vapor de Sudamérica.

Basados en el libro “Vida de Richard Trevithick, con la descripción de sus inventos”, escrito y publicado en Londres en el año de 1872 por Francis Trevithick, pretendemos dar una idea clara de cómo se introdujeron las máquinas de vapor para desaguar las minas del Cerro de Pasco y lo que éstas significaron para el adelanto en el trabajo minero de entonces.

Richard Trevithick nació en Illogan  Cornwall (Inglaterra) en 1771. La mayor parte de su vida la dedicó al mejoramiento de la máquina a vapor de alta presión, llegando a construir tantas que su patria tuvo muchísimas en su extenso territorio trabajando con gran éxito. Fue el primer hombre que hizo funcionar la tracción mecánica en los caminos que hasta entonces sólo habían conocido la tracción animal. Fue el inventor de la locomotora a vapor, mucho antes que Stevenson.

Ya en 1801  había construido un carro a vapor, trabajando en su logro por más de un año. Fue probado con éxito la víspera de navidad de 1801, cuando un grupo de hombres abordaron el carro viajando muy bien por una distancia de 300 yardas en ascensión por el Beacon Hill en una pronunciada pendiente. Luego de esta subida la máquina fue colocada en un galpón  y Trevithick y amigos se fueron a celebrar olvidándose de apagar el motor. El calor hizo evaporar el agua poniendo al rojo vivo la caldera incendiando todo lo que había en el galpón.

primeras maquinasAl finalizar la primera década del siglo XIX, el suizo Francisco Uvillé, visitó las minas del Cerro de Pasco y advirtió que no obstante su caudal extraordinario, languidecían por falta de maquinaria apropiada para drenar el agua que las inundaban. Conocedor del mundo minero juzgó de inmediato que, mediante la introducción de máquinas de vapor, se podían desaguar los socavones, devolviendo su antigua preponderancia al Cerro de Pasco. Así las cosas, en 1811, viajó a Inglaterra y luego de permanecer algunos meses observó por casualidad en el negocio ROLAND, un modelo de la máquina a vapor hecho por Trevithick. Tanto le agradó la simplicidad de su construcción que de inmediato la compró por 20 guineas. Volvió con ella a nuestras minas y luego de probar en una la excelencia de su funcionamiento, se asoció con dos prominentes comerciantes para drenar las aguas de las minas; ellos fueron Pedro Abadía  y José Arismendi.

En 1812 se firmó un contrato entre estos tres socios y el  Gremio de Mineros del Cerro de Pasco. Inmediatamente el señor Uvillé fue comisionado por la compañía para regresar a Inglaterra a fin de encontrar un ingeniero suficientemente capacitado para ayudarlo a conseguir máquinas a vapor adecuadas para las minas cerreñas.

Uvillé llegó a FALMOUTH en 1813 e inmediatamente se entrevistó con Trevithick, luego se dirigió a Londres en donde fue presentado a los señores Boulton y Watt de Birmingham, poseedores de la patente original de las máquinas a vapor al vacío. Simplemente estaban convencidos estos señores que podían construir las máquinas para trasladarlas al Cerro de Pasco. Fue un desengaño. Les dijeron que no, que no podían hacerlas tan pequeñas como para trasladarlas tan lejos. Trevithick, sin embargo, no se dio por vencido y contrató con Uvillé para proveerle de nuevas máquinas a vapor, las que fueron embarcadas en setiembre de 1814, acompañado por tres ingenieros de la Cornwall.

Por fin, en el mes de julio, el Virrey del Perú recibe de parte del Intendente de Tarma, Joseph González de Prada, una carta en la que le decía: “Excelentísimo señor: Después de algunas experiencias que permitieron descubrir unos ligeros defectos (aunque no dejaron ninguna duda sobre el éxito total en el drenaje de las minas), fueron corregidos y hoy la primera de las cuatro bombas que llegaron para el uso de las Reales Minas, ha sido instalada en la mina Santa Rosa. El resultado ha sido el drenaje del pozo de veinte minutos. De la misma manera, una máquina accesoria a la que drena el agua, es accionada por el mismo vapor, en el mismo lugar y en el mismo pique desde la superficie de la tierra, la que extrae el mineral con ventajas desconocidas hasta ahora, dado el considerable ahorro de gastos y economía de mano de obra. En poco tiempo, resultados similares serán apreciados en los tres yacimientos minerales de Yauricocha, Cayac y Yanacancha. En mi opinión, desde el descubrimiento de estos dominios ningún suceso tan beneficioso ha sucedido comparable a la instalación de las máquinas a vapor. Dios guarde a su excelencia muchos años”.

En 1919, la Gaceta de Cornwall (Inglaterra) publica lo siguien­te: Tenemos el placer de informar por noticias que han llegado últimamente de Lima a Inglaterra en las que dan la satisfactoria información de que nuestro hábil compatriota, el capitán Richard Trevithick, está gozando de perfecta salud y supervisando las ricas y extensas minas del Cerro de Pasco”.

Don Francisco Uvillé, infortunadamente para el capitán Trevithick, estuvo deseoso de impresionar a los peruanos con la opinión que se debía solamente a él que las máquinas de vapor fueran introducidas por primera vez en las minas de plata de Sudamérica. No obstante las obligaciones contraídas con el capitán Trevithick, procuró en cada oportunidad, de oponérsele para la obtención de la dirección de las minas. El capitán Trevithick, muy poco conocido en la comarca y disgustado del tratamiento que recibió de Uvillé y la facción que había afirmado contra él, se retiró de la empresa y se dedicó por cuenta propia a otros descubrimientos.

En la primera página de la GACETA DEL GOBIERNO DE LIMA, correspondiente al 12 de febrero de 1817, aparece la siguiente noticia:“El segundo ingenio de vapor llamado Yanacancha que excede con muchas ventajas en su colocación, hermosura, comodidad y desahogo al de Santa Rosa, empezó a trabajar el viernes pasado dejando secos los socavones de su lumbrera en nueve minutos con sólo la mitad de potencia y a pesar de la fuerza con que acuden el tiro de las aguas, lo que no se  verificaba en el de Santa Rosa por razón del lugar en el que está situada la máquina. De resultas de esta feliz operación han bajado las aguas de varias minas, entre ellas las de don Juan Vivas, situadas en el cerro CHUCARILLO, donde se han sacado 400 marcos, lo que manifiesta no sólo su riqueza, sino la facilidad de su extracción y la limpieza del metal para su beneficio” (GACETA DEL GOBIERNO DE LIMA-12 de febrero de 817:010)

Las cosas siguieron así hasta agosto de 1818, cuando Uvillé encontró la muerte a consecuencia de un aire frío y penetrante de la cordillera al salir de la mina transpirando profusamente. El señor Abadía y sus amigos se vieron entonces precisados a solicitar la asistencia del capitán Trevithick. Habiendo transcurrido ya seis meses de su cargo de Superintendente en Jefe de las minas del Cerro de Pasco, sabemos que todos los socavones están rindiendo óptimamente.

Al finalizar la Batalla del Cerro de Pasco, el 6 de diciembre de 1820 y ante el repliegue del General Arenales, los realistas destruyeron estas máquinas porque sabían que las minas de plata del Cerro de Pasco fueron una de las fuentes principales de dinero para la lucha por la independencia.

La última de estas máquinas dejó de funcionar definitivamente el año de 1828. Los tirantes largos de hierro vistos en 1902 por los norteamericanos de la Mining, pertenecieron a cuatro bombas de 37 pulgadas adquiridas en Inglaterra en 1870 y transportadas al Cerro con mucha dificultad.

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