“LA CHELITA”

Maja españolaEra una preciosidad de mujer. Carita angelicalmente hermosa con ojos negros de inquietante sugerencia de lo arcano, de lo misterioso; pestañas inmensas y oscuras dándole una majestuosa belleza de rasgos innegablemente morunos. Contemplarla era evocar a las modelos que plasmó en sus lienzos  el inmortal Julio Romero de Torres. Una maja española con salero, gracia y donosura. No en vano, los rotarios la ubicaban para presidir el cortejo en la  primera carreta alegórica de corridas pueblerinas que organizaba cada año. La acompañaban otras bellezas citadinas, todas emperifolladas con hermosos vestidos gitanos de pomposos mantones de Manila, preciosos colgajos, guarniciones y relucientes caracolillos ajustados a sus corpiños. Unas con peinetas de lujo e infaltable clavel encendido, otras, con el elegante   sombrero cordobés; pero todas con vistosos abanicos de lujo. Era un deleite verlas en aquellos espectáculos de gala en el albero de la Beneficencia Española.

Si su agareno rostro era apaciblemente sereno y casto, su cuerpo, por el contrario, era  satánicamente tentador. Sus pechos agresivamente elevados y duros, como si su corpiño realizara una fuerza colosal para contenerlos y no reventar. Sus piernas largas y torneadas a la perfección dándole donosura a su majestuoso caminar. Sus grupas opulentas y provocadoras se llevaban prendidas las miradas de los aviesos hombres del pueblo. Para atenuar la lascivia con que la contemplaban vestía muy sobriamente, sin embargo, aunque no lo quisiera, no dejaba de llamar la atención su belleza corporal digna de las diosas. ¡Cuántos deseos arrebatados originaron su  cuerpo! Contra lo que podía imaginarse, no obstante ese talante en llamas, ella era muy cándida y tierna; dulce en su hablar y en su trato. Todos olvidaban su tonito extraño de su parla diaria; era natural en los venidos en la zona selvática de nuestra patria. Había nacido en Tingo María. Un hipocorístico transformó su nombre de Graciela, en Chelita. Y diariamente, desde que comenzaban las labores en el Banco hasta que se retiraban después de cuadrar cuentas, su dulce nombre se repetía una y otra vez, como una caricia bienhechora.

El día que llegó a trabajar al Banco Popular se originó un revuelo excepcional.  Todos quedaron prendados de ella cuando el administrador la presentó como la nueva secretaria. Desde ese mágico momento se convirtió en la engreída de aquel grupo de jóvenes. Las hasta hace poco engreídas Juanita Cornejo, Hilda Rojas Lucich y Esperanza Cisneros, pasaron a segundo plano con su consiguiente mortificación. El jefe la puso a trabajar en un escritorio, a la entrada del local, para que todos la vieran. Los curiosos -como quien no quiere la cosa- pasaban frente al Banco exclusivamente para contemplarla. A su salida la esperaban sibilinamente cuando muy aliñada entraba en “La Camelias” para almorzar. Chale Espinoza –el dueño- la recibía con gran parsimonia porque la consideraba una reina y como tal, la atendía. Su alojamiento lo había fijado en el “Edificio Proaño”, en cuyos cinco pisos tenían como ocupantes a las más distinguidas familias del pueblo así como a jefes y funcionarios de respetables empresas locales. Desde su llegada al Banco nadie hablaba de otra cosa. Los comentarios se hicieron Vox Pópuli. Imaginémonos cómo se encontraban los muchachos que trabajaban con ella.

