Los alemanes en el Cerro de Pasco (Primera parte)

barcos de vela alemanesHay tres episodios dramáticos marcados por la llegada de los alemanes al Cerro de Pasco. El primero es el referido a “Los alemanes de Rodulfo” cuyas trágicas consecuencias estuvieron a punto de hacer desaparecer toda posibilidad de la llegada de otros  germanos a nuestra tierra.

El segundo, referido a don Carlos Pflucker, que en 1845 trajo a diecisiete operarios alemanes procedentes del Hartz, -Breslau- (región metalúrgica de Alemania central) para trabajar en el Cerro de Pasco.

El tercero y definitivo es el referente a los alemanes del Pozuzo de los cuales hemos hablado repetidamente.

Para conocimiento de nuestros amigos, narramos brevemente estos casos.

LOS ALEMANES DE RODULFO

Promulgada la Ley de Inmigración de 1849, se recibieron varias propuestas para traer inmigrantes, entre ellas la de José Antolín Rodulfo, un hombre de negocios panameño que tenía activa participación en la vida política y social de Lima, hijo de un comerciante genovés. El 20 de setiembre de 1850 se acepta su propuesta. Traería inmigrantes europeos con una prima de 30 pesos por cada uno de ellos. Con ese fin viaja a Europa y el 15 de agosto de 1851 en una conferencia en Paris informa de las ventajas de la inmigración que proponía.

La propuesta no era nada convincente, sin embargo, con un contingente de 1100 alemanes procedentes del ducado de Wurtemberg, unidos a 320 irlandeses, viajan al Perú a bordo de los veleros Ohio, Pauline, Julie, Europa y Misisipi (“los cinco veleros”) llegando al Callao, entre diciembre de 1851 y marzo de 1852. La mayoría de irlandeses fueron contratados por las haciendas de Juan Gallagher, en La Legua (Callao); los otros  fallecieron o regresaron a Europa; no pocos abandonaron el país rumbo a Australia. En cuanto a los alemanes -más tarde llamados “los alemanes de Rodulfo”- poseían contratos transferibles por un plazo de 6 años con una remuneración de 8 pesos mensuales, más alojamiento y alimentación. Pocos pudieron resistir el rigor de los trabajos agravado por la mísera remuneración y la incomprensión del idioma que dificultó la relación con sus empleadores. Lo más grave fue la serie de maltratos que les propinaron. Al año siguiente ya habían muerto más de 600. Lo increíble de todo es que, cincuenta inmigrantes que no pudieron ser colocados en ningún trabajo por Rodulfo, fueron ofrecidos como animales en subasta pública en un aviso publicado en El Comercio. La vida de estos seres humanos fue muy dramática. Uno de ellos se refiere a Ursula Lang, ciudadana suiza que con su familia se había unido a los inmigrantes de Wurtemberg. En octubre de 1852 fue encadenada por Tomás Villalba, hacendado de Huampaní, debido a sus repetidos intentos de fuga. A la pobre mujer le resultaba imposible seguir soportando tantos abusos juntos. Fue liberada por una partida de ciudadanos alemanes armados. Otro caso tristísimo es el de Tobías Hochwind, alemán, de profesión horticultor. De acuerdo a los archivos del estado de Baden-Wurtemberg, falleció de “hambre y abandono”. Todo esto es increíble, pero sucedió en nuestro país.  La presión ejercida por las víctimas de estos incalificables abusos, originaron notas de protesta de diplomáticos alemanes en el Perú. En el registro oficial de 1853, se lee la siguiente denuncia.

“Ministerio de Gobierno, Lima a 4 de enero de 1853.

Señor Intendente de Policía:

El Señor Cónsul de Hamburgo se ha dirigido a éste Ministerio para exponer que el alemán N. Sahll, de los inmigrados que fueron traídos con autorización del gobierno por Antolín Rodulfo, contratado al servicio del dueño de una fábrica de velas junto con su mujer, fue maltratado de obra por el patrón, y que habiéndose conducido este incidente al conocimiento de la Intendencia, el mencionado alemán fue puesto en un cuartel en donde ha sufrido nuevos maltratos. Me dirijo a Ud. por petición del Sr. Cónsul expresado, para que me informe de lo que haya en este asunto.

Debo con esta ocasión hacer presente a Ud. Que independientemente de interés nacional, que es el de ofrecer a la inmigración útil las seguridades de un trato justo el cual es conforme además con los sentimientos humanos del país y su índole hospitalaria para con los extranjeros, no puede prescindirse de las garantías comunes a todo hombre en el Perú, de que no pueda ser castigado sino por disposición de la ley y por los funcionarios y personas a quienes ésta autoriza.

Se recomienda pues a Ud. de un modo muy especial el que de acuerdo con las buenas ideas del gobierno, cele en que no se practiquen abusos en esta materia, mucho menos tolerables, cuanto que existe para favorecer la acción de los particulares en apoyo de sus derechos la autoridad de la policía y de otros funcionarios, a los que deben ocurrir en casos de faltar a los contratos; y que el empleo de los maltratos individuales en estos casos además de ser un desorden, traería consigo el descrédito de la autoridad de la que no puede prescindirse para obtener los remedios legales a fin de mantener la armonía civil. Dios guarde a Ud. José Manuel Tirado.”