Todos la adoraban: Glicerio Suárez Robles, Augusto Montero Vargas, Fabio Otaegui, Enrique Suárez Rojas, Samuel Beloglio; se desvivían por regalarle con algo especial. Ricardo Acquarone “Cua – Cua” la miraba extasiado como con temor de que en algún momento iría a quebrarse. Cuando acababa de sentarse, ponía con parsimonia sobre su escritorio un aparatoso chocolate HERSEYS de la colección que había comprado en la Mercantil de la compañía norteamericana. Sólo alcanzaba a balbucear “¡Para ti, Chelita”. Gracias, Ricardo, decía la homenajeada y para el enamorado era suficiente. Un día, el “Chivirico” Martínez, suponiendo que sufriría un frío espantoso a la entrada del local, le regaló con una hermosa manta de lana de alpaca para que cubriera sus piernas. No la tuvo sino dos días. Al tercero, desapareció. ¡Claro!, la manta impedía que se recrearan contemplando aquellas piernas perfectas. El exitoso “Speaker” de “Radio Azul”, Humberto Maldonado, suponiendo que una chica tan espiritual gustaría de la poesía, le regaló con libros de Campoamor, Becquer, Espronceda… Ella sonreía complacida al recibir los libros, escuchando los piropos y galanterías del locutor. “El perro” Suárez, acicalado y modosito, le regalaba con la revista “Para ti” a cada lunes de la semana; con su mirada lánguida y sus bigotitos hitlerianos, la envolvía con su adoración visual y conmovedora. Hasta el Nemesio Choquehuaita  -conserje del Banco- le hizo entrega de su regalo: Una docena de robustas truchas pescadas en las aguas de Yanamate. Cuando estuvo delante de ella no pudo hablar, sólo puso el paquete sobre su escritorio y se retiró.

Todos la adoraban y cada uno abrigaba secretas esperanzas de ganar sus favores. Bueno, todos no. Había un maduro empleado, de mediana edad, enorme y flaco como un fideo, al que le decían “El largo”; hermético y solitario al que aparentemente no le causaba ninguna gracia la hermosura de la bella secretaria. Cuando llegaba a cumplir su labor diaria como si estuviera programado para la misma operación, se despojaba de su sombrero y su enorme abrigo de cuero que casi barría el piso -como los que usaban los vaqueros en las películas del oeste- los colgaba en el perchero de la entrada y se concentraba en su trabajo. Era el cajero principal. Nunca se le vio que siquiera le dirigiera una mirada de atención a la chica bonita. Todos estaban  amoscados e intrigados por tanta indiferencia. Alguien, como tratando de explicar la indolencia, dejó escapar su sospecha de que era un “mariposón” camuflado.  Los comentarios no pasaban de esa sola sospecha y creían que era mejor porque ya había un rival menos en esa extraña contienda de amor.

El año de su llegada la postularon como candidata al reinado de la ciudad en representación del Banco Popular. Con el afán de conseguir la corona comprometieron a ahorristas y socios del Banco para que compraran votos de su preferida. Los que más aportaron fueron altos empleados de las compañías mineras de la localidad, comerciantes y demás clientes del Banco. La dedicación de sus adoradores fue tanta que en el escrutinio final, transmitido con bombos y platillos por “Radio Azul”, Chelita resultó ganadora por abrumadora mayoría de votos. La algarabía fue indescriptible. El día de su coronación en el “Club de la Unión” todos sus adoradores, los bancarios, bailaron con ella hasta la madrugada del día siguiente. Estaban muy felices. Sin embargo, ninguno había conseguido siquiera una esperanza de aquella preciosura. No importaba. Estaban seguros que tarde o temprano caería en brazos de uno de sus admiradores. Con tal de que fuera uno de ellos, no importaba de cuál, el resto sabría  perder si no era el elegido. No se equivocaron.

La última mañana de aquel mes, cuando todos se habían presentado puntualmente a laborar, extrañamente faltaba el Contador. ¿Qué ha pasado con “El Largo”? se preguntaron todos. El jefe, amargo como Pichín porque sin él no se podía iniciar el arqueo de caja, ordenó a que Choquehuayta fuera de inmediato a despertarlo. El muchachón voló a cumplir con el encargo y en poco tiempo estuvo de vuelta. Ni bien entró, el jefe preguntó:

  • ¿Lo has encontrado?
  • Sí señor
  • ¿Le has dicho que venga inmediatamente…?
  • Sí señor..
  • Pero… ¿Todavía no se levantaba…?
  • No, señor…estaba durmiendo
  • ¿Durmiendo, dices….?
  • Sí, señor; con la señorita Chelita.

Las miradas sorprendidas convergieron en el escritorio de la preciosura y comprobaron que tampoco había venido a trabajar. Quedaron estáticos sin poder creer lo que estaban escuchando. Quedaron alelados. Estoy seguro que nunca habían experimentado un desengaño tan enorme  como aquel. El silencioso “Largo”, sin decir una palabra, sin rendirle ningún homenaje, sin mirarla siquiera, se había hecho de aquella preciosidad de mujer que la semana siguiente tuvo que marcharse al saberse descubierta por sus despechados adoradores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s