Por otra parte, el periódico Deutsche Auswanderer-Zeitung informaba: “No es ningún acto benéfico haber traído inmigrantes alemanes a este país porque desgraciadamente nadie puede brindarles ayuda significativa, acá. Sesenta de los alemanes llegados se enrolaron en el ejército llevados por pura miseria, ciento veinte más fueron prácticamente comprados por Flores para integrar su expedición, ochenta de ellos se los llevó un hacendado para sus tierras y cuarenta trabajan en las islas guaneras,  llevando la vida más miserable y espantosa que uno se pueda imaginar. Tienen mejor suerte aquellos que están encerrados en cárceles en Alemania que los que trabajan en las islas, cien ya murieron de fiebres y fueron enterrados como animales debido a que son protestantes y no hay dinero para sepultarlos en Bellavista. Éstos fueron tirados al hueco detrás del cementerio católico. Muchos de los sobrevivientes han sido encarcelados sin razón alguna porque los amos no se entendieron con sus sirvientes ya que no dominan el idioma español”.

Tantos fueron los alegatos de Hermann Woldt (traductor alemán afincado en el Callao) y del cónsul de Bremen, Juan Gildemeister, que por fin determinaron que se rescindieran sus contratos y se “liberaran” a los alemanes. La conmovida agencia marítima de Bremen accedió a llevar a Valparaíso o de regreso a Alemania a los inmigrantes que así lo quisieren. Otros se dirigieron hacia Panamá y California, otros a buscar trabajo en las islas guaneras y las salitreras de Iquique; algunos formaron parte de las expediciones al Amazonas de 1853 y la expedición del General Flores.

Todos estos incidentes originaron una pésima reputación del Perú como país de destino de emigrantes alemanes. En palabras de Duval la inmigración a cargo de Rodulfo se podría resumir así: “y los inmigrantes que se fueron de Alemania han llenado ambos mundos con el ruido de sus quejas y de sus querellas”.

Para 1860 y luego de haber participado en la frustrada colonización del Amazonas de 1853 como “supervisor”, José Antolín Rodulfo elabora un proyecto solicitando privilegio para establecer un banco de emisión y descuento, siendo sus bases “deleznables”. Fallece en Lima en 1869.

El segundo caso: Los alemanes de Pflucker

En 1845 el empresario de Breslau (actual República Checa) Carlos Pflucker, trajo a diecisiete operarios alemanes procedentes del Hartz (región metalúrgica de Alemania central) para trabajar en el Cerro de Pasco. Sin embargo, desavenencias con las autoridades locales y el sistema de trabajo hicieron fracasar su asentamiento, con juicio de por medio. La idea era traerlos a manera de prueba para luego traer más inmigrantes alemanes. Tiempo más tarde, otro grupo de alemanes se asentó en nuestra ciudad. Fue una cantidad muy importante que, según el censo de 1876, arroja la cantidad de 22 personas: 12 hombres y 10 mujeres. A este número hay que añadir a los que, en 1857, pasando rumbo a la colonización del Pozuzo quedaron en número de cincuenta entre los que estaban el cura Uberlinger, un médico, un relojero, un maestro de escuela y algunos braceros. De todos ellos, se habló mucho del alemán Herold que, aprovechando las excelencias de las aguas de Piedras Gordas, instala una cervecería utilizando la notable cebada del valle del Mantaro, levadura y lúpulo traídos directamente de Bavie­ra (Alemania); Racquebrandt que heredó la cervecería; Nicolás Poehllmann fabricante de embutidos; Rubén Bauer, panadero; Félix Lewandovsky, notable mecánico que tuvo brillante actuación en el Concejo Municipal y como Comandante de la Compañia de Bomberos. Wilhelm Schuermann, natural de Franckfurth quien, “en 1866, a la edad de 24 años, desembarca en el Perú y marcha hacia el Cerro de Pasco donde se casa con la hija de una “opulenta familia” ([1]). Se han establecido en el Cerro de Pasco toda clase de artesanos, contándose entre ellos, muchos alemanes. Aquí se ha instalado así mismo un médico, así como un relojero alemán y un joyero, y por lo que he podido saber, la vida de sociedad transcurre alegre y activamente. Como en todas partes, allí están también los alemanes divididos en diversos partidos, los que no se pueden ver unos a otros. Es posible que hayan obrado así para nocalumniar su carácter nacional, quizá también hayan obedecido otras razones. En todo caso he comprobado lo que en muchas tierras extranjeras, en las que encontré a los alemanes divididos y separados. Tomados individualmente todos son buena gente muy honesta, pero cualquier malentendido, da lugar a provocaciones. Rencilleros y oletones se ven en todas partes, los cuales, de una palabra dicha a la ligera y entendida por ellos a su manera, hacen un escándalo porque la difunden distorsionada, haciendo la ruptura inevitable, después de que ambas partes se han insultado y  maltratado. Cada cual cree tener la razón, nadie quiere dar un paso hacia la reconciliación que cada cual lo considera imposible, de suerte que la enemistad se vuelve irremediable.

Por lo demás, los alemanes, a través de su consulado, siempre estuvieron ligados a diversas actividades. Así, los primeros días de febrero de 1904, arribó al Cerro de Pasco, una misión científica integrada por notabilísimos geólogos del Imperio Alemán a la que se unió otra, de geólogos e ingenieros peruanos, presididos por el ingeniero José J. Bravo, Enrique Laroza, Ernesto Diez Canseco, Ricardo A. Deustua, Juan M. Yañez, Herminio Cabieses, Palo A. Boggio, Guillermo Lostaneau, Elías Ganoza, Nicolás Arauco y Félix Remy. El objeto de esta comisión científica fue el de realizar estudios mineralógicos, geológicos y paleontológicos del subsuelo y visitar las principales minas y oficinas metalúrgicas de esta región minera.

En el mes de abril de 1908, con el fin de efectuar un estudio de la estructura geológica de nuestra ciudad, arriba el profesor alemán, Gustav Steinmann en compañía de su ayudante, Otto Schalangitweitt. Durante dos años consumaron un detallado estudio que fue publicado en Alemania.

 alemanes ene l perú

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